siendo inocentes, deben respetarse; y aún conservan en su
organización social y política, tradiciones admirables. En
Nahualá, en Santa Catarina, en Santo Tomás Chichicastenango
y en algunos otros pueblos se gobiernan de este modo: el
gobernador y la municipalidad actúan en los casos comunes
sujetos á su jurisdicción; pero si es extraordinario, lo
someten á la decisión de la Junta de Notables, que sólo se
compone de los individuos que han servido cargos públicos, de
alcaldes primeros en adelante. Si el negocio es muy arduo, y
puede comprometer los intereses generales del pueblo, acuden
al Consejo de los Ancianos, compuesto de los hombres de más
edad y experiencia, cuyo parecer es sagrado para todos, aunque
contraríe sus intereses ú opiniones.
CAPITULO CUARTO
=Ventajas é inconvenientes de la civilización. Elementos
que la constituyen. Reseña de los principales
pueblos indígenas de Guatemala. Escollos con
que tropieza el desarrollo de su civilización.
Medios que pueden emplearse para lograr
su avance. =
SUMARIO
Inconvenientes que se atribuyen á la civilización.--Necesidad
de que no se pierda en costumbres lo que se gana en adelanto
material.--El progreso es ley del individuo y de las sociedades.--La
civilización no debe desentenderse del elemento físico, moral é
intelectual.--Divergencia de opiniones acerca de las causas que
originan el progreso.--Teorías de Buckle, Darwin, Bahehot, Guizot,
Balmes y Severo Catalina.--Carácter de la civilización antigua del
continente americano.--La organización política de los virreinatos
y capitanías generales de la América española, era un trasunto
de la preexistente manera de ser de los indios.--Los indios son
susceptibles de desenvolver su cultura y progreso.--Reseña de
las principales poblaciones de indios de Guatemala, su número de
habitantes, su agricultura, industria, comercio y demás cosas
notables.--Los trabajos públicos en algunas poblaciones de la Verapaz
y de los Altos han hecho emigrar á muchos indios.--Medios de evitar
que se ahuyenten de los pueblos.--Cómo Napoleón III civilizó los
pueblos de la Sologne y de los Landes, que estaban tan atrasados como
los indios guatemaltecos.--Causas que se han opuesto al desarrollo
de la cultura de éstos.--Falta de estímulos que han tenido y la
abyección en que han estado.--Remedios contra ese obstáculo, y modos
de removerlo.--Concursos regionales.--Los idiomas primitivos de los
indios no los dejan progresar.--Opinión sobre ese punto del sabio
don José Cecilio del Valle.--Lo que acerca de tales lenguas, pensaba
Solórzano y Pereira.--Medios que pueden emplearse á fin de que todos
los indios hablen castellano.--La tercera causa del estancamiento
de los indios es que no tienen necesidades que los impulsen al
trabajo y al mejoramiento de su condición.--La ignorancia en que
vegetan obsta á su civilización.--El mundo antiguo se civilizó por
castas privilegiadas, mientras que el mundo moderno se civilizó por
la instrucción primaria, gratuita, obligatoria y práctica.--Cuál
ha de ser el sistema de escuelas para los indios, que concilíe el
instinto que ellos tienen de acostumbrar, desde niños, á sus hijos
al trabajo.--Escuela Normal de indios.--Escuelas rurales.--Escuelas
de Agricultura.--La embriaguez entre los indios.--Lo que de
ellos dicen Acosta, Herrera y Garcilaso.--El Concilio Limense
II y las cédulas reales que la reprimían.--Auto acordado de la
Audiencia de Guatemala de 26 de Junio de 1793, sobre la ebriedad
de los indios.--El pueblo de Santa Catarina Ixtahuacán y el de
Nahualá no permiten licores embriagantes dentro de su demarcación
territorial.--Lejos de fomentar la embriaguez debe reprimirse.--Bando
célebre del año 1804, del Capitán General Mollinedo y Saravia
contra las borracheras de los indios.--Medidas que á ese respecto
deben tomarse.--La sexta causa de estacionamiento de los indios
es la propiedad de tierras comunales.--Cómo debe fomentarse su
agricultura.--Medidas que deben dictarse en orden á las industrias
indígenas.--Opinión del ilustre D. Melchor Gaspar de Jovellanos,
en cuanto á terrenos en común.--Lo que debe hacer el Gobierno á
ese respecto.--Malos tratamientos dados á los indios y desprecio
con que se les mira.--Sociedades protectoras de indios, que deben
fundarse.--Los mandamientos deben suprimirse.--Debe crearse Jueces
de Agricultura.--La 9ª causa del poco progreso de los indios es
su pereza é indolencia.--Causas que las han producido y medios de
combatirlas.--Las colectividades concentradas de los pueblos indianos
que viven aislados del resto de la sociedad, se oponen al avance de
su civilización.--Esas masas humanas en América, al fin del siglo
XIX, son anacronismos vivientes.--Hay que hacer por que entren en
roce con los _ladinos_.--Lo que pasó en Chile y la Argentina respecto
de esas agrupaciones precolombinas.--Leyes que deben dictarse.--Un
Código Rural.--Lo que dice la escritora peruana Sra. Matto de Turner
respecto á los aborígenes del Nuevo Mundo.--Las sombras de Colón y
Las Casas demandan que se les redima, ampare y civilice.
Decía Chateaubriand que se pierde en costumbres lo que se gana en
luces, y que éstas parecen de tal suerte colocadas por la naturaleza,
que las unas se corrompen siempre en favor del engrandecimiento de las
otras, cual si la balanza estuviese destinada á hacer imposible la
perfección entre los hombres. Los griegos al civilizarse, perdieron la
pureza de costumbres. ¡Felices si no hubieran trocado las virtudes que
los salvaron de Jerjes, por los vicios que los pusieron en manos de
Filipo!
Y muchos, entre nosotros, aun sin saber esa cita histórica, sostienen
que los indios hoy, en su rudeza, están mejor que si se les saca de
ella; porque, al civilizarse, tendrán todos los defectos del _ladino_
y las malas condiciones del aborigen, con los achaques consiguientes á
las nuevas necesidades que se les producen. La civilización, dicen, á
la par que fomenta las artes y la industria; que perfecciona, propaga
y generaliza los objetos de comodidad y lujo, dando brillo y esplendor
á la sociedad; desarrolla el deseo de adquirir, hace que la pasión
del lujo se encienda, y que todo se sujete al cálculo frío y á la ley
del oro. Si los indios se civilizan serán menos morigerados y menos
dichosos, exclaman aquellos que cifran la moral en lo primitivo de la
vida, y la dicha suprema en acercarse más al bruto.
Sin negar que la refinada civilización de los pueblos modernos, de
Europa sobre todo, produce ciertas excrecencias, si se puede decir
así, es evidente que las costumbres, el carácter y la ventura de las
naciones y de los individuos, ganan con la civilización. Lo que se
hace preciso, y no debe olvidarse en cuanto á los indios, es que,
al procurar civilizarlos, ha de tratarse de moralizarlos, de que no
pierdan en costumbres lo que ganen en adelanto material.
Los que cifran la civilización sólo en el goce propio, y dicen como
el célebre orador revolucionario, que la sociedad humana no es más
que una guerra de astucia, en la que la fortuna es la regla de lo
justo, la probidad un negocio de placer ó de decoro, y el mundo
el patrimonio de los bribones más diestros; los que, cual Hobbes,
proclaman el egoísmo, como regla de conducta, no comprenden que la base
de la civilización es la moral sublime que predica la caridad y el
desprendimiento. Sin el altruismo no puede subsistir la sociedad. El
progreso es ley del individuo y de los pueblos; pero no cabe progreso
verdadero y que produzca bienestar social, si no se forman costumbres
puras. En cada sér viviente hay fuerza misteriosa de crecimiento;
en todas las agregaciones de seres animados, existe un elemento de
contínuo desarrollo, bajo condiciones favorables, en lo físico y en
lo moral. Todo nuestro progreso, al sentir de Emerson, consiste en
el desenvolvimiento ordenado, que se asemeja al paulatino crecer del
botón, que se vuelve flor, para dar fruto.
En lo material, el hombre se halla sujeto á leyes físicas; en lo mental
á preceptos que rigen el entendimiento; en lo moral á reglas que
estatuyen lo que es bueno. La civilización no debe desentenderse de
ninguno de esos tres elementos esenciales. La sociología los estudia y
toma en cuenta.
Empero, no estan de acuerdo los pensadores acerca de las causas
que originan el fenómeno del progreso.[191] Los unos buscan en lo
intelectual el germen del desarrollo externo; los otros cifran en el
elemento del alma, el vital principio del progreso, y atribuyen á la
religión todos los beneficios del esparcimiento de las luces; éste,
hace consistir el fundamento de su teoría en la moral innata; el otro,
en las fuerzas de la naturaleza y en el destino del hombre. Autores
hay que profesan el principio de que las causas morales producen las
físicas; al paso que no faltan filósofos que piensan que las causas
físicas engendran las morales.
[191] La escuela espiritualista, la positivista, la
antropológica, la evolucionista etc., establecen diversas
teorías acerca del progreso.
Así, Mr. Buckle procura demostrar que el desarrollo del hombre es
del todo proveniente de los elementos físicos que lo rodean. Darwin
establece la evolución, por transmutarse el sistema nervioso de padres
á hijos. Bahehot contempla esa fuerza natural que, de edad en edad, va
creando la civilización, como una cinta de colores, que cada vez recibe
más obscuros tintes, por la agregación sucesiva de fuerzas. Guizot y
Didón atribuyen al cristianismo la actual moderna cultura. Balmes y
Severo Catalina quieren que el Pontificado Romano sea el centro de las
fuerzas morales, que han hecho crecer á los pueblos.[192]
[192] Balmes decía "que la civilización es la mayor suma de
moralidad, la mayor suma de inteligencia, la mayor suma de
bienestar en el mayor número posible de seres humanos."
Cuestiones son éstas, que se ven al trasluz de las ideas y
preocupaciones de cada cual; pero que demuestran en todo caso que
la fórmula del progreso es complicada, y que, al tratarse de la
civilización de una colectividad, se han de aprovechar todos los
elementos, en el orden material, intelectual y moral.
Viniendo ya al punto del mayor avance de la civilización de nuestros
indios, cabe observar que la cultura aborigen se perdió por completo.
Los quichés y cackchiqueles revelan su pasada grandeza; pero no dan
muestra hoy de ella,[193] porque la más leve chispa de desenvolvimiento
de esa raza alarmaba á los conquistadores. Que hay gérmenes de
perfectibilidad en esos pueblos, lo prueba su misma historia. Lo que
se necesita es que se desarrollen y fecunden. Los abona la tradición
de lo que fueron; les son favorables los elementos físicos del suelo
en que viven; pero hay que poner los medios para que dejen ese sistema
de comunidad; ese traje común é invariable; ese alimento bárbaro de
_totopoxte y chile_; esas lenguas antediluvianas; ese rancho agreste,
mansión primitiva y rústica; en una palabra, hay que sacar á los indios
de la manera de ser que tienen, estancada y oriental.
[193] Bancroft, tít. II, pág. 82.
La organización de los virreinatos y de las capitanías generales de
la América española, se basó en la preexistente manera de gobernarse
que los mismos indios tenían. Ora formaron comunismos teocráticos, no
ya en favor del régulo, sino en pro del fraile ó del encomendero; ora
el socialismo gubernativo de las tribus se explotaba por medio de los
mismos señores principales indios, en favor del conquistador ó del
cura; ora la plebe indiana, cual rebaño de carneros, era dominada,
primero por sus caciques, luego por los gobernadores, en seguida por
los magistrados de las Audiencias y Presidentes ó Virreyes, mientras
allá en España, dictaban leyes los monarcas iberos, con todo el
aparato del Consejo de las Indias. Así nunca hubieran los aborígenes
podido mejorar de condición; no obstante los más filantrópicos deseos
de Doña Isabel la Católica y todos sus sucesores regios.
Después de la independencia de los Estados hispano americanos, puede
asegurarse que los indios siguieron casi lo mismo que antes, ya
de instrumentos de algún jefe militar afortunado; ya sirviendo de
acémilas para conducir mercaderías ó bagaje de guerra; ya explotados
por algún sátrapa de la canalla, de esos que el viento revolucionario
ha solido convertir en mandarines de facciones y promovedores de
bochinches;--bien que con el roce que han tenido los aborígenes con los
_ladinos_, muchos de aquellos han salido de su antigua condición, en
Méjico, Centro América, el Ecuador, Venezuela, Colombia, Perú, Paraguay
y Bolivia, en donde una parte de la población civilizada es de raza
indiana, más ó menos pura.
No puede, pues, revocarse á duda que son los indios muy susceptibles
de desenvolver su civilización y acrecentar su progreso. No será la
generación presente de los aborígenes, la que pueda entrar de lleno
en el estado de cultura que se apetece; pero las generaciones nuevas,
tiernas y flexibles, se acomodarán á las exigencias del siglo y á las
nobles aspiraciones de los que filantrópicamente se empeñan por el bien
de los aborígenes y el engrandecimiento de Guatemala. Véase, si nó,
cómo pueblos extensos de indios ya se confundieron con el resto de la
gente _ladina_. No hace muchos años que en Jocotenango, existía una
numerosa población de aborígenes, vestidos á usanza indiana, hablando
su primitiva lengua, y formando una villa con sus _justicias_, su
templo, su cementerio y su cárcel. Hoy los hijos de esos _jocotecos_
son casi todos albañiles, y ya salieron de su condición de indios,
volviéndose _ladinos_, olvidando su lengua y vistiéndose como las
gentes del pueblo. Cuando uno va á pasear por ese barrio de la capital,
con dirección al Hipódromo, apenas recuerda que cerca de la altísima
ceiba que está junto á la antigua fuente, hubo una iglesia y un
camposanto, de un pueblo numeroso de indios puros.
El hombre es como el diamante, que se pulimenta con el roce. Inmediatos
á esta capital, los _jocotecos_ acabaron por amalgamarse con el
pueblo ladino; y así, de esa suerte, viene sucediendo con casi todos
los pueblos cercanos á los centros de riqueza. La civilización es
contagiosa y se expande é infiltra á las gentes que se hallan más
próximas á los focos de cultura y comercio.
El pueblo de Mixco, de donde vienen nodrizas á servir á las casas
acomodadas de esta capital, ya está bastante civilizado, y acabará por
tener los usos y costumbres de la gente _ladina_.
Si se fija la vista en los indios de la Verapaz, de esa zona tan rica
de la república, que en sus nueve décimas partes está poblada por
aborígenes, se notará que tienen buena índole, y que si en algunos
puntos reinan preocupaciones de castas, debe atribuirse á ciertos
ladinos que se han establecido en medio de ellos, dándoles malos
ejemplos. "Los naturales de San Juan Chamelco, el pueblo más antiguo de
la Alta Verapaz, hacen el comercio de loza inglesa, que van á comprar
á Izabal, y que llevan á la capital, al Salvador y á otros puntos
remotos, trayendo á su regreso efectos de aquellos lugares. Los de
Rabinal vienen á la capital y á Chiquimulilla, donde se abastecen de
sal: los de Cahabón traen algodón y cacao, que van expendiendo hasta
Guatemala: los sampedranos viajan por la costa E. de Verapaz, donde
tienen sus _milperías_ y sus crianzas de cerdos, cosechan cacao y
zarzaparrilla: van á las salinas de los Nueve Cerros, al Petén, etc.
Los tactiqueños, generalmente cargadores, trafican desde Telemán y
Panzós hasta Guatemala y los Altos: los indios de San Cristóbal y Santa
Cruz, venden en toda la república lazos, redes, _suyacales_, huevos,
etc. En fin, los de Cobán son algo más sedentarios; con todo, algunos
de esos indios son nómades, y muchos de esos pueblos proveen de brazos
á las doscientas fincas de café, que cuentan con tres millones y medio
de árboles.
"Poco tiempo después de su establecimiento en la Verapaz, los
domínicos, con el doble objeto de completar la educación religiosa de
los indios y de reunirlos en las ciudades recién formadas, instituyeron
varias cofradías, y he aquí el origen del gran número de estas
asociaciones religiosas.
"Ocioso me parece entrar en pormenores acerca de los gastos y varios
otros compromisos á que están sujetos todos los individuos de una
cofradía; y son muchos los indígenas que, para evitar se les nombre
mayordomos, prefieren abandonar sus casas é internarse en las montañas.
Es mayor del que se piensa el número de los que se han desterrado
voluntariamente[194]. Hay también que advertir, que algunos mayordomos
de cofradía, que no son muy buenos administradores, por lo menos,
tienen á veces que vender sus animales y hasta su casa, cuando se trata
de celebrar la festividad de algún santo.
[194] El obligar á los indios á trabajos públicos, como el del
palacio municipal de Cobán, sin retribuirles como era debido,
ha sido una de las causas de que muchos emigren.
"He dicho que algunos indios son nómades, y esto es tan exacto, que
durante la mayor parte del año, no se encuentra en el pueblo de San
Pedro Carchá (el más numeroso de la Alta Verapaz, que hoy tiene 4,500
habitantes), sino la décima parte de ellos. Casi todos viven en sus
_milperías_, las cuales distan hasta treinta leguas de San Pedro. Es
bien sabido que los indios de ese pueblo en la Alta Verapaz y los de
Santa Catarina Ixtahuacán en los Altos, no cesan de pedir tierras, y
tratan de invadir constantemente terrenos ajenos. En la fiesta titular
de Carchá (29 de junio) se puede juzgar del número de los sampedranos,
porque entonces van á celebrar la fiesta del Patrón, consumiendo en
menos de seis días, cerca de dos mil quinientas arrobas de aguardiente
flojo, de mal gusto, entregándose á los regocijos semirreligiosos,
que se resienten de antiguas costumbres, á zarabandas, bailes, etc.
Escogen estos días para traer de la montaña á los niños, á fin de
hacerlos bautizar: el número de bautizmos asciende á veces á más de
ciento en un sólo día; y también traen á los moribundos para que el
padre les administre los últimos sacramentos. La disminución de un
pueblo que tuvo más de veinte mil almas, y el haberse dispersado en las
montañas, es sin duda un mal grave, que debiera remediarse por medio
de la predicación, de la persuasión, de la instrucción pública, del
establecimiento de un hospital, y de un asilo para los huérfanos y los
impedidos. De esta diseminación resulta evidentemente el relajamiento
de las buenas costumbres, la falta total de instrucción en los niños, y
esa timidez casi salvaje que se nota entre muchos indios, pues en los
caminos reales se ve frecuentemente á las mujeres huir de la vista de
un pasajero, esconder sus niños y ocultarse en el monte, hasta que ha
desaparecido el _español_.
"Estos pormenores tienen su significación, y por eso los refiero aquí
sin exagerar nada, y con el verdadero pesar que producen á todo aquel
que abriga simpatías por la desgraciada raza indígena.
"Los trabajos públicos emprendidos en una grande escala, de algunos
años acá, en los pueblos de la Verapaz, han ahuyentado á muchos
indígenas, porque no se les da salario ninguno. De ahí resulta que
cuesta trabajo conseguir peones para el servicio de las fincas, que
muchas veces los mozos pagados anticipadamente, según la costumbre, por
los empresarios de cafetales, están ocupados por la municipalidad del
lugar, que no concede á las empresas toda la importancia que tienen,
y no preve que el engrandecimiento de esos pueblos está fundado en la
protección que dé á la agricultura. Es, pues, necesario tratar de hacer
cesar dichos inconvenientes, nombrando _ad hoc Jueces de Agricultura_,
encargados de sistemar el trabajo de los mozos, conciliando á
la vez los intereses del pueblo y los de los agricultores, que
gastan cuantiosas sumas para dar al país un importantísimo ramo de
importación. Muchos son hoy día los empresarios que, alhagados por el
número de brazos, la feracidad del suelo, la proximidad de la Alta
Verapaz á los puertos del Atlántico, y por el decidido empeño del
supremo gobierno en el cultivo del café, expresan los mismos deseos.
Los _Jueces de Agricultura_, bien organizados, debían existir en toda
la república.
"Uno de los medios que debe contribuir, con el tiempo, á impedir la
inmigración de los indios á las montañas, consistirá en el cultivo
del trigo, que se da en las partes frías próximas á los pueblos. Este
cultivo dará á los terrenos un valor más grande, proporcionará á los
cultivadores un punto de venta seguro y lucrativo, y mejorando la
alimentación de estos pueblos, introducirá el bienestar poco á poco
entre ellos. Al lado del trigo, se podrán cultivar las papas, que se
dan durante todo el año en la Alta Verapaz, y suministran un alimento
sano y nutritivo. El cacahuete, _manilla_ ó cacao de la tierra, es
otro cultivo importante, del cual pocas personas se forman una idea
exacta. El cacahuete necesita muy pocos trabajos, y produce más que
cualquiera otra clase de plantas; las matas secas arrancadas en tiempo
de la cosecha, forman el mejor pasto que se pueda dar á los ganados;
la almendra subterránea que se saca del suelo como las papas, es un
verdadero frijol aceitoso, es decir, un alimento de primer orden: da
un 40 p.% de un aceite exquisito, tanto para comer, como para quemar,
hacer jabón etc. El residuo de la preparación, harto fácil, de este
aceite, es el mejor alimento que se pueda dar á los cerdos y á las aves
domésticas. En fin, el cacahuete da su cosecha á los seis meses, crece
en los terrenos más arenosos, en tierra caliente, templada y fría. En
Cobán esta planta prospera de un modo extraordinario.
"En lugar de un cafetal de comunidad, como el que hubo en Cobán,
sería preferible una _Escuela Municipal de Agricultura_: que en un
terreno adecuado, la municipalidad enseñara á los indios el cultivo
del trigo, de las papas, de la _manilla_, del lino, de las abejas, y
que distribuyera al fin del año á los más inteligentes, semillas para
su reproducción, útiles nuevos de labranza, instrumentos de música
europeos, premiando cada año en una junta solemne, los esfuerzos de
los colonos, y distribuyendo también recompensas á los servidores
constantes y probos que se le designasen en todas las fincas. Acaso
los empresarios de cafetales contribuirían con gusto á los gastos que
demandase semejante institución.
"Por medios análogos se ha mejorado de un modo incontestable la
situación moral y física de algunos pueblos de Francia, los cuales
no vacilo en decirlo, eran tan atrasados como los de la Verapaz, y
acaso más miserables. Napoleón III, realizó semejantes proyectos,
reputados poco antes de él como sueños, utopías, ideas comunistas.
Así es que la memoria de este monarca, á pesar de sus errores, vivirá
eternamente grabada en el corazón de los pueblos de la Sologne y de los
Landes."[195]
[195] Julio Rossignon.--El porvenir de la Verapaz.