Nadie sabe para quién trabaja.
Ese es un adajio vulgar que encierra mas filosofía que la facultad
designada con este nombre en la Universidad de Chile. No es esto decir
que no sean mui filósofos sus miembros, pues a buen seguro que hartarian
a desvergüenzas a cualquiera que se les atreviera, no siendo el
gobierno, que cuando la autoridad hace o dice lo que quiere, no hai
filosofías que se tengan, pues ella es mas filósofa que Aristóteles.[5]
[5] Alude a la sumision con que entónces la Universidad de Chile,
dominada por el partido gobernante, obedecía las voluntades del
poder, no solo en los capítulos electorales, sino hasta en las
mas insignificantes resoluciones. Esto sucedia en la época en que
se escribió el cuento i mucho despues.
¿Quién no ha esclamado alguna vez herido con el cruel dolor de un
desengaño?:--¡Nadie sabe para quién trabaja! Pero quién ha escarmentado
jamas al ver pasar el fruto de sus sudores a otro, que viene con sus
manos limpias a gozarlo? Ya se ve, es una lei natural la que nos hace
aprovecharnos sin saber leer ni escribir de lo que otro nos deja sin
comerlo ni beberlo, pero lei mui dispareja. Hai hijos de la dicha
destinados a vivir del trabajo ajeno, pero a su lado estamos otros que
sobre perder siempre lo que es nuestro, no nos hallamos nunca un centavo
ajeno, ni encontramos jamas un zonzo que nos regale, o que pierda para
nosotros lo que está de Dios que pierda para otros.
Este mundo es una gran colmena de abejas que melifican para otros; pero
para muchos es tambien un ancho redil de carneros que llevan el vellon
para sus amos, i no hai pocos para quienes es un espacioso establo de
bueyes que se pintan solos para arrastrar el arado en beneficio ajeno.
Lo que Maron decia que les pasaba a todos esos animales, nos sucede
literalmente a los cristianos. Allá a los que no tienen la fé de Cristo
les pasa algo peor: testigos el Asia, el Africa i la Oceanía enteras,
donde el hombre no puede volar como las abejas, ni balar libremente como
los carneros, ni rumiar en tranquilo descanso como los bueyes. No
dejaria, sin embargo, de sucedemos a nosotros eso mismo, si el poder de
los que mandan fuese místico, o si los que hacen profesion de lo
místico, fuesen mandones: donde quiera que la relijion es gobierno, o
que el gobierno es el sacerdote, allí el hombre no solo está espuesto a
llevar el vellon como los carneros, sino que, lo que es peor, si escapa
de sus iguales, no escapa del amo comun, que a nombre de Dios le
convierte en bestia harto ménos limpia i noble que las abejas, que los
carneros i los bueyes del cantor de Arcadia.[6]
[6] Este pasaje alude al divorcio que en la época del escrito
tenia establecido el gobierno entre su partido, que comenzaba a
llamar _nacional_ i el partido conservador antiguo, en el cual
figuraban los eclesiásticos i los místicos.
Para aprovecharse de aquella dispareja lei de nuestra naturaleza, toda
la dificultad consiste en hacerse zángano, sin parecerlo. Pero el
zángano nace como el poeta i no se hace como el orador: la gran mayoría
nace para abejas, i por eso es que no hai quien escarmiente al saber por
esperiencia en cabeza propia que nadie sabe para quien trabaja. El que
nació para trabajar tiene que criar hijas bonitas para el zángano, tiene
que ahorrar i atesorar para el zángano, tiene que envejecer i gastar las
fuerzas de sus miembros o los alientos de su espíritu para que goce el
zángano. I es tal el imperio de esta lei, que a sabiendas el avaro vive
en la miseria por guardar para los zánganos, el usurero aprieta la soga
a los ahorcados para capitalizar para los zánganos, i el rico tonto se
desvive i madruga i se fatiga de la noche a la mañana i de la mañana a
la noche, tan solo para que gocen los zánganos que, despues de su
muerte, van a dividirse la herencia.
¡Como ha de ser! El refran dice:--«Dios te dé ovejas o hijos para
ellas;»--pero no dice:--«i lobos para comerlas,» porque esto no hai
necesidad de desearlo, pues lo que sobra son lobos en este mundo
pecador.
Así le sucedió al interesante Mr. Livingston, segun lo supo mucho tiempo
despues por un cura que encontró de paso para el otro mundo. Siguiendo
la relacion de este santo varon, sucedió que a las once i media de
aquella noche terrible, salió Julia haciéndose que andaba en puntillas i
se encaminó a una higuera de su huerto, la cual daba frente a un
portillo por donde debia entrar su desgraciado amante, a gozar de la
entrevista que tanto le habia costado conseguir. Pero el cuarto de donde
salió la hermosa Julia no quedaba solo: sentados allí en estrecho
círculo cuchicheaban la mamá de la doncella, el cura de la parroquia i
dos amigos de éste. Habia un complot. Se trataba de sorprender a la
niña, que se haria la sorprendida, en el momento de abandonarse
dulcemente en los brazos de su amante, que realmente iba a ser pillado
en todo el rigor de la palabra, pues se trataba nada ménos que de
cazarle, i casarle infraganti. La mamá habia tenido buen cuidado de
ocultar el nombre herético del novio, por evitar los escrúpulos del
señor cura; pero valiéndose del ascendiente que tenia en su ánimo, le
habia persuadido de que la cosa era mui llana de hacer, i le habia
asegurado la soltería del amante de Julia.
El perro de la casa, que era tan celoso como su ama vieja, dió unos
cuantos ladridos al sentir ruido en la huerta, hasta que olfateó el
perfumado ambiente de su ama niña; pero eso bastó para que se
desgañitaran los perros de la vecindad, que siendo leales vasallos de un
tio de Julia, callaron cuando tambien les dió en las narices el aroma de
la familia.
--Así ladran los perros cuando sale a verme Julia, dijo entónces el hijo
del tio, que a la sazon estaba en pié todavía picando un pliego de
papel, donde iba a poner, entre corazones i flechas picadas, unos versos
para su prima.
Decir i hacer, todo fué uno: el primo salió de su cuarto, apénas lo
intentó; saltó la cerca de su huerto i estando en el vecino, creyó ver
con los ojos del alma a su adorada Julia, levantando con la mano el
mismo traje de muselina con que la habia visto en la tarde, para sacar
con mas libertad un lindo pié calzado con zapatitos de cabritilla
bordados i ligados a la mórbida pierna con atacados de cinta negra que
subian cruzándose para arriba. Era el momento en que Julia llegaba a la
higuera, temblando de emocion i sin oir ni ver nada de lo que pasaba.
Lo que no sabemos decir, porque la historia calla en este punto, es si
el primo era el sustituto de don Guillermo en el corazon de Julia, o si
estaba colocado mas alto. Lo cierto es que uno i otro la adoraban, i
ella los amaba a ámbos, al uno por ser su primer amor i al otro por ser
su amor segundo, bien que la mamá no estaba por los primeros amores,
porque, segun su esperiencia, se contraian sin cálculo i a riesgo de no
tener en un matrimonio mas que pan i cebollas.
Cuando ménos lo pensaba Julia, se halló entrelazada por los brazos de su
primo, que entre sorprendido i enojado la reconvenia porque no le habia
avisado que iba a salir. Julia callaba, porque no sabia que responder;
pero dando a su desagradable sorpresa todo el aire de una emocion
amorosa, le hizo creer que iba a confesarse al dia siguiente, i que por
el calor, habia salido a examinarse debajo de la higuera.
A esto se siguió un ardiente escopeteo de súplicas mutuas, la una porque
la dejaran sola, i el otro porque le dieran una muestra mas de amor,
aunque fuese a riesgo de aumentar el catálogo del exámen de conciencia.
No habia remedio: Julia necesitaba terminar pronto aquella escena, ántes
que llegase Mr. Livingston; i acababa de abrir sus brazos al primo,
cuando cayeron sobre la pareja, como llovidos, la mamá, el cura i los
testigos.
Allí fué Troya: ciega la mamá de entusiasmo al ver el acierto de sus
planes, hizo su papel como lo tenia estudiado, sin conocer a su sobrino;
i dando el último golpe maestro, declaró que aquello no se arreglaba
sino con un casamiento incontinenti, porque el honor de su hija no podia
quedar en peligro i en descubierto ni un momento mas. No se queria otra
cosa el primerizo de Julia; así es que sin vacilar respondió tres veces
«sí quiero» a las tres preguntas sacramentales que el cura le habia
dirijido ántes que escampase el torbellino de la tia. Julia estaba
aturdida, pero como el cura contaba de antemano con su consentimiento,
no atendió a sus respuestas balbucientes, i dió su bendicion,
desahogando la relijiosa espansion de su corazon con un suspiro.
El cura quedaba satisfecho de poner con dos dedos una barrera
insuperable al pecado mortal. Julia se desmayaba en los brazos de su
novio. I la mamá, que acababa de reconocer a su sobrino en un cabeceo
que tenia por maña i costumbre en todas circunstancias, corrió
despavorida pidiendo luces a gritos....
El cura, despues de muerto, no refirió mas de esta historia a Mr.
Livingston; pero éste creia mui probable que, cuando las aguas del mar
se entreabrieron para dar un lecho en las arenas a su cuerpo arrojado al
aire por el Chibato de la cueva, Julia entreabria tambien sus sábanas
para dar un lecho abrigado i muelle al marido que acababa de cazar a la
media noche.
Todo puede suceder, porque nadie sabe para quien trabaja; pero como hai
en este mundo una justicia que tarde o temprano nos mide con la misma
vara que nosotros medimos, es de presumir que no se casara impunemente
aquel primo, que tenia una maña tan sintomática, i que sin saber lo que
pensaba el emperador Severo, casaba con una Julia medio desmayada, a la
media noche i debajo de una higuera que ella habia elejido de árbol de
la ciencia para otro Adan.