En Chile, en donde el Apóstol sólo estuvo de paso al decir de los

cronistas, se han encontrado interesantes objetos arqueológicos con

cruces. En el capítulo sobre la Cruz en los Petroglyfos tendremos, por

ejemplo, ocasión de hacer notar las interesantes cruces con que está

ornada la pictografía de Tinguiririca, al lado de otros símbolos de

indiscutible valor acuático ó atmosférico, lo que podría servir para

determinar su valor figurativo en la región andina.

Nuestro Tucumán, no obstante el silencio de los cronistas, que no

han parado su atención en las riquezas arqueológicas de la tierra,

es, sin duda alguna, la nación americana más rica en figuraciones de

cruces nativas, ya sea en sus petrografías ó pictografías, como en su

espléndida cerámica, en sus ídolos, y hasta en sus diversos objetos

artísticos de adorno ó de fantasía.

Da nuestra sola colección de objetos calchaquíes podríamos presentar un

centenar en los cuales la Cruz, hermosamente trazada, aparece pintada,

grabada ó esculpida, siempre con marcada insistencia, y con motivos

determinados, obedeciendo á una tendencia simbólica uniforme, sin

excepciones que hagan vacilar al espíritu arqueológico.

Es por estas circunstancias que la Cruz de Calchaquí será

preferentemente estudiada en este libro; y á ello deberemos en gran

parte poder arribar á conclusiones que á nuestro juicio no admiten

réplicas, resolviendo definitivamente el ya secular problema.

Tal como hasta ahora aparece el signo, y por los datos someramente

consignados, puede decirse con el marqués de Nadaillac que la Cruz

americana era tenida «como el símbolo de la potencia creatriz y

fertilizante de la naturaleza»[117].

NOTAS:

[94] _Actas del Congr. de Bruselas_, tomo I, pág. 505.

[95] Justo Lipsio, _De Cruce_, lib. I, cap. LVIII.

[96] Sobre este punto véanse Lipsio, cit.; P. Lafitau, _Mœurs des

sauvages Americains, comparées aux mœurs des premiers temps_,

tom. II (París, 1724); Mortillet, _Le Signe de la Croix avant le

Christianisme_, caps. I á IV (París, C. Reinwald, 1866); M. Peterken y

Luciem Adam, _Congr. de Bruselas_, págs. 513, 519 y sigtes, etc.

[97] Cap. XVII, pág. 287.

[98] La Cruz en estos pueblos, que la ofrendaban con codornices,

incienso y agua lustral, servía también de ornamentación, y el Dr.

Jones enseña conchas y objetos de cobre con cruces, procedentes de

Tenesse. Es muy interesante el ornamento de cobre encontrado en un

_Stone-Grave_ en Zalicoffer Hill, que el marqués de Nadaillac reproduce

en su figura 85, lo mismo que el instrumento de silex en Cruz, de la

figura 79 (_L’Amériqne Préhistorique_, págs. 176 y 171).

[99] Tom. I, pág. 437.

[100] _Hist. Ind. doccil_, cap. LIII.

[101] _De Antich._, ci. 3, cap. XXV.

[102] Sobre la Cruz en estas naciones, véanse Ixtlilxochitl, _Hist. des

Chichiméques_, págs. 5 y sigtes.; Sahagún, _Hist. de la Nueva España_,

lib. I, cap. II; Palacios, _Descrip. de Guatemala_, págs. 27 y sigtes.;

Cogolludo, _Hist. de Yucatán_, lib. IV, cap. IX.

[103] Op. cit., cap. IV.

[104] D. Antonio de Solís (_Hist. de la Nueva España_, cap. XV, pág.

59) dá interesante noticia de este ídolo, de fisonomía espantable, como

los dioses de la tormenta y del huracán. «A poco trecho de la costa,

escribe, se hallaron en el templo aquel ídolo tan venerado, fábrica de

piedra cuadrada, y de no despreciable arquitectura. Era el ídolo de

figura humana, pero de horrible aspecto, en que se dejaba conocer la

semejanza de su original. Observose esta misma circunstancia en todos

los ídolos que adoraba aquella gentilidad, diferentes en la hechura y

en la significación, pero conformes en lo feo y abominable ... Dicen

que se llamaba este ídolo Cozumel, y que dió á la isla el nombre que se

conserva hoy en ella.»

[105] _Origen de los Indios_, lib. V, cap. V.

[106] _Découverte de la Croix de Palenque_ (1792).

[107] La tabla de la Cruz de Palenque, encontrada después que la sacó

un fanático, en una selva contigua á las ruinas, se halla en el Museo

de Washington, y de ella dá cuenta Ch. Rau (_The Palenque Tablet,

Smith. Cont._, tom XXII).

El marqués de Nadaillac (cap. VII, pág. 325), reproduce el cuadro de

la Cruz de Palenque, y también (pág. 326) un bajo relieve descubierto

por M. Maler (en 1879, _Nature_, pág. 326), cerca de Palenque, muy

semejante al anterior, con su Cruz y pájaro encima y dos indios

ofrendando, el de la izquierda al parecer una cabeza de venado,

llevando el de la derecha un adorno de círculo con Cruz, en su cintura.

El indio de la izquierda vése claramente que ofrenda á la Cruz.

[108] En el Congreso de Bruselas, M. Peterken decía que era necesario

tener el espíritu muy prevenido para ver en esta Cruz una reminiscencia

evangélica; y que ni el pájaro, ni la Cruz misma, cuya rama vertical

termina en un pagay, se prestaban á interpretación de tanta fantasía

(_Actas_, págs. 545 y 522). Para el conde de Charencey, la Cruz de

Palenque era un simple emblema astronómico (Id., pág. 654).

[109] Lib. VI, cap IV, págs. 23 y 24.

[110] Ruíz de Montoya, caps. XXIII y XXVI, págs. 99, 100, 110 á 112;

Alonso Ramos, cap. IX, de quien el primero toma sus noticias, y Lozano,

cap. XX, pág. 440.

El Yamqui Pachacuti (_Tres Relaciones_, pág. 238) asegura que el leño

fué labrado en los Andes de Caravaya por Tunapa.

[111] Cap. XXVI, pág. 112.

[112] _Hist. Nat._ etc., lib. VII, cap. XXVII.

[113] Luxemburg., 4^{a}. ses.

[114] Cap. XX, pág. 437.

[115] Lib. II, cap. III.

[116] En la _Relación_ del pueblo de Paycabamba ó Leoquina del R. P.

Arias Dávila (1582), aparece la Cruz incaica con el nombre de Xaygua

(Sayhua), en la parte que el cronista refiere la lucha de Huayna Cápac

con los Quillacincas en Gaytara, «donde dejó una señal á forma de

mármol, tan grueso como cinco ó seis brazas, redonda y dentro de si

_una cruz_ de plata ó semejanza á ella: su nombre de la cual se llama

_Xaygua_, que quiere decir _nombre y señal del Inca_.»

[117] _L’Amérique Préhistorique_, cap. VII, pág. 327.

CAPÍTULO III

LA CRUZ SIMBÓLICA

EN LA ARQUEOLOGÍA PERUANA

_Influencia de la religión en el valor del símbolo—La

Cruz entre los Aymarás y los Quichuas—Atlas de

Rivero y Tschudi y reproducciones de Wiener—El

palacio del Chimu—Aticci Viracocha y el ídolo de

Collo-Collo—Monumentos sepulcrales con Cruz—Material

iconográfico de Jiménez de la Espada—La Cruz

en los huaqueros—Telas de la Horca, Paramonga,

Pachacámac, Chancay y Ancón—Opiniones de Jiménez

de la Espada y M. Bollaert—La lámina simbólica del

Yamqui Pachacuti—La Zara-Mama y la Cruz—Una cita del

P. Cobo—El Tau de Allchurch—La Cruz como símbolo

astrolátrico y atmosférico._

Hemos dicho, y lo repetimos nuevamente, que el asunto de la Cruz en

el Perú, arqueológicamente considerado, no ha sido motivo de estudios

profundos y satisfactorios, como los que se han practicado sobre el

símbolo en otros pueblos. Los breves trabajos que al respecto hemos

leído, apenas si pasan de acumulaciones de datos, de ligeras noticias,

ilustradas con algunas láminas, en las que tampoco se ha tenido el

cuidado de elegir lo mejor.

Este asunto de la Cruz peruana se presenta complejo á causa de los

cambios repentinos y trascendentales de religión y de política,

intimamente ligadas entre sí. En la civilización aymarítica, surgida

de los grandes lagos, es el Agua, el elemento líquido encarnado en el

Huiracocha de Tiahuanaco, el fundamento y el objeto de la religión[118].

Pacaritambo, de donde nace la aurora, y Chingano, en donde la luz

explende, son otros dos grandes focos de civilización[119]. El culto al

Sol, á ese hacedor fecundo, impónese con los Incas; y cuando alguna

vez desmaya, vuelve á surgir de nuevo con todo su brillo secular.

Finalmente, por actos trascendentales de política, que afianzan la

solidez del imperio del Cuzco, las dos grandes religiones rivales se

refunden, complementándose la una á la otra, el día en que el dios

Huiracocha es colocado con toda su magestad, y con atributos solares,

en los _aris_ de la heliolatría. Entonces los dioses acuáticos y

astrolátricos combinan su acción para obrar sobre la naturaleza y

fecundarla, produciendo las lluvias, como que también el dios-sol llora

agua y rocío, y haciendo nacer, crecer y fructificar todas las cosas.

El símbolo de la Cruz, que indiscutiblemente existió en todos los

ciclos, tanto incásicos como preincásicos, sufrió la influencia de

estos cambios de cultura y de religión. Símbolo acuático, cuando

preponderó la religión aymarítica, se volvió símbolo astrolátrico

cuando dominó la quichua; transformándose en símbolo atmosférico

combinado, de doble valor acuático y luminoso, cuando las religiones

se fundieron en una sola. En este último caso, la Cruz, hablando

en términos arqueológicos, debe denominarse símbolo atmosférico,

emblema de las nubes, de los vientos y de los fenómenos meteorológicos

producidos por la acción del sol.

Nuestro material iconográfico lo demostrará por sí mismo. En el

ídolo aymarítico de Collo-Collo, en los monumentos primitivos, en

los _huaqueros_ ó vasos ceremoniales del culto al Agua, aparecerá

la Cruz; de la propia manera que figurará en el arte quichua, en

sus construcciones, en sus dioses, en su alfarería, en sus telas,

y, finalmente, en las representaciones astrolátricas y en la famosa

plancha celeste del Yamqui Pachacuti, como un emblema luminoso formado

por astros del cielo.

Somos sin duda los primeros que hemos hecho estas afirmaciones respecto

al valor simbólico de la Cruz en el Perú, afirmaciones que, por suerte,

podremos comprobar en el desarrollo de este capítulo, en el que

seguiremos á la Cruz en el orden en que la arqueología la ha tratado,

sin preocuparnos de la cronología de sus alternativas simbólicas.

Comenzaron los señores Rivero y Tschudi[120] por ofrecernos figuraciones

y representaciones cruciformes del mayor interés. Entre las clásicas

cruces presentadas distínguense las de las ruinas del palacio del

Chimu, de los pilares del templo de Coati y de una de las esculturas de

Tiahuanaco.

M. de Bollaert publicó su interesantísimo _tupu_ de oro con cruces, que

fué objeto de variados comentarios.

Wiener, en su obra «Perú y Bolivia», ofrécenos un material interesante,

aunque disperso, de objetos incásicos y preincásicos con cruces.

En el Apéndice del trabajo de Jiménez de la Espada, presentado al

Congreso de Bruselas[121], este distinguido americanista reproduce

nuevos ejemplares.

Los grandes monumentos de Tiahuanaco pueden admirarse en la obra

reciente de Max Uhle y Stubel.

Entre las grandes y antiquísimas construcciones que ostentan la

insignia cruciforme, son dignas de especial mención los muros con

bajorelieves del palacio norte en el gran Chimu, levantado sobre la

primera de las tres grandes terrazas con ruinas por el brazo poderoso

de los chimus, que desafiaban con sus trabajos ciclopeos á las fuerzas

terraqueas que de tiempo en tiempo mueven el suelo que habitaron. Este

gran muro está reproducido por Wiener[122]. Las figuraciones cruciformes

que ostenta el mismo, talladas sobre la piedra, son numerosas; y,

convenientemente distribuidas, adornan los frescos y bajorelieves,

semejantes en su disposición artística á las más bellas pinturas de

las telas peruanas, valiéndose de líneas escalonadas y rectas que

trazan en el duro material figuras geométricas de admirable simetría.

Estas cruces hacen recordar de otras semejantes, en bajorelieve, de

monumentos mejicanos, viéndose con ello que en el Perú también la Cruz

servía de ornamentación.

Cieza atribuye un alto origen á los monumentos megalíticos de Tiahuanaco,

que para él,—y vale bien la pena de consignarlo,—representan á ese

apostólico Aticci Viracocha, al cual,según su afirmación, «fuéronle en

muchas partes hechos templos en los cuales pusieron _bultos de piedra_ á

su semejanza, y delante dellos hazían sacrificios. Los bultos grandes,

agrega, _questán en el pueblo de Tiauanaco_, se tiene que fué desde

aquellos tiempos.»

Nuestro americanista Lafone Quevedo, sin conocer esta cita de Cieza,

atribuyó muy acertadamente la cabeza del famoso ídolo de Collo-Collo y

la imagen del Dios-Sol de Wiener á representaciones de este Aticci, el

dios del Agua[123].

Refiriéndose al ídolo de Collo-Collo, que se encuentra entre Tiahuanaco

y La Paz, y que mide 1.37 m. de alto (Fig. 4), escribe en el lugar

citado: «Es una cabeza de pórfido con curiosos grabados; pero lo

que importa son los ojos (grandes círculos), que no son más que

dos _Imaymanas_[124], de que cuelgan unos tres _Tocos_[125], ventanas.

Es curioso que tres son los _tocos_ que cita Pachacuti. El ídolo

representará á _Aticci Viracocha_, con los atributos de sus dos hijos

por ojos, etc. En la banda de la frente se distingue el mismo _pescado_

de que habla Wiener en su pág. 703.»

[Ilustración: Fig. 4. Idolo de Collo-Collo.]

Lo que á nuestro asunto interesa en este ídolo de Collo-Collo, ó

figuración trina y una de Imaymana, Tocapo y Atticci, padre este último

de los primeros, que representa al dios acuático por excelencia, son

cabalmente esas esculturas zoomorfas de su banda frontal, con grabados

cruciformes en sus cuerpos, tanto más cuanto que ellas han sido

trabajadas sobre esos _pescados_ á que aluden Wiener y Lafone Quevedo.

El pescado del dios,—no hay para qué apurar las deducciones,—es un

atributo acuático del mismo, que expresa que impera sobre los mares

y masas líquidas. Las dos cruces griegas sobre el primero de estos

animales, á la izquierda, y las dos sobre el del medio, entre otras

figuras emblemáticas, indican claramente que son símbolos acuáticos

complementarios; y rara vez podrán encontrarse cruces dispuestas de tal

manera, que expresen desde el primer momento su valor como caracteres ó

signos míticos.

Igualmente el dios del Aire ó de la Atmósfera, que se reproducirá en el

capítulo siguiente, y que aparece como un monstruo ofídico, si no es

portador de cruces, lo es al menos de _Taus_, uno de los que luce en

su mano, llevando fálico casco en su cabeza. El Tau aparece en muchas

ocasiones sustituyendo á la Cruz, y viceversa[126].

En los grandes pueblos antiguos pueden observarse, como en Méjico,

huacas en forma de Cruz. Un ejemplar de huaca de Pachacámac es muy

curioso (Fig. 5).

Muy interesante entre esta clase de monumentos es la «Chulpa ó Torre

Sepulcral», que nos ofrece Squier en su libro, ya citado, sobre la

Tierra de los Incas[127], lámina que reproduce el marqués de

Nadaillac[128].

Los estucos de la Chulpa, de blanco y rojo en cuadrados alternados,

forman una Cruz perfecta sobre su superficie externa; siendo de

advertir que cada uno de estos cuadrados está dividido por una

diagonal, que deja dos triángulos, de tal manera que cuatro triángulos

rojos y cuatro blancos hacen Cruz. Sobre la superficie total de la

Chulpa destácase, además, pintada, una gran Cruz de San Andrés,

adornados sus brazos con taus (cinco y seis respectivamente), y con

un círculo en el punto de intersección de los palos del signo. La

construcción es una mezcla de cal y arcilla.

[Ilustración: Fig. 5. Huaca de Pachacámac.]

Revisemos ahora el material iconográfico que nos ofrecen Jiménez de la

Espada y Wiener, antes citados[129], fijando brevemente nuestra atención

en la manera y forma como se presentan las cruces en los objetos y

telas que estos americanistas reproducen.

[Ilustración: Fig. 6. Huaquero con adornos cruciformes.]

Jiménez de la Espada en las láminas de su trabajo (Figs. 11, 14, 15,

16 y 17 de su Apénd.) ofrécenos poco, aunque interesante material. Los

símbolos de los objetos son cruces maltosas ó de San Juan, como las de

su Fig. 16, y griegas, como las 11 y 14.

El autor, al reproducir sus objetos, limítase á enumerarlos; pero es

fácil hacer algunas observaciones tendentes á insinuar las relaciones

del símbolo de la Cruz con el Agua.

El que señala con el número 11, y que reproducimos en la Fig. 6, es un

_huaquero_ antropomorfo de vientre abultado, con su cuello arqueado,

rematando en la cabeza y espalda del mismo. Se trata de una vasija

para contener _agua_. En la toca ó pañolón de la figura humana van

pintadas con alguna simetría cruces griegas. Aunque adorno, debe desde

ya notarse que las cruces van figuradas sobre un objeto destinado á

depósito del líquido.

Igualmente es un huaquero casi circular el bellísimo objeto 17, que

reproducimos en la Fig. 7, con una especie de pistón para llenarle de

líquido. Al centro de la parte ventral del objeto, aparece una grande

y artística Cruz griega, con un _toco_ doble (símbolo de fecundación)

en el punto mismo de intersección de los palos del signo. La Cruz en

este caso vése que ha sido el motivo de la obra; y aquella en medio

del huaquero redondo, se parece á esos círculos con cruces, que tanto

abundan en el Perú. El valor del símbolo, como emblema acuático, parece

bien insinuado en el presente ejemplar.

Más llamativo aún es el objeto 16 (Fig. 8), pues encima de la franja

inferior con tres maltesas pintadas vése una segunda franja con tres

representaciones de peces, y una tercera de animales, que sin duda son

anfibios. Es claro que en esto caso las cruces aparecen tener

relaciones directas con el _agua_, elemento que sirve de medio de vida

á las especies figuradas, trayéndonos á la memoria, los grabados en la

banda frontal del ídolo de Collo-Collo.

[Ilustración: Fig. 7. Huaquero cruciforme.]

En el objeto 14 (Fig. 9) las cruces dobles alternan con _tocos_ dobles,

apareciendo en cuatro campos cuadrados, dos arriba y dos abajo, un

toco y una Cruz, y una Cruz y un toco, respectivamente. El toco,

recordaremos, es el símbolo de Tocapo Viracocha, una de las tres

personas del dios de las _aguas_.

Recorriendo la obra de Wiener, puede encontrarse en ella un material

iconográfico numeroso é interesante.

Revisaremos los principales ejemplares en el orden en que aparecen

reproducidos en el libro del autor de Perú y Bolivia.

En las esquinas de los rectángulos centrales de una tela del cerro de

la Horca (Fig. 10), vénse cruces formadas por escaques, alternadas

artísticamente. En medio de los rectángulos, reprodúcense ramas de

vegetal. En los rectángulos laterales, aparecen unas figurillas

humanas de rostro triangular, cuyos cuellos y brazos se cortan en

Cruz, figurillas que en vez de pies llevan cabezas de aves,—pájaros

simbólicos que sin duda son _suris_ ó avestruces, pero que en todo caso

deben representar al ave de la tormenta,—por lo cual las figurillas,

con sus ojos Imaymanas en la región ventral, serán representaciones

atmosféricas. Las ramas de árbol darían idea de la lozanía de la

vegetación. Las cruces contiguas valdrían por signos atmosféricos de

lluvia[130].

En otra tela con figurillas semejantes[131], aparecen artísticos

símbolos cruciformes sobre los cuerpos de las mismas y al lado de sus

cabezas, con taus por adornos ó penachos (Fig. 11).

[Ilustración: Fig. 8. Figuración de cruces y peces.]

[Ilustración: Fig. 9. Cruces alternadas con tocos.]

[Ilustración: Fig. 10. Tela con pinturas simbólicas.]

[Ilustración: Fig. 11. Tela de Paramonga.]

Un hermoso huaquero antropomorfo encontrado en Trujillo[132], que

representa una cara humana, luce en la frente una ancha _vincha_

llena de labores, y sobre ellas tres campos cuadranglares, con cruces

griegas, blancas y dobles, al centro de los mismos (Fig. 12).

[Ilustración: Fig. 12. Huaquero de Trujillo]

Interesantísimo es el _yuro_ doble (Fig. 13), encontrado en el

Cuzco[133], uno de los cuales, el de la izquierda, tiene pintadas tres

bandas horizontales en la sección ventral. Sobre cada una de las dos

bandas inferiores figuran cruces dobles, alternadas con dobles tocos,

de punto al centro, que al instante hacen recordar el objeto 14 de

Jiménez de la Espada, reproducido en nuestra Fig. 9. En la banda

superior aparecen sólo cruces, contiguas al cuello del objeto. En

otro ancho campo ventral del yuro, al rematar las bandas cruciformes,

destácanse figurillas animales monstruosas, de larga y arqueada cola,

seguramente divinidades del aire, viéndose debajo de ellas, como

adorno, los signos simbólicos de la S volcada, que también tenemos por

acuáticos, como representativos del ruido del trueno[134]. Las cruces de

este yuro, destinado á guardar agua, son demasiado significativas, y

más si se tiene en cuenta que se hallan al lado de símbolos acuáticos y

de fecundación.

[Ilustración: Fig. 13. Yuro doble del Cuzco.]

[Ilustración: Fig. 14. Huaquero antropomorfo de Jauja.]

Ejemplar interesante es también un huaquero antropomorfo (Fig 14),

encontrado en Jauja[135], en el cual aparecen con profusión cruces en la

parte superior de la camiseta de la figura.

De lo más típico es la procesión de hombrecillos, pintada en un vaso,

encontrado en el Cuzco, representando una fiesta bajo los soberanos

autóctonos, según Wiener[136], y para nosotros una danza sagrada. Esta

lámina ha sido reproducida por Lafone Quevedo[137].

Cada una de las reales figuras de la misma viste muy adornados trajes

llenos de símbolos y lleva su respectivo casco de triángulo ó _Huampar

Chucu_; cada una de ellas también porta con ambas manos un largo

báculo, cuya cabeza superior termina en Cruz. Uno de estos personajes,

el primero de la derecha (Fig. 15), tiene en una mano un Tau, y en la

diestra un círculo, que muy bien podría ser ese espejo (también de la

diestra) de Tezcatlipoca, lo que demostraría el origen solar de la

figura; y si ello es así, y si solares son las demás de la serie, como

parece, tendríamos una prueba del valor heliolátrico ó astrolátrico del

símbolo, que á veces es una Cruz y á veces un tau de mando ó un cetro.

Sin duda que son de mucho valor representativo las inscripciones

funerarias de una tela encontrada en Pachacámac[138], encuadrada por

líneas simbólicas, de fecundación la guarda superior (Fig. 16).

En medio de la tela aparece una figurilla humana, de cabeza casi

triangular, que luce un penacho de cuatro plumas, dos para cada lado,

y en medio de ellas un triangulillo con punto al centro. Sigue á la

cabeza sin cuello, el cuerpo, que es un triángulo isóceles doble, del

cual, en su parte inferior, salen sus piernas, y de su parte superior

los brazos quebrados, figurados por largas líneas, que rematan en

cruces, las que parecen indicar manos, provistas de un solo dedo; estas

manos, á la vez, portan armas, macanas ó cetros; cerca de los pies de

la singular figura antropomorfa, aparecen respectivamente dos círculos,

cada uno con rayos arqueados; y á cada lado de la cabeza de la misma,

dos figuraciones astrolátricas, en forma de X, cuyos anchos rayos

córtanse en Cruz; debajo de estas, á cada lado, y cerca de los marcos

del cuadrado, siguen en una misma línea tres pequeñas cruces, unas

después de otras, decussatas las inferiores.

[Ilustración: Fig. 15. Hombrecillo del grupo de la procesión de

Wiener.]

[Ilustración: Fig. 16. Inscripción funeraria de Pachacámac.]

El personaje figurado, por su penacho de plumas, su crestón fálico,

la forma triangular de su cuerpo y las armas que porta, representa

sin duda una mítica persona, femenina, por aparecer abierto el ángulo

inferior del primer triángulo del cuerpo y por dominar en ella esta

combinación geométrica. A todas luces es solar, por la figuración de

astros. Las cruces serán entonces signos ó símbolos celestes, quizá

astros, como pensaba M. Bollaert, para quien la Cruz es la _Chasca

Cóyllur_, ó estrella matutina. Este caso comprobaría el carácter

astrolátrico del símbolo, lo que, repetimos, no le quitaría su valor

atmosférico, por la influencia decisiva que se atribuyó á los astros en

los cambios meteorológicos.

[Ilustración: Fig. 17. Tela de Chancay.]

La cruz en América (Arqueología Argentina) · 第 4 / 17 段