Ahora bien: si la cruel bacanal del Chiqui se celebraba en el propósito

de conjurarle, propiciando á las divinidades atmosféricas á la vez

en la ceremonia de las cántaras vacías en torno del árbol,—¿cómo es

posible que el indio sacrificase al Ave-Suri, ofreciendo sus cabezas

cortadas y haciéndolas saltar lo mismo que á las de las talcas y las

huillas, que perecían de sed?—¿cómo dar muerte al Suri, que es la

Nube, la que lleva el agua anhelada en sus senos fecundos cuando la

Huayrapuca la trae del sudoeste, entre relámpagos y truenos?

Es esta la explicación sencilla de lo que aparecía como un enigma

para Lafone Quevedo, y después para Ambrosetti; pues como estos

americanistas no habían determinado el valor simbólico del Suri,

emblema de la Nube, debieron recurrir ó á consignar el hecho ó á darle

otro género poco satisfactorio de explicaciones. Sacrificar el Suri,

sería sacrificar la Lluvia. Lejos de eso, era el Suri, era la Nube, el

objeto propiciado de los sacrificios: por eso jamás podía figurar su

cabeza en la fiesta del Chiqui, como no puede figurar la cabeza de la

divinidad misma á quien se ofrece el holocausto[240].

El material iconográfico de este capítulo sirve de prueba irrefutable

del valor simbólico que atribuimos al Suri. Como se enterará el lector,

en la mayor parte de las representaciones de esta ave de la tormenta,

el Suri aparece en las actitudes de que dá cuenta el Folk-lore, es

decir: con las canillas dobladas, como lanzado á la carrera, suelto el

plumaje de sus alas, con su cuello erguido y con su pico abierto.

Si fijamos la atención en las diversas reproducciones, notaremos muchas

otras particularidades llamativas, que contribuyen á determinar más su

significación simbólica, la que desde el primer instante salta á la

vista, cuando se vé al Suri formando en primera línea en todo

ese complicado conjunto escrito sobre la alfarería, que sirve

para caracterizar á la gran figura mítica de la urna, ó sea á la

representación antropo-zoomorfa de la Tormenta.

El Suri, ya lo vimos, está especialmente pintado en la sección

ventral de la urna, en los dos campos que forman los arcos de los

brazos; es decir: en los lugares correspondientes á las mamas de la

figura principal, aunque no sabemos á qué sexo pertenece la divinidad

atmosférica en cuestión, cosa que al indio ha sido indiferente indicar,

por la razón sencilla, sin duda, de que ha de pertenecer al género

epiceno, pues que en el acto propiciatorio el creyente nativo invoca á

su dios como á tal, «ya sea varón, ya sea hembra»: _cay huarmi cachun,

cay cari cachun_.

Los suris están además contiguos á ese Vaso ó cántara portada en las

manos; y en los casos de las Figs. 31 y 39, las aves abren sus picos

para derramar algo en aquellos: es claro que líquidos, por ser una

vasija el continente.

Los suris encuéntranse rodeados de signos ó símbolos atmosféricos; y en

la Fig. 51 hemos visto á una de estas aves, bastante bien reproducida,

coronando un interesantísimo grupo artístico de serpientes.

Pero la más evidente indicación de que el Suri es la Nube, está en el

hecho gráfico de que el ave aparece lanzando al rayo serpiente por

su pico, de la propia manera que los nublados cargados de agua en el

espacio producen las descargas eléctricas. Los dos suris de la Fig. 32

aparecen vomitando víboras, así como los suris gemelos de la Fig. 56; y

para que no abriguemos sospecha alguna de que tales víboras no fueran

la serpiente-rayo, ofrecemos en detalle el pequeño Suri de la Fig. 60,

al cual se vé con algún esfuerzo lanzando al ofidio luminoso de dobles

cabezas triangulares.

El Suri, lanzando por su pico á la víbora, es la Nube de la tormenta

despidiendo de su seno el rayo. Ninguna otra interpretación cabría al

respecto.

[Ilustración: Fig. 60.]

[Ilustración: Fig. 61.]

La Nube preñada de relámpagos, es la serpiente confundiéndose con el

Suri, ó la serpiente contribuyendo á dar sus formas características al

ave, como en el caso de los suris ofídicos de la urna 43, en el cual

tenemos perfectamente representada á la _Serpiente Emplumada_, ó á ese

_Quetzalcóatl_ que impera sobre los fenómenos atmosféricos de los que

es, más que causa, su encarnación misma.

En la Fig. 44, en la que, del cuerpo de una gran serpiente sale una

cabeza de Suri con su largo cuello, tenemos otra figuración ideográfica

de la serpiente emplumada.

Un tercer ejemplo es el más interesante: el de la Fig. 61, en el cual

vemos que líneas quebradas, paralelas, puntuadas (gotas de lluvia), dan

formas á una serpiente-rayo: de cada uno de los vértices de la zig-zag

luminosa salen tres largas plumas de Suri, las mismas tres plumas, en

forma de tres arcos, con que el artista figura las alas del ave sagrada

en todos los ejemplares ofrecidos.

Estas tres líneas curvas de las alas, en la Fig. 39 no aparecen

juntarse á la raíz del cuello del ave, como en los demás casos, sinó

que arrancan de la línea recta que forma la parte anterior del mismo,

describiendo tres arcos concéntricos, paralelos al gran círculo de

la caja del cuerpo del Suri: estos tres arcos son el _Iris_ ó Arco

_Chuychu_, pues es de la misma manera como el Yamqui Pachacuti en su

Plancha antes citada, figura simbólicamente el arco del cielo, con su

leyenda respectiva.

Quién, finalmente, abrigare alguna duda respecto al valor simbólico

del Suri, examine con espíritu arqueológico las pinturas de los pucos

de las Figs. 35 y 36, y verá en ellas, de negro, sobre fondo amarillo,

figuradas á las nubes, con sus caprichosas y onduladas guardas. Pues

bien: de esas figuraciones artísticamente irregulares salen cabezas de

Suri, de modo que ellas, en el grupo de la reproducción ideográfica,

vienen á constituir los cuerpos de los pajarracos míticos.

[Ilustración: Fig. 62. Santa María. Museo Nacional.]

Establecido el valor simbólico del Ave-Suri, nos explicamos

perfectamente por qué la representación atmosférica _b_ de la Fig. 29

_bis_, sobre la superficie de un mate ó _calabaza_ (Fig. 29) (que según

Brinton[241] es una figura conspicua en los mitos y en el arte de la

América antigua y un símbolo de agua de igual valor que la cántara),

porta en sus manos una cabeza de _Suri_ y una flecha: la cabeza de Suri

es la nube, y el dardo, el rayo. Debe también recordarse que el Dios

del Aire de Squier (Fig. 28) porta un pájaro (la nube) en su diestra.

[Ilustración: Fig. 63. La anterior vista de lado.]

[Ilustración: Fig. 64. Interior de un puco Santa María. Museo

Nacional.]

Que el Ave-Suri que nos ocupa es un volátil que surca los altos cielos,

como divinidad atmosférica y luminosa, pruébanlo los suris estrellados

de las Figs. 62, 63 y 64, que reproducimos, lo que demuestra hasta

donde alcanzaba la concepción india del pájaro de la Tormenta. En

efecto: los dos suris de la urna 62 tienen en sus cuerpos respectivos

figuradas cuatro y cinco estrellas; cinco, igualmente, los de la urna

63; y al centro del puco 64, destácase el gran pájaro de la tormenta,

esta vez parecido al papagayo, con su cuerpo y cola cubiertos de

ojos Imaymanas, yemas ó gérmenes, siendo estrelladas sus patas. Esta

interesantísima y original representación, que por sí misma es una

revelación, está rodeada por el pajarillo atmosférico de arriba, que

corta el espacio con sus alas abiertas, y por dos serpientes laterales

de dobles cabezas,—las serpientes del rayo,—de modo que en el puco

en cuestión aparece totalmente reproducida la escena atmosférica de la

tormenta, con sus rayos y con sus atributos fecundantes.

No nos resta ahora sinó explicar por qué los indios de Calchaquí

empleaban _varas emplumadas_ en las ceremonias del culto al Trueno y

al Rayo, y por qué también en sus fiestas gentílicas adornaban _con

plumas_ á los árboles.

Lozano[242], hablando de los ídolos _Caylles_, ó imágenes labradas

en las láminas de cobre, dice que á estos, como á las _varitas

emplumadas_, colocaban los naturales con grandes supersticiones _en

las labranzas_, _como protectoras_ de las mismas. El P. Guevara[243],

refiérenos que en los templos del _Trueno_ y del _Rayo_, rociadas con

sangre de carnero de la tierra, figuraban en las ceremonias estas

varitas emplumadas, que «las llevaban á sus casas y sembradíos,

prometiéndose de su virtud, contraída á presencia del numen, toda

felicidad y abundancia».

El P. Techo[244], escribe que al igual de los hebreos, los calchaquíes

eran gentes muy supersticiosas, y que «adoraban _árboles adornados con

plumas_ ...»

Este empleo de plumas de ave en todas estas ceremonias y prácticas

religiosas, es perfectamente explicable después de lo que dejamos

apuntado. Observemos que las plumas figuran en los templos dedicados

al Trueno y al Rayo; en las ceremonias propiciatorias de la abundancia

en las sementeras; en la fiesta del Arbol, en la que, como sabemos,

se propiciaba á los dioses de la lluvia para que la vegetación

no se secase. Entonces, tenemos constatado el empleo de plumas

de ave en todas las ocasiones en que demandábase el _Agua_, el

elemento fecundador por excelencia, objeto de la religión calchaquí,

sintéticamente considerada. Las plumas simbolizan el ave de la

Tormenta. Luego varas emplumadas, emblemas de las serpientes emplumadas

ó del rayo emplumado, han de figurar forzosamente en el culto acuático:

ellas son, entonces, las protectoras de las mieses, y á las labranzas

han de llevarse como objetos eficaces contra las seca, la piedra

y el granizo, junto con los _Caylles_, á la manera de preciados

amuletos[245].

Réstanos ahora resolver el último problema simbólico propuesto:—¿qué

significación tiene ese VASO ó cántara que levantan en alto

las manos de la figura mítica de las urnas?

Fácil nos parece responder á esta pregunta.

Ese vaso portado por la divinidad atmoférica de la Tormenta, no puede

ser otra cosa que el depósito sagrado del agua de la lluvia: el _Ticcu_

ó VASO DEL TRUENO, tantas veces recordado en la mitología de

los pueblos americanos[246].

Ese vaso, perfectamente reproducido en alto relieve, con su profunda

concavidad, en la Fig. 41, es portado por la divinidad de la Tormenta

en las Figs. 31, 39 y 54, llevándolo á su boca misma, para beber, en el

curioso ejemplar de la urna de la Fig. 40, á fin de que se disipe

toda duda al respecto. Cuando ese vaso falta, como en el caso de las

Figs. 37, 38 y 50, dos cabezas triangulares de serpientes, con sus

repectivos apéndices espirales, aparecen en su reemplazo, diciéndonos

claramente esta sustitución del contenido por el continente, que rayos

de la tormenta ó agua de lluvia es lo que suele guardar la rebosante

cántara sagrada. En el caso de la Fig. 51, en el lugar en que las manos

se juntan con los brazos figurados por dos curvas que hacen el ángulo,

tenemos ese grupo mítico de los relámpagos y los rayos en acción,

inmediatamente después del Suri, ó emblema de la Nube de la tormenta,

que los produce.

Fijemos igualmente la atención en que las nubes ó los suris,

encamínanse con sus picos abiertos á depositar el agua ó los rayos de

la tormenta en los vasos simbólicos, como en los ya citados casos de

las Figs. 31, 32, 33, 39, 50, etc.

«El cántaro ó la calabaza, escribe Brinton[247], tratando de los Mitos

del Agua y de la Tormenta, como símbolo de agua, fuente y preservador

de la vida, es una figura conspicua en los mitos y en el arte de la

América antigua. Bajo el nombre de Akbal ó Huecomitl, el vaso grande ó

primitivo ocupa lugar importante en las leyendas aztecas y mayas sobre

el drama de la creación; con el nombre de _Tici_ (Ticcu) en el Perú, es

_símbolo de las lluvias_, y en forma de calabaza entre los caribes y

tupis, se menciona con frecuencia como padre ó madre (_parent_) de las

aguas atmosféricas. Figuras colosales recortadas que llevan cántaros,

se han desenterrado en el valle de Méjico, en Tlascala, en Yucatán y

otras partes. Representan al dios de la lluvia, el portador del agua,

el patrono de la agricultura.»

Observemos que _Illa-Ticci_, nombre del dios acuático Viracocha,

compónese de dos palabras, que pueden traducirse así:

_Illa_-brillar—alusión al relámpago—y _Ticci_ ó _ticcu_—cántaro; ó,

en otros términos:—VASO DEL TRUENO.

Este Vaso del Trueno y la función que desempeña en una leyenda mítica

del Perú, aparecen en una hermosa poesía cuyo texto quichua nos

ofrece Garcilaso de la Vega[248], la que más abajo reproducimos, con la

traducción castellana que hemos hecho, lo más ajustada á su original,

en cuanto posible nos ha sido.

Y antes de transcribir el himno textual y su traducción, conviene una

brevísima explicación del mismo.

En el Perú, al lado de Viracocha, existía una Diosa de la Lluvia,

hija de este Dios de las aguas, cuyo nombre ignoramos, pero que

incontestablemente forma parte del politeismo peruano, anterior á la

heliolatría incásica. La diosa era portadora de _un vaso_ que contenía

la lluvia y la nieve, el cual volcaba sobre la tierra. Cuando su

hermano (Catequil, sin duda) rompía el vaso, entonces con el golpe

producíase el trueno, entre relámpagos, y llovía, nevaba ó granizaba

sobre el mundo[249]. He aquí el himno:

Çumac Ñusta Bella Infanta:

Taralláyquim El tu hermanito

Puyñuy quita El tu cántaro

Paquir cayan Lo está quebrando,

Hina Mántara I por esto

Cunuñunun Truena, relampaguéa,

Illac pántac También caen rayos.

Camri Ñusta I tu, Infanta,

Unuy quita La tu Agua

Para munqui Irás á llover,

Muy ñinpiri I á veces

Chichi munquim Irás á granizar,

Riti munqui Irás á nevar.

Pacha rúrac El Hacedor del mundo,

Pachacámac El Creador del mundo,

Viracocha Viracocha,

Cay hinápac Para esto mismo

Churasunqui Te ha colocado,

Camasunqui Te ha creado.

Este himno, tan interesante, es en sí mismo una verdadera revelación en

el sentido de establecer el valor simbólico del vaso que en nuestras

urnas porta la Diosa de la Lluvia ó la Tormenta, y que lleno de agua

acerca á sus labios en la citada Fig. 40, cuya sección ventral, con

adornos ondulados acuáticos, contribuye á dar mayor importancia á la

interesantísima representación que estudiamos.

Brinton y Rialle, respectivamente en inglés y francés, traducen el

_Sumac Ñusta_[250].

Establecida le importancia de las urnas funerarias en el culto á la

Lluvia, y fijado el valor simbólico de las diversas figuraciones

emblemáticas que cubren y adornan su superficie externa, el papel que

en la alfarería funeraria desempeña el símbolo de la Cruz, determínase

por sí mismo, sin necesidad de extremar la observación arqueológica.

Desde el primer momento hay que dar por sentado que, siendo acuático

ó atmosférico el simbolismo de tales urnas, la Cruz, trazada por dos

líneas de iguales dimensiones, que entre sí se cortan, formando parte

de una figura de tal equivalencia, es también un signo acuático y

atmosférico.

Ahora, determinemos la colocación y ubicación del símbolo de la Cruz

en las pinturas de las urnas, para fijar con precisión su valor como

emblema meteorológico, indiscutiblemente distinto, no en el sentido

específico, sinó genérico, de los otros signos ó emblemas, cuyas

equivalencias ideográficas hemos de antemano establecido.

La Cruz, en primer lugar, aparece reproducida en el centro del cuerpo

de los suris; y ejemplo de ello son: las Figs. 32, 33, 34, 37, 38, 39,

50, 51, 54, 55, 57 y 60; es decir: que los casos se repiten de una

manera verdaderamente llamativa en las láminas ofrecidas, que no son

sinó una mínima cantidad en relación á los numerosos ejemplares de las

colecciones.

Si el Suri es la Nube de la tormenta, claro es que la Cruz, que lleva

pintada al centro de su cuerpo, no es otra cosa que el _Agua_ de que

la Nube es portadora en su seno, ó sea la LLUVIA. Los cuatro

palos de la Cruz representarán claramente á los cuatro vientos que

producen el fenómeno, al reunirse en su punto de intersección.

En otros casos, como en el de la Fig. 40, dos cruces se han trazado

en los campos ventrales que los suris suelen ocupar: los símbolos,

entonces, equivalen á las nubes portadoras de la lluvia, ó á la lluvia

misma.

En la Fig. 45, la Cruz aparece reproducida entre las dobles cabezas de

la Nube.

Como símbolo de la lluvia, la Cruz igualmente figura al lado del vaso

del trueno, que contiene el agua de la tormenta, como en las Figs. 37,

39 y 40 citadas.

[Ilustración: Fig. 65. Detalle de una urna.]

En tal carácter, es reproducida también á manera de embijamiento en

el rostro del ídolo de la Tormenta, como en algunas de las urnas

ofrecidas, y especialmente en el siguiente caso de la Fig. 65, detalle

de una urna de Santa María, en el que vénse dos hermosas cruces dobles

pintadas en el rostro de la figura antropo-zoomorfa de la Tormenta[251].

La Cruz aparece en los pucos como símbolo de lluvia, de la misma manera

que en las urnas, como puede constatarse en las reproducciones que

ofrecemos en el subsiguiente capítulo, y en la que va á continuación

(Fig. 66), en la que se vé á la Cruz alternando con los suris

simbólicos, meandros y escalones _pata-pata_[252]. Con este curioso puco

dimos en Fuerte Quemado, formando entre las piezas de una colección

particular.

[Ilustración: Fig. 66. Interior de un puco de Fuerte Quemado.]

[Ilustración: Fig. 67. Gran cruz de la sección ventral de una urna de

Sta. María.]

Cerraremos el presente capítulo reproduciendo la gran Cruz

_collcampata_, pintada al centro de tres círculos concéntricos

puntuados (gotas de lluvia) que ocupa toda la sección ventral de

una urna de Santa María (Fig. 67), en la que se han eliminado las

representaciones de los relámpagos, de los rayos, de los suris y del

vaso del trueno, en prueba de que la Cruz es un emblema sintético, el

símbolo figurativo de los fenómenos atmosféricos que producen la

Lluvia[253], tal cual vimos que apareció en la lámina desarrollada

del vaso ceremonial de los indios de Sia, en nota del capítulo

anterior; repitiéndose el mismo hecho y principio arqueológico en ambas

extremidades del Continente.

NOTAS:

[224] Adán Quiroga, _Antigüedades Calchaquíes—La Colección Zavaleta_,

nos. II y III (Bolet. del Institut. Geográf. Argent., tom. XVII, cuads.

4 á 6).

[225] Adán Quiroga, _El Simbolismo de la Cruz—1899_ (Bolet. del Inst

cit., tom. XIX, cuads. 7 á 12).

[226] _De las Antiguas Gentes del Perú_, pág. 91.

[227] Sobre estas _huahuas_ de pan, véase á John Lubbock, _Orígenes de

la Civilización_, pág. 314 (Ed. Madrid, 1888).

[228] Adán Quiroga, _Excursiones por Pomán y Tinogasta_, § II (Bolet.

del Instit. Geográf. Argentino, tom. XVII, 1897).

[229] Techo (_Hist. de la Provincia del Paraguay_, tom. V, cap.

XI, pág. 41), parece aludir á esta clase de enterratorios, cuando,

á propósito de los indios del valle de Londres, escribe que «no

enterraban los cadáveres, sino que los colocaban encima de la tierra en

un sarcófago alto.»

[230] Este fragmento de urna forma parte en la actualidad de la

colección del Instituto Geográfico.

[231] Rialle (_Myth. Comparée_, cap. VI, pág. 98), escribiendo sobre

el fetiquismo en la naturaleza animada, manifiesta que «los Shawnis

decían que el _roulement_ del rayo no es otra cosa que _le sifflement_

de la gran serpiente», por lo cual hay lugar á creer, según él, que el

sol era representado bajo la forma de una serpiente enroscada sobre sí

misma.

[232] _Myths of the New World_, cap. IV, pág. 125.

[233] Véanse sobre estos temas á Brinton cit., cap. IV, págs. 120 y

sigtes, y á Rialle, _Mith. Comp_. que le sigue, cap. VI, págs. 75 y

sigtes.

[234] Los interesantísimos datos de _Folk-lore_ que el Señor

Daniel Granada consigna sobre el Avestruz en el Río de la Plata, y

especialmente sobre el _Avestruz de fuego_, confirman doblemente

nuestras creencias al respecto (_Reseña Histórico Descriptiva de

Antiguas_ y _Modernas Supersticiones del Río de le Plata_, págs. 122,

167 y 133-1896).

[235] _Juríes_, quiere decir _xuríes_ ó _suris_, avestruces. Fernández

de Oviedo y Valdés dá esta interpretación (_Historia de Indias_, lib.

XLVII, cap. III), cuando escribe: «Son tan ligeros, que los indios

comarcanos los llaman por propio nombre _juríes_, que quiere decir

avestruces.»—Véase Lafone Quevedo, _Tesoro de Catamarqueñismos_, verb.

_Juríes_.

[236] _Londres y Catamarca_, cap. XXIX, pág. 257.

[237] _Londres y Catamarca_, cap. XXVIII, págs. 249 á 251.

[238] _Memorias_, cap. XIV (Ed. Madrid, 1882),—_Chi_, es «cosa parada»;

_qui_, partícula que significa ambigüedad; luego _chiqui_, dice: cosa

_doble_, llena de _falsía_ (Véase Adán Quiroga, _Folk-lore Calchaquí_,

Bolet. del Inst. Geográf. Argentino, tom. XVIII. págs. 5 á 12).

[239] Fragmento del canto al Chiqui, tal como hoy se repite, mezcla de

castellano y quichua.

[240] Cábenos la satisfacción de manifestar que, consultada á Lafone

Quevedo esta interpretación nuestra, después que fijamos el valor

simbólico del Ave-Suri, este distinguido americanista adhiere á ella.

[241] Briton, op. cit., cap. V, pág. 152.

[242] _Hist. de los Jesuitas del Paraguay_, etc.

[243] _Hist. del Tuc._ etc., pág. 33.

[244] _Hist. de la Prov. del Paraguay_, tom. II, cap. XXIII, pág. 397.

[245] En numerosos petroglyfos aparecen grabadas patas de suri, cuya

significación hasta hoy no se ha explicado (Véase cap. VIII).

Después de lo escrito, es claro que las rocas que tales grabados

contienen, son dedicadas al culto á la Lluvia, invocándose á las Nubes

de la Tormenta.

[246] Un ejemplo interesantísimo es el de los 4 Bacabs, antes citados,

4 dioses mayores, representados por los 4 Canobos, ó _vasijas de

arriba_, llamadas columnas del Cielo (Brasseur de Bourbourg, cit. por

Lafone Quevedo en su _Culto de Tonapa_, XVII, pág. 56).

[247] Op. cit., cap. V, pág. 152.

[248] _Comentarios Reales_, lib. II, cap. XXVIII.

[249] Según Lucien Biart (_Les Aztéques_, pág. 70) «Tláloc creó muchos

pequeños ministros, encargados de ejecutar sus órdenes. Munidos de un

ánfora y armados de un bastón, estos pigmeos portaban el agua donde

el dios lo mandaba, y la derramaban en lluvia. El trueno se hacía oir

cuando uno de ellos quebraba el ánfora, y el rayo que hería á los

hombres no era sinó un fragmento del vaso roto.» La leyenda azteca

concuerda en parte con la peruana.

[250] Brinton, cap. V, págs. 186 y 187 y Rialle, cap. VI, pág. 259. He

aquí las respectivas traducciones:

DE BRINTON DE RIALLE

Beauteous princess, Belle princesse,

Lo, thy brother Ton frére

Breaks thy vessel Brise ton urne

Now in fragments. En morceaux.

From the blow come De ce coup

Thunder, lightning, Provient le tonnerre

Strokes of lightning. Et les éclairs;

And thou, princess, Et toi, princesse,

Tak’st the water, Versant tes eaux,

With it rainest, Tu fais pleuvoir.

And the hail, or Tu fais tomber

Snow dispensest, La gréle et la neige.

Viracocha, Le créateur du monde

World constructor, Le vivificateur du monde,

World enliv’ner, Viracocha,

To this office T’a donné la vie.

Thee appointed,

Thee created.

[251] Compárense estas cruces con las peruanas de la Fig. 9, cap. III.

[252] _Pata_, andén agrícola (Véase la lámina del Yamqui Pachacuti).

[253] Otro ejemplar precioso con cruces, que sintetizan en estos

emblemas los demás símbolos de la alfarería funeraria, es la urna de

San Fernando (Belén), que encontramos en nuestra reciente expedición

arqueológica, y que ofrecemos.

[Ilustración: Urna de San Fernando (Catamarca).]

Tan bella como típica alfarería, de 0.34 m. de alto, lleva dos

artísticas cruces en su sección ventral, semejantes á la del huaquero

cruciforme de Jiménez de la Espada, ofrecido en el cap. III.

Estas cruces, de color encarnado sobre fondo rojo oscuro, no están

grabadas ni pintadas en la urna, sinó que se destacan en relieve, lo

que contribuye á hacer más artístico el conjunto cruciforme. Las dos

bellas cruces, cada una con su Toco al centro, están ligadas por un

detalle lateral común, y miden 0.12 m. de alto.

CAPÍTULO VII

LA CRUZ EN LOS ÍDOLOS

EN LOS FETICHES Y AMULETOS

_El símbolo cruciforme en los Ídolos—No lo llevan

los Fetiches—Tampoco los Cacllas, Guauques,

Pururaucas y demás dioses personales—La Cruz

en las figuraciones acuáticas—Idolo-tinaja de

Amaycha—Vaso antropomorfo del Trueno—Por qué

sus cruces son griegas—Vasija antropomorfa de

Ambato—Disco de Lafone Quevedo—Mamazara monolítica

de Tafí—Cruces cristianas protectoras—Pirhuas

de Colpes con Cruz—Huacanquis con Cruz—Signos

totémicos—Figuraciones antropo-atmosféricas—Una

cita de Schoolcraft: la Cruz de Wingemund—Símbolos

totémicos atmosféricos—El tótem de la Cruz sobre los

escudos calchaquíes—Cruces y emblemas cruciformes en

los Caylles—Caylla Huiracocha—Amuletos con Cruz._

La cruz en América (Arqueología Argentina) · 第 10 / 17 段