en Chancay, en la que pueden contarse hasta cuarenta (Fig. 17). Sus
signos, en vez de un círculo ó punto centrales, llevan un cuadrado
en el lugar de la intersección de los palos. La franja inferior está
adornada por siete figuras como arabescos, que Wiener[139] cree que son
signos fonéticos de una escritura desconocida, y que un examen detenido
permite reconocer en ellas al pájaro, tan común en las telas, esta vez
representado en dos sentidos. El pájaro es casi siempre símbolo de la
Nube: las cruces complementarias serían entonces acuáticas.
[Ilustración: Fig. 18. Tela de Ancón.]
Finalmente, en una muy curiosa tela de Ancón[140], dentro de un cuadrado
con marco de líneas quebradas que hacen triángulos equiláteros aparece
una figura de doble cuerpo triangular (Fig. 18), con la cabeza adherida
al vértice superior del triángulo primero, totalmente negro. De los
ángulos inferiores de este triángulo, salen sus brazos: la mano derecha
es portadora de un tridente, y de una Cruz, la izquierda. Esta figura
puede ser una revelación, pues nos enseña al tridente, insignia mítica
ó de autoridad, como aparece en las Láms. 7 y 8 del trabajo de Jiménez
de la Espada, en una relación de equivalencia simbólica con la Cruz, la
otra suprema insignia; y quién sabe si en el caso presente no es esta
la _xayhua_, ó señal de alguna divinidad, ó del hijo del sol, á que
aludía D. Pedro Arias Dávila, antes citado.
[Ilustración: Fig. 16. Inscripción funeraria de Pachacámac.]
La figurilla reproducida en la tela es á todas luces simbólica, y
ella prueba que en el caso de la Fig. 16 las insignias cruciformes
como brazos y manos, no son tales brazos y tales manos, sino cruces
portadas. Y es de advertir que en las figuraciones idolátricas debe
estudiarse cuidadosamente la mano, á veces de dos, tres y cuatro
dedos, que indican cantidades sagradas, generalmente portadoras de las
insignias que las caracterizan.
Por lo demás, la mítica figurilla de dobles triángulos que nos ocupa,
es una representación femenina, por estas combinaciones geométricas; y
seguramente que un pequeño triangulillo central dentro del triángulo
inferior, no es otra cosa que un signo sexual,—la vulva de la mujer ó
hembra, tal como indiscutiblemente aparece en uno de nuestros dobles ó
andróginos de Tinogasta.
La Cruz en este caso será símbolo de fecundación.
En cuanto á la escritura simbólica peruana, hay que observar que es
especialmente en las telas funerarias donde los indios pintaban su
pensamiento: la historia del muerto, las hazañas por él realizadas y
los dioses bajo cuyo amparo se colocaba al extinto, ó los votos de que
eran objeto de parte de los sobrevivientes[141].
En Calchaquí el material sobre el cual se escribe ideológica ó
simbólicamente el pensamiento, es la alfarería funeraria.
Pasemos ahora á dar noticia del valor simbólico que en el Congreso de
Bruselas se dió á la Cruz del Perú.
Jiménez de la Espada, quien especialmente trató y debatió el
asunto[142], muy escasas indagaciones arqueológicas nos ofrece en
su trabajo, notable como obra de critica. Limítase este autor á
considerar á la Cruz como signo distintivo de los padrones ó marcas
(_xayhuas_) que señalaban la dilatación del imperio de Tahuantinsuyu.
Cita al P. Molina[143], de quien toma el dato de que los caballeros
en el Cápac Raymi ó fiesta de Noviembre, vestían la _huahuaclla_,
de color negro y amarillo, y en medio una Cruz colorada; de lo que
deduce el americanista que no hay más que indicios disconformes de la
significación de las cruces simbólicas peruanas.
Considera enseguida á la Cruz como una combinación artística ó
arquitectónica, de fácil explicación.
Basta, según él, un ligero examen de los sistemas de ornato más
frecuentes entre los yuncas y pueblos vecinos del interior, cuya
civilización precedió á la de los Incas, para convencerse de que el
elemento predominante y fundamental de aquellos es el cuadrado, cuadra
ó escaque, ya se origine del cruzamiento en ángulo recto de dos series
de paralelas, ya del corte de un prisma de base cuadrada. Con él, no
solamente componían las líneas y trazas generales del adorno de sus
ropas, vasos y edificios, y los ingeniosos y peregrinos detalles de
cenefas, orlas y frisos, si que también modificaron las elegantes
curvas y rectas de otros ornatos al parecer exóticos, transformando
las diagonales de cuadrados y rombos y los meandros en escalerillas, y
las ondas y hélices, en enroscadas hojas de sierra, etc. Ahora bien,
la agrupación de cinco cuadrados ó escaques, tres para cada palo (el
central, común), produce una Cruz griega, y agregando otro á la parte
inferior del palo vertical, de modo que este tenga cuatro, la latina.
Este sistema de adorno se llamaba _collcampata_ por los quichuas.
La Cruz maltesa, además de simbólica, puede ser también puramente
decorativa y resultado del cruzamiento de dos diagonales, como en uno
de los estucos del palacio de Chimu, que citamos anteriormente.
Ya dijimos que M. Bollaert veía en la Cruz un signo esencialmente
astronómico: la estrella de la mañana, la _Chasca_.
Jiménez de la Espada[144] duda de tal representación, manifestando que
no contaba con datos suficientes para decidirlo afirmativamente; y
que antes los pocos y vagos que pudo adquirir ó vislumbrar acerca del
simbolismo de las cruces peruanas le llevaban lejos de tal solución.
«Si el signo, dice, de Chasca Cóyllur, del Crucero ó de cualquier otra
de las constelaciones meridionales hubiera sido la tal cruz, es casi
seguro que el indio collagua Pachacuti, lo hubiera diseñado así, aunque
groseramente, en el dibujo á pluma de su _Relación_ que figura el
testero del gran templo del Cuzco, donde estaban representados todos
los astros y meteoros adorados por los súbditos de los Incas.»
Parece increíble tal afirmación de parte de Jiménez de la Espada,
quien fué cabalmente el que dió á luz la _Relación_ del Yamqui
Pachacuti; pues en el referido dibujo á pluma inserto, en la
obra del collagua[145], la Cruz aparece _dos veces_, en la parte
superior y central del dibujo, como ya lo hicimos notar en una breve
monografía[146].
Reproduciremos la plancha ó lámina dibujada del Yanqui Pachacuti (Fig.
19); y en detalle, los dos signos cruciformes de la misma, á que
acabamos de referirnos (Fig. 20).
En la lámina general destácanse estas dos cruces, figurando entre las
representaciones diversas del espacio, como indicaciones ó símbolos
astrolátricos.
En el detalle de la figura 20, que ofrecemos con distintivos
alfabéticos, vénse dos cruces, C^{1} y C^{2}, correspondientes á dos
constelaciones celestes, que podemos denominar de la Cruz, encima y
debajo del Sol, S, y de la Luna, L; de la estrella de gran magnitud, E,
y del lucero ó Chasca Cóyllur, Ch.
[Ilustración: Fig. 19. Plancha del Yamqui Pachacuti.]
Como aparece en la lámina, un grupo simétrico de cinco grandes
estrellas,—cuatro á las extremidades de los palos y una en el punto de
intersección,—forman la Cruz inmisa C^{1}, cuyo palo vertical, además
de figurado por los tres astros, lo está por la línea que entre sí los
une; mientras que solo cuatro estrellas de magnitud, unidas por líneas
en sentido diagonal, constituyen la Cruz decussata C^{2}, que lleva
estas leyendas: _zara-mama_ (madre del maíz) y _chacana en general_,
quizá la denominación de la Cruz.
[Ilustración: Fig. 20. Detalles de la lámina solar del Yamqui
Pachacuti.]
Este nombre de Zara-mama puede ser una revelación, pues diría que la
tal cruz es protectora de las sementeras de _zara_ ó de los andenes con
maíz.
En el culto litolátrico de Calchaquí, _Mama-Zara_ se llama hasta hoy á
las piedras paradas protectoras, algunas con signos cruciformes, como
el famoso menhir de Tafí, hoy caido, y antes de pie en medio de los
andenes indígenas de la hacienda de la familia Frías, en Tucumán (Fig
21).
Observemos que la constelación de la Cruz, al extremo austral de la
gran Vía-láctea, denominábase _Cata-Chillay_. _Cata_, según el Dr. V.
F. López, equivale á «cosa sagrada», como que _cata_, según él, era el
nombre que se daba á las flores en la fiesta solar de Raymi[147]; é
_Illa-y_ de Chillay, ó _Ch-illa-y_, vale por «luz», y de allí el nombre
del alma del Cosmos, _Illa_—Tecce, de Inti-_Illa_-pa, el rayo, y de
nuestras _Illas_, amuletos ó fetiches de reproducción en forma de
animales, fecundadores del ganado, engendrados por el rayo, la luz
celeste ó Illapa.
[Ilustración: Fig. 21. Monolito de Tafí.]
Como una corroboración de lo que dejamos escrito, haremos una muy
oportuna é interesante cita del P. Bernabé Cobo[148], quien, después
de explayarse sobre el culto al Inti y Mama Quilla, sol y luna, y
las estrellas, escribe: «_Adoraban_ también á otras _dos pequeñas_
(estrellas), _que tiene debajo á manera de_ T, decían ser los pies y la
cabeza; y estas también hacían veneración á otra que anda cerca desta y
la llaman _Catachillay_».
La cita de Cobo es una revelación; pero necesita ser explicada teniendo
á la vista el precioso _Tau_ de Titicaca (Fig. 22), propiedad de
Allchurch, y la anteriormente reproducida Plancha del Pachacuti.
[Ilustración: Fig. 22. Tau de plata encontrado en Titicaca.]
Corona al precioso objeto de plata del Titicaca el gran disco solar,
el Sol incásico, con su cara humana y sus rayos[149], dibujado por el
Pachacuti (Fig. 20, letra S). A la parte inferior del objeto vése el
casco esférico de la Luna, también con su rostro alargado y de perfíl,
dentro de aquél, de la misma manera como el Yamqui Pachacuti figura á
su _Quilla_ (letra L). Estos dos grandes astros son el Sol y la Luna á
que se refiere el P. Cobo. Debajo del Sol, y sujetándole cada cual con
una mano, están dos figurillas humanas: las «dos pequeñas estrellas»
del cronista, figuradas de una manera convencionalmente antropomorfa.
Estas dos estrellas, «_tienen_, como dice Cobo, _á manera de_ T»,
el Tau que aparece como Símbolo en las divinidades atmosféricas ó
astrolátricas[150]. Las dos figurillas humanas ó «pequeñas estrellas»,
están paradas á los extremos del crucero horizontal de aquella
misteriosa letra.
Esas pequeñas estrellas, colocadas respectivamente bajo el Sol y la
Luna, figuran en la lámina del Yamqui (letras Ch y E del detalle), y
llevan en la Plancha original (Fig. 19) las leyendas respectivas de
_chasca coyllur_ y _choqchinchay_.
La otra estrella de Cobo, «que anda cerca y la llaman _Catachillay_»,
aparece igualmente en la Plancha del Pachacuti, cerca de la Chasca
Cóyllur, y debajo de ella, también con la leyenda _cata-chillay_, para
que la cita del cronista salga corroborada aún en este último detalle.
He aquí, pues, como en la Fig. 22 que nos ocupa, tenemos al _Tau_,
ó T sagrada, artísticamente combinada con las representaciones
antropomorfas de los astros adorados del cielo peruano.
Concluiremos, entonces, llenando los vacíos del trabajo de Jiménez de
la Espada al respecto, estableciendo que la ✚ y T peruanos son símbolos
sagrados astrolátricos en la heliolatría incaica, ó sean: símbolos
de la luz y del calor del cielo que animan las cosas de la tierra, y
símbolos acuáticos á la vez, por la acción atribuida en las mitologías
á los astros sobre los fenómenos meteorológicos.
Es por este último motivo que la Cruz figura alternando con peces y
otras especies acuáticas; con signos de la escritura de las telas, que
valen por fecundación producida por la lluvia ó «agua»; y es por ello
también que el símbolo que estudiamos figura en la parte ventral de los
huaqueros y yuros que contienen el líquido,—aquel símbolo portado por
el Aticci Viracocha, que vimos figurar en la banda frontal del monolito
de Collo-Collo y sobre la superficie de la Mama-zara de Tafí.
NOTAS:
[118] Sobre Tiahuanaco, véase Brasseur, pág. 223.
[119] Id., pág. 241, sobre Pacaritambo.
[120] _Atlas._
[121] _El hombre Blanco y la Cruz en el Perú_, Apénd.
[122] _Péron et Bolivie_, pág. 100.
[123] _Los Ojos de Imaymana y el Señor de la Ventana_, § V, páginas 14
y 15 (Bs. Aires, 1900).
[124] Círculos sencillos á con punto símbolos de Imaymana Viracocha,
que valen por gérmenes vitales, que hacen nacer las cosas.
[125] Emblemas de Tocapo Viracocha, seguramente fálicos, ó de
fecundación.
[126] E. G. Squier, _In the Land of the Incas_, cap. XI, pág. 88, (New
York 1877) ofrécenos este curiosísimo figurón ofídico, volando por los
aires.
[127] Op. cit., cap. XIV, pág. 243.
[128] _L’Amérique Préhistorique_, cap. VIII, pág. 426.
[129] _El Hombre Blanco y la Cruz en el Perú, y Péron et Bolivie_, cits.
[130] Lámina de la pág. 84 de Wiener.
[131] Wiener, pág. 638.
[132] Wiener, pág. 620.
[133] Wiener, pág. 627.
[134] En el _Cuadro Histórico-Geroglífico de las Tribus Aztecas de
Méjico_, explicado por D. José Fernández Ramírez, del Museo Nacional de
Méjico, aparecen signos de la virgulilla saliendo del pico abierto de
un pájaro. Las virgulillas quieren decir que el «pájaro canta.» Este
pájaro agorero decidió la larga marcha de los aztecas.
[135] Wiener, pág. 676.
[136] Pág. 739.
[137] _El Culto de Tonapa_, § V. pág. 16.
[138] Wiener, pág. 17.
[139] Págs. 766 y 767.
[140] Wiener, pág. 773.
[141] Wiener, en su capítulo _Sur le Langage Ecrit_, ha ensayado
traducir algunas curiosas telas (Págs. 759 y sigtes).
[142] _Actas_ cits., págs. 635 á 641.
[143] _Relaciones de las fábulas y ritos de los Incas_, etc. (Obra
publicada por C. R. Markhan en inglés).
[144] Págs. 635 y 636.
[145] _Tres Relaciones de Antigüedades Peruanas_, pág. 257.
[146] Adán Quiroga, _El Simbolismo de la Cruz y el Falo en Calchaquí_,
págs. 8 y 9 (Bs. Aires, 1899).
[147] _Revista de Buenos Aires, IX._
[148] _Historia del Nuevo Mundo_, lib. XIII, cap. VI, pág. 329.
[149] Exactamente igual á este disco, es el sol que corona al dios
peruano reproducido por nuestro distinguido historiador Pelliza con
motivo de la reciente y bien debatida cuestión de los _Emblemas
Nacionales_, que provocó un bien apreciado folleto de nuestro
publicista E. S. Zeballos.
[150] Wiener en la pág. 584 reproduce un objeto con T, que sale de una
media luna.
En nuestra reciente expedición hemos dado con un grande y hermoso
disco solar, rodeado de Huayrapucas (diosas del Aire), que llevan taus
simbólicos.
CAPÍTULO IV
LA CRUZ EN LOS DIOSES DEL AIRE Y EN LOS MITOS ATMOSFÉRICOS
_Culto al Aire y á la Tormenta—El Dios Huracán—El
Haida Wind Spirit—Tláloc, Quetzalcóatl,
Itzamna, Gucumatz, Huizlopochtli, Chuchavira,
Catequil, Pillán y Huayrapuca—Tláloc y su
insignia cruciforme—Cruz en el escudo de
Amimitl—Chalchihuitlicue y su cruz—Quetzalcóatl
y su túnica con cruces—Nanihehecatl y la
cruz de sus vientos—Wixepecocha y su cruz en
el Cempoallepec—Huitzilipochtli y su blasón
cruciforme—Cruces de Cozumel—«El Arbol de Nuestra
Vida»—La diosa azteca de la Lluvia y su Cruz—Los
cuatro Bacabs—Batchué y la Cruz del lago—El Tau del
dios del Aire de Squier—La Huayrapuca calchaquí y el
grupo atmosférico de Capayán—La Cruz ofídica—La Cruz
y los fenómenos meteorológicos._
En el capítulo anterior hemos insinuado que la Cruz como símbolo está
relacionada á los fenómenos atmosféricos y cambios meteorológicos que
producen la lluvia.
La Cruz, en efecto, aparece portada por los dioses del Aire y los mitos
de la Atmósfera, llevándola como cetro, como emblema, como insignia ó
como adorno en sus manos, sobre su pecho ó en sus flotantes y sutiles
vestiduras, con una repetición tan llamativa que el asunto es digno de
ser tratado en capítulo especial.
El temor al rayo y al huracán ha hecho nacer vivos sentimientos
religiosos en el espíritu de los pueblos americanos; como que los
fenómenos meteorológicos desempeñan un gran papel en la historia
primitiva de las religiones; y es natural la divinización por parte
del salvage del espantable desencadenamiento de las fuerzas de la
naturaleza, ante las cuales se presenta débil y desarmado. Este temor
religioso concluyó por transformarse en veneración piadosa al viento
y á la tormenta, siendo convertidos en fetiches el rayo y el huracán.
Pero los fenómenos del huracán no fueron posteriormente adorados por
sí mismos, por cuanto el rayo parecía la manifestación de un ser
viviente, considerándosele como el hacha terrible y centellante de un
genio encarnado en las nubes, las cuales, á su vez, se presentaban á la
fantasía india como volátiles ó pájaros de alas inmensas, que sacudían
en lo alto de los cielos; y de aquí las aves míticas, como el Piguerao
de la leyenda preincaica, cuya voz es el estampido del trueno y cuyas
alas nerviosamente batidas producen el viento del huracán. Estos
pajarracos á la vez son ofídicos, y suelen tener cola y aún cuerpo de
dragón y de víbora, como la «serpiente emplumada» ó el Quetzalcóatl
mejicano, porque el relámpago ardiente se aparece á los ojos del hombre
primitivo como un gran dragón de fuego, animado de vida, de rabia y de
terrible poder.
El culto á la lluvia, que muchas veces se confunde con el del cielo
mismo, es el culto al elemento agua, como el efecto fecundo de la
acción combinada del viento y de la tormenta.
El viento, la tormenta y el rayo, se vuelven personajes míticos
vivientes, á los que el politeismo concluye por dar formas
antropomorfas; y de aquí los Dioses del Aire, de la Tormenta, del Rayo,
objeto de culto universal en las agrupaciones americanas, convertidos
aquellos en los genios fecundadores de la tierra por el fenómeno de
la lluvia en nuestro continente de grandes estensiones sin agua,
para el cual es este líquido la vida de la tierra, que hace nacer,
crecer y fecundar á los hombres, á los animales y á las plantas. La
serpiente-rayo, portada en sus manos por el Aticci Viracocha peruano
y sirviendo de cetro ó de báculo á Tláloc, se vuelve el emblema de
la humedad, del calor, de la fertilidad, de la primavera, de las
estaciones, y figura en primera línea, por tanto, en las cosmogonías de
todos los pueblos agricultores.
Pasemos ahora á consignar breves noticias del culto universal á los
fenómenos atmosféricos, para que nos demos á la vez cuenta exacta del
valor de la Cruz como símbolo meteorológico.
Desde las estremidades del Norte, ó desde la _Sillán Innua_, ó casa de
los vientos de los esquimales, aquellos soplan sobre el mundo. En las
razas septentrionales el culto al cielo no es menos grande que el culto
á la tierra. Las divinidades del cielo son generalmente masculinas
y epicenas ó andróginas, y obran sobre el universo por medio de los
fenómenos meteorológicos.
En los Estados Unidos, bajo formas de monstruos ó de aves míticas, son
adorados los dioses del Aire, bajo el nombre de «Espíritus del Viento».
[Ilustración: Fig. 23. Espíritu del viento. (Estados Unidos)]
[Ilustración: Fig. 24. Figura mítica de los Hayda.]
Las representaciones de estos seres míticos aparecen en un interesante
trabajo inserto en el Rapport del Smithsonian Institution, del año 93,
titulado _Myths and Mythic animals_[151]. Nosotros los reprodujimos en
nuestro trabajo sobre la Huayrapuca calchaquí[152], valiendo la pena de
hacerlo nuevamente en esta ocasión (Figuras. 23, 24 y 25).
Las tres figuras representan animales mitológicos. La más pequeña
(Fig. 23),—escribimos á propósito de estos animales míticos,—se
distingue de las otras dos en no tener garfios; y por la figurilla
representando un ser humano, en posición horizontal, es, según los
pieles rojas creyentes, el _Espíritu del Viento (Wind Spirit)_,
un monstruo ó demonio llamado Skana, que quiere decir «genio
del mal»[153]. Este demonio (tal cual sucede con la Huayrapuca
calchaquí), según Judge Svan, ateniéndose á lo que le han contado, es
susceptible de transformarse de todas maneras, y varias leyendas se
les atribuyen. Las dos representaciones restantes (Figs. 24 y 25), son
también monstruosas, genios del mal[154]. Estas dos figuras fueron
conseguidas de algunos indios Haida que visitaron el puerto de Townsend
(Washington) en el verano de 1884. La primera lleva el nombre de _Orca
Haida_, y las otras dos, los de _Wasco and Mythic Raven Haida_, y
quien escribe sobre tales figuras es Albert P. Niblac, que ha podido
descifrarlas.
[Ilustración: Fig. 25. Ave mítica de los Hayda.]
No obstante las inmensas distancias que separan á los pueblos, es
conveniente comparar estas representaciones míticas de Estados Unidos
con el dios del Aire de Squier, que más adelante ofreceremos (Fig. 28),
y todas estas figuras con las Huayrapucas de Calchaquí (Figs. 20 y 27),
de rostros humanos con corona plutónica, cuerpo y cola ofídicos, la
primera; de cabeza monstruosa con boca dentada, cuerpo y cola
también ofídicos, las de la Fig. 27, del valor mítico de los _cóatl_
mejicanos[155].
[Ilustración: Fig. 26. Puco de Santa María 1/3 t. m. Colección
Quiroga.]
[Ilustración: Fig. 27. Vasija Ambato y su desarrollo. Colección
Quiroga.]
Así mismo, adoraban al viento ó á la tormenta los crecks, los dakotas y
pieles rojas.
_Huracán_, el dios de las tempestades de las Antillas, es el «alma
del cielo» para los quichés de Guatemala, el que desempeña un papel
importante en su cosmogonía. _Avilix_ y _Hacavitz_ son el relámpago y
el rayo.
En Nicaragua, para que lloviese, ofrecíanse grandes sacrificios al dios
del huracán _Quiatéotl_[156].
Pero la gran divinidad del cielo en Méjico y la América Central es
_Tláloc_, el de un solo ojo, quien rige las nubes y las lluvias
y guía los rayos, y en honor del cual se celebraban dos fiestas
anuales, lo mismo que cuando sobrevenían calor ó seca, en cuyo caso
sacrificábansele cuatro niños de cinco á seis años, á los que se dejaba
morir de hambre, ó colocándolos en una canoa se les hacía hundir con
ella en el lago sagrado[157]. Otros genios atmosféricos denominábanse
_los Tláloc_[158], figurados por serpientes de madera, y por ídolos
de aspecto humano las montañas, ó los _Echecatotontin_ (_checatl_,
«aire» en mejicano antiguo). Cuando á fines de Diciembre comenzaba á
tronar, los indios decían:—«los Tláloc vienen!»—_Calchihuitlicué_,
la compañera de Tláloc, según Torquemada[159], es la diosa del huracán
y de los fenómenos meteorológicos, ó está intimamente ligada á ellos.
_Tlazolteotl_, la lúbrica, la de los placeres obcenos, es otra
compañera de Tláloc, representando á los elementos como generadores.
El señor de Tlalocán, _Tlalocatecutli_, el más alto de los Tlálocs,
imperaba sobre la lluvia y el huracán, y era venerado por toltecas,
chichimecas y aztecas. Figuraba como un dios antropomorfo, cuya estatua
de blanca piedra aparecía pintada con los colores del agua, verde y
azul, y portaba un cetro adornado de oro.
El dios de la América Central, particularmente de los mayas, fué
_Ahulneb_, el de la _Cruz_. Los cuatro vientos que producían la lluvia
denominábanse los cuatro _Bacabs_[160].
Nicaragua adoraba al dios del Aire _Chiquinau_; y Oviedo[161] cita á
_Ecalchatl_, mito interesante de esta cosmogonía.
_Mixcóatl_[162], es la nube-serpiente, antigua divinidad chichimeca,
tenida en gran honor por los nahuas y los nicaragüenses, la que, según
Brinton, portaba por rayos un haz de flechas en las manos, pareciéndose
á Tonante.
Quetzalcóatl[163], el «papagayo-serpiente», la nube serpiente emplumada,
aparece como una divinidad atmosférica máxima, la que, bajo el
nombre de _Nanihehecatl_, es «el señor de los vientos», y bajo el de
_Tohil_[164], «el que ruge.»
En _Wixepecocha_, con atributos comunes á la gran divinidad de los
toltecas, encárnase el dios del Aire de los zapotecas, á los cuales se
apareció como un famoso predicador.
El gran _Itzamna_[165] yucateco figura como el dios nacional de la
raza maya. Su carácter atmosférico resulta de sus propias palabras,
respondiendo á quienes le interrogan sobre su origen (_Itzencaan_,
_Itzenmuyal_, rocío del cielo, rocío de las nubes). Itzamna se
dá por hijo del cielo. Él se aparece como un sabio hechicero: cura
enfermos, resucita muertos, reparte la tierra entre sus fieles, funda
pueblos é inventa la escritura. Sus adoradores venéranle en Izamal.
Los naturales de la América Central consideran á Itzamna como un solo
dios con Cuculcán, el aparecido del oeste, que llegó con diez y nueve
compañeros, todos barbados y vestidos de largas túnicas, y que vive
en Chichen Itza. Su nombre, como el de Quetzalcóatl, compónese de las
voces mayas: _cuc_, «papagayo», y _can_, «serpiente»[166].