[190] Los indios tienen muchas costumbres peculiares que,

siendo inocentes, deben respetarse; y aún conservan en su

organización social y política, tradiciones admirables. En

Nahualá, en Santa Catarina, en Santo Tomás Chichicastenango

y en algunos otros pueblos se gobiernan de este modo: el

gobernador y la municipalidad actúan en los casos comunes

sujetos á su jurisdicción; pero si es extraordinario, lo

someten á la decisión de la Junta de Notables, que sólo se

compone de los individuos que han servido cargos públicos, de

alcaldes primeros en adelante. Si el negocio es muy arduo, y

puede comprometer los intereses generales del pueblo, acuden

al Consejo de los Ancianos, compuesto de los hombres de más

edad y experiencia, cuyo parecer es sagrado para todos, aunque

contraríe sus intereses ú opiniones.

CAPITULO CUARTO

=Ventajas é inconvenientes de la civilización. Elementos

que la constituyen. Reseña de los principales

pueblos indígenas de Guatemala. Escollos con

que tropieza el desarrollo de su civilización.

Medios que pueden emplearse para lograr

su avance. =

SUMARIO

Inconvenientes que se atribuyen á la civilización.--Necesidad

de que no se pierda en costumbres lo que se gana en adelanto

material.--El progreso es ley del individuo y de las sociedades.--La

civilización no debe desentenderse del elemento físico, moral é

intelectual.--Divergencia de opiniones acerca de las causas que

originan el progreso.--Teorías de Buckle, Darwin, Bahehot, Guizot,

Balmes y Severo Catalina.--Carácter de la civilización antigua del

continente americano.--La organización política de los virreinatos

y capitanías generales de la América española, era un trasunto

de la preexistente manera de ser de los indios.--Los indios son

susceptibles de desenvolver su cultura y progreso.--Reseña de

las principales poblaciones de indios de Guatemala, su número de

habitantes, su agricultura, industria, comercio y demás cosas

notables.--Los trabajos públicos en algunas poblaciones de la Verapaz

y de los Altos han hecho emigrar á muchos indios.--Medios de evitar

que se ahuyenten de los pueblos.--Cómo Napoleón III civilizó los

pueblos de la Sologne y de los Landes, que estaban tan atrasados como

los indios guatemaltecos.--Causas que se han opuesto al desarrollo

de la cultura de éstos.--Falta de estímulos que han tenido y la

abyección en que han estado.--Remedios contra ese obstáculo, y modos

de removerlo.--Concursos regionales.--Los idiomas primitivos de los

indios no los dejan progresar.--Opinión sobre ese punto del sabio

don José Cecilio del Valle.--Lo que acerca de tales lenguas, pensaba

Solórzano y Pereira.--Medios que pueden emplearse á fin de que todos

los indios hablen castellano.--La tercera causa del estancamiento

de los indios es que no tienen necesidades que los impulsen al

trabajo y al mejoramiento de su condición.--La ignorancia en que

vegetan obsta á su civilización.--El mundo antiguo se civilizó por

castas privilegiadas, mientras que el mundo moderno se civilizó por

la instrucción primaria, gratuita, obligatoria y práctica.--Cuál

ha de ser el sistema de escuelas para los indios, que concilíe el

instinto que ellos tienen de acostumbrar, desde niños, á sus hijos

al trabajo.--Escuela Normal de indios.--Escuelas rurales.--Escuelas

de Agricultura.--La embriaguez entre los indios.--Lo que de

ellos dicen Acosta, Herrera y Garcilaso.--El Concilio Limense

II y las cédulas reales que la reprimían.--Auto acordado de la

Audiencia de Guatemala de 26 de Junio de 1793, sobre la ebriedad

de los indios.--El pueblo de Santa Catarina Ixtahuacán y el de

Nahualá no permiten licores embriagantes dentro de su demarcación

territorial.--Lejos de fomentar la embriaguez debe reprimirse.--Bando

célebre del año 1804, del Capitán General Mollinedo y Saravia

contra las borracheras de los indios.--Medidas que á ese respecto

deben tomarse.--La sexta causa de estacionamiento de los indios

es la propiedad de tierras comunales.--Cómo debe fomentarse su

agricultura.--Medidas que deben dictarse en orden á las industrias

indígenas.--Opinión del ilustre D. Melchor Gaspar de Jovellanos,

en cuanto á terrenos en común.--Lo que debe hacer el Gobierno á

ese respecto.--Malos tratamientos dados á los indios y desprecio

con que se les mira.--Sociedades protectoras de indios, que deben

fundarse.--Los mandamientos deben suprimirse.--Debe crearse Jueces

de Agricultura.--La 9ª causa del poco progreso de los indios es

su pereza é indolencia.--Causas que las han producido y medios de

combatirlas.--Las colectividades concentradas de los pueblos indianos

que viven aislados del resto de la sociedad, se oponen al avance de

su civilización.--Esas masas humanas en América, al fin del siglo

XIX, son anacronismos vivientes.--Hay que hacer por que entren en

roce con los _ladinos_.--Lo que pasó en Chile y la Argentina respecto

de esas agrupaciones precolombinas.--Leyes que deben dictarse.--Un

Código Rural.--Lo que dice la escritora peruana Sra. Matto de Turner

respecto á los aborígenes del Nuevo Mundo.--Las sombras de Colón y

Las Casas demandan que se les redima, ampare y civilice.

Decía Chateaubriand que se pierde en costumbres lo que se gana en

luces, y que éstas parecen de tal suerte colocadas por la naturaleza,

que las unas se corrompen siempre en favor del engrandecimiento de las

otras, cual si la balanza estuviese destinada á hacer imposible la

perfección entre los hombres. Los griegos al civilizarse, perdieron la

pureza de costumbres. ¡Felices si no hubieran trocado las virtudes que

los salvaron de Jerjes, por los vicios que los pusieron en manos de

Filipo!

Y muchos, entre nosotros, aun sin saber esa cita histórica, sostienen

que los indios hoy, en su rudeza, están mejor que si se les saca de

ella; porque, al civilizarse, tendrán todos los defectos del _ladino_

y las malas condiciones del aborigen, con los achaques consiguientes á

las nuevas necesidades que se les producen. La civilización, dicen, á

la par que fomenta las artes y la industria; que perfecciona, propaga

y generaliza los objetos de comodidad y lujo, dando brillo y esplendor

á la sociedad; desarrolla el deseo de adquirir, hace que la pasión

del lujo se encienda, y que todo se sujete al cálculo frío y á la ley

del oro. Si los indios se civilizan serán menos morigerados y menos

dichosos, exclaman aquellos que cifran la moral en lo primitivo de la

vida, y la dicha suprema en acercarse más al bruto.

Sin negar que la refinada civilización de los pueblos modernos, de

Europa sobre todo, produce ciertas excrecencias, si se puede decir

así, es evidente que las costumbres, el carácter y la ventura de las

naciones y de los individuos, ganan con la civilización. Lo que se

hace preciso, y no debe olvidarse en cuanto á los indios, es que,

al procurar civilizarlos, ha de tratarse de moralizarlos, de que no

pierdan en costumbres lo que ganen en adelanto material.

Los que cifran la civilización sólo en el goce propio, y dicen como

el célebre orador revolucionario, que la sociedad humana no es más

que una guerra de astucia, en la que la fortuna es la regla de lo

justo, la probidad un negocio de placer ó de decoro, y el mundo

el patrimonio de los bribones más diestros; los que, cual Hobbes,

proclaman el egoísmo, como regla de conducta, no comprenden que la base

de la civilización es la moral sublime que predica la caridad y el

desprendimiento. Sin el altruismo no puede subsistir la sociedad. El

progreso es ley del individuo y de los pueblos; pero no cabe progreso

verdadero y que produzca bienestar social, si no se forman costumbres

puras. En cada sér viviente hay fuerza misteriosa de crecimiento;

en todas las agregaciones de seres animados, existe un elemento de

contínuo desarrollo, bajo condiciones favorables, en lo físico y en

lo moral. Todo nuestro progreso, al sentir de Emerson, consiste en

el desenvolvimiento ordenado, que se asemeja al paulatino crecer del

botón, que se vuelve flor, para dar fruto.

En lo material, el hombre se halla sujeto á leyes físicas; en lo mental

á preceptos que rigen el entendimiento; en lo moral á reglas que

estatuyen lo que es bueno. La civilización no debe desentenderse de

ninguno de esos tres elementos esenciales. La sociología los estudia y

toma en cuenta.

Empero, no estan de acuerdo los pensadores acerca de las causas

que originan el fenómeno del progreso.[191] Los unos buscan en lo

intelectual el germen del desarrollo externo; los otros cifran en el

elemento del alma, el vital principio del progreso, y atribuyen á la

religión todos los beneficios del esparcimiento de las luces; éste,

hace consistir el fundamento de su teoría en la moral innata; el otro,

en las fuerzas de la naturaleza y en el destino del hombre. Autores

hay que profesan el principio de que las causas morales producen las

físicas; al paso que no faltan filósofos que piensan que las causas

físicas engendran las morales.

[191] La escuela espiritualista, la positivista, la

antropológica, la evolucionista etc., establecen diversas

teorías acerca del progreso.

Así, Mr. Buckle procura demostrar que el desarrollo del hombre es

del todo proveniente de los elementos físicos que lo rodean. Darwin

establece la evolución, por transmutarse el sistema nervioso de padres

á hijos. Bahehot contempla esa fuerza natural que, de edad en edad, va

creando la civilización, como una cinta de colores, que cada vez recibe

más obscuros tintes, por la agregación sucesiva de fuerzas. Guizot y

Didón atribuyen al cristianismo la actual moderna cultura. Balmes y

Severo Catalina quieren que el Pontificado Romano sea el centro de las

fuerzas morales, que han hecho crecer á los pueblos.[192]

[192] Balmes decía "que la civilización es la mayor suma de

moralidad, la mayor suma de inteligencia, la mayor suma de

bienestar en el mayor número posible de seres humanos."

Cuestiones son éstas, que se ven al trasluz de las ideas y

preocupaciones de cada cual; pero que demuestran en todo caso que

la fórmula del progreso es complicada, y que, al tratarse de la

civilización de una colectividad, se han de aprovechar todos los

elementos, en el orden material, intelectual y moral.

Viniendo ya al punto del mayor avance de la civilización de nuestros

indios, cabe observar que la cultura aborigen se perdió por completo.

Los quichés y cackchiqueles revelan su pasada grandeza; pero no dan

muestra hoy de ella,[193] porque la más leve chispa de desenvolvimiento

de esa raza alarmaba á los conquistadores. Que hay gérmenes de

perfectibilidad en esos pueblos, lo prueba su misma historia. Lo que

se necesita es que se desarrollen y fecunden. Los abona la tradición

de lo que fueron; les son favorables los elementos físicos del suelo

en que viven; pero hay que poner los medios para que dejen ese sistema

de comunidad; ese traje común é invariable; ese alimento bárbaro de

_totopoxte y chile_; esas lenguas antediluvianas; ese rancho agreste,

mansión primitiva y rústica; en una palabra, hay que sacar á los indios

de la manera de ser que tienen, estancada y oriental.

[193] Bancroft, tít. II, pág. 82.

La organización de los virreinatos y de las capitanías generales de

la América española, se basó en la preexistente manera de gobernarse

que los mismos indios tenían. Ora formaron comunismos teocráticos, no

ya en favor del régulo, sino en pro del fraile ó del encomendero; ora

el socialismo gubernativo de las tribus se explotaba por medio de los

mismos señores principales indios, en favor del conquistador ó del

cura; ora la plebe indiana, cual rebaño de carneros, era dominada,

primero por sus caciques, luego por los gobernadores, en seguida por

los magistrados de las Audiencias y Presidentes ó Virreyes, mientras

allá en España, dictaban leyes los monarcas iberos, con todo el

aparato del Consejo de las Indias. Así nunca hubieran los aborígenes

podido mejorar de condición; no obstante los más filantrópicos deseos

de Doña Isabel la Católica y todos sus sucesores regios.

Después de la independencia de los Estados hispano americanos, puede

asegurarse que los indios siguieron casi lo mismo que antes, ya

de instrumentos de algún jefe militar afortunado; ya sirviendo de

acémilas para conducir mercaderías ó bagaje de guerra; ya explotados

por algún sátrapa de la canalla, de esos que el viento revolucionario

ha solido convertir en mandarines de facciones y promovedores de

bochinches;--bien que con el roce que han tenido los aborígenes con los

_ladinos_, muchos de aquellos han salido de su antigua condición, en

Méjico, Centro América, el Ecuador, Venezuela, Colombia, Perú, Paraguay

y Bolivia, en donde una parte de la población civilizada es de raza

indiana, más ó menos pura.

No puede, pues, revocarse á duda que son los indios muy susceptibles

de desenvolver su civilización y acrecentar su progreso. No será la

generación presente de los aborígenes, la que pueda entrar de lleno

en el estado de cultura que se apetece; pero las generaciones nuevas,

tiernas y flexibles, se acomodarán á las exigencias del siglo y á las

nobles aspiraciones de los que filantrópicamente se empeñan por el bien

de los aborígenes y el engrandecimiento de Guatemala. Véase, si nó,

cómo pueblos extensos de indios ya se confundieron con el resto de la

gente _ladina_. No hace muchos años que en Jocotenango, existía una

numerosa población de aborígenes, vestidos á usanza indiana, hablando

su primitiva lengua, y formando una villa con sus _justicias_, su

templo, su cementerio y su cárcel. Hoy los hijos de esos _jocotecos_

son casi todos albañiles, y ya salieron de su condición de indios,

volviéndose _ladinos_, olvidando su lengua y vistiéndose como las

gentes del pueblo. Cuando uno va á pasear por ese barrio de la capital,

con dirección al Hipódromo, apenas recuerda que cerca de la altísima

ceiba que está junto á la antigua fuente, hubo una iglesia y un

camposanto, de un pueblo numeroso de indios puros.

El hombre es como el diamante, que se pulimenta con el roce. Inmediatos

á esta capital, los _jocotecos_ acabaron por amalgamarse con el

pueblo ladino; y así, de esa suerte, viene sucediendo con casi todos

los pueblos cercanos á los centros de riqueza. La civilización es

contagiosa y se expande é infiltra á las gentes que se hallan más

próximas á los focos de cultura y comercio.

El pueblo de Mixco, de donde vienen nodrizas á servir á las casas

acomodadas de esta capital, ya está bastante civilizado, y acabará por

tener los usos y costumbres de la gente _ladina_.

Si se fija la vista en los indios de la Verapaz, de esa zona tan rica

de la república, que en sus nueve décimas partes está poblada por

aborígenes, se notará que tienen buena índole, y que si en algunos

puntos reinan preocupaciones de castas, debe atribuirse á ciertos

ladinos que se han establecido en medio de ellos, dándoles malos

ejemplos. "Los naturales de San Juan Chamelco, el pueblo más antiguo de

la Alta Verapaz, hacen el comercio de loza inglesa, que van á comprar

á Izabal, y que llevan á la capital, al Salvador y á otros puntos

remotos, trayendo á su regreso efectos de aquellos lugares. Los de

Rabinal vienen á la capital y á Chiquimulilla, donde se abastecen de

sal: los de Cahabón traen algodón y cacao, que van expendiendo hasta

Guatemala: los sampedranos viajan por la costa E. de Verapaz, donde

tienen sus _milperías_ y sus crianzas de cerdos, cosechan cacao y

zarzaparrilla: van á las salinas de los Nueve Cerros, al Petén, etc.

Los tactiqueños, generalmente cargadores, trafican desde Telemán y

Panzós hasta Guatemala y los Altos: los indios de San Cristóbal y Santa

Cruz, venden en toda la república lazos, redes, _suyacales_, huevos,

etc. En fin, los de Cobán son algo más sedentarios; con todo, algunos

de esos indios son nómades, y muchos de esos pueblos proveen de brazos

á las doscientas fincas de café, que cuentan con tres millones y medio

de árboles.

"Poco tiempo después de su establecimiento en la Verapaz, los

domínicos, con el doble objeto de completar la educación religiosa de

los indios y de reunirlos en las ciudades recién formadas, instituyeron

varias cofradías, y he aquí el origen del gran número de estas

asociaciones religiosas.

"Ocioso me parece entrar en pormenores acerca de los gastos y varios

otros compromisos á que están sujetos todos los individuos de una

cofradía; y son muchos los indígenas que, para evitar se les nombre

mayordomos, prefieren abandonar sus casas é internarse en las montañas.

Es mayor del que se piensa el número de los que se han desterrado

voluntariamente[194]. Hay también que advertir, que algunos mayordomos

de cofradía, que no son muy buenos administradores, por lo menos,

tienen á veces que vender sus animales y hasta su casa, cuando se trata

de celebrar la festividad de algún santo.

[194] El obligar á los indios á trabajos públicos, como el del

palacio municipal de Cobán, sin retribuirles como era debido,

ha sido una de las causas de que muchos emigren.

"He dicho que algunos indios son nómades, y esto es tan exacto, que

durante la mayor parte del año, no se encuentra en el pueblo de San

Pedro Carchá (el más numeroso de la Alta Verapaz, que hoy tiene 4,500

habitantes), sino la décima parte de ellos. Casi todos viven en sus

_milperías_, las cuales distan hasta treinta leguas de San Pedro. Es

bien sabido que los indios de ese pueblo en la Alta Verapaz y los de

Santa Catarina Ixtahuacán en los Altos, no cesan de pedir tierras, y

tratan de invadir constantemente terrenos ajenos. En la fiesta titular

de Carchá (29 de junio) se puede juzgar del número de los sampedranos,

porque entonces van á celebrar la fiesta del Patrón, consumiendo en

menos de seis días, cerca de dos mil quinientas arrobas de aguardiente

flojo, de mal gusto, entregándose á los regocijos semirreligiosos,

que se resienten de antiguas costumbres, á zarabandas, bailes, etc.

Escogen estos días para traer de la montaña á los niños, á fin de

hacerlos bautizar: el número de bautizmos asciende á veces á más de

ciento en un sólo día; y también traen á los moribundos para que el

padre les administre los últimos sacramentos. La disminución de un

pueblo que tuvo más de veinte mil almas, y el haberse dispersado en las

montañas, es sin duda un mal grave, que debiera remediarse por medio

de la predicación, de la persuasión, de la instrucción pública, del

establecimiento de un hospital, y de un asilo para los huérfanos y los

impedidos. De esta diseminación resulta evidentemente el relajamiento

de las buenas costumbres, la falta total de instrucción en los niños, y

esa timidez casi salvaje que se nota entre muchos indios, pues en los

caminos reales se ve frecuentemente á las mujeres huir de la vista de

un pasajero, esconder sus niños y ocultarse en el monte, hasta que ha

desaparecido el _español_.

"Estos pormenores tienen su significación, y por eso los refiero aquí

sin exagerar nada, y con el verdadero pesar que producen á todo aquel

que abriga simpatías por la desgraciada raza indígena.

"Los trabajos públicos emprendidos en una grande escala, de algunos

años acá, en los pueblos de la Verapaz, han ahuyentado á muchos

indígenas, porque no se les da salario ninguno. De ahí resulta que

cuesta trabajo conseguir peones para el servicio de las fincas, que

muchas veces los mozos pagados anticipadamente, según la costumbre, por

los empresarios de cafetales, están ocupados por la municipalidad del

lugar, que no concede á las empresas toda la importancia que tienen,

y no preve que el engrandecimiento de esos pueblos está fundado en la

protección que dé á la agricultura. Es, pues, necesario tratar de hacer

cesar dichos inconvenientes, nombrando _ad hoc Jueces de Agricultura_,

encargados de sistemar el trabajo de los mozos, conciliando á

la vez los intereses del pueblo y los de los agricultores, que

gastan cuantiosas sumas para dar al país un importantísimo ramo de

importación. Muchos son hoy día los empresarios que, alhagados por el

número de brazos, la feracidad del suelo, la proximidad de la Alta

Verapaz á los puertos del Atlántico, y por el decidido empeño del

supremo gobierno en el cultivo del café, expresan los mismos deseos.

Los _Jueces de Agricultura_, bien organizados, debían existir en toda

la república.

"Uno de los medios que debe contribuir, con el tiempo, á impedir la

inmigración de los indios á las montañas, consistirá en el cultivo

del trigo, que se da en las partes frías próximas á los pueblos. Este

cultivo dará á los terrenos un valor más grande, proporcionará á los

cultivadores un punto de venta seguro y lucrativo, y mejorando la

alimentación de estos pueblos, introducirá el bienestar poco á poco

entre ellos. Al lado del trigo, se podrán cultivar las papas, que se

dan durante todo el año en la Alta Verapaz, y suministran un alimento

sano y nutritivo. El cacahuete, _manilla_ ó cacao de la tierra, es

otro cultivo importante, del cual pocas personas se forman una idea

exacta. El cacahuete necesita muy pocos trabajos, y produce más que

cualquiera otra clase de plantas; las matas secas arrancadas en tiempo

de la cosecha, forman el mejor pasto que se pueda dar á los ganados;

la almendra subterránea que se saca del suelo como las papas, es un

verdadero frijol aceitoso, es decir, un alimento de primer orden: da

un 40 p.% de un aceite exquisito, tanto para comer, como para quemar,

hacer jabón etc. El residuo de la preparación, harto fácil, de este

aceite, es el mejor alimento que se pueda dar á los cerdos y á las aves

domésticas. En fin, el cacahuete da su cosecha á los seis meses, crece

en los terrenos más arenosos, en tierra caliente, templada y fría. En

Cobán esta planta prospera de un modo extraordinario.

"En lugar de un cafetal de comunidad, como el que hubo en Cobán,

sería preferible una _Escuela Municipal de Agricultura_: que en un

terreno adecuado, la municipalidad enseñara á los indios el cultivo

del trigo, de las papas, de la _manilla_, del lino, de las abejas, y

que distribuyera al fin del año á los más inteligentes, semillas para

su reproducción, útiles nuevos de labranza, instrumentos de música

europeos, premiando cada año en una junta solemne, los esfuerzos de

los colonos, y distribuyendo también recompensas á los servidores

constantes y probos que se le designasen en todas las fincas. Acaso

los empresarios de cafetales contribuirían con gusto á los gastos que

demandase semejante institución.

"Por medios análogos se ha mejorado de un modo incontestable la

situación moral y física de algunos pueblos de Francia, los cuales

no vacilo en decirlo, eran tan atrasados como los de la Verapaz, y

acaso más miserables. Napoleón III, realizó semejantes proyectos,

reputados poco antes de él como sueños, utopías, ideas comunistas.

Así es que la memoria de este monarca, á pesar de sus errores, vivirá

eternamente grabada en el corazón de los pueblos de la Sologne y de los

Landes."[195]

[195] Julio Rossignon.--El porvenir de la Verapaz.

Los Indios, su Historia y su Civilización · 第 19 / 23 段