VII.

Nadie sabe para quién trabaja.

Ese es un adajio vulgar que encierra mas filosofía que la facultad

designada con este nombre en la Universidad de Chile. No es esto decir

que no sean mui filósofos sus miembros, pues a buen seguro que hartarian

a desvergüenzas a cualquiera que se les atreviera, no siendo el

gobierno, que cuando la autoridad hace o dice lo que quiere, no hai

filosofías que se tengan, pues ella es mas filósofa que Aristóteles.[5]

[5] Alude a la sumision con que entónces la Universidad de Chile,

dominada por el partido gobernante, obedecía las voluntades del

poder, no solo en los capítulos electorales, sino hasta en las

mas insignificantes resoluciones. Esto sucedia en la época en que

se escribió el cuento i mucho despues.

¿Quién no ha esclamado alguna vez herido con el cruel dolor de un

desengaño?:--¡Nadie sabe para quién trabaja! Pero quién ha escarmentado

jamas al ver pasar el fruto de sus sudores a otro, que viene con sus

manos limpias a gozarlo? Ya se ve, es una lei natural la que nos hace

aprovecharnos sin saber leer ni escribir de lo que otro nos deja sin

comerlo ni beberlo, pero lei mui dispareja. Hai hijos de la dicha

destinados a vivir del trabajo ajeno, pero a su lado estamos otros que

sobre perder siempre lo que es nuestro, no nos hallamos nunca un centavo

ajeno, ni encontramos jamas un zonzo que nos regale, o que pierda para

nosotros lo que está de Dios que pierda para otros.

Este mundo es una gran colmena de abejas que melifican para otros; pero

para muchos es tambien un ancho redil de carneros que llevan el vellon

para sus amos, i no hai pocos para quienes es un espacioso establo de

bueyes que se pintan solos para arrastrar el arado en beneficio ajeno.

Lo que Maron decia que les pasaba a todos esos animales, nos sucede

literalmente a los cristianos. Allá a los que no tienen la fé de Cristo

les pasa algo peor: testigos el Asia, el Africa i la Oceanía enteras,

donde el hombre no puede volar como las abejas, ni balar libremente como

los carneros, ni rumiar en tranquilo descanso como los bueyes. No

dejaria, sin embargo, de sucedemos a nosotros eso mismo, si el poder de

los que mandan fuese místico, o si los que hacen profesion de lo

místico, fuesen mandones: donde quiera que la relijion es gobierno, o

que el gobierno es el sacerdote, allí el hombre no solo está espuesto a

llevar el vellon como los carneros, sino que, lo que es peor, si escapa

de sus iguales, no escapa del amo comun, que a nombre de Dios le

convierte en bestia harto ménos limpia i noble que las abejas, que los

carneros i los bueyes del cantor de Arcadia.[6]

[6] Este pasaje alude al divorcio que en la época del escrito

tenia establecido el gobierno entre su partido, que comenzaba a

llamar _nacional_ i el partido conservador antiguo, en el cual

figuraban los eclesiásticos i los místicos.

Para aprovecharse de aquella dispareja lei de nuestra naturaleza, toda

la dificultad consiste en hacerse zángano, sin parecerlo. Pero el

zángano nace como el poeta i no se hace como el orador: la gran mayoría

nace para abejas, i por eso es que no hai quien escarmiente al saber por

esperiencia en cabeza propia que nadie sabe para quien trabaja. El que

nació para trabajar tiene que criar hijas bonitas para el zángano, tiene

que ahorrar i atesorar para el zángano, tiene que envejecer i gastar las

fuerzas de sus miembros o los alientos de su espíritu para que goce el

zángano. I es tal el imperio de esta lei, que a sabiendas el avaro vive

en la miseria por guardar para los zánganos, el usurero aprieta la soga

a los ahorcados para capitalizar para los zánganos, i el rico tonto se

desvive i madruga i se fatiga de la noche a la mañana i de la mañana a

la noche, tan solo para que gocen los zánganos que, despues de su

muerte, van a dividirse la herencia.

¡Como ha de ser! El refran dice:--«Dios te dé ovejas o hijos para

ellas;»--pero no dice:--«i lobos para comerlas,» porque esto no hai

necesidad de desearlo, pues lo que sobra son lobos en este mundo

pecador.

Así le sucedió al interesante Mr. Livingston, segun lo supo mucho tiempo

despues por un cura que encontró de paso para el otro mundo. Siguiendo

la relacion de este santo varon, sucedió que a las once i media de

aquella noche terrible, salió Julia haciéndose que andaba en puntillas i

se encaminó a una higuera de su huerto, la cual daba frente a un

portillo por donde debia entrar su desgraciado amante, a gozar de la

entrevista que tanto le habia costado conseguir. Pero el cuarto de donde

salió la hermosa Julia no quedaba solo: sentados allí en estrecho

círculo cuchicheaban la mamá de la doncella, el cura de la parroquia i

dos amigos de éste. Habia un complot. Se trataba de sorprender a la

niña, que se haria la sorprendida, en el momento de abandonarse

dulcemente en los brazos de su amante, que realmente iba a ser pillado

en todo el rigor de la palabra, pues se trataba nada ménos que de

cazarle, i casarle infraganti. La mamá habia tenido buen cuidado de

ocultar el nombre herético del novio, por evitar los escrúpulos del

señor cura; pero valiéndose del ascendiente que tenia en su ánimo, le

habia persuadido de que la cosa era mui llana de hacer, i le habia

asegurado la soltería del amante de Julia.

El perro de la casa, que era tan celoso como su ama vieja, dió unos

cuantos ladridos al sentir ruido en la huerta, hasta que olfateó el

perfumado ambiente de su ama niña; pero eso bastó para que se

desgañitaran los perros de la vecindad, que siendo leales vasallos de un

tio de Julia, callaron cuando tambien les dió en las narices el aroma de

la familia.

--Así ladran los perros cuando sale a verme Julia, dijo entónces el hijo

del tio, que a la sazon estaba en pié todavía picando un pliego de

papel, donde iba a poner, entre corazones i flechas picadas, unos versos

para su prima.

Decir i hacer, todo fué uno: el primo salió de su cuarto, apénas lo

intentó; saltó la cerca de su huerto i estando en el vecino, creyó ver

con los ojos del alma a su adorada Julia, levantando con la mano el

mismo traje de muselina con que la habia visto en la tarde, para sacar

con mas libertad un lindo pié calzado con zapatitos de cabritilla

bordados i ligados a la mórbida pierna con atacados de cinta negra que

subian cruzándose para arriba. Era el momento en que Julia llegaba a la

higuera, temblando de emocion i sin oir ni ver nada de lo que pasaba.

Lo que no sabemos decir, porque la historia calla en este punto, es si

el primo era el sustituto de don Guillermo en el corazon de Julia, o si

estaba colocado mas alto. Lo cierto es que uno i otro la adoraban, i

ella los amaba a ámbos, al uno por ser su primer amor i al otro por ser

su amor segundo, bien que la mamá no estaba por los primeros amores,

porque, segun su esperiencia, se contraian sin cálculo i a riesgo de no

tener en un matrimonio mas que pan i cebollas.

Cuando ménos lo pensaba Julia, se halló entrelazada por los brazos de su

primo, que entre sorprendido i enojado la reconvenia porque no le habia

avisado que iba a salir. Julia callaba, porque no sabia que responder;

pero dando a su desagradable sorpresa todo el aire de una emocion

amorosa, le hizo creer que iba a confesarse al dia siguiente, i que por

el calor, habia salido a examinarse debajo de la higuera.

A esto se siguió un ardiente escopeteo de súplicas mutuas, la una porque

la dejaran sola, i el otro porque le dieran una muestra mas de amor,

aunque fuese a riesgo de aumentar el catálogo del exámen de conciencia.

No habia remedio: Julia necesitaba terminar pronto aquella escena, ántes

que llegase Mr. Livingston; i acababa de abrir sus brazos al primo,

cuando cayeron sobre la pareja, como llovidos, la mamá, el cura i los

testigos.

Allí fué Troya: ciega la mamá de entusiasmo al ver el acierto de sus

planes, hizo su papel como lo tenia estudiado, sin conocer a su sobrino;

i dando el último golpe maestro, declaró que aquello no se arreglaba

sino con un casamiento incontinenti, porque el honor de su hija no podia

quedar en peligro i en descubierto ni un momento mas. No se queria otra

cosa el primerizo de Julia; así es que sin vacilar respondió tres veces

«sí quiero» a las tres preguntas sacramentales que el cura le habia

dirijido ántes que escampase el torbellino de la tia. Julia estaba

aturdida, pero como el cura contaba de antemano con su consentimiento,

no atendió a sus respuestas balbucientes, i dió su bendicion,

desahogando la relijiosa espansion de su corazon con un suspiro.

El cura quedaba satisfecho de poner con dos dedos una barrera

insuperable al pecado mortal. Julia se desmayaba en los brazos de su

novio. I la mamá, que acababa de reconocer a su sobrino en un cabeceo

que tenia por maña i costumbre en todas circunstancias, corrió

despavorida pidiendo luces a gritos....

El cura, despues de muerto, no refirió mas de esta historia a Mr.

Livingston; pero éste creia mui probable que, cuando las aguas del mar

se entreabrieron para dar un lecho en las arenas a su cuerpo arrojado al

aire por el Chibato de la cueva, Julia entreabria tambien sus sábanas

para dar un lecho abrigado i muelle al marido que acababa de cazar a la

media noche.

Todo puede suceder, porque nadie sabe para quien trabaja; pero como hai

en este mundo una justicia que tarde o temprano nos mide con la misma

vara que nosotros medimos, es de presumir que no se casara impunemente

aquel primo, que tenia una maña tan sintomática, i que sin saber lo que

pensaba el emperador Severo, casaba con una Julia medio desmayada, a la

media noche i debajo de una higuera que ella habia elejido de árbol de

la ciencia para otro Adan.

Antaño i Ogaño: Novelas i Cuentos de la Vida Hispano-Americana · 第 45 / 113 题