Ninguno de los otros signos podría de una manera gráfica figurar de

tótem en estos cuaternos. El círculo servirá para indicar la idea de

redondez, como la del sol, la de la luna ó la de la tierra; pero nada

más que esta idea; y es por ello que _Inti, Mama Quilla y Pachamama_

son representados por figuras circulares[216]. El triángulo expresará la

idea de tres ó de cosas trinas, y por eso este número ó sus múltiplos

se repiten en las figuraciones monolíticas de Tiahuanaco. En nuestra

colección poseemos, por ejemplo, un pequeño vaso de piedra, de boca

y asiento triangulares: este hecho indicaba que el artista quería

referirse á alguna trinidad; y, efectivamente, en cada una de las

aristas de la figura poligonal de tres caras, como lo dijimos, aparece

en relieve uno de esos monstruos ó dragones de cabeza deforme y larga

cola arqueada. Las diversas combinaciones de las grecas tampoco pueden

expresar la idea de un cuaterno; y sí, por ejemplo, el movimiento

ondulado del agua y del aire que se arremolinan, el rugido del trueno,

que parece ser producido por algo que dá vuelta ó como que se retuerce

sobre sí mismo; ó la idea del acto de la cópula, por el meandro,

cuyas líneas entran y salen. El cuadrado es la única figura que puede

significar cuatro cosas; pero tiene el inconveniente del paralelismo

de sus líneas y de su propia forma geométrica para una deducción

ideológica de cuatro rumbos que entre sí se cortan, como los meridianos

y los paralelos terrestres. Es la Cruz la única combinación que, á la

vez que la idea de cuatro, puede indicar las direcciones de Norte y

Sur, Este y Oeste por sus palos, partiendo del punto de intersección de

la figura.

Es de esta última manera cómo nos explicamos el por qué del sencillo

cuaterno geométrico; de esta figura emblemática de los dioses del

Aire, ó de los «señores de los cuatro vientos, que soplan de los

cuatro puntos cardinales.» También dámonos cuenta del motivo por el

cual figuren cruces en la lámina del Yamqui Pachacuti, como signos

astronómicos con influencia sobre la atmósfera, toda vez que sus cuatro

palos no son otra cosa que las líneas que unen á cuatro estrellas,

respectivamente colocadas en Cruz.

Los brazos de la Cruz meteorológica apuntarán hacia los puntos

cardinales, para indicar que de los cuatro ámbitos de la tierra

vienen los elementos aereos que forman la tormenta. En el punto de

intersección de estos palos el fenómeno de la lluvia se producirá. Y es

por aquel motivo, sin duda, que la Cruz de Calchaquí, como casi todas

las americanas, tiene sus palos del mismo largo, de modo que figura

exactamente una roseta sencilla de vientos, lo que no pasaría con la

Cruz latina.

Los brazos de la cruz, escribe Brinton[217], tenían por objeto apuntar

hacia los puntos cardinales, para representar los cuatro vientos

portadores de la lluvia. Para confirmar la explicación que aquí se dá,

ocurramos á las ceremonias más sencillas de tribus menos civilizadas,

para convencernos del significado que se advierte á través del símbolo,

como ellos lo empleaban.

«Cuando el hacedor de la lluvia (_rain maker_) de los Lenni Lenape

solía ejercer su poder, se retiraba á un lugar solitario y dibujaba

en la tierra una figura de la cruz, con los brazos hacia los puntos

cardinales, colocando sobre ella un poco de tabaco, mate, un pedazo

de género colorado, y empezaba á llamar á gritos al espíritu de las

lluvias. Los pieles negras tenían por costumbre ordenar cantos rodados

de los veintisqueros en las praderas en forma de cruz, en honor, como

decían, de Natose, el viejo que manda los vientos. Los creeks, en la

fiesta del Busk, que se celebraba, como se ha visto, en honor de los

cuatro vientos, y de acuerdo con las leyendas instituidas por estos

mismos, empezábanla sacando fuego de nuevo. Esto lo hacían colocando

cuatro rajas de leña en el centro del cuadro, con las puntas hacia

dentro en forma de cruz, mientras que las de afuera se dirigían hacia

los puntos cardinales: en el centro de la cruz sacaban el fuego nuevo.

La cruz, precisamente de esta forma, según Las Casas[218] era objeto

de culto en la América del Sud, cerca de Tumaná, cuando llegaron los

cristianos, y por mucho tiempo anterior.»

Nosotros manifestamos nuestra plena conformidad á cuanto escribe

Brinton explicando el por qué de los cuatro gráficos elementos de la

Cruz, la razón del trazado de esta figura geométrica, cuyos cuatro

palos constitutivos son, en efecto, correspondientes á las cuatro

líneas que indican las direcciones de los cuatro puntos cardinales, de

los cuatro vientos. Pero, ¿deberá decirse, en conclusión, que la Cruz

sea precisamente el _símbolo_ de los cuatro puntos cardinales, de los

cuatro vientos?

No, contestaremos, disentiendo de las afirmaciones de Brinton en tal

sentido[219].

Los cuatro palos de la cruz, aparecen expresando efectivamente que

cuatro cosas[220], como cuatro estrellas[221] en la lámina del Yamqui

Pachacuti, ó que cuatro elementos de la naturaleza se combinan

para formar la figura geométrica; pero de aquí no ha de deducirse

forzosamente que el indio se propuso santificar ó magnificar estas

cuatro estrellas ó cuatro elementos por la combinación de la Cruz.

Las cuatro líneas, ó si se quiere cuatro elementos que constituyen el

signo, si lo referimos á los mitos de la tormenta, pueden igualmente

representar al viento, á la nube, al trueno y al rayo; y no es difícil

que así sea.

Puede así mismo la Cruz, como símbolo indiscutible de fecundación, ser

también una alusión al acto de la cópula, en el cual el indio, sin

duda, ha creido ver tomar parte á _cuatro_ cosas: al príapo, á los dos

apéndices que de él penden y á la vulva ú órgano femenino; y no se

olvide que en la lámina 8, reproducida atrás, la idea del número cuatro

está implícitamente expresada en la figura priápica ó signo masculino

del varón, representado por un cuadrilátero en el curioso andrógino.

Si el viento, si la nube, si el trueno, si la tormenta y si el rayo

tienen representaciones simbólicas distintas y típicas en la escritura

sagrada de los pueblos americanos; si en Calchaquí, por ejemplo, el

viento es un monstruo-dragón, la nube el ave-_suri_, el trueno la

espiral, la tormenta una mano abierta de dedos alargados, y el rayo

una zig-zag de cabeza ofídica, no vemos con qué propósito el hijo de

la tierra habría introducido la confusión en su escritura simbólica,

con la adaptación de un nuevo signo del mismo valor de otro, al cual ya

fijó su equivalencia de antemano.

El motivo de los cuatro palos de la Cruz, habrá sido sin duda la

figuración de los cuatro vientos; pero la Cruz no es por ello el

símbolo de esos cuatro vientos, porque estos por sí mismos poco

llamarían la atención al espíritu del indio, con prescindencia del

fenómeno que producen.

Esos cuatro vientos olvida Brinton que traen las nubes de las cuatro

partes del horizonte[222], y que esas nubes concluyen por convertirse en

cataratas del cielo, dando lugar al fenómeno anhelado por los pueblos

sedientos, que demandábanlo de la atmósfera levantando en alto sus

cántaras vacías; la producción de ese fenómeno vivificante era lo

que se pedía á esos dioses del aire y de la tormenta; á esos cuatro

genios que habitaban los cuatro rincones de la tierra; á esos Tlálocs

del Norte, Sur, Este y Oeste, como reza del exordio de la invocación

azteca, que tenían imperio sobre el tiempo, que alimentaban la tierra,

que favorecían la caza y que se relacionaban con la vida humana, al

decir de Sahagún[223]; la producción de este fenómeno era lo que se

imploraba de un estremo al otro del continente á Haokah, á Ahulneb, á

Tláloc, á Quetzalcóatl, á Mixcóatl, á Wixepecocha, á Batchué, á Tupá, á

Catequil, á Contici, á Pillán, á Huayrapuca.

Ese fenómeno es la _Lluvia_, y la _Cruz_ su símbolo.

NOTAS:

[200] Jiménez de la Espada, _Tres Relaciones de Antigüedades Peruanas_,

pág. 159.

[201] _Myths of the New World_, cap. III, pág. 83.

[202] Sobre los números cinco y siete, véase á Brinton cit., cap. VII,

págs. 250 y 253. En la leyenda californense de _Mem Loimi_ uno de estos

números, también sagrado, repítese de una manera llamativa.

[203] Op. cit., cap. III.

[204] Id. id., pág. 85.

[205] F. Max Müller, _Origen y desarrollo de la Religión_, lec. II, §

V, pág. 99 y § VIII, pág. 117.

[206] Como sucede entre los mejicanos, los cuales decían _Mictlan_ á

las regiones frías y de la tristeza, é igualmente _Mictlan_ al viento

norte, por ejemplo.

[207] _Smithsonian_, tom. XI, pág. 337.

[208] Pág. 110 y sigtes.

[209] _Hist. de la Nueva España ó de la Conq. de México_, cap. XIII,

págs. 301 y 302.

[210] Una Cruz latina con un círculo central es la manera de

representar á Tenochtitlan en el Cuadro _Histórico-Geroglífico de los

Aztecas_, que nos ofrece don José Fernández Ramírez, del Museo de

Méjico.

[211] En la morada de Tlacaltécuchtli y su muger Chalchiutlicue, dueños

del elemento líquido, se encontraban cuatro estanques llenos de aguas

diversas (Lucien Biart, pág. 70).

Los tlascaltecas dividieron su reino en cuatro secciones, y eran

mandados por cuatro jefes, que resolvían en común (Id., pág. 23).

En el siglo azteca, figurado por un círculo con un sol central, cuatro

anillos de serpientes representaban los cuatro cardinales (pág. 37).

Según las pinturas ideográficas conservadas en Roma, y conocidas con el

nombre de _Colección del Vaticano_, los aztecas creían que cuatro soles

habían iluminado la tierra; Atonathiu ó _sol de agua_, que produjo el

diluvio; Ehécatonathiu, que produjo viento tal, que nada resistió;

Tlénonathiu, que destruyó la tierra por el fuego, y Tlatonathiu, que

creó las cosas existentes.

[212] A. L. Gama, _Descrip. de las dos piedras_, etc., _de México_,

sec. 26.—Brinton, cap. III, págs. 90 y sigtes.—Rialle, cap. XX, págs.

356 á 358.

[213] Brinton, _Myths of the New World_, cap. VII, pág. 242 (Myths of

Creation).

[214] Debemos, no obstante, observar que Huiracocha se nos presenta

también como un cuaterno: Aticci, Imaymana, Tocapo y Coniraya. El

hijo malvado de Conticci, que hacia las cosas al revés de su padre,

_Tahuapica vivococha_, tiene en su nombre la palabra _tawa_, cuatro

(Véase Las Casas, _De las antiguas gentes del Perú_, cap. VII, pág. 55).

[215] _De la Literatura Araucana_, cit., pág. 17 (Chillan, 1897.)

[216] La _Pachamama_ de la plancha del Pachacuti es un círculo.

[217] Brinton, págs. 115 y 116.

[218] _Historia Apologética_ M. S., cap. 125.

[219] Como una prueba elocuente de que la Cruz significa en Estados

Unidos, según Matilda Coxe Stevenson, _la lluvia de los cuatro puntos

cardinales_, reproducimos á continuación el vaso ceremonial de los

indios de Sia (pueblo cerca de la confluencia del río Salado con el río

Semes, en Nuevo Méjico) para implorar _la lluvia_, y que aquel autor

nos ofrece en la Plancha XXXV de su trabajo, junto con su desarrollo

XXXV _bis_ (_Eleventh Annual Report of the Bureau of Ethnology_, J. W.

Powell, 1889-90), que reproducimos en nota, porque lo conseguimos en el

momento mismo de poner en prensa nuestra obra.

[Ilustración: Vaso ceremonial de los Sias para implorar la lluvia.]

[Ilustración: Desarrollo del vaso anterior.]

La gran Cruz griega aparece perfectamente pintada en la parte ventral

del vaso, en medio de curiosísimas figuraciones atmosféricas y de

vegetales nacidos por acción de la lluvia, que el autor del trabajo

clasifica así:

_a_ Nubes con lluvia ó derramándola.

_b_ Hombres del pueblo de las Nubes.

_c_ Mujeres del pueblo de las Nubes.

(Estos personajes son invocados en las ceremonias para que rieguen, ó

derramen agua desde las nubes á la tierra).

_d_ Vegetación.

_f_ Alguaciles (Insectos que simbolizan también la lluvia, como entre

nosotros, cuya aparición nos hace decir que va á llover, dato interante

del _folk-lore_ argentino común con el del americano del norte). El

ciervo figurado indicará las especies animales que comen las hierbas.

Esta lámina, con el signo cruciforme, es la más interesante de las que

conocemos, y constituye toda una revelación. La Cruz, rodeada por los

genios de las Nubes, en el arco de cuyas caras vénse gotas de agua,

en medio de la vegetación producida, y contigua á alguaciales que

revolotean, está expresando que es el símbolo _de la lluvia_. Sobre

ello no pueden caber dos interpretaciones.

[220] Entre los Ojibwa del Norte de Minesota, la Cruz es un símbolo

sagrado de la sociedad de la _Midé_ ó shamanes, y tiene referencias al

cuarto grado (Annual Report of the Bureau of Ethnology, J. W. Powell

1888-89), _The Cross_ (cap. XX, pág. 726).

[221] Los grupos de pequeñas cruces que aparecen grabadas en taladros

de marfil, en forma de arcos, y que se ven figuradas en petroglyfos

de Oakley Springs, Arizona, representan estrellas, para G. K. Gilbert

(_The Cross_ cit., pág. 727).

[222] [Ilustración: Piedra esculpida de Luracatao.]

Debemos á nuestro distinguido é investigador amigo Enrique Mariani, de

Molinos (Salta), el dibujo que reproducimos, de una piedra esculpida

encontrada por él en 1899, en una de las excavaciones que practicó

en el lugar vecino de Luracatao, valle Calchaquí. Mariani considera

á esta piedra, con sus esculturas, «una pieza astronómica.» Salvando

los respetos que nos ofrece su opinión, á nuestro juicio esta piedra

esculpida puede presentarse como un interesante ejemplar representando

los cuatro vientos que traen la tormenta (las manos, que, como

anteriormente dijimos, son para nosotros símbolos de la tempestad),

vientos venidos de las cuatro extremidades cardinales, que convergen á

la atmósfera (la figura ovalada central), soplando en ella. Un astro

(el círculo) figura en medio del cielo, y muchos puntos le rodean:

estos puntos, como en otros casos, deben figurar gotas de lluvia.

Las manos esculpidas, unas respecto de otras, aparecen distribuidas en

Cruz. Si se las uniera por líneas, estas se cortarían formando una X

(Cruz decussata).

[223] _Hist. de la Nueva España_, cit.

CAPÍTULO VI

EL SÍMBOLO CRUCIFORME

EN CALCHAQUÍ

LA CRUZ EN LA ALFARERÍA FUNERARIA

_El símbolo cruciforme en Calchaquí—La Cruz

en las urnas funerarias—Urnas ó cántaras

ceremoniales—La Tormenta y su representación

antropo-zoomorfa—Lenguaje escrito

simbólico-atmosférico—Líneas zig-zag, guardas

griegas, meandros, espirales y puntos—Inti-Illapa

y la Serpiente-rayo—Urna ofídica de San José—Taus

ofídicos—La Nube y el Ave-Suri—La fiesta del Chiqui

y la cabeza del Avestruz—Serpientes emplumadas—Las

varas emplumadas y las plumas en el culto al

Trueno y al Rayo—Figuración del Iris—El Vaso del

Trueno—Himno «Sumac Ñusta»—Suris con cruces—La Cruz

y los símbolos atmosféricos—Los Pucos y sus figuras

simbólicas—Puco de Fuerte Quemado._

En ninguna de las naciones continentales vecinas, sin excluir al Perú,

hállase con tanta profusión el símbolo de la Cruz como en los valles de

Calchaquí, desde Rioja á Jujuy, en la región montañosa del noroeste de

la República Argentina, y especialmente en el Yocavil catamarqueño.

Si bien en la escritura ideográfica y simbológica de las telas peruanas

el signo cruciforme aparece con bastante repetición, con distintos

motivos y bajo diversas formas, como lo vimos en el capítulo II,

bastará recorrer el material iconográfico que en seguida ofreceremos,

para convencernos desde el primer momento de que la Cruz, en su

carácter de símbolo acuático, desempeña en Calchaquí un papel mucho

más importante y trascendental que en el Perú, reproducida aquella

profusamente en nuestra rica cerámica, especialmente sobre la

superficie externa de la alfarería funeraria, de cuyo interesantísimo

estudio fuimos iniciadores el año de 1896, sin atrevernos en ese

entonces á efectuar otra cosa que una tentativa de interpretación de

lo que aparecía pintado con una repetición llamativa[224], fijando la

atención en los signos cruciformes, respecto á los cuales aventuramos

posteriormente con éxito algunas ya meditadas opiniones[225]; y,

sea dicho en verdad: quedó desde entonces iluminado el obscuro é

intrincado, cuanto misterioso asunto.

El emblema de la Cruz encuéntrase especialmente figurado en los pechos

ó mamas de las representaciones funerarias acuáticas, ó más bien dicho,

de las cántaras ó vasos antropomorfos; pero raro será dar,—al menos

nosotros no lo sabemos,—con figuraciones cruciformes en los fetiches.

Es sobre el cuerpo de la figura mítica viviente de las urnas funerarias

que la Cruz aparece reiteradamente repetida, sirviéndonos este solo

hecho para llegar á establecer definitivamente su valor como emblema

sagrado.

Las cántaras ó grandes vasos votivos de dos ó tres tipos diversos,

generalmente de unos setenta centímetros de alto, son clasificados como

funerarios, no precisamente porque sirvan de depósito invulnerable

de restos humanos, sinó porque son enterrados rodeando al cadáver,

en muchos casos, como objetos sagrados que rememoran un anhelo, una

demanda, un acto propiciatorio.

Nosotros, que hemos practicado numerosas excavaciones en los valles

de Calchaquí; que hemos removido el suelo del gran panteón de la

Apacheta, á media jornada de Amaycha, y que hemos abierto á picadas

los _allpataucas_ ó _mounds_ de Tafí,—contrariamente á lo que se

ha escrito, podemos asegurar que con poca generalidad estas urnas,

de estrecha boca circular y reducida capacidad, guardan restos de

párvulos, sacrificados en la conjuración al Chiqui ó en la propiciación

á los dioses atmosféricos, pues la práctica de tales sacrificios de que

nos dá concluyentes noticias el P. Las Casas[226], y de la que quedan

rastros visibles en Calchaquí, era excepcional, colgándose hoy mismo el

árbol en sustitución de humanas víctimas, niños amasados con cuajada

de leche, ó _huahuas_ de pan[227]. Dada la capacidad de las urnas, y

examinados los restos humanos encontrados, vése que los sacrificados

eran recién nacidos. En otras urnas descubrimos huesos de pequeños

animales, sin duda de _cuyes_ («conejos de la tierra»), con los que

se efectuaba tal sustitución de las humanas víctimas, lo mismo que de

liebres, llamas, etc., cuyos despojos repartíanse en las urnas, que

se desentierran tapadas con esos platos semiesféricos que se llaman

_pucos_, los que también son colocados en el suelo, al lado de las

grandes cántaras. El hecho de que estas cántaras en la generalidad

de los casos nada guardan ó encierran, y de encontrarse en su fondo

semillas de algarroba ó fragmentos de maíz, es prueba de que se les

enterraba conteniendo aloja ó chicha, los licores sagrados del culto,

empleados en todas las ceremonias, y que el calchaquí bebía sin medida

en sus grandes bacanales. Cuando se las entierra sin cadáveres, como

sucede frecuentemente en Tafí, este acto indica que ya sirvieron para

el acto propiciatorio, y que fueron entregadas á la guarda de la

Madre Tierra. Es con tales tinajas ó vasos ceremoniales para implorar

lluvias, que se conjura á Chiqui, levantándolas vacías al cielo. En

tal caso tienen el valor de esos vasos ceremoniales de los Sias, que

reprodujimos.

Las urnas funerarias con sus respectivos pucos pónense paradas en

número indeterminado, desde una hasta diez, en el interior de las

_allpataucas_ de Tafí, sea que exista muerto ó no, y rodeándolo, si

lo hay. Cuando son una sola ó dos, colócanse en su caso á la cabecera

del sepulcro ó á ambos extremos del mismo, correspondientes á la

cabeza y los pies, pues generalmente el cadáver está acostado, y

excepcionalmente sentado, como en la huaca del Medanito, en Tinogasta,

en la que dimos con varios cadáveres afirmados á las paredes laterales

del sepulcro, rodeados de tinajas vacías[228].

Estas cántaras, cuando se encuentran llenas de chicha, de maíz y de

algarroba, y á veces conteniendo carbón, que debe representar al

fuego sagrado del hogar, que el indio no dejaría apagarse,—no son,

pues, propiamente hablando, urnas cinerarias, sinó vasos votivos ó

vasos ceremoniales, mediante los cuales se conjuraría la seca ó se

propiciaría á los dioses benéficos de Calchaquí, para que hicieran

llover sobre la tierra sedienta; de modo que la _allpatauca_[229], con

sus formas como mamas, sería una especie de _apacheta_ propiciatoria

de tierra, dentro de la cual los vasos se guardarían para continuar

implorando por medio de ellos en estos nativos altares.

Cántaras vacías, como dijimos, demandando ser llenadas de agua,

levántanse encima de las cabezas por las personas que celebran la

fiesta del Chiqui, la divinidad adversa y funesta que acarrea la seca

con todo su cortejo de calamidades. Mientras estas cántaras son alzadas

en alto, entónanse los cantos báquicos y propiciatorios, dándose

vueltas en torno del árbol sagrado. Parte de la concurrencia, que no

tiene tinajas, alza hacia arriba, bajándolas y subiéndolas, como si

saltasen, las cabezas de los animales sacrificados, que generalmente

son _talcas_ ó _huillas_, huanacos ó llamas, porque á la divinidad

funesta, que concluye con las especies de la tierra, es necesario

anticiparle sacrificios sangrientos para que se aplaque, y permita á

las divinidades del aire, del rayo, del trueno y de la tormenta que

satisfagan, por el fenómeno meteorológico de la lluvia, los anhelos de

las tribus, que sufren de sed cuando el sol está quemando.

Estas fiestas se han celebrado hasta hace poco en Machigasta, Pituil y

Aminga (Rioja).

Ofrecemos á continuación cuatro de estas urnas funerarias, cántaras

ceremoniales ó votivas (Figuras. 31 á 34).

[Ilustración: Fig. 31. De San José Col. Max. Schmidt.]

[Ilustración: Fig. 32. (Quilmes)]

Estas urnas están totalmente llenas de pinturas simbólicas, tanto en la

parte reproducida de frente como en la posterior. Como salta á primera

vista, la representación dominante en los ejemplares es una gran cara

pintada al cuello de la urna, de fisonomía al parecer humana, lo que es

corroborado por los brazos arqueados que figuran en la parte ventral,

en las extremidades superiores de cuyos brazos aparecen manos de

cuatro dedos, como se vé en las figuras 32 y 33. Estas manos suelen

ser portadoras, en la generalidad de los casos, de un _Vaso_, como en

la figura 31; no apareciendo en otras ocasiones ni brazos ni manos

pintados, como en la 34, profusamente adornada de líneas simbólicas.

[Ilustración: Fig. 33. Quilmes—Museo Nacional.]

[Ilustration: Fig. 34. San José—Col. Max. Schmidt.]

Las figuras 35 y 36 son _pucos_, ó tapas de las urnas, el primero

figurado de pie y de lado, siendo el segundo una reproducción

diagramática del interior de otro del mismo género, con sus curiosas

pinturas simbólicas.

[Ilustración: Fig 35. Puco de Pucarilla—Oeste de Molinos.]

[Ilustración: Fig. 36.

Interior de un puco Cafayate—Salta.]

Volviendo á la figura antropomorfa de estas cuatro urnas funerarias,

diremos que el cuello de cada una ha sido aprovechado para reproducir

la cara, con sus extraños rasgos fisonómicos que le dan un aspecto

típico, como de halcón ó de lechuza. Las cejas son grandes arcos de

círculo, que se unen á uno de sus estremos para formar la nariz,

generalmente desmesurada, como se vé en las Figs. 32 y 33, y á manera

de largo pico de ave, como en la Fig. 34. Debajo de la nariz está la

boca dentada (Figs. 31, 32 y 34), de grandes proporciones, formada

por una figura rectangular ó una gruesa línea horizontal; á veces la

boca queda suprimida, como en la Fig. 33. Estas caras siempre carecen

de orejas. Los ojos, generalmente al sesgo, debajo de los arcos de

las cejas, se presentan muy curiosos, y no suelen ser otra cosa que

cabezas de serpientes (Fig. 31), cabezas de _suri_ ó avestruz, con

Imaymanas dobles (Fig. 34), ó Imaymanas estrellados (Figs. 32 y 33),

notándose siempre la intención del artista en tal sentido, tanto que,

á veces, como lo veremos en figuras posteriores, suris y serpientes

enroscadas están pintados en el rostro, con sus cabezas respectivas

correspondiendo á los ojos en la cara que nos ocupa. Las mejillas de

esta cara, como en los cuatro casos propuestos, están cubiertas de

símbolos ó de figuras simbólicas.

[Ilustración: Fig. 37. Urna de Fuerte Quemado (Colección Quiroga).]

[Ilustración: Fig. 38. Dibujo central anterior de una urna de Sta.

María.—Museo Nacional.]

La cruz en América (Arqueología Argentina) · 第 8 / 17 段