--¿Entónces dice usted la verdad?
--Nunca digo sino la verdad pura, fué la respuesta.
--¡Luego es usted leso! le dijo el juez como sorprendido.
--Segun i conforme: yo llamo zonzos a los que ocultan la verdad o
mienten, no a los que dicen la verdad, porque en la verdad no hai
peligro, ni el decirla trae los males de que va aparejada la mentira,
dijo el ingles con aplomo.
--Usted es un iluso, replicó el juez sonriéndose malignamente; no tiene
mundo, no es hombre práctico ni positivo. ¿No sabe usted que está en un
pais donde nadie puede vivir sino en el órden, i que viene de un pueblo
como el que está arriba, donde basta hacerse el abogado o el secuaz de
lo atrasado i del espíritu de órden antiguo para abrirse paso a la
fortuna, al poder i a todo lo que hai de grande en la realidad de las
cosas prácticas?
--Puede ser así, dijo un poco despechado don Guillermo, pero yo no
especulo con la mentira, ni quiero elevarme en alas de una ambicion
innoble, atropellando los fueros de la verdad i de la justicia.
--Decididamente usted es un leso, esclamó el juez, a no ser que sea uno
de esos locos de atar que traen el caletre trastornado por las ideas
revolucionarias, i que pretenden reformar el mundo, haciéndole olvidar
la relijion i renegar de la obediencia pasiva a sus tutores naturales,
sin cuyos bienes no hai órden ni sociedad posibles. Contra esos locos
obra nuestro poder, i miéntras tengan este sagrado asilo los jenios del
pasado, habrá esperanzas de que no cundan las ideas nuevas i de que se
rehabiliten con todo su esplendor en América el espíritu i las
costumbres de los afortunados tiempos de la colonia. Milagrosamente
tenemos ardientes servidores en el pais, cuyas entrañas habitamos, i no
hai peligro de que los locos de la libertad logren desencantarla del
poder de la _Mentira_, de la _Ignorancia_, del _Fanatismo_ i de la
_Ambicion_, que son los cuatro poderosos monstruos que la guardan,
devorando a cuantos tienen la locura de encararseles i de combatir con
ellos.
--Yo deseo hacerlo, replicó con entereza i vivacidad don Guillermo, i
sin hierro ni fuego venceré a esos monstruos, i les arrebataré su presa.
El togado i el golilla se rieron con desprecio, los demonios estiraron
sus cabezas para mirar al ingles como a una cosa curiosa, i éste quedó
impasible i sereno, como el que revela naturalmente i sin esfuerzo lo
que pasa en su conciencia.
El juez entónces, tomando un aire sério i ceñudo i ahuecando la voz,
dijo:--Yo conozco la especie de locura que usted padece, pero como
cuantos han venido con ella a estas rejiones, han curado milagrosamente
con una simple costura, le condeno a usted a sufrirla, con la calidad de
que cuando se canse de ser _imbunche_ i se sienta domado i dispuesto a
servir a nuestra causa, avise para que se le descosa. Pero si hai en
usted una tenacidad sobre natural que le mantenga firme en su locura, a
pesar del _imbunchaje_ de un año, irá usted a probar si puede
desencantar a su diosa.
Un balido jeneral de las cabezas circunstantes sirvió de aplauso a esta
sentencia definitiva. El juez i el escribano se eclipsaron en la roca, i
una mano poderosa que apareció de lo alto pegada a un brazo colosal,
agarró del cogote a don Guillermo i desapareció con su presa.