La figurilla anterior que nos ocupa, de brazos y piernas doblados,

unos y otros miembros con tres dedos, presenta un cuerpo geométrico

cuadrangular, como en el caso de la representación de la Fig. 30 _bis_;

al centro de este cuadrado, y en la parte correspondiente á la mitad

del pecho, cuatro triangulillos, ó cuatro emblemas fálicos femeninos,

simétricamente distribuidos, forman una interesante Cruz simbólica.

En el andrógino de piedra negra, reproducido en la nota, y á su parte

posterior, en el punto mismo en que las figurillas humanas (varón y

mujer) juntan sus pies, aparece esculpida, como se vé en el detalle

de la derecha, una artística Cruz, á los estremos de cuyos palos

superior é inferior se han calado dos morterillos de boca perfectamente

circular: en estos morterillos, y sobre esta Cruz, ofreceríanse, sin

duda, las ofrendas propiciatorias, siendo el mortero con su mano

otro objeto fálico emblemático, que vimos aparecer en el _Huampar_

incaico.[275].

Ahora bien: ¿qué motivos pueden haber decidido al artista indio á

grabar cruces en estos huacanquis ó amuletos «para rendir por el amor

el libre albedrío»?

Dos, sin duda: el primero, que el amuleto se consagra al acto carnal

de la fecundación y de la reproducción de la especie; el segundo, que

estos amuletos, por lo mismo que se refieren á la procreación, tienen

un origen atmosférico, como la lluvia fecundante y reproductora, pues

de la propia manera que los meteoritos son lanzados sobre la tierra por

los dioses de la tormenta, estos amuletos son arrojados por el rayo

que cae, desprendido con estruendo de las nubes, de modo que también

son _illas_, ó preciados talismanes de _Illapa_; pues, al decir de

Montesinos, á estos preciados amuletos de maleficio amatorio, ídolos ó

huacas de los amores, «fingen los hechiceros que los hallan cuando _el

relámpago se despide de la nube con gran trueno, y cae el rayo_, y

donde cae los encuentran ...»[276]. El hecho mismo de guardarse al

idolillo en una cesta llena de _plumas de colores_ (dato que también

consigna Montesinos, como se lee en la nota), prueba su origen

atmosférico, pues las plumas recuerdan al pájaro de la tormenta, y sus

colores los del iris ó _chuychu_ formado en las nubes.

Sobre los escudos calchaquíes con que se cubren figuras humanas

labradas en cobre, pintadas en las tinajas, en las rocas, ó grabadas

en los petroglyfos, suelen aparecer signos y figuras simbólicas,

animales y geométricas muy curiosos, que aún no han sido estudiados,

siendo notables en tal sentido los escudos que portan los reales

personajes de la Gruta de Carahuasi (Salta)[277]. Nosotros atribuimos

á representaciones _totémicas_ tales figuraciones, siendo ellas, sin

duda, emblemas ó insignias de los personajes que portan los escudos,

ó de sus familias, de sus tribus y de sus pueblos. Es de advertir que

cuando los personajes no llevan escudos, suelen tener pintados sobre

su pecho los referidos tótem[278]. Que familias de indios tucumanos han

adoptado su distintivo entre los de su raza, convirtiéndolo en apellido

común, tomado de nombres de héroes, de animales ó de cosas animadas

ó inanimadas,—resulta indiscutible cuando se recorren los padrones

que los españoles levantaran en el período de la colonia, censando á

la población nativa[279]; y así, indios hay que llevan los siguientes

apellidos: Atagualpa (Yumansuma, 1699), Inca (Chicligasta, 1721), Inga

(Colalao, 1699), Colla (San Miguel, 1771), Illapa (Chuchagasta, 1699),

Vilca (Tolombón, 1699), Pisco (Colalao, 1699), Surita (Marapa, 1721),

Chilca (Choromoros, 1771), Patay (Tafí, 1699), Chuncha, Chicha, Choclo,

Sapaca, Guasca, Coca (Colalao, 1699), etc., etc.

[Ilustración: Fig. 53.]

[Ilustración: Fig. 56. Col. Quiroga.]

Sobre los escudos de Carahuasi pueden verse reproducidos espirales,

meandros, animales y otras figuras simbólicas, una de ellas cruciforme.

[Ilustración: Fig. 58 San José. Col. Max. Schmidt.]

[Ilustración: Fig. 59 Loma Rica. Catamarca.]

En el capítulo anterior hemos tenido ocasión de reproducir, para

no abundar en ejemplos, figurillas humanas sobre cuyos pechos se

ven pintados símbolos diversos: dos suris, de cuerpo de dobles

triángulos en la Fig. 53; un suri y una serpiente, respectivamente,

en las figurillas del cuerpo de la urna 56; un suri y meandros de la

fecundación ó de la cópula sobre el escudo superior de la derecha en

la urna 58; dobles serpientes rayos, formados por quebradas paralelas

llenas de puntos, sobre los escudos de las figurillas de la urna 59;

dos suris sobre el escudo de la representación de la urna 63, etc.

Estas figurillas humanas, reproducidas en el lugar correspondiente al

rostro de la imagen antropo-zoomorfa de las urnas, son seguramente

representaciones _antropo-atmosféricas_, que llevan como distintivo

totémico símbolos que representan á las nubes, al rayo y á la lluvia

fecundadora; más bien dicho: son habitantes del pueblo de las nubes,

tales como aparecen hombres y mujeres en la lámina de los Sias (Cap. V).

[Ilustración: Fig. 63 Urna de Santa María vista de lado.]

Bien, pues: la Cruz suele también, en casos escepcionales, figurar como

insignia sagrada ó tótem en tales representaciones.

La Cruz, no sólo aparece como símbolo del culto, según escribe

Schoolcraft[280], sinó que suele ser venerada y tenida como signo

distintivo, quizá religioso, en los sepulcros y amuletos, ó como

emblema ó _tótem_ de las tribus y familias, apareciendo en este último

carácter en la biografía de Wingemund, jefe de los Delawares, cuya

artística Cruz totémica reproduce el autor.

Posiblemente igual cosa sucedía en Calchaquí, pues que la Cruz aparece

sobre el escudo ó pecho de las figuraciones á que antes nos hemos

referido, lo que indudablemente determina el carácter atmosférico ó

acuático de las mismas.

La figurilla á la izquierda del cuello de la urna 58, por ejemplo,

lleva en sus vestidos distintivamente pintada la Cruz, de negro sobre

fondo amarillo.

En la Fig. 73 reproducimos un interesante detalle de un complicado

petroglyfo de Andaguala, que tomamos en nuestra penúltima expedición á

los valles calchaquíes. La escritura total y profusa de la roca es

ideográfica, viéndose esculpidos canales y fuentes de agua, de modo

que indiscutiblemente se trata de una piedra sagrada votiva para

propiciar á la lluvia, que en los áridos y secos valles alimenta

estanques y canales. La Cruz sobre el escudo, en el detalle reproducido

del petroglyfo, es el complemento simbólico de la escritura sagrada,

expresando claramente un anhelo de lluvia.

[Ilustración: Fig. 73. Escudo con Cruz en un petroglyfo de Andaguala.]

[Ilustración: Fig. 74 1/5 Tamaño natural Cachi.—Colección Zavaleta.]

Ahora reproduzcamos las figuras humanas gemelas con dobles signos

cruciformes, que sobre la superficie de un gran disco de cobre de Cachi

(Salta), aparecen sobresalir de relieve (Fig. 74). Este disco ha sido

descrito por el americanista Ambrosetti, en un trabajo suyo de alguna

importancia, titulado «Placas pectorales y Discos de Bronce»[281]. «De

los discos de bronce, escribe, es el mejor que conozco: tiene unos

26 centímetros de diámetro. Su interior está ocupado por dos figuras

humanas con largos trages que presentan la forma de escudos (lo que

luego sostiene), recortados á cada lado en su parte media, y con

las aspas superiores muy largas ... Sobre estos escudos (como los de

Carahuasi) vemos siempre dibujos que bien pudieron ó ser _totems_

de tribus ó distintivos personales de cada jefe. En el disco que

nos ocupa, las cruces parecidas á las maltesas son casi exclusivas

en los escudos; en uno de ellos hay dos dispuestas en sentido

vertical, y en el otro las mismas dos, diagonalmente, de izquierda

á derecha, hallándose interceptadas por un doble zig-zag combinado,

que baja en la diagonal contraria. De los personajes que llevan los

escudos, no aparece más que parte de las piernas con indicación de

los pies, marchando ambos hacia la derecha. Sus caras están trazadas

sencillamente. La cabeza adornada con una diadema (como me parece

haberlo demostrado en el cap. XIV, figuras 96 y 97) y debajo de estas,

dos triangulillos indicarían grandes aros.»

Ambrosetti no aserto á clasificar esta y demás imágenes humanas

idolátricas labradas, sobre láminas, discos y planchas de cobre y

bronce.

Estos dioses-imagen se dominaban _Caylles_, y eran protectores de las

sementeras, como las varitas emplumadas de que hemos tratado en otra

ocasión.

Lafone Quevedo, por su parte, insinuó esta clasificación[282].

Fúndase ella en la siguiente, interesante noticia de Lozano[283]: «A

otros ídolos que llamaban _Caylle_ (veneraban los Calchaquíes), _cuyas

imágenes labradas en láminas de cobre_ traían consigo, y eran las

joyas de su mayor aprecio; y así dichas láminas, _como las varitas

emplumadas_, las ponían con grandes supersticiones en sus casas, en

sus _sementeras_, y sus Pueblos, creyendo firmemente que con estos

instrumentos vinculaban á aquellos sitios la felicidad, sobre que

decían notables desvaríos, y que era imposible se acercase por allí la

piedra, la langosta, la epidemia ni otra alguna cosa que les pudiese

dañar.»

Estos _Caylles_ vemos, por la cita de Lozano, que son protectores de

las sementeras, pareciendo, en términos generales, poseer las misma

virtudes que las Mamazaras y Huazas, de que antes nos ocupamos. Son,

por tanto, las láminas, discos y planchas que los contienen labrados,

amuletos propiciatorios de la _lluvia_; y de la oración del Padre

Molina[284] resulta que _Caylle_, varón ó hembra, es un nombre ó

atributo del Viracocha _acuático_, sinónimo de Imaymana, ese gran

«hacedero de todas las cosas.» La oración de Molina, dice:

Aticci Viracochan, CAYLLA _Viracochan_[285]

tocapu acnupu Viracochan, camac

Churac cari cachuy uarmicachun

nispa llutac, etc.

Este Caylla Viracochan aparece comprobado en el disco de Lafone Quevedo

(Fig. 71 B), cuya figura central es un _Huiracocha_ y un _Caylla_,

puesto que es una imagen labrada en una lámina de cobre.

El _Caylle_ ó _Caylla_ es, pues, un dios de la lluvia, protector

de las cosechas; y para que no abriguemos duda alguna al respecto,

reproduzcamos la placa con Caille de la Figura 75.

[Ilustración: Fig. 75. Cachi (Salta) 1/2 tam. nat.]

En esta interesante lámina vemos al dios-imagen, cuya cabeza sobresale

de la placa, con su cuello largo, luciendo un collar de tres vueltas;

de sus hombros á la cintura, el cuerpo aparece cortado por dos líneas

en forma de X, ó cruz decussata; en el vientre abultado, dos líneas

transversales forman distintamente _una Cruz_, con ojos Imaymanas en

triángulo entre sus brazos; en el espacio inferior, un arco de óvalo,

dividido por una línea, indica el órgano genital femenino del ídolo. Lo

más curioso son sus largos brazos doblados, en actitud de adoración,

desprendidos de sus hombros, terminados aquellos en manos que portan,

cada una, _gajos de árbol_ al parecer, cuyas ramas concluyen en

circulillos, que deben ser _frutas_. Se trata quizá de plantas de maíz

ó _Zara_, lo que es indiferente á nuestro propósito, pues lo único

que nos interesa es dejar establecido que ha querido reproducirse un

_vegetal_, para demostrar acabadamente que el dios-imagen es protector

de la agricultura, al mismo que se invoca en el acto propiciatorio á la

Madre Tierra para que llueva, para que lo sembrado fructifique, para

que no caiga piedra, ni sobrevengan heladas; ó como dice el calchaquí:

Amata inapa

Suceda angacho:

Adyita pococho,

Amataj casacho:

Kusiya ¡Kusiya!

[Ilustración: Fig. 76. 1/5 tam. nat. Col. Zavaleta.]

Nada más natural, entonces, que estos Caylles, ó dioses propiciatorios

de las buenas cosechas, lleven labradas en sus cuerpos las insignias

cruciformes atmosféricas, quedando así establecido una vez más que la

_Cruz_ es símbolo de _lluvia_.

Observemos, finalmente, que cuando los rostros ó representaciones de

Caylles son sencillos y varios, aparecen distribuidos _en Cruz_ sobre

el disco, como en el caso de la Fig. 76; lo mismo en el de la Fig. 77,

en la que se ven las dos de las caras laterales sustituidas por dos

serpientes-rayos. Esto demuestra nuevamente su equivalencia atmosférica;

las caras superior é inferior van adornadas con esas espirales del

trueno ó del ruido que produce, lo que también es revelador[286].

[Ilustración: Fig. 77. 1/3 tamaño natural Col. Museo Nacional.]

[Ilustración: Fig. 78. Amuleto de las Cruces (Col. Zavaleta).]

Cerremos este capítulo manifestando que en nuestra colección poseemos

dos pequeños y curiosos amuletos de piedra, muy semejantes el uno al

otro, por lo que solo reproducimos el de la Fig. 78, ambos con la

insignia cruciforme doble al centro del talismán.

Estos amuletos, con sus agujerillos respectivos para ser colgados al

cuello, tendrían, sin duda alguna, la virtud de hacer llover.

NOTAS:

[254] John Lubbock, _Orígenes de la Civilización_, pág. 178.

[255] G. de Mortillet (_Le Signe de la Croix_, cap. III, pág. 96),

tratando del cementerio de Villanova hacía notar que la Cruz, tan

abundante en los cilindros de dos cabezas, parece disminuir con la

aparición de representaciones de objetos orgánicos (Véanse sus Figs. 44

á 47).

[256] Adán Quiroga, _Cacllas_ y _Caylles_ (1899)—J. Toscano, _La Región

Calchaquina_, pág. 74.

[257] Toscano, cit., pág. 73.

[258] Bernabé Cobo, _Historia del Nuevo Mundo_, tom. III, págs. 336 y

339; _Relación_ del Yamqui Pachacuti, págs 155 y 156.

[259] Cobo cit., págs. 334, 335 y 346, tom. III.

[260] Adán Quiroga, _Canopas_ (1899)—Toscano cit., pág. 73.

[261] En el Viejo Continente la Cruz es más frecuente en la época de

bronce, disminuyendo en cuanto comienzan á aparecer las figuraciones

orgánicas. Hablando Mortillet del cementerio de Villanova, escribe:

«Hecho curioso á constatar: la Cruz parece disminuir con la aparición

de representaciones de objetos orgánicos. En Villanova, donde se vé ya

serpientes, gansos y pequeños _bonshommes_, ella parece menos frecuente

que en la época de bronce, en la que no existe la menor representación

orgánica, aún vegetal. En la necrópolis de Marzabotto los dibujos

etruscos y los ídolos la han reemplazado casi completamente» (_Le Signe

de la Croix_, cap. II, págs. 96 y 97).

[262] Es curioso que los marineros ingleses acostumbran llamar el

viento, silvando, cuando reina la calma en el mar.

[263] _Hist. de la Provincia del Paraguay_, lib. III, cap. XXII, tom.

II, pág. 398.

[264] Entre los indios moki la Cruz maltesa ✚ es el emblema de una

virgen, y significa la virginidad (_Annual Report_, etc., 1888-89,

_Picture writing of the American Indian_, y Garrick Mallery, The Cross,

cap. XX, pág. 729).

[265] Véanse _El Símbolo de la Serpiente en la Alfarería funeraria_, de

J. B. Ambrosetti, y _The Serpent Symbol in America_, de E. G. Squier,

etc.

[266] Wiener, _Pérou et Bolivie_, págs. 702 y 703.

[Ilustración: Dios-Sol de Wiener]

En el Dios-Sol, llamado así por este autor, que reproducimos, vénse los

monstruos dragones ó Huayrapucas del disco de Lafone Quevedo, rodeando

la cara circular de Aticci. Estos monstruos son cuatro, y claro es que

representan los cuatro vientos.

[267] Fernández y Holguín, _Dicc._, verb. _hapiyñuños_—Véanse Adán

Quiroga, _Supay, Mikilo y los Hapiyñuños_ (Revista de Der. Hist.

y Letras), tom. I, págs. 122 y sigtes., Buenos Aires, 1898; _Tres

Relaciones de Antigüedades Peruanas_, pág 232 y sigtes. (M. J. de la

E., Madrid 1879).

[268] Entre los Dakotas la Cruz griega representa los cuatro vientos

que provienen de las cuatro cavernas, en las que el alma de los hombres

existía antes de su encarnación en el cuerpo humano (_Annual Report_,

Op. cit., _The Cross_, pág. 724).

La Cruz _latina_, era y es usada por los mismos Dakotas en la pintura,

y significa, tanto en pictografía como en la figuración de los signos

del movimiento, el _mosquito-hawk_ (halcón de los mosquitos), llamado

generalmente _dragon fly_ (alguacil)—Op. y lug. cit., pág. 725.

Estos alguaciles vimos figurados en la Plancha XXXV del capítulo V,

nota; y efectivamente que una Cruz latina figura su largo cuerpo,

del cual salen para arriba y para abajo sus aletas. No olvidemos la

relación entre los alguaciles y el agua.

[269] _La Región Calchaquina_, cap. VII. pág. 73 (Buenos Aires, 1898).

[270] _Chacatasca_, crucificado. Esta palabra encierra una raíz _chaca_.

[271] Véase Adán Quiroga, _Mamazaras y Huazas_ (1900).

[272] Montesinos, _Memorias Antiguas Historiales del Perú_, pág. 211

(Publicadas por el Dr. V. F. López en la «Rev. de Buenos Aires», tom.

XXII)—Véase nuestro artículo _El Tincunacu_ («La Provincia», Tucumán,

Setiembre de 1898).

[273] Op. y lug. cits.

[274] El amuleto es el siguiente:

[Ilustration: Andrógino de Tinogasta.]

[275] Adán Quiroga, _El culto fetiquista de Mortero_ (1897)—Lafone

Quevedo, _Culto de Tonapa_, pág. 15.

[276] Montesinos cit., quien agrega: «Nombran á estos ídolos _Huacanqui

ó Cayam Carumi_; véndence en mucho precio, y el uso de ellos dura hasta

hoy entre las mujeres; intrúyenlas el enemigo común en que ayunen las

lunas nuevas, que se abstengan de conversación con varón por tres días

y así serán amadas. Ponen al ídolo en una canastilla adornada de plumas

de varios colores, y algunas yerbas olorosas, échanle harina de maíz

que renueva todos los meses, y con la que quitan supersticiosamente se

limpian el rostro haciendo varias ceremonias.»

Ambrosetti (_Notas de Arqueolog. Calchaquí_, IV, págs. 33 á 37), ha

escrito párrafos interesantes sobre estos Huacanquis.

[277] Véase Ambrosetti, _Las grutas Pintadas y los Petroglyfos de la

Provincia de Salta_ (Bolet. del Inst. Geográf. Arg.—Buenos Aires).

[278] Sobre clasificación de totemismo y fetichismo, véase el

interesante capítulo de John Lubbock (_Orígenes de la Civilización_)

pág. 178 (Madrid, 1888).

[279] _Empadronamientos_, Legajo 14 (Archivo de Tucumán).

[280] Schoolcraft, _Indian Tribes_, lib. II, cap. III, pág. 91.

[281] _Notas de Arqueología Calchaquí_, § VII, págs. 136 á 138.

[282] _Tesoro de Catamarqueñismos_, verb. CAILLE (Buenos Aires, 1898),

sobre el que escribe: «Ídolos de los indios Calchaquinos». Eran, según

el Padre Lozano, «imágenes labradas en láminas de cobre», que traían

consigo, y eran las joyas de su mayor aprecio, etc. De estas láminas,

existen varias, y una de ellas de singular valor artístisco. Caille es

voz del Cacan, porque la usaban los Calchaquinos. (págs. 61 y 62).

[283] _Hist. de los Jesuitas del Paraguay_, etc.

[284] Markham, _Rites and Laws of the Incas_, pág. 33. Lafone Quevedo,

_Los ojos de Imaymana_, etc., pág. 452, Bolet. del Inst. Geográf.

Argent., tom. XX, Núms. 7 á 12.

[285] Aquí _Caylla_ sustituye á Imaymana, pues como dice Lafone Quevedo

en el lugar apuntado en la nota anterior, «por eliminación llegamos á

saber que el Dios _Imaymana_ llamábase también _Cailla_».

[286] La Cruz, como observa Mortillet, no solo aparece en el viejo

mundo dibujada por líneas que se cortan, sino de diferentes maneras,

como por cuatro ó cinco círculos convenientemente distribuidos, como en

los ejemplares de los cilindros de Villanova, figuras 95 y 96,—lo cual

no puede ser efecto de la casualidad, pues que se ha tenido intención

formal de figurar la Cruz. Ciertas monedas de Raimundo de Turena nos

muestran una Cruz compuesta de una O gótica al centro y cuatro anillos

que forman los brazos. La numismática de Normandia ofrece también

cruces formadas por anillos, distribuidos regularmente (Mortillet, _Le

Signe de la Croix_, cap. V, págs. 167 y 168).

CAPÍTULO VIII

LA CRUZ EN LAS PETROGRAFÍAS

Y PICTOGRAFÍAS

_Escritura figurativa é ideográfica en las Petrografías

y Pictografías de Calchaquí—Opiniones de Mallery,

de Brinton y de Keane—El símbolo de la Cruz en los

petroglyfos—Por qué las cruces no son profusas en

ellos—La Cruz no es una combinación figurativa,

sinó simbólica—Pictografías de la Gruta de

Tinguiririca: interpretación de Barros Grez—Gruta

de Carahuasi: monografía de Ambrosetti—Gran Gruta

de Siquimi—Cruces en los petroglyfos de San

Lucas, Quilmes, Andaguala, Encalilla, Ampajango,

San Fernando y Cerro Negro—Rosetas y Cochas con

Cruz—Patas de Suris: roca de Quilmes—El Ave-Suri

de la Gruta de Cafayate—Estanques unidos en

Cruz—Ejemplares de Loma Colorada, Quilmes y

Ampajango—Andenes con cruces: ejemplares de

Ampajango y Cerro Negro—Hombrecillos con los brazos

en Cruz—Deducciones._

Un estudio detenido y paciente de las petrografías y pictografías de

Calchaquí, efectuado sobre nuestra colección de dibujos y fotografías

tomados _in situ_[287], colección la más interesante por su número de

cuantas conozcamos, nos ha hecho llegar á la conclusión de que los

petroglyfos de esta sección andina constituyen un asunto arqueológico y

etnográfico trascendental.

Ese estudio comparativo de dos centenares de piedras grabadas y

pintadas, ha dado por resultado que lleguemos á establecer que sobre

ellas el indio ha expresado su pensamiento, escribiendo indeleblemente,

de una manera figurativa é ideográfica, y excepcionalmente simbólica,

una demanda, una súplica, un voto á las divinidades, con dos propósitos

fundamentales: que fructifiquen las mieses, y que se reproduzcan los

ganados; propósitos que pueden concretarse en uno solo: que llueva[288].

La escritura petrográfica no es tal escritura, propiamente hablando.

Se trata de simples dibujos convencionales, que responden á

ritualidades ó á una forma figurativa de expresión ideográfica, por

signos que representan objetos ó cosas sobre las que se implora la

acción bienhechora de las divinidades. Las piedras grabadas deben

considerarse, pues, como piedras votivas.

Nuestra escritura petrográfica es, como la define Garrick Mallery[289],

«un medio de expresar pensamientos ó hechos por medio de dibujos, que

al principio se redujeron á la representación de objetos naturales

ó artificiales». Esta cita encierra una verdad que hemos podido

constatar en Calchaquí: que la escritura fué en un principio puramente

representativa,—y tal es el carácter de la mayor parte de los

petroglyfos,—hasta que concluyó por ser excepcionalmente simbólica.

Ejemplos de lo uno y de lo otro son, para no citar más casos, los

grandes cuadros reproducidos respectivamente en Carahuasi (Salta) y

Siquimí (Catamarca); en el primero se figura una marcha militar de

reales combatientes[290]; en el segundo, una escena indiscutiblemente

cosmogónica ó mítica, en la que todos los elementos, al parecer, están

simbólicamente representados[291].

Es inexacta, entonces, la aseveración que en un trabajo póstumo[292]

hace Brinton, criticando, cabalmente, los estudios comparativos de

nuestros petroglyfos, efectuados por Moreno y von Ihering[293], al

manifestar que «mucho se ha escrito de cotejo de petroglyfos, y que

tanto Moreno como von Ihering se han lanzado sin ambages á interpretar

é identificar estos signos sin arte; y que nada, empero, ha resultado

de las semejanzas indicadas por ellos; porque son las que se hallan en

todas partes entre dibujos tan sin motivo como lo son estos».

Lo que decimos de Brinton observamos también á Mr. Keane, quien critica

las interpretaciones de Latourneau[294].

En el Perú las esculturas monolíticas son perfectamente intencionadas,

habiendo este país llegado al pleno desarrollo de la escritura

simbólica; y en los ejemplares cuya interpretación hemos podido

penetrar, ni una representación, ni un signo, ni siquiera una línea

aparecen superfluos. Aún en los grabados ó esculturas puramente

figurativas, la naturaleza y el arte se combinan de tal modo, que

nada está de más ni de menos. Tal sucede, por ejemplo, con el inmenso

bloc esculpido de la fuente de Cuonchaca, en el que se ven figurados

la montaña, el río, la casa, el canal, el tunel, el acueducto, la

labranza, el trono del poder, por lo que ha dicho perfectamente Wiener

que la escultura en cuestión «es una obra de filosofía, y que el

pensador que la ha concebido había observado y comprendido la lucha del

civilizador indígena contra la naturaleza rebelde».

La cruz en América (Arqueología Argentina) · 第 12 / 17 段