Los Peguenches se acercan á los Picunches por el norte, y llegan desde

frente de Valdivia hasta 35° de latitud meridional. Toman su nombre de

la palabra _peguen_, que significa pino, porque el país abunda de tales

árboles. Como viven al sur de los Picunches, algunas veces se llaman

Guilliches ó pueblo meridional, pero mas generalmente se llaman

Peguenches. Sus caciques se llaman Colopichun, Amolepí, Nocolasquen,

Guenulep, Cusuhuanque, Colnancon, Iyalep, y Antucule: este último era

jóven, y á todos los conocí muy bien.

Estas dos naciones fueron antiguamente mas numerosas, y mantuvieron

largas y sangrientas guerras con los españoles, á quienes casi echaron

de Chile, destruyendo las ciudades de Imperial, Osorno y Villa Rica, y

matando dos de sus Presidentes, Valdivia y D. Martin de Loyola: pero

están ahora muy disminuidas, no pudiendo hacer revista de cuatro mil

hombres entre todos ellos, lo que nace de las frecuentes guerras que han

tenido con los españoles de Chile, Mendoza, Córdoba y Buenos Aires, con

sus vecinos los Puelches, y aun los unos con los otros; igualmente que

del aguardiente que compraban á los españoles, y su _pulcú_ ó chicha,

que hacen en su país. Muchas veces empeñan hasta sus mugeres é hijos á

los españoles, por aguardiente con que se embriagan, y matan unos á

otros; sucediendo rara vez que la parte ofendida aguarde largo tiempo la

ocasion de vengarse. Las viruelas introducidas en este país por los

europeos, causan mayores estragos entre ellos, que la peste, desolando

villas enteras con sus malignos efectos. Este mal es mucho mas fatal á

estas gentes que á los españoles ó negros, por razon del grosero

vestido, mala comida, falta de cobertura, medicinas y cuidado necesario.

Sus parientes mas cercanos huyen de ellos para evitar el mal, dejándolos

perecer aun en medio de un desierto. Ha cerca de cuarenta y cinco años

que la numerosa nacion de Guilliches, habiendo cogido este mal en las

cercanias de Buenos Aires, hizo diligencia para huir á sus propias

tierras, distante doscientas leguas, caminando por entre vastos

desiertos. Durante su larga jornada dejaron tras de sí sus parientes y

vecinos enfermos, solos y sin mas asistencia que un cuero levantado

contra el aire, para abrigo, y un jarro de agua. Este mal redujo tanto

su número, que no tienen ahora mas de trescientos hombres capaces de

tomar las armas.

Los Guilliches y Moluches meridionales llegan desde Valdivia hasta el

estrecho de Magallanes, dividiéndose en cuatro naciones. La primera

llega hasta Chiloé, y mas allá de la laguna de Nahuel-huapi, y habla la

lengua chilena. La segunda son los Chonos, que viven cerca de la isla de

Chiloé. La tercera se llama Pay-yuy, ó Peyes, y viven en las costas,

desde el grado 48 hasta 51 de latitud meridional; y desde allí hasta el

estrecho de Magallanes, el pais es habitado por la cuarta nacion,

llamada Rey-yus ó Reyes. Estas tres últimas naciones son conocidas por

el nombre de Buta Guilliches, porque son mas altos y gruesos que la

primera, llamada Pichi-Guilliches, ó pequeños Guilliches. Parecen

tambien diferentes gentes, porque su lengua es una mezcla de la de

Moluche y Tehuel. Los otros Guilliches y los Peguenches hablan del

mismo modo uno y otro, diferenciándose solo de los Picunches en el uso

de la letra S en lugar de la R, y de la D, donde otros el Ch.; por

egemplo:--Romo por Somo. Una muger Huaranca, por Huasanca, Mil buda, por

bucha grande. Estas naciones son numerosas, especialmente los

Vutu-Guilliches. Los caciques de la primera, ó Pichi guilliches, eran

Puelman, Paniacal, Tepuanca, á quienes ví, con otros muchos, de cuyos

nombres no me acuerdo. Los Puelches ó orientales, (así llamados por los

de Chile, porque viven al oriente de ellos), confinan por el occidente

con los Moluches, hasta abajo del estrecho de Magallanes, donde terminan

por el sur con los españoles de Mendoza, San Juan, San Luis de la Punta,

Córdoba y Buenos Aires por el norte, y con el Océano por el este. Tienen

diferentes nombres, segun la situacion de sus respectivos paises, ó

porque fueron en su orígen de diferentes naciones. Los de hácia el norte

se llaman Tehuelches; los del occidente y mediodia, Diviheches, los del

sud-este Guilliches, y los del sur de estos últimos Tehuelches, ó en su

propia lengua, Tehuel-kuni; esto es, hombres del sur.

Los Tehuelches confinan por el occidente con los Picunches, y vienen al

este del primer Desaguadero, hasta las lagunas de Guanacache, en las

jurisdicciones de San Juan y San Luis de la Punta, dispersos en pequeñas

tropas, y rara vez fijos en un parage: hay algunos en la jurisdiccion de

Córdoba, á las orillas de los rios Cuarto, Tercero y Segundo; pero la

mayor parte, ó fue destruida en sus guerras con los otros Puelches, y

Moscovios, ó se refugió entre los españoles. En otro tiempo habia alguno

de esta nacion en el distrito de Buenos Aires, á las orillas de los rios

Lujan, Conchas y Matanza, pero ya no los hay. Sus caciques eran Mugelup,

Alcochorro, Galeliam y Mayú. Han quedado tan pocos de esta nacion, que

casi no pueden levantar trecientos soldados, haciendo solo una especie

de guerra pirática en pequeñas partidas, excepto cuando estan auxiliados

de sus vecinos los Picunches, Peguenches y Diviheches, y aun entonces no

pueden poner en campaña mas de 500 hombres. Esta nacion y la de los

Diviheches son conocidos por los españoles, con el nombre, de Pampas.

Los Diviheches confinan por el occidente con el pais de los Peguenches,

desde el grado 36 hasta el 33 de latitud meridional, y se extienden á lo

largo de los rios Sanquel, Colorado y Huique, hasta 40 millas de

Casuhati por el este. Tienen el mismo génio vagabundo que los

Taluheches, y no son mas numerosos, por haber sido destruidos en sus

ataques con los españoles, tomando parte algunas veces con los

Taluheches, otras con los Peguenches, y haciendo solo frecuentemente

sus incursiones, sobre las fronteras de Córdoba y Buenos Aires, desde

el Arrecife hasta Lujan, matando los hombres, cautivando las mugeres y

niños, y robando el ganado. Los caciques de esta nacion eran, Còncalcac,

Pichivele, Yahati y Dunoyal.

Estas dos naciones subsisten principalmente con la carne de las yeguas

que cazan en pequeñas cuadrillas, de 30 á 40 cada una, en las vastas

llanuras entre Mendoza y Buenos Aires, donde suelen encontrarse con

grandes tropas de españoles, enviados á propósito, para ejecutar las

leyes del talion, ó á lo menos con igual crueldad: pero no es el único

peligro que corren, porque si los Tehuelches ó Guilliches han llegado al

Casuhati, ó al Vulcan y Tandil, al tiempo que los Diviheches y

Taluheches estan para retirarse con su presa, se echan sobre ellos

(particularmente en parages donde estan obligados á pasar, para que

descancen sus ganados), matando á todos los que se resisten, robando á

los demas, y levantándose con la caza.

El pais de los Puelches, ó gente oriental, está juntamente entre el rio

Huique, y el primero Desaguadero, ó rio Colorado, y se extiende al

segundo Desaguadero ó Rio Negro; pero vagan continuamente, moviendo sus

habitaciones, y separándose por motivos frívolos, y muchas veces sin mas

razon, que su natural inclinacion á vagar. Este pais abunda en todo

género de caza menor, como liebres, armadillos, avestruces, &a.; produce

pocos ó ningun guanaco. Cuando suben á las montañas del Tandil, y el

Casuhati, por la escasez de caballos, son tan poco expertos en la caza,

que se vuelven á sus casas sin cosa alguna, á menos que sus vecinos los

Tehuelches no se la den, ó no tengan la fortuna de sorprender algunas

cuadrillas de los Peguenches, quienes vuelven generalmente bien

provistos. Por otra parte es una pobre gente inocente y síncera, y mas

hombres de bien que los Moluches y Tehuelches; son muy superticiosos,

inclinados en extremo á la adivinacion y hechiceria, y facilmente

engañados. En general son altos y robustos, como sus vecinos los

Tehuelches, pero hablan diferente lengua. Aunque en tiempo de paz es

gente humilde y tranquila, son en el de guerra audaces y altivos, como

experimentaron los Tehuelches y Diviheches, muy á su costa; pero ya

estan reducidos á un pequeño número, habiendo sido la mayor parte

destruidos por las viruelas. Sus caciques, que aun viven, son Geijeihu,

y Daychaco.

Los Tehuelches que se conocen en Europa, con el nombre de Patagones, han

sido llamados, por ignorar su idioma, Tehuelchus, porque _chu_ significa

patria ó morada, y no gente, lo que se expresa por la palabra _che_, y

mas al sur por la palabra _cuní_. Estos y los Checheheches, se llaman

por los españoles Serranos ó Montañeses: subdividense en varias ramas,

como son los Leubuches, ó gente del rio, y Calilliches, ó gente de las

montañas, entre los cuales estan los Chulilau-cunis, Lehuau-cunis, y

Yacana-cunis; todos estos, excepto los del rio, se llaman por los

Moluches, Vucha-guilliches.

Los Leubuches viven á las orillas del norte y sur del Rio Negro, ó como

ellos le llaman, Casu-leubu. Al norte tienen un vasto país; pero no

habiendo, por razon de la espesura, posibilidad de ser habitado, solo se

encuentran bosques, lagunas y pantanos, llenos de cañas fuertes y

espinosas, á las que llaman Sanquel, de forma que por allí está cerrada

toda comunicacion. Pero marchando hácia el poniente por el pié de la

Cordillera, ví hácia el este, que por la costa está abierta. Parece que

esta gente está compuesta de Tehuelches, y Checheheches; pero hablan mas

bien la lengua de estos últimos, con una pequeña mezcla de Tehuel.

Extiéndese por el este hasta los Checheheches, y por el poniente se

juntan con los Peguenches y Guilliches; confinan por el norte con los

Diviheches, y por el sur con los otros Tehuelches. Caminando al rededor

de la gran laguna Huechum-lauquen, llegan de Valdivia en seis dias de

jornada desde Huichun. Parece que esta nacion es la cabeza de los

Checheheches, y Tehuelches, y sus caciques Cancapol y su hijo Cangapol,

como unos pequeños soberanos de los demas. Cuando declaran la guerra se

juntan inmediatamente con los Chuchuheches, Tehuelches y Guilliches, y

con los Peguenches, que viven mas al sur, poco mas abajo de Valdivia.

Por si mismos son pocos en número, teniendo gran dificultad en levantar

300 hombres capaces de tomar las armas, por causa de las viruelas, que

redujeron el número de los Checheheches, y porque habiéndose juntado y

pasado á las llanuras de Buenos Aires para atacar con una partida de

Thaluheches cerca de la laguna de los Lobos al famoso D. Gregorio

Mayu-Pilqui-ya, fueron vencidos por este, y obligados los que quedaron á

retirarse al Vuulcan con los vestidos, que por desgracia, poco antes

habian comprado en Buenos Aires inficionados de las viruelas.

Disminuyéronse tambien mucho en las guerras con sus vecinos al norte los

Picunches, Peguenches, y Taluheches, quienes aliándose, bajan algunas

veces del lado de la Cordillera, y los sorprenden; en cuyo tiempo, no

tienen otro recurso para librarse de los enemigos que atravesar el rio

nadando, lo que los otros no pueden hacer; pero con la prisa y confusion

de la fuga, dejan sus hijos detras, caen en las manos de los enemigos

inhumanos, que los deguellan, sin perdonar aun los de cuna. Sin embargo,

no son siempre estos ataques tan secretos que no tengan algunas veces

noticias de ellos, y no escapen entonces muchos de la furia de esta

bárbara nacion, cuyo cacique Cancapol hace vanidad de mostrar á sus

huéspedes montones de huesos, calaveras, &a. La política de este cacique

es de mantener la paz con los españoles para que su gente pueda cazar

con seguridad en los campos de Buenos Aires, dentro las fronteras de

Matanza, Conchas y Magdalena, y las montañas: no permitiendo que las

otras tribus pasen de Lujan, para mantenerla tambien al sur; á cuyo fin

se ponen sus caciques y confederados á cazar en los meses de Julio,

Agosto y Setiembre, en los parages donde pueden observar los movimientos

de sus enemigos, á quienes muchas veces atacan y destruyen, pero por

esta razon jamas hicieron estos indios la guerra á los españoles (aunque

son en extremo celosos de ellos), hasta el año de 1738 y 40, cuyos

motivos fueron los siguientes.

Los españoles, con poco juicio y mucha ingratitud, echaron de su

territorio á Mayu-Pili-ya, el único cacique Taluheche que los estimaba,

obligándole á retirarse á tal distancia que no pudiese recibir socorro

alguno, expuesto á sus enemigos, hechos tales, defendiendo los

territorios de los españoles del resto de sus paisanos y Picunches.

Despues de la muerte de este cacique, algunas partidas de los Taluheches

y Picunches atacaron las caserias del rio Areco y Arrecife, guiados por

Hencanantu y Carrulonco, adonde acudieron los españoles con su mariscal

de campo D. Juan de San Martin para coger los ladrones. Pero como

llegaron tarde, se dirigieron al sur para no volverse con las manos

vacias. Allí encontraron las tiendas del viejo Caleliyan con una mitad

de su gente, que no sabiendo lo que habia pasado, estaba durmiendo sin

la menor sospecha de peligro, y entonces sin examinar si estos eran ó no

los agresores, hicieron fuego sobre ellos matando, muchos con sus

mugeres é hijos. Los demas dispertándose, y viendo el triste espectáculo

de sus mugeres y niños muertos, se resolvieron á no sobrevivir á tal

pérdida, y cogiendo las armas, vendieron sus vidas tan caro como

pudieron; pero al fin fueron degollados con sus caciques.

El jóven Caleliyan estaba entonces ausente; pero teniendo noticia de lo

que habia pasado, se volvió en ocasion que los españoles se iban

retirando; y viendo á su padre, parientes y amigos degollados, resolvió

vengarse prontamente, á cuyo fin llevando como unos 300 hombres, se

hechó sobre la villa de Lujan, mató gran número de españoles, tomó

algunos cautivos, y robó algunos millares de ganado. Sobre esto

levantaron los españoles con toda brevedad, (aunque no bastante para

coger un enemigo tan ligero) casi 600 hombres de su milicia y tropa

reglada. No pudiendo alcanzarle se volvieron al rededor de las lagunas

de sal, y bajaron al Casuhati donde estaba el cacique Cangapol con

algunos indios, que prudentemente se habian retirado. Hallandose

chasqueados aquí, fueron por la costa hácia el Vulcan, donde encontraron

una tropa de Guilliches, quienes no siendo enemigos, salieron sin armas

á recibirlos, no teniendo la menor sospecha de peligro alguno. Pero sin

embargo de esto, y de haber intercedido á favor de estos pobres, un

oficial de la tropa española, fueron cercados, y tallados en piezas por

órden del Mariscal de Campo, quien concluida esta victoria, marchó con

su gente al Salado, que está cerca de 40 leguas de la ciudad, y casi 20

de las quintas ó caserias de Buenos Aires, donde un cacique Tehuel,

llamado Tolmichi-ya, pariente de Cangapol, amigo y aliado de los

españoles, estaba acompañado bajo la proteccion del Gobernador Salcedo.

Este cacique con la carta del Gobernador en la mano, y mostrando su

licencia, fué muerto de un pistoletazo que le dió en la cabeza el

Mariscal de Campo. Todos los indios tuvieron esta desgracia, quedando

cautivas las mugeres y niños, con el hijo menor del cacique. Por fortuna

el mayor habia salido dos dias antes á cazar caballos silvestres, con

una partida de indios.

De tal manera exasperó esta cruel conducta del Maestre de Campo á todas

las naciones de Puelches y Moluches, que tomaron al punto las armas

contra los españoles, quienes se vieron de repente atacados desde las

fronteras de Córdoba y Santa Fé, todo á lo largo del Rio de la Plata,

frontera de 400 leguas; de modo que les era imposible defenderse, porque

los indios se echaban en pequeñas partidas volantes sobre muchas villas

y caserias á un mismo tiempo, y la luz de la luna impedia el descubrir

su número; y así mientras los españoles los perseguian por una parte,

dejaban los demas sin resguardo.

Cangapol, que con sus Tehuelches habia vivido hasta entonces en gran

amistad con los españoles, se irritó sumamente al ver la maldad

ejecutada con su hijo, la muerte de sus amigos los Guilliches, la de su

amado pariente, y otros, y manera indigna con que trataron sus

cadáveres; y aunque entonces tenia cerca de 60 años, salió al campo á la

cabeza de mil hombres (otros dicen cuatro mil) compuestos de Tehuelches,

Guilliches, y Peguenches: se echó sobre el distrito de la Magdalena,

distante cerca de 4 leguas de Buenos Aires, y repartió sus tropas con

tanto juicio, que limpió y despobló, en un dia y una noche, mas de 12

leguas del pais mas poblado y abundante. Mataron muchos españoles, é

hicieron cautivas un gran número de mugeres y niños, y robando ademas,

pasadas de veinte mil cabezas de ganado, fuera de caballos. En esta

expedicion los indios solo perdieron un Tehuelche, el cual apartándose

de los demas con esperanza de hacer presa, cayó en manos de los

españoles. Cangapol hijo de Cacapol, fué perseguido y alcanzado; pero

los españoles no se atrevieron á atacarle, aunque eran dos veces mas

numerosos, porque ellos y sus caballos estaban de tal modo cansados, en

una marcha de 40 leguas, sin tomar refresco alguno.

Los moradores de Buenos Aires, teniendo aviso anticipado de este ataque,

por los fugitivos, se vieron en la mas terrible consternacion. Muchos

oficiales militares corrian por las calles, con la cabeza desnuda, en un

estado de distraccion, habiéndose llenado de gente las iglesias y casas

religiosas, á donde se refugiaban, como si el enemigo estuviera á las

puertas de la ciudad. Los españoles humillados con este golpe, quitaron

la comision al Mariscal de Campo, y nombraron otro en su lugar,

levantando un ejército de 700 hombres que marcharon al Casuhati, no para

renovar la guerra, sino para pedir paz. Todo un año se pasó despues de

la última victoria, sin hacer cosa alguna: en cuyo tiempo los indios,

con un jóven cacique Cangapol á su cabeza, levantaron un ejército de

cerca de 4000 hombres, compuesto de aquellas diversas naciones, con el

cual pudiera hacer frente á todos los españoles; pero sin embargo de

estas ventajas, dieron oidos á la propuesta del nuevo Mariscal de Campo,

á quien tenian por su amigo. Este, temiendo las consecuencias de una

nueva guerra, ofreció entre otras condiciones, entregar todos los indios

cautivos, sin mas consideracion que el redimir los cautivos españoles.

Un jesuita misionero, que fué al campo español con algunos Checheheches

y Tehuelches convertidos, representó vivamente que aquella condicion era

indigna é inadmisible, no evitando por este medio un próximo

rompimiento. Propuso un cambio reciproco de prisioneros; pero fué tan

grande el miedo de esta guerra, que no se hizo caso de su proposicion,

aunque muchos indios no pedian condiciones mas ventajosas. Algunos

caciques de los Tehuelches, que habian llevado consigo sus cautivos,

inmediatamente los entregaron haciendo la paz, no entendiendo la

proposicion del Mariscal de Campo en otro sentido, que el de la mutua

entrega de sus prisioneros. Los Moluches fueron por fin á Buenos Aires,

y redimieron sus indios, y los de los Tehuelches, sin entregar los

cautivos españoles que tenian. Desde entonces los Tehuelches, tentados

con las esperanzas de presas, han hecho cada año incursiones en el

territorio de Buenos Aires, robando mucho ganado. No obstante este ha

sido el mayor daño que han hecho hasta el año de 1767, en que habiendo

sido insultados, renovaron la guerra y cautivaron mucha gente, de forma

que de las escuadras españolas que los persiguieron, solo dos se

escaparon: siguiéndolos luego y alcanzándolos largamente con un cuerpo

mayor de tropas, su coronel Catani: pero les pareció mas conveniente no

molestarlos, temiendo les sucediese lo que á sus compañeros.

Los Tehuelches, que habia desde el levante al poniente del rio de los

Sauces, donde aun hoy dia habitan, confinan por el nord-este con los

Checheheches, y por el este con un gran desierto, que empieza á cerca de

40 leguas de la boca del Rio Negro hácia el sur, y se extiende casi

hasta el estrecho de Magallanes: por el poniente lindan con los

Guilliches, que habitan las costas de Chiloé, y se extienden á 44 grados

de latitud meridional. Todo su país es montuoso con valles profundos,

pero sin rios considerables, por lo que los habitantes están obligados á

surtirse del agua de las fuentes y riachuelos, que terminan en lagunas,

donde bajan sus ganados. Cuando estas lagunas se secan (lo que sucede en

el rigor del verano) van por agua al Rio Negro, ó á otra parte. Esta

nacion no siembra ni planta, siendo su principal alimento los guanacos,

liebres y avestruces, de que abunda esta tierra; y la carne de yeguas,

cuando la pueden lograr.

La falta de este alimento hace que estén en perpetuo movimiento, de un

país á otro para buscarlo, de manera que van en grande cuadrillas

algunas veces al Casuhatí, otras á las montañas del Vuulcan, ó Tandil, y

otras á las llanuras cerca de Buenos Aires, distante 300 ó 400 leguas de

su país. Entre todas las naciones del mundo no se hallaria otra mas

inquieta, ni mas inclinada á vagar que esta; porque ni una extrema

vejez, ceguera, ú otro cualquier mal, es capaz de contenerlos; son

fuertes, bien hechos, y no tan cetrinos como los otros indios. Algunas

de sus mugeres son tan blancas como las españoles: son corteses, civiles

y de buen natural; pero muy inconstantes en guardar sus palabras y

contratos; son robustos y guerreros, y no temen la muerte. Su número es

mucho mayor que el de las otras naciones, y casi igual al de todas las

que habitan estas partes. Son enemigos de los Moluches, á quienes temen

mucho, y á quienes, sin embargo de ser tan terribles á los españoles, ha

tiempo habrian arruinado, si hubiesen estado tan bien provistos de

caballos como ellos, sin que los Diviheches, ni los Tehuelches pudiesen

resistir á sus fuerzas.

Al sur de estos viven los Chichilau-cunis y los Sehau-cunis, que son los

indios mas meridionales que andan á caballo. _Sehau_, significa en

lengua de Tehuel una especie de conejo negro, del tamaño de una rata del

campo; y como su país abunda de estos animales, talvez tomaria de aquí

su nombre: _cuni_, significa gente.

Parécense mucho estas dos naciones á los Tehuelches, con tal cual

diferencia en su idioma, lo que se puede atribuir á la comunicacion con

los Pay-yus, y Rey-yus, que viven sobre los costas orientales y los

estrechos.

Todos los Tehuelches hablan diferente lengua de los otros Puelches y

Moluches; y esta diferencia no solamente incluye palabras, sino tambien

las declinaciones y confusiones, aunque usan algunas de las dos

naciones; por egemplo, de una montaña, llaman _calille_, y los Moluches

_calel_, pero los Puelches _casu_. Pichua, en lengua de Tehuel, es el

nombre del guanaco, pero no tiene semejanza con _luchan_ ó _huan_, de la

de los Moluches, ni _yagip_, agua con _coni yagui_, aguaducho; con

_cohue_, ni _cani_, gente, con _che_ ó _het_. Inclinome á pensar que

estas naciones de Tehuelches son los que los misioneros de Chile

llamaban Peiyus, respecto que viven en el parage de este nombre mismo,

aunque es verdad que se acercan ya á la costa.

La última de estas naciones de Tehuel, son los Yacana-cunis, que

significa gente de á pié, porque como no tienen caballos en su país,

caminan siempre así: confinan por el norte con los Sehau-cunis. Por el

poniente con los Rey-yus, de quienes se dividen por una hilera de

montañas, por el este con el Océano, y por el sur con las islas de la

Tierra del Fuego, ó el mar del sur. Estos indios viven cerca del mar,

sobre los dos lados del Estrecho, y se hacen muchas veces la guerra unos

á otros. Usan de unas flotas ligeras, como las de Chiloé, para pasar el

estrecho. Son atacados algunas veces por los Guilliches, y por los otros

Tehuelches, que los llevan consigo, como esclavos, como que no tienen

nada que perder mas que la libertad y la vida. Viven principalmente del

pescado que cogen, ya zambulléndose, ó echándole dardos: son muy ligeros

y atrapan guanacos y avestruces con sus bolas. Su estatura es igual á la

de los otros Tehuelches, excediéndose rara vez de siete pies, y algunas

no pasan de 6: es gente inocente y de buena intencion.

Descripción de la Patagonia y de las Partes Adyacentes de la América Meridional · 第 4 / 6 段