trabajadores, industriosos y pacíficos. Hay poblaciones como _San
Pedro Sacatepéquez_, con cinco mil indígenas, en una ventajosa
posición topográfica, á una milla de San Marcos, con buenos edificios
públicos, con muchas fuentes de uso común, con calles rectas y con
floreciente agricultura. Sus pobladores cultivan los cereales y
fabrican bellos cortes de enaguas, _huepiles_ y fajas de hilo y seda.
No faltan carpinteros, sastres, herreros y ladrilleros. _Santo Tomás
Chichicastenango_, á cinco leguas de Santa Cruz Quiché, tiene veinte
mil habitantes indígenas, que cultivan maíz, trigo y papas, hacen
buenos tejidos de algodón, crían ganados y llevan una vida sobria y
laboriosa. En esta ciudad se contemplan ruinas rodeadas de grandes
fosos. _Joyabaj_ con cinco mil pobladores, que pastorean ganados y
siembran granos y frutas. _Sacapulas_, fundada por Fray Bartolomé de
las Casas, cuenta con cinco mil habitantes, que elaboran sal, fabrican
telas y siembran caña de azúcar, cacahuate (_manillas_), yuca, frijol
y maíz. _Nevaj_, de cinco mil vecinos, que pasan la vida fabricando
canastas de caña, objetos de jarcia, y sembrando cereales. _San Miguel
Uspantán_, que tendrá tres mil habitantes, cuya industria principal
consiste en fabricar sombreros de palma, esteras (_petates_), paraguas
(_suyacales_) y escobas. _Totonicapam_, cabecera del departamento
de este nombre, y ciudad de veintiséis mil habitantes, casi todos
indios, se encuentra al pié de una elevada montaña, con clima benigno.
Allí están todavía los descendientes de los tlascaltecas que trajo
D. Pedro de Alvarado, y que tienen buenas fábricas de tejidos y
alfarería. Es población industriosa y rica, á ocho mil setecientos
piés sobre el nivel del mar, con casas buenas, provistas de agua
potable. _Momostenango_, á unas siete leguas de dicha cabecera, es
pueblo importante de agricultores, que emplean variados cultivos por
la diversidad de climas. Los indios _momostecos_ tienen particular
veneración á un retrato de Diego Vicente, aborigen que construyó
por su cuenta la iglesia parroquial. _Santa María Chiquimula_, con
tres mil indígenas, que son comerciantes y peones agrícolas. _San
Cristóbal_, compuesto de seis mil almas, con una antiquísima iglesia.
Los indios de allí son tejedores, herreros, carpinteros, talabarteros,
fabricantes de trastos de barro, marimbas y cohetes. Siembran trigo,
maíz, habas, frijoles, arbejas, duraznos, manzanas, nueces y ciruelas.
_Panajachel_, á orillas del pintoresco lago de ese nombre, produce
arenas de plata, caparrosa, ocre y tiza. Se cultiva el frijol, el maíz
y ricas legumbres. Esos indios son dados á la pesca y al tejido de
telas de algodón. Tendrá ese precioso pueblo dos mil almas. _Santiago
Atitlán_, con siete mil habitantes, que siembran cacao, café, maíz,
frijol, chile y hortalizas. La industria se reduce á cuidar ganados y á
pescar.--_Santa Lucía Utatlán_, en donde se hacen jabones, y se cultiva
el trigo, el maíz, la linaza, la cebada y la avena. _Nahualá_, con
veinte mil indígenas, en clima frío, que crían ganado lanar y siembran
maíz y trigo. Los terrenos son quebrados, y la industria consiste en
fabricar ropa de lana y curtir cueros. _Santa Catarina Ixtahuacán_, á
ocho leguas de Sololá, con veinticinco mil habitantes, todos de raza
primitiva americana, se dedican á criar obejas y carneros, á tejer sus
ropas y á cultivar maíz, frijol, trigo y frutas. No admiten ladinos en
su pueblo; no consienten estanquillos de aguardiente ni chicha; son
bravos y crueles cuando se sublevan, pero respetuosos para con las
autoridades y sumisos cuando los tratan con justicia. Es uno de los
pueblos en que mejor se pueden estudiar las costumbres aborígenes.
Todavía hay en los Altos muchas otras poblaciones indígenas, aunque de
menor importancia, que guardan reliquias de los tiempos precolombinos.
Sería prolijo el enumerarlas todas.
En los departamentos del centro, existen también pueblos de indios,
como _Chinautla_, con mil ochocientos habitantes, que se ocupan en
alfarería y siembras de maíz; _San Antonio La Paz_, con mil, que
siembran café y caña de azúcar; _San Pedro las Huertas_, á orillas de
la capital de Guatemala, tiene unos quinientos habitantes _aladinados_,
que cortan leña y siembran café, pasturas y hortalizas; _San Juan
Sacatepéquez_, con quince mil pobladores, que labran madera, fabrican
trastos de loza, siembran maíz y frijol, cuidan ganados y tejen jarcia;
_San José Nacahuil_, con quinientos habitantes, de los cuales las
mujeres tejen y los hombres cultivan la tierra; _Mixco_, á tres leguas
y media de la capital, con ocho mil indios, que son agricultores por
lo general, y fabrican utensilios y juguetes de barro. Las mujeres
muelen maíz y hacen tortillas, ocupándose también de nodrizas en las
casas de las personas acomodadas de la capital. _San Raymundo_, es otro
pueblo de indios que está en el departamento de Guatemala, y tiene
unos mil quinientos habitantes, que son agricultores, comerciantes, y
algunos de ellos beneficiadores de cerdos; _Palín_, del departamento
de Amatitlán, tiene como cuatro mil indios que cultivan frijol y
frutas, y siembran caña de azúcar; _San Vicente Pacaya_, que tendrá
mil habitantes que trabajan en siembras de café. Allí se encuentra una
grandísima piedra tradicional llamada _Doña María_; flores grandes de
madera muy curiosas y carbón mineral que arde perfectamente; _Dueñas_,
en el departamento de Sacatepéquez, fué erigido por Alvarado, en el
sitio en que había él dispuesto sembrar _una milpa_ (maizal) para
las viudas de los conquistadores. Está muy cerca de la Antigua ese
bonito pueblo, al cual le asignan mil cuatrocientos indígenas. Los
terrenos producen maíz, frijol, café y cochinilla. _Alotenango_, con
mil quinientos habitantes, da buenas maderas, zarzaparrilla, granos y
legumbres. _Santa María_, en las faldas del volcán, cuenta unos dos
mil quinientos naturales, que se ocupan en faenas agrícolas, en tejer
sus vestidos y en elaborar carbón. _San Juan del Obispo_, fundado por
un virtuoso diocesano, apenas tiene ochocientos pobladores, y produce
cochinilla, café, maíz y frijol. _San Antonio_, da maíz, café, frijol
y garbanzos, y tiene unos mil indios, que no sólo trabajan la tierra
sino que fabrican _petates_ (esteras) y hacen _ceñidores, fajas y
huepiles_. _Santa Catarina_, que fué fundado por Ignacio Bobadilla, y
que hoy cuenta como mil habitantes, cuya industria principal consiste
en tejer cotones y ceñidores. _San Andrés_, _San Lorenzo_, _Santiago_,
_Magdalena_, _Santo Tomás_, _San Miguelito_, _San Mateo_, _San Lucas_,
_Sumpango_, _San Bartolomé_, _Xenacó_, _Jocotenango_, _Pastores_, son
otros tantos pueblos que rodean la antigua capital del histórico reino
de Guatemala, y que á fuerza del contacto con gente civilizada, se van
aladinando poco á poco. En Chimaltenango está _Tecpán Guatemala_, que
tendrá fuera de los _ladinos_, unos cinco mil indios, que fabrican
telas y crían ganados; _Patzún_, con buenas minas y plantaciones de
café, produce también trigo, maíz y frijol; _Comalapa_, de unos tres
mil pobladores, da también trigo y cereales, siendo su industria de
tejidos de _huepiles y zutes_ (paños).
En el oriente de la república de Guatemala hay uno que otro pueblo de
indios; pero ya hoy están casi todos _aladinados_.
En el Petén cuéntanse varias poblaciones indígenas y existen los
_lacandones_, que no tienen por cierto la ferocidad que se les
atribuye. Son unos doscientos aborígenes, en la parte del territorio
de Guatemala, que se conservan independientes sobre las márgenes del
Usumacinta. Los indios de Izabal se encuentran por Cahabón, Chajal y
otros puntos.
Con vista de esta breve reseña, se comprende que existen aún muchas
poblaciones de indígenas; pero se hace preciso advertir que entre ellas
las hay de pura raza, como Santa Catarina Ixtahuacán; mientras que
otras se hallan mezcladas de ladinos é indios. En unas, soló se hablan
las antiguas lenguas quiché, cackchiquel, zutujil etc.; en otras,
prevalece el español adulterado.
De todos modos, para poder establecer cuáles sean los medios más
eficaces á fin de lograr el mayor avance en la civilización de los
indios, se hace necesario inquirir qué causas son las que se han
opuesto á que se desarrollen y progresen. De la misma historia de esa
desgraciada raza, resultan las siguientes.
I
La falta de estímulos que han tenido y la abyección en que de antaño
han estado. Desde el primer día de la conquista, fueron reputados, ora
por irracionales; ora por hombres nacidos como siervos _á natura_;
ora por instrumentos de hacer riquezas; ora por _personas miserables_,
en tutela perpetua; ora por seres inferiores, en todo y por todo, al
_español_. El indio, á su vez, al cabo de tres siglos de opresión y
abusos, volvióse suspicaz, taciturno y triste. Hoy mismo, decirle á uno
_¡indio!_ es una injuria ó expresión despectiva, que significa rudo,
montaraz, bestia de carga.
El indio carece del estímulo de mejorar su propia condición, estímulo
que impele á otras razas á emprender obras que requieren atención
y fuerza de voluntad: habituado durante siglos á no ejercitar su
inteligencia, ni á concentrar su atención, los trabajos en que se
emplea consisten en cargar grandes pesos, andar largas distancias,
abrir zanjas en la tierra, ó cultivarla de una manera primitiva; alguna
vez se dedica á alguna industria tosca, pero sin cambiar la forma,
el gusto ó el material de los artefactos, continuando la rutina que
siguieron sus antepasados; así fabrica tinajas, redes, _petates_,
instrumentos músicos, exactamente iguales á los que fabricarían los
antiguos aztecas, quichés y cackchiqueles. No parece que en su trabajo
tomara parte la inteligencia, sino que obrara impelido por un mecanismo
ó instinto semejante al pájaro, que contruye su nido igual á los
nidos que millares de años antes formaron los pájaros de su especie.
Convendría, pues, tratar de mejorar sus industrias, proporcionándoles
modelos, elementos, utensilios etc. y premiando sus esfuerzos, en
_Concursos Regionales_.
La separación de la gente de otra raza mantiene al indio en los hábitos
que heredara de sus mayores: no conoce de la civilización sino sus
defectos y sus vicios, y las violencias é injusticias que se le hacen
sufrir, y por esto se reconcentra en sí mismo y se asocia únicamente
con sus compañeros. Sacarlo, pues, de este aislamiento es un punto
esencial para ponerlo en el camino de la mejora de sus hábitos: que
tenga á la vista otras costumbres y otra manera de vivir más fácil y
cómoda: que éntre en contacto con personas de miras más elevadas que
las suyas, para que la imitación, que es natural en la especie humana,
opere insensiblemente un cambio en su existencia. Mas por desgracia
las personas que hoy tratan á los indios lo hacen con tal dureza y
desprecio, que los alejan de sí y mantienen en ellos la desconfianza
y el temor que concibieran por los conquistadores; si queremos pues,
reformar á los indios, debemos comenzar por reformar nuestra conducta
hacia ellos; nada importa que en la Constitución se les declare iguales
á los demás guatemaltecos, si en la práctica se les considera poco
menos que brutos.[196] Debe, por lo tanto, emitirse una _Ley Protectora
de Aborígenes_.
[196] Sociedad Económica--Tomo VI nº 17, página 2.ª, A. B.
El Gobierno, además, por medio de sus subordinados, debe emprender la
cruzada de hacer que se trate bien á los indios, que se les estimule
y levante. El periodismo, que es palanca poderosa, puede también
popularizar las ideas redentoras de esa raza; y en los clubs y en la
tribuna y en el púlpito, es dable hacer que la opinión se enderece
en pro de los aborígenes, estableciéndose además _Sociedades para su
protección y fomento_.[197]
[197] En cada municipalidad debiera nombrarse á uno de los
concejales _Protector de Indígenas_.
II
La segunda causa que ha opuesto una barrera á la cultura indiana, son
los idiomas primitivos, que mantienen á gran parte de los indios como
sordo mudos respecto á la porción civilizada de la sociedad. Esas
lenguas de los aborígenes impiden el contacto de la gente _ladina_ con
aquellas masas inertes y estacionarias, que se concentran en pueblos
orientales; que ven con miedo y odio á los de otras razas que tantos
males les han hecho. Sin hablar castellano los indios, no comprenden
los beneficios de la civilización, y sí miran recelosos á los que
consideran sus enemigos natos. El sabio Valle decía que esas lenguas
aborígenes son el mayor obstáculo para que entren los indios á formar
parte de la república. Desde el tiempo de la colonia, creyeron muchos
que los idiomas primitivos debían sustituirse por el castellano, á
efecto de que no permanecieran los pobladores de este suelo aislados
de los españoles que venían del otro hemisferio. En el Supremo Consejo
de las Indias, se discutió si sería mejor obligar á los aborígenes á
hablar sólo castellano, de tal suerte que olvidasen sus lenguas, ó
por el contrario, si debían los misioneros y catequistas aprenderlas,
para hacerse entender de ellos. El Concilio Limense III, mandó que
se les enseñasen las oraciones en sus idiomas y dialectos, sin
obligarlos á aprender el castellano. Algunas cédulas é instrucciones
recopiladas[198] dispusieron lo mismo, de acuerdo con la opinión de
Acosta y Garcilaso. El célebre autor de la Política Indiana, Don Juan
Solórzano y Pereira, distinguido catedrático de Salamanca, profundo
legista, experto en letras sagradas y profanas, que había estado
dieziocho años en Lima, de cuya Audiencia fué Oidor, y después miembro
del Consejo de Indias; ese famoso doctor en leyes y cánones, dijo
siempre la última palabra en la dirección de los asuntos coloniales, y
opinaba que desde un principio se debió haber enseñado el español á los
indios. He aquí las palabras del famoso autor de la obra "De Indiarum
Jure, sive de Juxta Indiarum Occidentalium Inquisitione, Acquisitione
et Retentione": "Pero, sin embargo de lo referido, dice, yo siempre me
he inclinado más á la opinión contraria, y tengo para mí, que en los
principios de las poblaciones de estas provincias de Indias, hubiera
sido fácil y conveniente, haber obligado á todos los indios, que iban
entrando en la Corona de España, á que aprendieran la lengua de ella,
y que hoy aún será esto mucho más fácil y conveniente; porque, cuando
en los viejos se diera alguna dificultad, no dejarán de aprender lo
que bastara para entendernos: y en los muchachos y en los que después
fuesen naciendo, no podía haber alguna, pues toman y aprenden con tanta
facilidad, cuantas les quisieran enseñar, como lo dice Erasmo[199].
[198] L. 30, tº VI, Libro I de la Recopilación.
[199] Erasm. In adag. fenis mutare linguam. Cicer. I offic.
Sermone o uti debemus, qui notus est nobis.
"Y así, en breve tiempo, estuviera corriente y entablado nuestro idioma
ó lenguaje, y se olvidara de suerte el suyo, que ya no supiéramos cuál
había sido; como lo experimentamos hoy en los indios que han quedado en
la isla Española y sus adyacentes, aun sin haberse puesto cuidado en
ello por nuestra parte, como lo advierte Bernardo de Aldrete[200].
[200] Aldret. de orig. Ling. Hisp., lib. I, cap. 22.
"Añadiendo luego el ejemplo de nosotros los españoles, que en siendo
juzgados y gobernados por los romanos, comenzamos, ya voluntaria, ya
forzosamente á hablar su lengua, de suerte que dejamos y olvidamos la
propia, y antigua nuestra, en tanto grado, que no ha habido quien con
certeza pueda averiguar ni decir cuál era la que teníamos, aunque han
trabajado mucho en inquirirlo doctos varones[201]"
[201] Poza, in alio simili argum. Gregorio López Madera, in
lib. de Monte Santo Granat. cap. 18, Covarr. in Thesaur. Ling.
Hispan.
Juan de Solórzano y Pereira, Política Indiana, Tom. II., p. 193.
¿Qué sería de los indios, en la época presente, si desde el principio
de la conquista, ó por el tiempo en que escribía Solórzano Pereira,
en el año 1629, se les hubiera enseñado á hablar español? Fácil es
comprender que actualmente se hallarían confundidos con el resto del
pueblo, vestidos del mismo modo, y no formando esas agrupaciones como
galvanizadas, y hoy tan incultas como hace trescientos años.
Cumple, pues, poner todo empeño, y emplear cuantos medios sean
posibles, para hacer que los indios hablen español y se rocen con los
ladinos.[202] Oblíguese á los indios á asistir á las escuelas en donde
se les enseñe el español, y establézcase que los municipales y todos
los que ejerzan cargos deban saber el castellano, exonerándose á los
que lo hablen y vistan como ladinos, del tributo moderado que deben
pagar, para invertirse en su propia educación y mejora.
[202] El Congreso Constituyente del Estado de Guatemala expidió
un decreto, que lleva el número 14, de 29 de Octubre de 1824,
dictando providencias para que hubiese _un idioma nacional_, y
se extinguieran las lenguas de los aborígenes.
III
La tercera causa del estancamiento en que se encuentran los indios es
que no tienen necesidades que los impulsen á progresar, ni á salir de
esa vida de atonía, semiprimitiva y semibárbara. Con un pobre rancho,
sin tener ni cama, ni mueblaje, sino una hamaca ó un _tapexco_, y una
piedra de moler, vive el aborigen una vida improductiva y monótona,
que no puede entrar en el carril del movimiento progresivo. La idea de
la Sociedad Económica, expuesta y demostrada por Fr. Matías Córdoba
y el P. Muro, de procurar que los indios calcen y vistan como los
ladinos contribuiría á crearles necesidades, que son aguijón para el
trabajo, y que acrecentarían la riqueza nacional.[203] Dice Buffon
que se deben considerar los vestidos como parte de nuestro sér, y que
hasta los trajes influyen en las costumbres de los hombres. Se hace
preciso también que los indios paguen una contribución equitativa para
los gastos que, en pro de ellos mismos, hará el Estado. En vez de
tanta exacción en cofradías, servicios parroquiales y otros tequios,
bien pudiera hacerse que de un modo prudente contribuyeran en algo
los indios, salvo los que comprobasen que trabajan como colonos ó
jornaleros contratados en las fincas, para estimular á la vez la
agricultura.
[203] Si los indios no tuvieran en cada pueblo trajes diversos
y peculiares, habría más roce entre ellos, y no vivirían tan
aislados de los ladinos.
IV
La ignorancia en que perpetuamente ha estado sumida la pobre raza
indiana, es la cuarta causa de ese estado de salvajez en que vegeta. Si
la civilización significa adelanto, luz, progreso; ¿qué progreso, ni
qué luz, ni qué adelanto, caben en esos pueblos estacionarios, que nada
comprenden de su pasado, ni se preocupan por su porvenir? El hombre que
no lee, ni escribe, no puede ponerse en contacto con el mundo culto.
Nace y muere en breves años, sin ver más que lo que abarcan sus ojos,
sin otro horizonte que el de una existencia material y tosca, sin otra
aspiración que la de vegetar, sin ningún ideal generoso y expansivo.
Si en Europa y Estados Unidos el pueblo es civilizado, débelo á las
escuelas primarias, que bajo métodos propios esparcen y siembran los
conocimientos necesarios para que la inteligencia se desarrolle y
el espíritu se cultive. Las escuelas, son la base de la prosperidad
y de la república en Norte América. Si en pocos años han conseguido
en la patria de Wáshington el estado de grandeza y libertad, que al
mundo asombra, es á causa del sistema de pública enseñanza, gratuita,
obligatoria y esencialmente práctica.
El mundo antiguo se civilizó por medio de castas privilegiadas. El
mundo moderno se ha civilizado, merced á la instrucción popular, que
funde en un solo pensamiento á la colectividad, esparciendo á la vez
el bienestar general. La difusión de los medios de desenvolver las
aptitudes particulares, hace que una colectividad pueda aprovecharse de
los recursos acumulados de la civilización. Leibnitz decía: refórmese
la educación y se reformará el mundo.
Digámoslo de una vez. Instrucción primaria, práctica y educativa, es la
que se necesita para esas masas de indios rezagados, que constituyen
una verdadera rémora para el adelanto del país. Sí se han hecho
esfuerzos en favor de la instrucción, entre nosotros, pero no se ha
hecho lo bastante. Antes de ahora, multiplicábanse las escuelas, sin
verdaderos maestros y sin elementos. Un pobre hombre que ganaba veinte
pesos mensuales, como preceptor, teniendo familia, y á quien se solía
adeudar seis meses de sueldo ¿qué podía hacer?
Que haya escuelas para los indios, á las cuales se les atraiga, y se
verá cuán presto se siembran las semillas de la cultura y del adelanto
entre ellos. Las generaciones venideras recogerán el fruto de lo que se
plante, por una mano liberal y benéfica, en ese sentido.
Los asilos de maternidad, en los que al propio tiempo que se
establezcan _enseñanzas adecuadas para párvulos_, se alivie á las
madres, siquiera durante las horas del trabajo material, del cuidado
de sus hijos; los hospitales para enfermos desvalidos, regentados
por Hermanas de la Caridad, no sólo mitigarían en esos pueblos de
aborígenes incultos, las necesidades impuestas por la desgracia y la
pobreza, sino que á la vez serían medios eficaces de suavizar las
costumbres y morigerar á aquellos desgraciados.
¡Hágase un esfuerzo en pro de los indios, y se mejorará su condición.
Querer es poder!
La instrucción primaria debe ser obligatoria entre los indios; pero
cuidando de que no pasen de tres las horas de escuela, á fin de que no
impidan á los indizuelos dedicarse á ayudar á sus padres en el campo ó
en las faenas de la casa. No hay que contrariar al indio, que quiere
que sus hijos se acostumbren desde niños al trabajo material, para que
después no se les haga insoportable, ni deben sobrecargarse los ramos
de enseñanza, sino limitarse á lo más necesario.
Se puede obligar á los indios á mandar á sus hijos á las escuelas,
imponiendo penas á los que no lo hagan, y exonerando además, de la
contribución, al que compruebe que va durante dos horas á la escuela
nocturna de primeras letras, ó tiene dos hijos por lo menos en las
escuelas diurnas. Las nocturnas serán para adultos.
Es indispensable crear una _Escuela Normal para maestros indígenas_, en
donde aprendan bien castellano y los ramos de la enseñanza que deben
impartir á los de su raza. Con elementos asimilables es como mejor se
hace cundir la civilización. Sería muy conveniente establecer _Escuelas
Rurales de primeras letras_ en los caseríos aislados, y _Escuelas de
Agricultura_ en los principales departamentos.
V
El vicio más dominante entre la raza indígena es el de la embriaguez.
Este vicio embrutecedor es la quinta causa que influye muy
particularmente en el abandono y estulticia en que se hallan los
descendientes de los primitivos pobladores del suelo americano. Basta
visitar, por modo rápido, algunos pueblos de indios para persuadirse
de que la _chicha_ y el aguardiente son elementos de destrucción, de
pobreza y abatimiento para los desgraciados aborígenes. Desde el tiempo
en que el famoso Solórzano y Pereira escribió la Política Indiana[204]
notábase que la borrachera érales á los indios tan dañosa, que podía
asegurarse que más habían muerto del abuso de los licores que de las
guerras y las pestes. Acosta, Herrera y Garcilaso refieren las clases
de bebidas que usaban, y explican también lo propensos que son los
indios á embriagarse.[205] El Concilio Limense II y muchas cédulas
reales, prescribieron que cuidasen las autoridades de impedir las
borracheras de los indios, dejando que, durante los días de fiesta se
recreasen en diversiones honestas; pero todo eso se quedaba escrito,
porque lo mismo entonces que después, esos infelices han consumido
el fruto de su trabajo y sus enervadas fuerzas en la _chicha_ y el
aguardiente.[206].
[204] Libro II, cap. 25, núm. 27.
[205] Acosta, Déc. 20.--Herrera, Déc. I, Libro V, cap. 12.
[206] El auto acordado de 26 de junio de 1793, fijó penas
contra los ebrios y contra los que expendían licores prohibidos
en Guatemala.
Los propios indios comprenden cuan perjudicial es para ellos semejante
vicio, y ha habido pueblos, como el de Nahualá y el de Santa Catarina,
que solicitaron, mucho tiempo hace, pagar una cuota á la hacienda
pública, con tal de que no hubiera ningún estanquillo dentro de su
población. El indio que llegaba ebrio, sufría veinticinco azotes, en
cuanto le pasaba la beodez.
El mal depende de que siendo la renta de licores una de las más pingües
del erario nacional, están interesadas las mismas autoridades en que
haya mucho consumo de licores, y no persiguen tanto como debieran la
embriaguez. Mientras más cunda el vicio, más crece la renta, y más
aumenta la desmoralización y la vagancia, y más enfermedades resultan,
y más se deterioran las razas, y más disminuye la población, y más se
amengua la riqueza pública. Esta es una verdad palmaria. Si no se pone
remedio á semejante plaga, las consecuencias serán funestísimas.