Puede que las afirmaciones de Brinton y de Keane sean exactas respecto

de pueblos salvajes, ó cuya cultura es apenas rudimentaria[295]; pero

son caprichosas, aplicadas á Calchaquí y sus petroglyfos; pues apenas

nos iniciamos en el secreto de su escritura petrográfica, dámonos

cuenta de la intención de todo cuanto se ha grabado, considerado el

petroglyfo en conjunto; que en cuanto á los detalles, estos sí que

no obedecen á regla artística alguna, en verdad,—pues que lo escrito

no son letras, ni sílabas, ni caracteres fonéticos. Tal sucede, por

ejemplo, con el petroglyfo de Condorhuasi, que reproducimos (Fig. 79).

[Ilustración: Fig. 79 Gran roca grabada en Condorhuasi.]

Se trata de una gran roca votiva. El artista ha figurado en ella

canales con mucha profusión, que son esos grabados como ofidios,—y

estanques, los circulillos que parecen hacer de cabeza de aquellos.

Estos canales son profundos en otros casos, y los depósitos han sido

calados de la misma manera que los morteros, para que ninguna duda se

abrigue al respecto; á más de que el Yamqui Pachacuti en su Plancha

simbólica representa á _Mama Cocha_ (el mar, lago ó laguna) por un

grabado en forma de corazón, del cual sale una línea, cuya cabeza es un

círculo, ó sean: el canal sacado de la _Cocha_, llevando el agua al

depósito ó estanque. El indio en la roca echaría el líquido por los

canales sinuosos y en los morterillos, para que el sol lo evaporase,

llamando á la lluvia por simpatía, después de expresar de esta manera

su anhelo de que los canales y depósitos del suelo, figurados en la

piedra, estén provistos de agua. Ahora bien: en el detalle, sin duda,

el indio podrá ser tan caprichoso como se quiera, pues lo mismo le daba

grabar un canal y un depósito, que cinco, que diez, ó más, como en el

caso presente, y á estos canales trazar más ó menos irregularmente, más

cortos ó más largos,—que en los terrenos accidentados no hay un canal

igual á otro; el indio conduce el agua por sus acequias, evitando las

corrientes rápidas de los desniveles, por lo que forzosamente aquellas

tienen que ser sinuosas, como una víbora que anda, y á ello responde lo

caprichoso de su figuración sobre las rocas de Calchaquí[296].

Esto sentado, cabe en seguida manifestar que la Cruz rara vez figura

como signo ó emblema en las petrografías y pictografías.

Este hecho, perfectamente comprobado, tiene una explicación muy

sencilla.

Desde que la expresión del pensamiento es tan primitiva en las rocas

escritas, cuyos grabados y esculturas hay que hacer remontar á muchos

siglos atrás; desde que son obra de esa era en que el indio reproduce

y figura las cosas sin valerse de símbolos, como lo efectuó

posteriormente en la alfarería funeraria, la que acusa un gran paso en

la civilización nativa; desde que las rocas con escritura simbólica ó

mixta constituyen la excepción y no la regla; y desde que la Cruz en

su carácter de símbolo debe considerarse como una verdadera concepción

emblemática de la raza, fruto de un arte y de un criterio superiores,

y no una combinación representativa, es natural y lógico que no

aparezca grabada entre las figuraciones y signos de un culto al cual

la litolatría primitiva daría origen, ó que solo se vea reproducida

por excepción, cuando ya las formas convencionales, particulares

é individuales, fueron adoptadas por el pueblo ó por la tribu,

convirtiéndose en emblemas ó insignias nacionales, hasta adquirir

definitivamente su valor unitario y típico de símbolos.

Comenzaremos por hacer notar la existencia de varios signos cruciformes

en las paredes externas de la Gruta de Tinguiririca, en el Cajón

del mismo nombre, y en las alturas de la Cordillera, por haber sido

sus curiosas inscripciones motivo de un trabajo de interpretación,

presentado al primer Congreso Latino Americano en Buenos Aires por un

distinguido arqueólogo chileno, el señor Daniel Barros Grez[297].

Muy ingeniosamente el señor Barros Grez traduce las inscripciones que

nos ocupan, las que, según los recuerdos que conservamos de la sesión

respectiva, se refieren á la marcha de la Luna, desde la conjunción al

plenilunio, y la del Sol. A los signos cruciformes toma el autor por

figuraciones de árboles del bosque y símbolos cardinales de la tierra.

Tenemos á la vista la plancha que de estas pictografías nos ofrece el

arqueólogo alemán Carlos Itolp[298], quien en 1885, viéndose obligado

á buscar abrigo entre los peñascos de la cima, descubrió la Gruta,

sobre cuyas paredes externas aparecen las pictografías, resultando del

análisis químico de las pinturas que el rojo era arcilla colorada, el

negro, también arcilla, y el blanco, caolín ó ceniza. Este autor, según

el lugar y en las circunstancias bajo las cuales encontró los signos,

es de parecer que estos son de origen indio, á pesar de que sus formas

regulares hagan recordar más á los egipcios que á los araucanos. Los

dibujos parecen trazados con el dedo. Cabado el suelo de la gruta, el

señor Itolp dió con siete esqueletos de nativos[299].

[Ilustración: Fig. 21. Monolito de Tafí.]

La lámina que este arqueólogo presenta, consta de ocho renglones

escritos con caracteres simbólicos regulares y varios, del estilo

de algunos de nuestros petroglifos de Ampajango y Cafayate. En los

renglones escritos, á excepción de los tercero y séptimo (en el 3^o

aparece una T volcada), vénse los signos cruciformes repetidos,

consistentes en dos líneas que se cortan, formando ángulos rectos,

horizontal la una, y vertical la otra. Los símbolos restantes,

consisten: en círculos con punto ó sin punto, ó sean ojos Imaymanas,

gérmenes ó yemas de fecundación; en ventanas abiertas, como U[300], y

en _tocos_ que recuerdan del emblema fálico del Tocapo Viracocha; en

líneas quebradas, que bien pueden figurar cerros, como lo quiere el

señor Barros Grez, y aparecen dentro de la Pacha Mama del Yamqui; en

sinuosas, que para nosotros son canales (uno de ellos con su estanque)

ó arroyos, y que en la precitada carta simbólica llevan la leyenda de

río: ó _Pillcomayo_; en figuras onduladas, que quizá representan el

movimiento del agua ó de las linfas; en espirales, que tenemos por

símbolos del trueno que ruge; en puntos, ó gotas de lluvia; en líneas

que al cortarse entre sí forman cuadrados, como un damero, exactamente

iguales á la figuración de los _pata_ ó andenes de la plancha del

Yamqui (Fig. 21); en dos grupos de seis cortas líneas verticales,

indicaciones numerales, múltiplos del _tres_ sagrado (el dios acuático

es trino y uno); en líneas que forman una cara humana, con ojos, cejas,

nariz y boca, y debajo de ella (como si fuese su barba) un Imaymana con

punto; en un círculo con _tres_ puntos distribuidos en triángulo,

que dan al conjunto un aspecto de cara humana, correspondiendo los

dos puntos superiores á los ojos y el inferior á la boca, como si se

tratase de una figuración del _Inti_, etc.

[Ilustración: Fig. 19. Plancha del Yamqui Pachacuti.]

Ahora bien: ¿cómo podría clasificarse esta gruta en las eminencias

de los cerros, con cadáveres en el suelo, y con tales inscripciones

simbólicas en sus muros externos?

Para nosotros es uno de esos templos, cuevas ó antros del _machi_,

en los cuales este propiciaría con cruentos sacrificios á los dioses

atmosféricos.

Las inscripciones parecen destinadas á invocar á Imaymana, Tocapo y

Aticci Viracocha, esa _trinidad_ mítica, que impera sobre las _cochas_;

que derrama gérmenes vitales en la sierra y la llanura; que rige las

nubes y la lluvia, alimentando arroyos y canales, y regando _patas_

ó andenes sembrados. Las _cruces_, alternando entre tantas y tan

expresivas figuraciones simbólicas acuáticas, son seguramente alusiones

complementarias á la producción del fenómeno atmosférico de la

_lluvia_, tan anhelado por los araucanos como por los calchaquíes[301].

La famosa Gruta de Carahuasi, de este lado de los valles, en Salta,

es de un estilo completamente distinto de la anterior: se trata de

pictografías figurativas, y no simbólicas. El indio se ha mostrado en

ella un artista, combinando colores y reproduciendo personajes, escudos

y animales con una fidelidad llamativa. Los colores vivos contrastan

los unos con los otros: el negro con el blanco, el plomo con el rojo,

el amarillo con el cáscara. Los personajes reales, empuñando cetros en

sus manos, portando arcos de flechas y cabezas humanas, se destacan

en fila, con sus penachos adornando sus cabezas, de una, dos, tres,

seis y siete plumas de colores. Las pequeñas llamas marchan en una

misma dirección con sus cargas sobre el espinazo. Cinco escudos de

colores distintos, de raras y artísticas formas, llevan figurados

meandros, espirales, _tocos_ y animalillos. Encima, destácanse unos

veinte guerreros: diez y nueve de color amarillo, y uno de plomo; casi

todos lucen plumas en sus cabezas, y varios portan hachas, _thoquis_

ó insignias de mando. Detrás de tres escudos, aparecen grupos de

guerreros, pintados de plomo, apuntando á una misma dirección. Y en

el centro del cuadro, en medio de los escudos, vése una gran _Cruz_

latina, de color amarillo, de anchos brazos, símbolo que también,

en forma de una decussata lleva pintada sobre su pecho el penúltimo

personaje real de la sección inferior: este personage gasta larga

túnica, luce medias de color, un penacho de tres plumas rojas, y es

portador de un _thoqui_ sobre sus hombros.

Tales son, á grandes rasgos, las pinturas de la Gruta de Pampa

Grande, de forma abovedada, abierta en la roca viva, en cuyas paredes

estas pinturas ocupan un area de 2.15m por 1.30, las que Ambrosetti

reprodujo el año 1895[302], y cuya monografía de interpretación creemos

que no debe aún tomarse como trabajo definitivo, por más que sea digna

de considerarse.

El más interesante de todos los monumentos megalíticos y petrográficos

de Calchaquí y sus fonteras, es la gran Gruta de Siquimí (hoy

Chiquimí), en las eminencias de la sierra de Muñoz, casi frente á

San José (Catamarca, valle de Santa María), que nos cupo en suerte

descubrir en nuestra expedición de 1898, y cuyos interesantísimos

grabados sobre la arenisca de sus paredes fueron tomados por Holmberg

en cinco láminas distintas, que tal es la profusión de los grabados,

algunos de ellos borrados por el tiempo y la intemperie.

La Gruta debe haber sido la obra de las aguas torrentosas, que han

cavado la arenisca; es abovedada; sus dimensiones son notables, pues

mide veintidós metros de largo, por cinco de ancho y otro tanto de

alto, pudiendo, por tanto, penetrarse á ella á caballo.

El trabajo artístico de esta Gruta puede que sea contemporáneo de la

de Carahuasi, por las numerosas figuraciones de escudos semejantes

á los de esta. Los escudos llevan grabados totémicos. Abundan en la

petrografía toda clase de símbolos artísticos y profusamente grabados.

Varias figuras humanas, al parecer representaciones míticas, completan

y caracterizan el gran cuadro étnico-arqueológico. Desde el primer

golpe de vista, cualquiera se dá cuenta que se ha querido reproducir

una intrincada escena cósmica y atmosférica, alguna de esas grandiosas

leyendas míticas, como la de Huayrapuca ó _La_ Viento[303], ó de las

formidables batallas del _Nublado_, _Intillapa_ y _Huayra-Muyuh_ (el

Remolino).

Pues bien: en medio del cuadro atmosférico, y entre los símbolos

meteorológicos, destácase una grande y artística _Cruz_ doble, alusión

indiscutible á la _lluvia fecundadora_, como que en seguida una figura

humana, de vientre abultado y salientes mamas, ostenta, en el lugar del

cuerpo correspondiente á su natura, un mortero circular, calado con

alguna profundidad, como si la figura con este interesante detalle,

dijéranos:—«habrá moliendas, porque cae lluvia».

Entre los numerosos petroglyfos que hemos coleccionado en los valles,

desde San Lucas á Ampajango,—este último lugar al sud del valle de

Santa María,—varios ejemplares ofrecen en sus grabados la insignia de

la Cruz, cuya colocación figurativa debe estudiarse.

Los tres siguientes (Figs. 80, 81 y 82) son de San Lucas.

[Ilustración: Fig. 80. Petroglyfo de San Lucas.]

Estos tres petroglyfos, con grabados figurativos, son piedras votivas

acuáticas. Sobre la superficie de los dos primeros, como salta á

primera vista, se han trazado canales, con esas líneas sinuosas, que

parecen representar serpientes,—canales que rematan en circulillos ó

figuras curvas ó circulares, especialmente en el petroglyfo 81. Estas

figuras circulares son _cochas_, lagunas ó estanques, que proveen de

agua á los canales que de ellos salen, ó que son provistas por tales

canales. En el petroglyfo 80, algunos trazados convencionales parecen

representar batracios y otros animales acuáticos, sin duda para que sea

más llamativa la alusión á agua; tres huanacos ó llamas, caminando en

direcciones distintas, están figurados por dibujos simples y sencillos:

estos animales buscan agua para aplacar su sed, como que toman hacia

los estanques ó canales. En la Fig. 82 vénse grabados depósitos de agua

circulares, y una manada de huanacos, que sin duda va en busca del

líquido.

[Ilustración: Fig. 81. Petroglyfo de San Lucas.]

[Ilustración: Fig. 82. Petroglyfo de San Lucas.]

Sobre estas tres piedras acuáticas aparecen reproducidas cruces, en el

interior de tres figuras formadas por líneas curvas: esas figuras son

_cochas_, ó depósitos de agua llovida, de los cuales salen canales,

como se vé perfectamente bien en la Fig. 80, y muy especialmente en la

81. Las cruces en estos tres casos, que recuerdan las cuerdas en Cruz

en el lago de Batchué, expresan, de una manera que no deja lugar á

dudas, que las cochas ó los estanques están llenos de _agua de lluvia_,

y que los animales figurados tienen qué beber.

Es de advertir que las cochas (generalmente circulares) en las Figs.

81 y 82 han tomado formas de rosetas: así lo exijía al artista la

figuración cruciforme, pues que las rosetas mismas tienen forma de

cruces; además, como se verá en la plancha del Pachacuti, rosetas son

los símbolos de las «nubes, niebla ó _pocoy_».

Una cuarta roseta con Cruz aparece como detalle en el penúltimo de

los petroglyfos, más adelante reproducido (Fig. 89), de Cerro Negro

(Tinogasta), para dejar sentado que estas figuraciones no son casuales.

[Ilustración: Fig. 79. Gran roca grabada en Condorhuasi.]

En el petroglyfo de la Fig. 79, y contigua á un grupo de canales y

á otro de cochas, aparece una figura como escudo, con una Cruz al

interior del óvalo del mismo: esa figura, sin duda, no es tal escudo,

sinó una cocha regular, unida á otra como corazón, á la parte superior.

Para que no se crea que nuestras afirmaciones carecen de sólido

fundamento, aparte de lo que los petroglyfos mismos nos indican, véase

en la plancha del Pachacuti (Fig. 21), á la derecha de la pareja

humana, de qué manera éste, como lo dijimos, representa á _mama-cocha_,

valiéndose de una figura «corazonada», formada por líneas curbas, de la

cual sale una recta, que termina en un círculo (canal y estanque, estos

últimos).

El gran petroglyfo de Quilmes, de la Fig. 83, es muy interesante. Las

figuras circulares, que aparecen de blanco sobre fondo negro, son

morterillos calados en la roca, de dos y más centímetros de diámetro,

por alguna profundidad. Tales morterillos demuestran de una manera

concluyente que los círculos grabados de otras petrografías son

equivalentes á los mismos, ó sean depósitos de agua. Los morterillos

de la piedra votiva serían llenados de líquido, á fin de que éste se

evaporase con el sol, llamándose así por simpatía á las nubes y á la

lluvia. Varios de esos morterillos están unidos por grabados como

canaletas,—las acequias de que dimos cuenta.

[Ilustración: Fig. 83. Petroglyfo de Quilmes.]

En el petroglyfo que nos ocupa notaremos varios grabados como flechas:

son figuraciones de esas patas de suri, de tres dedos, tan comunes en

las petrografías. Los rastros del ave de las nubes sobre las piedras

votivas acuáticas, indican el culto rendido á las nubes para que hagan

llover. Algunas de las figurillas, en el punto en que los tres dedos se

juntan formando dos ángulos agudos, tienen calados morterillos, alusión

á la necesidad de que sean llenados de agua llovida.

Una gran ave-suri, con su cuerpo ovalado, largas piernas y patas con

tres dedos, está pintada de blanco en una de las paredes laterales de

una roca de San Isidro (Cafayate), que forma una obscura y estensa

gruta, de varios metros de largo (Fig. 84), en la que dimos con

restos humanos,—antro sagrado de sacrificios, sin duda, en el cual

los sacerdotes, los _humaníyoc, turpentáes y alcahuizas_ ofrecerían

víctimas humanas para propiciar á las nubes del cielo. Es este el más

curioso ejemplar de suri reproducido en los momentos megalíticos de

Calchaquí.

[Ilustración: Fig. 84. Pictografía de Cafayate (Salta).]

[Ilustración: Fig. 85. Petroglyfo de Loma Colorada.]

Es muy digno de notarse en el petroglyfo de Quilmes (Fig. 83), el

grabado cruciforme inferior de la derecha, consistente en cuatro

estanques distribuidos en Cruz, y unidos por caladuras que forman el

símbolo,—nueva y gráfica prueba del valor acuático del mismo.

En el petroglyfo de Loma Colorada, en Encalilla (Fig. 85), vemos

también á la parte inferior de la lámina, una curiosa Cruz, terminada

á la parte superior en pata de suri (ave-nube) y á la inferior en un

estanque ó depósito de agua, datos estos muy reveladores.

El petroglyfo del distrito de Ampajango (Fig. 86), lugar en donde

coleccionamos sesenta y tantas petrografías, una Cruz aparece encima de

un canal y entre dos depósitos de agua.

[Ilustración: Fig. 86. Petroglyfo de Ampajango (0.80).]

[Ilustración: Fig. 87. Detalles de un petroglyfo en la puerta de

Ampajango (1.27 × 0.80).]

En la lámina de detalles de un petroglyfo de la Puerta del mismo

Ampajango (Fig. 87), se vé una Cruz latina, cuyo palo superior y brazos

laterales terminan también en depósitos de agua. Esta Cruz aparece

grabada en parte sobre el cuerpo de una figura zoomorfa, al parecer

atmosférica, si se tiene en cuenta que ofrece el mismo aspecto de

las Huayrapucas de la Fig. 27 (Cap. IV), y entre grupos de andenes.

Un detalle muy interesante en el petroglyfo, es el de la figura

cuadrangular de la izquierda, ó andén regular, de cada uno de cuyos

ángulos sale grabada una Cruz (el andén lleva tres puntos internos).

Las cruces, en este caso, aparecen sustituidas á los círculos de la

figura cuadrangular de encima.

El último de los detalles de dos petroglyfos de Cerro Negro, más

adelante reproducidos en la Figura 89, es un cuadrado (seguramente

andén), cuyas diagonales grabadas se cortan en Cruz. Encima del

cuadrado vése también un pequeño símbolo, con brazos y palo superior

arbolados. No lejos de este cuadrado están figurados un árbol[304] y dos

canales, con sus estanques respectivos, lo que dá una idea cabal de

andén cultivado.

[Ilustración: Fig. 27. Vasija Ambato y su desarrollo Colección

Quiroga.]

En el capítulo anterior (Fig. 73), reprodujimos un curioso escudo,

con el signo cruciforme en medio. Es un detalle de una interesante

piedra grabada, que lleva el n^{o}. 112 de nuestra colección.

Encuéntrase parada, mirando al naciente, en las cercanías de Andaguala,

y es conocida en los valles con el nombre de «Piedra Pintada del

Portezuelo»[305].

En el petroglyfo de la Fig. 88, de Ampajango, vemos reproducidas

varias figurillas humanas, grabadas de una manera convencionalmente

primitiva, con el trazado de líneas rectas y curbas que se cortan entre

sí, figurando el cuerpo, los brazos, con sus manos y el cuello, y las

piernas á la parte inferior. Esas figurillas aparecen con los brazos

abiertos, perpendiculares á la línea del cuerpo, de suerte que toman

proporciones cruciformes, especialmente las dos primeras de la

izquierda, que no parecen otra cosa sino cruces[306]. En el petroglyfo

85, dos ejemplares se repiten, como en numerosos casos, pues tal suele

ser la manera cómo suelen reproducirse las figurillas humanas.

[Ilustración: Fig. 88. Petroglyfo de Ampajango.]

El hecho que acabamos de apuntar nos llamó siempre la atención, pues

solo en las piedras votivas acuáticas aparecen las figurillas humanas

en Cruz; no así en la alfarería funeraria, en la que vemos que es otra

la posición de los brazos, sueltos para abajo, como en los hombrecillos

de las Figs. 53 y otras del capítulo VI. Tal hecho daría lugar á una

sencilla explicación: si la Cruz es el símbolo de la lluvia, muy

natural sería que en el acto propiciatorio demandándola, el indio mismo

formase una Cruz, abriendo horizontalmente sus brazos, de modo que

estos fuesen perpendiculares á la línea vertical del cuerpo.

[Ilustración: Fig. 53.]

Es muy oportuno en esta ocasión reproducir interesantes detalles de

petroglyfos de Cerro Negro, Tinogasta (Prov. de Catamarca), á los que

anteriormente hemos hecho referencias (Fig. 89 A).

[Ilustración: Fig. 89 A.—Detalles de petroglyfos de Cerro Negro.]

Estos detalles comienzan con una _cocha_, laguna ó depósito artificial

de agua, y terminan con un andén, ambos con el signo cruciforme, por

los motivos dados. Después de la cocha, vénse dos largas rosetas,

unidas entre sí, también con grabados cruciformes, pudiendo ser

aquellas una manera convencional, exijida por motivos artísticos, de

reproducir la primera de las figuras. El detalle cuarto, es una Cruz

grabada sobre una [symbol] (ese volcada), curioso símbolo que aparece

con profusión en una gran roca escrita del Divisadero de Quilmes.

Finalmente, en el departamento vecino de Belén, lugar de San Fernando,

dimos entre un grupo de ocho petroglyfos sobre piedra revestida de

negro betún, con el que reproducimos en la Fig. 89 B, muy digno de

llamar la atención por la repetición de sus artísticos símbolos de

la citada S volcada y de los dobles meandros, cuya disposición llamó

nuestra curiosidad arqueológica.

[Ilustración: Fig. 89 B.—Petroglyfo de San Fernando (Belén).]

La piedra grabada mide 0.75 m. de largo, por otro tanto de ancho.

Al pie del petroglyfo vése una artística y bien esculpida Cruz griega,

como complemento de los símbolos en él reproducidos.

Los palos de esta Cruz, que salta á la vista desde el primer momento,

son del ancho del pulgar, calados en la piedra con alguna profundidad,

y de algunos centímetros de largo.

Dificilmente podrá ofrecerse otro caso en que la Cruz aparezca más

distintivamente figurada, y al lado de un toco con línea al centro.

NOTAS:

[287] La mayor parte de los dibujos son obra de nuestro distinguido

compañero de expedición. Eduardo A. Holmberg, cuya colaboración ha sido

siempre de mucho mérito y eficacia para los que en el país dedicámonos

á esta clase de estudios.

[288] Nuestra obra sobre _Petrografías y Pictografías de la Región

Cacano-Calchaquí_ está terminada (1899-1900).

[289] _Annual Report of the Bureau of Ethnology_, J. W. Powell

(1888-89), _Picture-Writing_, pág. 25.—Véase también á Mallery, op.

cit., y su interesante trabajo _Pictographs of the North American

Indian_ (tom. IV. Con 83 planchas).—Sobre grabados de la roca Tinéri,

J. Crevaux, _Voyages dans l’Amérique du Sud_, X, págs. 210 y 211

(París, 1883).

[290] J. B. Ambrosetti, _Las grutas pintadas y los Petroglyfos de la

Provincia de Salta_ (Bolet. del Inst. Geográf. Argent., tom. XVI, págs.

312 á 334).

[291] A. Quiroga, op. cit., cap. V, _Gran gruta de Siquimí_

(petrografías).

[292] _El Calchaquí, Problema Arqueológico_ (_The American

Antropologist_), vol. I, January 1899, en cuyo artículo ocúpase de

nuestra obra _Calchaquí_ (Tucumán. 1897).

[293] F. P. Moreno (Revista del Museo de la Plata, 1890) sobre la roca

traquítica del bajo de Canota, etc.—_Die Calchaquís_, Von Dr. A. von

Ihering, Das Ausland—Janr. LXIV, Nos. 48 y 49.

La cruz en América (Arqueología Argentina) · 第 13 / 17 段