A la sazon estaba abierto el templo, i la campana llamaba a los fieles a
la misa del alba. Alonso se introduce precipitado, encuentra al
provincial rezando en el presbiterio, se echa a sus piés, la declara su
situacion i le pide asilo. El anciano se levanta con gravedad
majestuosa, e imponiéndole su manto, le dice:
--Que Dios te perdone, hijo mio, así como el patriarca te defiende de la
justicia de los hombres.