Bien distribuídas, elevan á los habitantes de un país á una posición

favorable, para crear otras nuevas. Si al contrario, la distribución

es de tal suerte viciosa, que unos no tengan casi nada, y los otros

lo tengan casi todo, falta á los primeros el estímulo para alentar

la industria, y los segundos carecen de la posibilidad de hacerlo:

entonces todo se agosta, se embota la inteligencia, y los hombres

no aciertan á procurarse ni placer ni trabajo. Durante el régimen

feudal, el fausto de los señores consistía en rodearse de numerosos

domésticos, y su pasatiempo favorito era la caza. Para satisfacer

estas necesidades, bastaba la renta de sus dominios mal cultivados y

la vasta extensión de sus parques. Las artes les merecían desprecio,

y los pobres vasallos, ni aun podían excitar sus deseos con variedad

de productos. No parece sino que no hay medio alguno de salir de

un estado tal de ignorancia y de miseria, si la experiencia no nos

revelase qué cambios prodigiosos puede obrar, á la larga, una serie

de causas y de efectos, que se hacen causas á su vez y producen

efectos siempre más notables. Sucede, andando el tiempo, que algunos

vasallos más inteligentes que el resto, presentan en los castillos las

primicias de una naciente industria: sus ganancias infunden aliento, y

su ejemplo tiene imitadores. Los grandes propietarios vislumbran que

pueden existir placeres hasta entonces ignorados. Los que viajan, los

que se alejan por causa de las guerras, quedan absortos á la vista

de objetos que les agradan y que desearían encontrar también en su

país. Sensibles á deseos nuevos, conocen la necesidad de aumentar y de

emplear de un modo distinto sus rentas: se interesan por los progresos

del cultivo, á fin de doblar el rendimiento de sus posesiones, despiden

pajes y sus sueldos se cambian en salarios de artesanos. La industria

despierta, la miseria disminuye, la inteligencia se desarrolla, los

capitales se forman, y el trabajo cobra un realce nuevo. En estos

cambios afortunados la distribución de las riquezas se presenta, ya

como efecto, ya como causa; hija de la industria, se convierte en su

custodio y su motor.

Conviene admitir una excepción al principio que hace depender en gran

parte la producción de las riquezas de su oportuna distribución. Hay

parajes en donde están repartidas de la manera más viciosa, y sin

embargo, la producción es considerable. Para realizarse este fenómeno

son precisas dos circunstancias: la una es que los hombres que lo

tienen todo sean inteligentes: la otra que los que nada tienen sean

esclavos. Entonces dichos países se parecen á un vasto taller provisto

de máquinas vivas, á las cuales seres industriosos dan movimiento.

Tales son esas extensas colonias, en donde el europeo condena á los

negros á extenuarse por él. No tratemos de probar que el trabajo de los

hombres libres cueste menos que el de los esclavos: admito este hecho

como dudoso. Acaso, bajo un cielo abrasador, el hombre libre trabajaría

menos que el esclavo: acaso la superioridad de su inteligencia

no ofrecería una suficiente compensación ¿Qué importa que estas

conjeturas sean fundadas ó no? Las cuestiones relativas á la libertad

y á la dignidad del hombre, ¿son cuestiones mercantiles? Cuando los

partidarios del tráfico de los negros, ó de los mandamientos de los

indios, encomian las ganancias de que les son deudores y se imaginan

justificarlo así, creo ver á los ladrones reclamando la impunidad,

porque prueban que sus crímenes les son lucrativos.

Apresurémonos á observar que una producción abundante no puede ser

obtenida por el medio execrable de que acabo de hablar, sino cuando

sea el trabajo tan sencillo que los obreros no tengan necesidad de

inteligencia. Si se pretende que un país sea fecundo en productos

variados, es indispensable poblarle de hombres industriosos y

garantirles el goce del fruto de sus afanes. Así la excepción confirma

el principio de que: "la buena distribución de las riquezas es un medio

eficaz de multiplicarlas."[182]

[182] Economía Política, por J. Droz. traducida por Dn. Manuel

Colmeiro, pág. 56.

Si se quiere engrandecer al país, es preciso que no sean los indios,

(es decir más de las dos terceras partes de la población) para unos

pocos monopolistas; que no sean los indios para la riqueza, sino la

riqueza para distribuirse económicamente entre todos, según su trabajo

y actividad. A cada uno según su capacidad y según sus obras, como

decía el gran economista francés.

En vez de esa _Ley de Trabajadores_, que es absurda y viciosa,

decrétese un _Código Rural_, un cuerpo filosófico de leyes, como lo

hay en la república Argentina y en otras partes, que, calcado sobre

la libertad del trabajo, estatuya todo lo relativo á los deberes,

derechos y obligaciones que entre los peones y patrones existan; los

deberes de estos últimos entre sí, para no arrebatarse al trabajador

que ya tiene compromisos; las habilitaciones que se pueden dar, y la

manera de hacerlas efectivas;[183] la policía rural, que garantice la

agricultura; las prescripciones especiales á los dueños de tierras;

las marcas y contra-marcas; los tránsitos con animales; las cercas;

el abijeato; las rondas; las servidumbres; los caminos; las armas

lícitas y prohibidas; la vagancia; las penas; las prevenciones á las

autoridades políticas; las funciones especiales de los Jueces de

Agricultura; el trabajo de los indios; las cuestiones de salarios;

los trámites fáciles para decidirlas; los juegos de azar; las bebidas

embriagantes, etc.[184].

[183] Este punto de las habilitaciones debiera estudiarse y

reglamentarse bien. Convendría extirpar el abuso que de ellas

se hace, en perjuicio del agricultor y del indio.

[184] Una de las materias que debería simplificarse, en ese

código, es la venta y adquisición de terrenos nacionales, de un

modo fácil y expedito.

Un buen _Código Agrícola_ promovería de una manera asombrosa la

agricultura en Guatemala, ya que no puede dejar de ser fenomenal que

tengamos códigos que reglamenten hasta la marina del país (que no

existe), y no hayamos pensado en lo que más se necesita: en el conjunto

metódico de leyes que reglamente y garantice todo lo relativo á las

personas rurales y á la propiedad rural, en un país como el nuestro,

esencialmente agrícola.

La estatua que se levantará á Fr. Bartolomé de las Casas, debía llevar

ese libro en la mano, con un mote que dijera: _¡Quedan abolidos los

mandamientos! ¡Son libres al fin los indios! ¡Se trabaja por su

civilización!_

"Ya que viven tristemente

bajo la choza ó la tienda,

labrando la ajena hacienda

con el sudor de su frente:

¡Sin esperanza y sin luz!

¡para su existir precario,

cada hacienda es un calvario,

cada cafeto una cruz!"[185]

[185] Joaquín J. Palma.

CAPITULO TERCERO

=Exposición analítica de los métodos empleados para

mejorar la situación de los indios, y resultados que

dieron[186]. La Sociedad Económica de Amigos

del País. Las leyes de reforma relativas á

tierras, censos, ejidos, bienes de comunidad

y cofradías, con respicencia á los

aborígenes de Guatemala=

[186] Esta _exposición analítica_, también la requiere el

decreto gubernativo que abrió el Concurso para que se premiasen

las mejores obras que, después de un _estudio histórico de esa

raza_, propusieran los medios de acrecentar su civilización.

SUMARIO

España durante el reinado de Carlos III.--En 1795 se funda

la Sociedad Económica de Amigos de Guatemala.--En 1797 se

abre un concurso para premiar la mejor obra que demostrara la

utilidad y ventaja de que los indios se calzaran y vistieran á la

española.--Diez memorias fueron presentadas y discutidas.--Obtuvo

el premio la de Fr. Matías Córdova y el _accessit_ la del P.

Fr. Antonio de San José Muro.--Juicio de dichas memorias.--En

1799 la Sociedad Económica abrió otro concurso en favor de la

instrucción de los indios.--Fueron muy mal recibidos en España los

esfuerzos que se hacían por los sabios de Guatemala para regenerar

á los aborígenes.--Real Cédula de disolución de la Sociedad

Económica.--Nota que el señor Villa Urrutia dirigió al Gobernador

y Capitán General, Domás y Valle.--Escuelas de Artes y Oficios que

para los indios se establecieron.--Memoria escrita por el Dr. García

Redondo.--No pudieron dar benéficos resultados los esfuerzos en pro

de los indios, á causa de las circunstancias de la época.--Decreto

de 31 de Octubre de 1851, en favor de los indígenas.--Las leyes de

reforma relativas á tierras, censos, ejidos, bienes de comunidad y

cofradías, con respicencia á los aborígenes de Guatemala.

Sabido es que en España, durante el liberal reinado del ilustre Carlos

III, no sólo se promovió el progreso de la Península, haciéndose

esfuerzos para levantarla de la postración en que yacía, sino que en

favor de las colonias se dictaron benéficas disposiciones. Se comenzaba

á comprender cuánto influye el bienestar y la riqueza de los pueblos

en la grandeza de las naciones; y se fundaban Sociedades Económicas,

encargadas de alentar el desarrollo de los elementos materiales y de

resolver las cuestiones prácticas de la administración pública.

En 1795 se creó para el reino de Guatemala una de esas instituciones,

que fomentó siempre patrióticamente los intereses generales. El

problema de mejorar la manera de ser de los indios, no pasó inadvertido

á la Sociedad Económica de Amigos del País, que abrió un concurso

publico, en Septiembre de 1797, ofreciendo una medalla de oro y el

diploma de Socio de Mérito, al que escribiera la mejor memoria sobre

el tema siguiente: "Demostrar con solidez y claridad las ventajas que

resultarán al Estado de que todos los indios y ladinos de este reino

se calcen y vistan á la española, y las utilidades físicas, morales y

políticas, que experimentarán ellos mismos; proponiendo los medios más

suaves, sencillos y practicables para reducirlos al uso de estas cosas,

sin violencia, coacción ni mandato. Será preferido el que, en igualdad

de circunstancias, manifieste mejor, por vía de ampliación, las mutuas

ventajas que traerá al Estado y á los indios y ladinos el que se haga

general el uso de cama y otros muebles domésticos de necesidad y

comodidad y la mejora de habitaciones.

He aquí á la Sociedad Económica planteando, 96 años hace, bajo una

forma nada pretensiosa, uno de los más importantes problemas sociales,

en cuya resolución podían ocuparse entonces, y al que debieran

consagrar hoy sus meditaciones los hombres pensadores del país.

Tratábase, como se ve, nada menos que de proponer los medios de hacer

entrar en la vida civil y participar de sus beneficios á la clase

aborigen, y otra porción numerosa de la clase menos acomodada de la

sociedad. Teníase en mira, seguramente, la asimilación de las razas

heterogéneas que pueblan este país, y se buscaba la manera de impulsar

el comercio, la industria y las artes, haciendo que contribuyese á

este fin la inmensa mayoría de la población, que entonces como ahora

bastándose á sí misma, llenaba con muy poco, las imitadas necesidades

de una existencia miserable. Tan ilustrados y prudentes como patriotas,

los autores de aquel proyecto comprendieron que la violencia y la

presión producirían, aun en aquellos tiempos, resultados perjudiciales;

tratándose de los indios, clase tan apegada á sus antiguos hábitos;

y por eso exigieron que el plan para civilizarlos, hubiese de excluir

precisamente toda idea de coacción y hasta de mandato. Buscábanse los

medios morales é indirectos, como los más adecuados al fin que la

Sociedad se proponía.

Los hombres inteligentes no vieron con indiferencia el llamamiento que

este ilustre cuerpo hacía al celo patriótico de los guatemaltecos.

Diez memorias se presentaron al concurso, y fueron examinadas y

discutidas por una comisión compuesta de los sujetos más competentes é

imparciales. Una que estaba señalada con el número 7 y se distinguía

por el siguiente epígrafe, tomado de una Oda de Horacio: "_Odi profamum

Vulgus, et arceo_," fué calificada como la más digna del premio;

y abierto el pliego cerrado, que contenía el nombre del autor, se

encontró ser el del P. Fr. Matías Córdova. Obtuvo el "_accessit_"

la del P. Fr. Antonio de San José Muro, Asistente general del Orden

Bethlemítico, que la envió desde Méjico, donde residía. El Dr. Córdova

recibió el día 12 de Diciembre de 1797, en un acto público y solemne,

á que concurrieron las personas más distinguidas de la ciudad, y sobre

ochenta maestros artesanos, el título de Socio de Mérito y la medalla

de oro de tres onzas de peso, con el busto del monarca reinante, las

armas reales, inscripciones y símbolos alusivos al asunto. En aquella

época habían recibido el título de Socios de Mérito dos sujetos

solamente: el hábil ingeniero don Antonio Porta y el sabio naturalista

don José Longinos Martínez, bajo cuya dirección se formó el primer

gabinete de historia natural que hubo en Guatemala. Esa circunstancia

hace más valiosa la honra concedida al P. Córdova.

La Memoria premiada está escrita con sencillez, claridad y buena

lógica, y propone los medios más adecuados para ir logrando, poco á

poco, destruir las preocupaciones que, á juicio del autor, son, más

aún que la falta de medios, las que se oponen á que las clases india

y ladina entren de lleno á participar de todos los beneficios de la

vida civil, y contribuyan al fomento del comercio, industria y artes.

Contiene algunos pensamientos que me parecen dignos de recordarse.

Hablando de la influencia que el traje ejerce en la opinión, dice:

"No acabamos de creer que el vestido forma la opinión, por una fuerza

con que atrae á los hombres la exterioridad. Todavía no basta la

experiencia para hacernos conocer que los medios directos no son

los más eficaces, y que es preciso valerse de algunas flaquezas del

corazón, para fortalecerlo en la virtud." Aludiendo á la funesta

propensión de la clase indígena al vicio de la embriaguez, el

elocuente religioso se expresa en estos términos, que no sé si podrían

considerarse hoy como harto previsores: "Si no se emprende mantener

el equilibrio de las necesidades, cada día hará más progresos la

embriaguez."[187]

[187] José Milla.--Discurso en elogio de Fr. Matías Córdova.

En el Archivo antiguo de la extinguida Sociedad Económica de Guatemala,

que se conserva en la Biblioteca Nacional, se registra el legajo que

lleva el número 2, y en él se encuentra un expediente compuesto de

sesenta y nueve fojas, que revela con claridad el sistema político del

reinado de Carlos IV de España, con respecto á las colonias de América,

en contraposición al del ilustre Carlos III. En dicho expediente

aparece que en el año 1799, aquella patriótica asociación abrió otros

concursos, no sólo en materias artísticas é industriales, sino también

en asuntos económicos de harta trascendencia, ofreciendo premios para

el que desarrollase tesis ó proposiciones, como esta: "_A la que

demuestre más fundadamente la utilidad del establecimiento general

de escuelas de primeras letras en los pueblos de indios; obstáculos

que hasta aquí lo han impedido, y arbitrios para que removidas éstas,

puedan lograr los naturales la conveniente instrucción recomendada por

diferentes reales cédulas_ (alude á las de Carlos III).

Hombres como Villa Urrutia, Goicoechea, el Dr. Flores, el Dr. Rayón,

Mociño, Longinos y otros sabios, pretendieron regenerar el país; pero

¿cuál sería su asombro y su dolor cuando después de enviar á España

algunos de los trabajos presentados á los concursos, se recibió por

toda respuesta la Real Cédula, que existe auténtica en el expediente,

y que dice así: "Habiendo dado cuenta al rey de la memoria impresa,

que acompañó V. S. á su carta de 3 de Junio último, escrita por el

socio de mérito Fr. Antonio Muro del orden Bethlemítico, en la que

intenta persuadir la utilidad y medios de que los indios y ladinos

vistan y calcen á la española: ha resuelto S. M. por justas causas y

consideraciones, que esa Sociedad Económica, de que V. S. es Director,

cese enteramente en sus juntas, actos y ejercicios. Lo que de Real

orden aviso á V. S., para que haciendo saber esta real resolución á

los individuos que la componen, tenga cumplido efecto, avisando V.

S. las resultas.--Dios guarde á V. S. muchos años. San Lorenzo, 23

de Noviembre de 1799.--Joseph Antonio de Caballero." El señor Villa

Urrutia, que era el Director de la Sociedad Económica, sintió en el

alma esta resolución, como lo expresa en una elocuente nota que dirigió

al Capitán General y Gobernador, don José Domás y Valle. Así quedó

disuelta la Sociedad Económica de Amigos del País, el 16 de Julio de

1800, y no volvió á restablecerse hasta 1811.

En cinco fojas útiles existe en el mismo Archivo que queda citado, una

certificación del Juez Preventivo de San Agustín Acasaguastlán, del año

1798, en la que testifica que el Cura y Vicario don Tomás Calderón,

tenía fundadas en dicho pueblo cinco escuelas de artes y oficios para

varones, á saber: sastres, zapateros, herreros, pintores y canteros, á

las que concurrían gustosos los indios; y pronto, dice, establecería

una de mujeres. Además, certifica: que el mismo cura, con el objeto

de estimular á los indios, había hecho grandes plantaciones de trigo y

lino, en las montañas hacia el norte del pueblo.

Por ese tiempo se tomaba empeño en acrecentar la civilización de los

indios, como puede notarse también por una memoria escrita por el Socio

de la Económica, Dr. don Antonio García Redondo, sobre el fomento del

cacao, el bienestar de los naturales y varios ramos agrícolas. Es de

citarse igualmente, á tal respecto, la comunicación que dirigió Fr.

José Muñoz, Guardián de Totonicapán, en la que da cuenta á la Sociedad

Económica de hallarse vestidos á la española varios indígenas, traje

que hasta hoy conservan muchos de ese pueblo.

Pero, ni los esfuerzos de aquella patriótica institución, ni las

sugestiones del Real Consulado de Comercio del reino de Guatemala á

las Cortes Españolas, de las cuales hablé largamente en el capítulo

V de la segunda parte, pudieron dar resultados en pro de los indios;

porque las turbulencias en la misma España, los vaivenes políticos y la

entronización posterior del absolutismo, no dejaban lugar para promover

la cultura de América. La feroz reacción que en un rapto de venganza,

sumió á la heroica patria del Cid en hondo abismo; los destellos de

la alborada de la independencia de Hispano-América en 1810, y los

odios que se extremaban entre españoles peninsulares y americanos, no

constituían por cierto propicias circunstancias para promover entonces

la indiana civilización.

Por lo demás, la Sociedad Económica de Amigos de Guatemala, no sólo

se interesó por la riqueza del país, fomentando la agricultura, la

industria y las artes útiles, sino que más de una vez apuntó muchos

de los errores tradicionales que en Guatemala subsistían. El sistema

romano de la propiedad rural; las leyes que cohibían el dominio; el

antiguo régimen hipotecario, las trabas impuestas á las enajenaciones;

los censos; los bienes en común; las vinculaciones; y tantas otras

rémoras al desarrollo agrícola, fueron censuradas muchas veces en las

publicaciones de aquella asociación, á la cual tánto debe la República.

Desde principios del siglo, se clamaba contra el pésimo sistema,

heredado de España, de tener la tierra repartida en ejidos, sin que

los indios contasen con propiedad particular, y poseyendo los pocos

hacendados españoles áreas inmensas de centenares de caballerías sin

cultivo. Lo que hace la división de labores en las artes--decía un

periódico del año 1823--obra también en la agricultura la división

de las tierras. Cuando los visigodos ocuparon á España, refiere

Jovellanos, se adjudicaron los conquistadores los dos tercios de la

tierra; y lo mismo parece haberse verificado en el continente americano

por sus pacificadores. En los principios, se asignaron términos

comunes á los concejos y lugares, y tierras en propiedad á los vecinos

primígenas y colonos para sus sementeras y crianzas. Pero ya el Sr.

Carlos V, en cédula de 1º de Noviembre de 1591, comunicada á este

reino, advierte que los segundos habían ocupado la mejor y la mayor

parte de toda la tierra, sin que los concejos é indios tengan lo que

necesariamente han menester. "_El Amigo de la Patria_" en el número

de 15 de Mayo de 1821, forma un estado comparativo de las tierras que

poseían unos y otros, y deduce de él, que las tierras de los indios son

un tercio de las tierras de los españoles y ladinos.[188]

[188] Observaciones rústicas sobre Economía Política, por el

ciudadano F. G. P.,--Guatemala, imprenta de Beteta. Año 1823.

Pero en realidad, la desamortización de la tierra, no se realizó

sino hasta que se expidieron las leyes de redención de censos[189],

de reducción á propiedad particular de los terrenos ejidales y

supresión de cofradías y servicios parroquiales. Esas leyes afectaron

naturalmente á los indios, sin ponerlos en aptitud de adquirir terrenos

de propiedad particular, porque fueron los ladinos los que más

compraron tierras y denunciaron ejidos.

[189] Decreto núm. 169, de 8 de Enero de 1877.

La propiedad territorial en común, siempre fué sistema primitivo,

que representa épocas de atraso y de pobreza, y que redundaba en mal

de los mismos indígenas, en cuyo favor se debieron haber establecido

facilidades para que adquirieran tierras, y no que después que ellos

redimieron muchos terrenos, se los volvieron á quitar, con la mayor

injusticia.

En el capítulo V de la 2.ª parte de la presente obra, se hizo un

estado prolijo y estadístico de los muchos gravámenes que, á raíz

de la centuria actual, pesaban sobre los indios, y se apuntaron los

innumerables abusos de que eran víctimas, y que se vinieron á cortar

por las disposiciones económicas de que se acaba de hacer mérito.

Harto falta por decretar en pro de los aborígenes, es verdad; pero no

hay duda tampoco de que al desamortizarse el capital y la tierra, se

dió un gran paso en favor de otro de los elementos de producción, que

son los brazos.

Aún existen muchos pueblos numerosos de indígenas que viven

primitivamente, con sus sementeras, bosques y prados en común, sin

tener propiedad particular, ni darle importancia al individuo, sino

solamente á la colectividad. Refractarios al roce con las demás clases

sociales; aferrados á sus usos y costumbres; hablando solamente lenguas

antiquísimas y aborígenes; se conservan, á uzanza asiática, separados

de la civilización, si no por murallas materiales, sí por barreras de

otro linaje, más difíciles de destruir por cierto, que las ciclópeas

construcciones de los habitantes del celeste imperio.

No bastó, como se hizo por el decreto del gobierno de 31 de Octubre

de 1851, recomendar á las autoridades subalternas que no vejasen

á los indios, y que los consideraran como _personas miserables_,

según las leyes de Indias, que por ese mismo decreto se mandaron

observar en Guatemala. En vez de revivir el sistema español, que

jamás dió personalidad á los aborígenes, ni trató de sacarlos de la

tutoría ominosa en que vivieron, se hace preciso considerarlos como

seres capaces de derechos y obligaciones civiles, que deben entrar

á tomar parte en la gestión de la cosa pública. Hay que sacarlos de

ese estado de parias, para que se conviertan en ciudadanos. Hay que

atacar la propiedad en común, la sujeción abyecta de los indios á

sus caciques; hay que enseñarles el español y las primeras letras;

mejorar su agricultura por métodos y máquinas usuales; hay que crearles

necesidades, y hacer que paguen un impuesto moderado, para que sean

elementos productivos al país. Pero de todo eso me debo ocupar en

capítulo aparte, que vendrá á ser como corolario de las premisas

que en las diversas secciones de esta obra he ido consignando. Una

vez conocidos los vicios, fácil es poner remedio á ellos: hecho el

diagnóstico de la enfermedad, no es difícil aplicar la medicina.[190]

Los Indios, su Historia y su Civilización · 第 18 / 23 段