A la una del dia doce, estaba sentado a la mesa con toda su familia el
marques de Aviles. Uno de los empleados del gobierno real acaba de
llegar.
--¿Qué nos dice de nuevo el señor asesor? pregunta el marques.
--Nada de bueno: los insurjentes trepaban esta mañana a las siete la
cuesta de Chacabuco: nuestro ejército los espera de este lado, i en este
momento se está decidiendo la suerte del reino, señor marques. Entre
tanto, ¿V. S. no ha leido la _Gaceta del Rei_?
--No, léala usted i veamos.
--Trae la misma noticia que acabo de dar a V. S. i este párrafo
importante.
--El Asesor lee:
«Anoche ha sido aprehendido, en una casa respetable de esta ciudad, el
coronel insurjente Cárlos del Rio. Se sabe de positivo que este
facineroso ha sido el vencedor de nuestras avanzadas en la cordillera;
i que juzgando el insolente San Martin que podia sacar gran ventaja de
la audacia i sagacidad de este oficial, le ha mandado a Santiago con el
objeto de ponerse de concierto con los traidores que se ocultan en esta
ciudad. Pero la Providencia divina, que proteje la causa del Rei,
nuestro señor, puso en manos del gobierno el hilo de esta trama
infernal, i uno de los mejores servidores de S. M. entregó anoche al
insurjente, el cual se habia atrevido a violar el asilo de aquel señor
con un objeto bien sacrílego. S. M. premiará a su debido tiempo, tan
importante servicio, i el traidor espiará hoi mismo su crímen en un
patíbulo, a donde le seguirán sus cómplices...»
Aquí llegaba la lectura del Asesor, cuando Rosa, que estaba al lado de
su padre el marques, cae desmayada, lanzando un grito de dolor. Todos se
alarman, la marquesa da voces, el Asesor se turba, unos corren, otros
llegan; solo el marques permanecia impasible, i diciendo al Asesor:
--No se fije usted en esta loca, yo he sido quien ha prestado al Rei ese
servicio, yo hice aprehender aquí, en mi casa, a ese insurjente que me
traia inquieta a Rosa de mucho tiempo atras; ¡qué quiere usted! ¡casi se
criaron juntos! La frecuencia del trato, ¿eh?... El muchacho se inquietó
con los insurjentes, yo le arrojé de mi presencia i ¡hoi ha vuelto a
hacer de las suyas!
Despues de algunos momentos, merced a los ausilios de la marquesa, Rosa
vuelve en sí: sus hermosos ojos humedecidos, su color enrojecido, sus
lábios trémulos, su cabellera desarreglada, sus vestidos alterados, todo
retrata el dolor acerbo que desgarra su corazon: es un ánjel que llora,
que pide compasion i que solo obtiene por respuesta una sonrisa fria,
satánica....
--¡Padre mio, dice arrodillada a los piés del marques, yo juro no
unirme jamas a Cárlos, pero que él viva!... Un sollozo ahoga su voz.
--Que él muera, replica el anciano friamente, porque es traidor a su
Rei.
--¿No os he dado gusto, padre mio? ¿No me he sacrificado hasta ahora por
respetaros? Me sacrificaré mas todavía, si es posible, pero ¡que él
viva!
--¡Vivirá i será tu esposo, si reniega de esa causa maldita de Dios que
ha abrazado, si vuelve a las filas de su Rei!... El anciano se conmovió
al decir estas palabras.
Rosa se levanta con una gravedad majestuosa, i como dudando de lo que
oye, fija en su padre una mirada profunda de dolor i de despecho, i
concluye esclamando con acento firme:
--¡Nó, señor! quiero mas bien morir de dolor, i que Cárlos muera tambien
con honra por su patria, por su causa: yo no le amaria deshonrado...
Desapareció. Un movimiento de espanto, como el que produce el rayo,
ajitó a todos los circunstantes...
* * * * *
Las tinieblas de la noche iban venciendo ya el crepúsculo, que hacia
verlo todo incierto i vago.
Habia gran movimiento en el pueblo, el susto i el contento aparecian
alternativamente en los semblantes, nadie sabe lo que hai, todos
preguntan, se inquietan, corren, huyen; el tropel de los caballos i la
algazara de los soldados de la guarnicion lo ponen todo en alarma. La
jente se apiña en el palacio, el Presidente va a salir, no se sabe a
dónde: allí están el Marques, la Marquesa, el Asesor i otros muchos de
los principales.
Rosa aprovecha la turbacion jeneral, sale de su casa disfrazada con un
gran pañolon: oye vivas a la patria, sabe luego que los independientes
han triunfado en Chacabuco, i corre a la cárcel a salvar a su querido:
llega, ve todas las puertas abiertas, no halla guardias, todo está en
silencio, los calabozos desiertos; corre despavorida, llama a Cárlos,
solo le responde el eco en las ennegrecidas bóvedas. Penetra al fin en
un patio: allí está Cárlos, el pecho cruelmente desgarrado, la cabeza
inclinada i atado por los brazos a un poste del corredor... ¡Una hora
ántes le habian asesinado los cobardes satélites del Rei!
Rosa toma entre sus manos aquella cabeza que conservaba todavía la bella
espresion del alma noble, intelijente, del bizarro coronel; quiere
animarla con su aliento ... se hiela de horror ... vacila i cae de
rodillas... Una mano de fierro la levanta, era la del Marques que con
voz trémula i los ojos llorosos le dice:
¡Respeta la voluntad de Dios!