[294] Keane (_Man Past and Present_ 1899). pág. 30, escribe: «El hombre

primitivo balbucea y garabatéa (_bawl_ y _scrawl_) siempre por un mismo

estilo,»—y por eso critica que M. Latourneau se tome el trabajo de

comparar cinco garabatos Libios de estos, que se hallan en el Museo

Bardo, en Tunes, con otros de igual especie encontrados en la Bretaña y

en dólmenes Islandeses, á saber:—«el círculo pelado y con punto en el

centro O ⊙, la cruz en su forma más simple ✚, el gancho y segmento del

cuadrado; todos los cuales se ven en los sistemas Feniceos, Keltiveros,

Etruscos, Libios ó Tauregos».

[295] Nuestro naturalista Eduardo L. Holmberg, por ejemplo, refiérenos

cuán caprichosas son las pinturas de los salvages Pampas, las que

carecen de intención artística. (_La Sierra de Curá-Malal_, Buenos

Aires, 1884). Tratando este autor del arte Pampa, y con motivo de

las figuras humanas de ocre rojo de la «Gruta de los Espíritus»,

interrogaba en esta forma sobre los motivos de las pinturas á un

cautivo de Namuncurá:

—«¿Y no serán hechas (las figuras) para ahuyentar al Hualichu, para

propiciarse á la Luna, al Sol.....?»

—«No, señor (contestó el cautivo) estas figuras las hacen los indios

_para entretenerse_, cuando no tienen otra cosa qué hacer» (pág. 50).

«Los comentarios huelgan en casos como éste.»

[296] Muy atinadas observaciones sobre estos temas hacen A. D’Orbigny,

_L’Homme Américain_, tom. I, págs. 126 á 140: Angrand, _Lettres sur

Tiahuanaco_ á M. Daly, y Wiener, _Pérou et Bolivie_, págs. 567, 703,

etc.

Es de advertir que la lámina 79 fué tomada por nuestro auxiliar

dibujante, señor Wenceslao Gomez.

[297] El señor Presidente del Congreso Latino-Americano, Dr. Paulino

Alfonso, hizo la exposición del trabajo de Grez, que lleva por título:

_Interpretación de la Inscripción Prehistórica de la Casa Pintada del

Cajón de Tinguiririca_ (tom. V de la publicación del primer Congreso

Científico Latino Americano, Buenos Aires, 1900).

[298] _Indianicche Zeichnungen in der Casa Pintada, Tinguiririca_, Fig.

1 (Santiago de Chile, 1888).

[299] Carlos Itolp, _Conferencia en la Sociedad Científica Alemana de

Santiago_ (22 de Agosto de 1888).

[300] Posiblemente cántaras con boca, ó vasos del Trueno, divinidad de

Arauco.

[301] Lo más seguro de todo es que las pictografías de Tinguiririca

sean, como la Plancha del Pachacuti, una tabla ó clave de los símbolos,

generalmente acuáticos, empleados por los naturales de allende la

Cordillera, entre los que se ven muchos de ellos comunes á los

peruanos, si no la mayor parte.

[302] _Las Grutas Pintadas_, etc., cit. (Bolet. del Inst. Geográf.

Argent. tom. XVI, cuads. 5 á 8, págs. 312 á 334).—La reproducción de la

Gruta en colores, fué hecha por Eduardo A. Holmberg, y publicada con el

trabajo citado.

[303] En los valles, á la «Madre del Viento» llaman simplemente _La

Viento_, con el artículo en femenino, para distinguir su sexo.

[304] En la plancha del Yamqui (Fig. 21) un árbol de ramas espirales

dirigidas hacia el tallo, lleva la leyenda de «árbol _maliqui_.»

[305] Es de advertir que los indios llaman «piedra pintada» á toda

piedra escrita, aunque ninguno de sus dibujos sea pintado.

[306] Muy semejantes á estos hombrecillos son los que reproducen los

Kiatéxamut, una tribu Sunuit, en E. Unidos. Estas figurillas, con

cruces, aparecen del modo siguiente:

[Illustration]

Las figurillas humanas con Cruz en la cabeza, son tenidas por un

espíritu maligno, ó demonio de los Shamanes (Annual Report of the

Bureau of Ethnology (1888-89), _Picture Writing of the American

Indian_, y Garrick Mallery, cap. XX, pág. 729).

CAPÍTULO IX

LOS SÍMBOLOS COMBINADOS DE LA CRUZ Y DEL SAPO

_El Sapo-fetiche—El Sapo en las vasijas de agua—El Sapo

y la Lluvia—Folk-lore calchaquí, puntano, entreriano

y pampa—Ceremonia con la Cruz de ceniza—Batracios

simbólicos en la alfarería ceremonial y

funeraria—Urnas de Santa María y San José—El

Sapo, la Serpiente y el Suri—Pucos del Instituto

Geográfico Argentino—Los símbolos combinados del

Sapo y de la Cruz—El Urubú y el Sapo: Folk-lore

brasileño—El «Señor del Agua»—Conclusiones._

Poseemos en nuestra colección dos pequeños amuletos de piedra verdosa

que representan Sapos, así como algunos otros curiosos objetos sobre

los que aparecen estos batracios. En un trabajo inédito estudiando los

«Fetiches», reproducimos dos objetos zoomorfos de piedra que igualmente

los representan, sentados sobre sus patas traseras, uno de los cuales

ofrece una caladura ventral, sin duda para ofrendarlo ó propiciarlo,

si, como no lo dudamos, este animal fué también venerado en la religión

fetiquista de Calchaquí.

En las vasijas para depositar agua, el Sapo suele figurar de relieve

á sus bordes, en actitud de saltar ó de penetrar á la vasija, lo que

demuestra, á la vez que la predilección del Sapo por el agua y la

humedad,—que no han de faltar en su vivienda,—la intención manifiesta

del indio de expresar un deseo ó un anhelo.

En el folk-lore calchaquí el Sapo aparece intimamente vinculado al

fenómeno de la lluvia; y la creencia fetiquista del pueblo bajo,

heredada de la antigüedad, atribuye á este animal y á la rana la

virtud de hacer llover por acción propia, atrayendo, bajo ciertas

circunstancias y condiciones, á las nubes; siendo el trueno lejano

el anuncio de que su voluntad se cumple y de que su acción se hace

sentir en la atmósfera, no obstante no poder ascender á ella como los

volátiles.

Cuando en Calchaquí la seca se prolonga y la naturaleza comienza á

languidecer bajo la acción enervante del calor, remuévense las piedras

contiguas á las vertientes y manantiales, y no bien se dá con un

sapo debajo de ellas, tómase al animal, y atándosele con una cuerda

de la pata, se le cuelga de la rama de un árbol, para que perezca en

tan tristes condiciones si no quiso ó no supo llamar á las nubes.

Otras veces se le estaquea en el suelo, con el vientre abultado para

arriba, á fin de que le abrase el sol canicular, castigándosele con

un gajo de ortiga ó _rupachico_[307], á fin de que precipite el

cambio meteorológico[308]. Entonces es cuando se dice que el fetiche

crucificado y castigado implora el auxilio de las nubes, produciéndose

la lluvia, con lo que ya obtiene su liberación. Este mismo sacrificio

del pobre sapo tiene lugar cuando se oye el ruido lejano de la piedra,

en el propósito de que deje inmediatamente de caer, librándose las

mieses de tan terrible azote.

El valle de Catamarca está formado por dos sierras: la del oeste, lleva

la denominación de _Ambato_ ó Ampato (Sapo), nombre que sin duda es una

reminiscencia del gran fetiche de la montaña, que guarda en su seno

centenares de corrientes de agua, y que alimenta numerosos rebaños de

ganados de la tierra[309].

Es de advertir que el sapo es tenido por un gran mago, y que á él se

acude en los asuntos de los conjuros y de la hechicería, siendo muy

curioso, como lo comprobamos en Tolombón, la manera de demandársele

que haga _daño_ á determinada persona. Semejante intervención del sapo

en auxilio de magos, de hechiceros y de brujos, parece que es casi

universal.

Si saliendo de Calchaquí recogemos los datos del folk-lore de otras

regiones del país, tendremos que el sapo en casi todas partes es

también un fetiche animado que hace llover. En San Luis cuelgan, como

entre nosotros, al exterior, y de una pata, á un sapo vivo de la rama

de un árbol. En Entre Ríos, estaquéanle con espinas de naranjo, pero

sobre una _Cruz de ceniza_. En la Pampa Central echan sapos vivos á

los jagüeles, para que estos siempre conserven agua, pues dicen que

aquellos animales son los que se encargan de abrir las vertientes[310].

El uso de la _Cruz de ceniza_ en Entre Ríos, como en Calchaquí, para

hacer llover y _conjurar el granizo_, es un dato revelador, á la vez

que la aplicación gráfica de la Cruz que los sapos calchaquíes llevan

pintada sobre el dorso de su cuerpo en la alfarería funeraria. El sapo

colocado sobre la Cruz, equivale á una doble invocación acuática. La

Cruz de ceniza, debe ser una reminiscencia del fuego sagrado, pues que

á ceniza reduce lo que quema[311].

Es sobre todo en la cerámica calchaquí en la cual el sapo aparece con

marcada repetición, casi siempre pintado, las más de las veces de una

manera convencional, hasta llegar á ser simbólicamente representado,

como sucede con los demás seres animados ó inanimados figurados en las

urnas, para que se aumenten los misterios del lenguaje sagrado escrito

de las mismas, que por suerte vamos descifrando, como lo prueba este

libro.

En la alfarería funeraria,—urnas, ó _pucos_ que les sirven de tapa y

de objetos complementarios de culto,—sabemos que, dado el carácter

determinado de tal alfarería, sólo figuran en ella animales ó seres que

producen la lluvia ó que tienen acción directa ó indirecta sobre

el fenómeno meteorológico,—razón por la cual son tan profusas las

representaciones de serpientes y de suris. Pues bien: el sapo aparece,

así mismo, y debió forzosamente aparecer, entre las complicadas

figuraciones simbólicas de las urnas y los pucos, y á veces en los

campos preferidos para pintar serpientes y suris, detalle interesante

y concluyente, que nos revela que el minucioso cuanto intencionado

artista indio sustituía, por algún motivo especial fundado en la

creencia popular, el sapo al reptil y al ave sagrados.

[Ilustración: Fig. 90. Urna de Sta. María Col. Max. Schmidt.]

[Ilustración: Fig. 91. Urna de San José Esp. Ambrosetti.]

Dos curiosas urnas funerarias de Santa María y de San José (Figs. 90 y

91), demuestran el aserto que dejamos apuntado. En la urna de la Fig.

90, á la parte ventral de la misma, y en los campos que dejan los arcos

de los brazos de la representación general antropo-zoomorfa, vénse

simbólicamente reproducidos dos sapos ó ranas, con sus cuerpos formados

por losanges reticulados, provistos en los ángulos superiores de dobles

cabezas triangulares con los puntos de los ojos, y saliendo de los

ángulos laterales, para arriba y para abajo, las manos y las patas, con

cuatro dedos cada miembro. Es exactamente en estos mismos campos en los

que se reproducen los emplumados suris, con sus cuerpos ajedrezados,

lo que también se repite en los de los batracios; aquellos campos, son

los campos atmosféricos, contiguos al vaso del Trueno. Como se vé, al

artista ó sacerdote indio ha sido indiferente pintar sapos ó suris en

tales lugares, lo que quiere decir que tanto los unos como los otros

llaman á la lluvia, y representan á la nube ó tienen acción directa

sobre ella[312]. En la urna de la Fig. 91, en el cuello de la misma, y

bajo el arco de las cejas funerarias del figurón biforme, aparece un

sapo ó rana, esta vez de cuerpo oval, con los puntos del agua y las

guardas espirales en su interior, enseñando su cabeza de triángulos

dobles con los puntos de los ojos, y sus manos y patas (de sólo tres

dedos) indicados por líneas quebradas. Es este campo del cuello,

igualmente, el lugar en que siempre figura la serpiente, símbolo del

rayo, y por ende de la lluvia; y para que el hecho de la sustitución

sea doblemente llamativo, tenemos que en el campo opuesto de la derecha

está figurada una gran serpiente, en forma de S, cuyas estremidades

terminan en dobles cabezas flamígeras triangulares. Debajo del sapo,

y en el campo contiguo á la boca, repítense de nuevo las figuraciones

ofídicas.

[Ilustración: Fig. 50. Urna funeraria. Tafí Museo Nacional.]

[Ilustración: Fig. 37. Urna de Fuerte Quemado Colec. Quiroga.]

[Ilustración: Fig. 38. Dibujo central anterior de una urna de Sta.

María—Mus. Nacional.]

Un hecho que debemos apresurarnos á apuntar, para que no pase

inadvertido, es el de que las cabezas de los batracios en cuestión, así

como las de otros que á continuación se reproducirán, son exactamente

iguales á las cabezas simbólicas de las serpientes, figuradas en el

primer caso hasta con los ganchos espirales que suelen llevar como

apéndice las segundas (Véanse los sapos de las Figs. 91 y 92 y las

cabezas de serpiente de esta última y de las Figs. 37, 38 y 50. Cap.

VI). Esta particularidad parece demostrar que el sapo simbólico tiene

atributos de la serpiente-rayo, ó, lo que es lo mismo, que el sapo es

seguramente uno de los símbolos con que se representa uno de tantos

fenómenos de la tormenta: la lluvia misma, posiblemente, ó la piedra ó

granizo, por ser sólidos[313].

[Ilustración: Fig. 92. Mitad de un puco visto de ambos lados. La parte

superior es la interna. Pucarilla (Salta).]

En el fondo del muy curioso puco del Instituto Geográfico (Fig. 92),

que se reproduce en seguida, aparece en el campo semi-circular superior

una gran serpiente en forma de [symbol] (ese volcada), con sus dobles

cabezas triangulares, provistas de los ganchos espirales. En el campo

inferior, debajo de los suris con cruces (uno de los que lanza por su

pico la serpiente), á la vuelta del arco doble del círculo central del

puco y en lugar de tales serpientes, vénse las figuras simbólicas de

una trinidad curiosa de sapos, para el primero de los cuales la cabeza

del segundo es común. Las dobles cabezas de los dos sapos restantes son

exactamente iguales á las cabezas ofídicas del campo superior, lo

que se repite en el puco de la Fig. 93, de la misma colección del

Instituto Geográfico, viéndose en este dos sapos con cabezas de dobles

triángulos (sin ganchos), esta vez con esos ojos Imaymanas que tanto

caracterizaron á los figurones ofiolátricos de la preciosa urna de San

José, en la urna Fig. 52 (Cap. VI). En el campo superior del puco 93,

que nos ocupa, aparecen cuatro suris, con cruces griegas al centro

del cuerpo, sobre artísticos fondos, y debajo de ellos una pintura

simbólica de cuatro cabezas y cuellos de suris, que toman de una manera

completamente figurativa las formas caprichosamente onduladas de nubes.

En este puco faltan las serpientes, que aparecieron en el anterior.

[Ilustración: Fig. 93. Exterior de un puco San Carlos (Salta).]

[Ilustración: Fig. 94. Parte inferior de una urna. Cafayate. Col.

Inst. Geog.]

[Ilustración: Fig. 95. Urna de San José (Catamarca) Col. Max. Schmidt.]

Ahora, fijemos la atención sobre ese revelador detalle, que sin duda no

ha escapado al lector observador: nos referimos á las cruces que los

tres sapos del puco de la Fig. 92 llevan reproducidas sobre el dorso

de sus respectivos cuerpos, lo mismo que sobre el de los dos del puco

93. A estos ejemplares interesantísimos, añadiremos los de los cuatro

sapos con sus diversas cruces de la urna Fig. 94, griegas las de los

sapos inferiores dentro de campos cruciformes, lo mismo que las de

arriba, con cuadrados (que recuerdan los andenes) en sus respectivos

puntos de intersección. Finalmente, agregaremos el ejemplar de la urna

Fig. 95, de San José, al fondo de cuya ancha franja ventral, y en el

lugar mismo en que figuran los meandros de fecundación ó de la cópula,

de la urna anterior, se destacan, pintados de negro, tres sapos de

caras de apariencia humana, con sus manos y patas quebradas, de tres

y cuatro dedos: cada uno de estos sapos lleva cruces negras en fondos

cruciformes blancos, al centro dorsal del cuerpo cuadrangular de los

animales.

Después de estas breves explicaciones, y de revisado el material

iconográfico en el que aparecen batracios, es el caso de que nos

interroguemos:—¿por qué el símbolo de la Cruz aparece repetidamente

figurado sobre la región dorsal de los sapos?—¿qué significación tiene

en la escritura esta doble combinación de símbolos?

A nuestro entender, el sapo simbólico es equivalente á Agua: _yaco_. Su

símbolo, combinado con el de la Cruz atmosférica, diría: _Agua llovida_.

Que del sapo el indio ha hecho un símbolo, es incuestionable, cuando

se vé la forma como le ha reproducido en la alfarería, de una manera

convencionalmente distintiva, combinando el cuadrado ó _toco_ con

el triángulo, la línea quebrada y los meandros espirales. Que este

símbolo es acuático, dícelo bien claro el hecho de figurar como tal

signo combinado en la alfarería funeraria, en las vasijas que contienen

el líquido, al lado de la serpiente y del suri, ó en sustitución del

ofidio del rayo y del pájaro de la tormenta. Además, el sapo suele

aparecer de relieve al borde de la boca de las vasijas, en actitud

de introducirse á las mismas, ó aparece ascendiendo siempre desde el

asiento de las tinajas á sus bocas, como en las Figs. 90, 94 y 95,—en

estos dos últimos casos varios sapos, unos tras otros, en busca del

agua contenida en aquellas. El sapo mora en los pantanos, junto á las

_chilcas_ ó bajo las cortaderas, y elige para viviendas suelos huecos y

grutas húmedas. Su elemento es el agua, en donde crece, se desarrolla,

se alimenta y procrea, especialmente el agua parada de las lagunas ó de

los estanques, ó el agua caida del cielo. De aquí se origina, como es

natural, la creencia fetiquista en nuestra campaña de que el sapo posee

la virtud ó acción propia de «hacer llover».

El batracio, dirigiéndose á la boca de las urnas acuáticas y de las

tinajas ó vasijas, hace desde el primer momento nacer la idea del

contenido líquido de las mismas, aunque estén vacías, como en los

jagüeles secos á los que se arrojan sapos vivos. El sapo figurado de

relieve al borde de aquellas, expresa que deben llenarse de agua. El

sapo de los pucos semiesféricos, que sirven de tapa á las urnas,

significa, sin duda, agua caida de la atmósfera.

Un sapo largado de las nubes; una cosa sólida lanzada por la tormenta,

parece ser la piedra ó el granizo, el agua congelada, cayendo sobre la

tierra: en el folk-lore del Amazonas hallamos una curiosa leyenda al

respecto: un sapo es arrojado del cielo á la tierra por _un ave_, el

Urubú ó Cuervo _Negro_ (_Cathartes foetens_)[314].

El Cuervo negro, en resumen, fué invitado juntamente con el sapo á unas

fiestas en el cielo. El sapo aceptó ir en compañía del Cuervo, el que

no atinaba cómo su compadre pudiera, sin alas, osar á tanto. En el día

fijado, el negro Cuervo se presenta en casa de aquél. El sapo díjole

que como él gustaba marchar muy dulcemente, le permitiese ir adelante.

Su propósito era, como lo efectuó, esconderse en la guitarra que el

Cuervo portaría para tocar en las fiestas del cielo, de manera que este

le llevase por los aires. Llegado el Cuervo al cielo, le interrogaron

por el Sapo, contestando aquel que su compadre no podía permitirse tan

largos paseos. Después de tales palabras, dejó á un lado la guitarra,

sentándose á la mesa. El Sapo sale de su escondite, y, con asombro

general, se aparece á los convidados, divirtiéndose, cantando y

danzando. Concluido el baile, todo el mundo se retira. El Sapo, viendo

distraído al Cuervo, se mete sigilosamente de nuevo en la guitarra. El

Urubú se puso de vuelta, sabiendo que traía un huésped dentro de su

instrumento. En cierta parte del cielo el Cuervo, sin ruido, vuelca su

guitarra, y el Sapo cae de las nubes, gritando á las piedras y á las

rocas del suelo que se hicieran á un lado[315]. El Urubú replícale que

no tuviese cuidado alguno, pues que volaba perfectamente. Lo que no

impidió que el Sapo, al caer, se diera un golpe formidable. Esta fué la

causa de que le salieran las manchas de su piel[316].

El americanista Ambrosetti, á nuestro parecer con muy juicioso

criterio, interpreta la fábula del Amazonas. «En esta fábula,

escribe[317], veo repetido el mito de Catequil y Piguerao, y quitándole

la parte pintoresca, para mi lo que ha querido decir, en un principio,

es: simplemente que Piguerao, el pájaro de la tormenta, al cruzar por

el cielo llevando á Catequil, el rayo, lleva también, á pesar suyo, al

Sapo, que bien puede ser _el granizo_, y que sacudiéndose fastidiado,

lo arroja á la tierra».

Volviendo á la figuración simbólica del sapo, y á su valor mítico de

«agua», no debemos olvidar que el batracio llama á las nubes, y que

para significar que es cosa que suele estar arriba ó caer de lo alto,

se le suspende con una cuerda de la rama, haciéndosele andar como

péndolo en el aire, entre la copa del árbol y el suelo.

El canto de las ranas en los pozos ó los charcos, cuando es bullicioso

é intermitente á la vez, suele ser tomado por anuncio seguro de lluvia.

En la Rioja perdura hasta hoy una leyenda india, según la cual el Sapo

aparece ser el _Señor del Agua_[318], ó de las _Cochas_: fué un sapo, al

cavar su cueva en la humedad, el que abrió la primera vertiente del

Famatima. Ya constatamos en la Pampa Central una tradición semejante.

Nada más lógico, entonces, que la Cruz, el símbolo acuático por

excelencia, aparezca sobre el cuerpo del Sapo como una insignia, como

un emblema, como un tótem, si se quiere, de este Señor del Agua; y nada

más expresivo que los símbolos combinados del Sapo y de la Cruz para

que leamos en la escritura sagrada de la alfarería funeraria: «agua

caida de las nubes», ó «agua llovida».

[Ilustración: Fig. 96. Sapos pintados sobre urnas funerarias.]

[Ilustración: Fig. 97. Interior de un puco Tolombón. Col. Inst. Geog.]

Es este, sin duda alguna, el motivo de que aparezca lleno de puntos

(gotas de lluvia), geométricamente distribuidos, el pequeño sapo de la

Fig. 96; y con adornos cuadrangulares (posiblemente alusión á andenes),

su compañero de la derecha, figurillas estas pintadas sobre una urna

del Museo Nacional. Dos series de adornos cuadrangulares, en dobles

secciones triangulares del cuerpo de grandes sapos, aparecen en el

interior de un puco de Tolombón, reproducidos en la Fig. 97. Tales

adornos figuraron anteriormente sobre los dorsos de los sapos de la

urna de la Fig. 90.

Reasumiendo las ideas de este capítulo, y después de lo establecido:

¿quién no creería observar totalmente reproducido el fenómeno

atmosférico de la Tormenta en el interesante puco de la Fig. 92,

viendo en el campo superior en la serpiente de doble espiral, con los

apéndices ondulados de su cuerpo, al relámpago, al rayo y al trueno;

tomando por gotas los puntos de esa franja de la izquierda, paralela

al cuerpo del ofidio; teniendo, en el campo inferior, á los suris

por representantes de las nubes, y á los sapos, con sus cruces, por

símbolos de agua líquida ó congelada que cae de las mismas?

NOTAS:

[307] _Ropachicoc_ (Véase el _Dicc. Quichua_ del P. Diego de Torrez

Rubio).

[308] Sobre castigos inflingidos á los fetiches, léase John Lubbock,

_Orígs. de la Civiliz._, pág. 189 y sigtes.

[309] Sobre los bramidos del Ambato, véase Daniel Granada, _Reseña

Hist. Descrip. de las Antigs. y Moderns. Supersticiones del Río de la

Plata_, pág. 144 (1896).

[310] J. B. Ambrosetti, _Notas de Arqueol. Calchaquí_, págs. 237 y 238.

Seguramente que el ilustrado americanista Benigno T. Martínez nos

suministrará preciosos datos de folk-lore ribereño cuando de á luz

su tan esperada obra sobre la etnografía del Río de la Plata y sus

afluentes.

[311] A. Ambrosetti, lug. cit., llamó también mucho la atención esta

ceremonia, sobre la que escribe: «Curiosísima es también la cruz

de ceniza sobre la que estaquean al sapo en Entre Ríos, pues en el

valle Calchaquí hacen la misma cruz, y le ponen un _huevo parado en

el centro_ (á nuestro juicio el huevo sustituye al ojo Imaymana,

germen ó yema) para _conjurar el granizo_, y más curiosa es todavía

la persistencia con que el sapo se halla representado en la alfarería

funeraria, mostrando una cruz en el cuerpo».

[312] Que el elemento atmosférico Sapo simbólico aparece muchas veces

como inseparable del ave de la tormenta, pruébalo el espíritu de la

leyenda del Sapo y el Urubú (cuervo), que se reproduce al final, según

la cual el ave y el Sapo caen desde las nubes á la tierra, después de

pasear por el cielo.

En Catamarca, lo mismo que en Entre Ríos, con pocas variantes, perdura

otra singular leyenda, según la cual el Sapo corre tan velozmente como

el Suri, el ave de la tormenta, llegando siempre juntos al final de la

carrera, ó á la raya, señalada con un mortero.

Un día se encontraron el Sapo y el Suri. Cruzadas las palabras de

cumplimiento, y después de ponderar el Suri la ligereza de su carrera

por los campos, el Sapo le dijo que él era capáz de ganarlo, por más

que le viera saltar tan menudo sobre el suelo.

—¡Vd!... Pero, si yo no corro, sino vuelo!—dijo el Suri.

—¡No importa! probemos, probemos, y verá,—replicó el Sapo.

—¡Pero si Vd. irá saltando, saltando despacito; yo volando, volando;

con mis largas canillas, ayudado por mis alas no habrá suelo que no se

acabe.....

—No importa: probemos, probemos: le ganaré, compadre.

—¡Vd. ganarme!....

—Le juego mis prendas.

—Acepto; pero lo robo, compadre.

Y eligieron un largo campo para correr. Al final de la cancha,

colocaron un mortero, que señalaba la raya.

La cruz en América (Arqueología Argentina) · 第 14 / 17 段