en este siglo, en el Continente americano, es la independencia de las
colonias españolas, que á la verdad no fué fruto de reacción de los
vencidos contra los vencedores, sino ineludible y lógico final de la
tremenda lucha entre dos porciones de la raza conquistadora; entre
los miembros de la misma familia, criollos unos y peninsulares otros.
Los dueños primitivos de estas bellísimas comarcas no se alzaron en
armas, clamando libertad del rey de España. El glorioso estandarte de
la rebelión no fué tremolado ni por aztecas, ni por cakchiqueles, ni
por muiscas, ni por quichuas, ni por araucanos. Los aborígenes eran
espectadores, ó á las veces instrumentos de los españoles nacidos en
americano suelo, que desde Chile hasta Méjico, lucharon heroicamente
por la emancipación de las colonias, á las órdenes de Bolívar, San
Martín, Sucre, Páez, Hidalgo y Morelos, quienes no pudieron invocar los
manes de Atahualpa, Caupolicán, Lautaro y Guautimoc, pues al fin corría
por las venas de aquellos próceres la misma sangre que diera vida, tres
siglos atrás, á Hernán Cortés, Pizarro, Valdivia y Alvarado.
Sea que, desde los albores de la conquista, dejasen los esforzados
capitanes el germen de la independencia, al sembrar recelos y odios;
sea que el sistema colonial, con sus acerbas injusticias y lamentables
errores, hubiese de emancipar al cabo á la América hispana; sea que
las teorías de los enciclopedistas difundieran sus efluvios en esta
tierra virgen; sea que la independencia de las colonias británicas
estimulase el patriotismo de las colonias españolas; sea que la
Revolución francesa tuviera resonancia al través de los mares; sea
que la invasión napoleónica en España, y el advenimiento de una nueva
dinastía, debilitasen el poder peninsular; ello es lo cierto que todo
hubo de contribuir, por los misteriosos senderos de la historia, al
aparecimiento de una pléyade de repúblicas, que al nacer á la vida,
vinieron como los seres humanos vienen, con dolores y con lágrimas;
porque la revolución contenía en su seno el pestilente cancro de un
militarismo turbulento y antojadizo, poco avenible con las tendencias
democráticas de entonces, menos prácticas y científicas que vagas y
fantásticas. El camino quedaba erizado de espinas, y la planta del
ángel tutelar de las naciones se teñiría en sangre, para percibirse
al fin serenos horizontes iluminados por los divinos fulgores de la
libertad.
Los héroes mismos de la Independencia, que no fueron víctimas de su
gloriosa empresa, bajaron al sepulcro sin recibir más que ingratitud
por sus bélicos esfuerzos. El vencedor de Junín, después de escapar
providencialmente, el 25 de Septiembre de 1828, de que lo asesinaran en
Bogotá, muere de dolor, calumniado y perseguido, en miserable albergue;
el inmaculado Sucre, el Gran Mariscal de Ayacucho, cae en Barruecos, al
golpe infame de traidoras balas, que frente á frente no pudieron jamás
herirlo; San Martín expira en extranjero suelo, olvidadas de los suyos
las glorias de Chacabuco y Maipo; Monteaguado paga con alevosa muerte
sus esfuerzos por la autonomía de su patria; y Portales, el regenerador
de Chile, sucumbe al golpe bárbaro del más favorito de sus amigos.
Entretanto, los descendientes de los primitivos pobladores del Nuevo
Mundo, permanecían en el mismo estado de abandono y embrutecimiento
en que habían vivido, participando de las consecuencias funestas del
desorden consiguiente á las heroicas luchas por la independencia y sin
disfrutar ni de las ventajas de los triunfos bélicos, ni de las glorias
militares, ni de los frutos que produjo la emancipación política. La
América, que se sintió exánime bajo las espadas de Pizarro, Cortés,
Valdivia y Alvarado; que fué teatro del poderío de muchos virreyes; que
se vió explotada por los aventureros que venían á llevarse la plata
y el oro de sus entrañas; durmió, durante tres centurias, un sueño
terrible, del cual debía despertar, á los principios del presente
siglo, entre convulsiones, delirios y esperanzas. Pasó el poderío
español en América, dejando á España pobre y abatida, después que,
á costa de su grandeza anterior y merced á funestos errores y á las
circunstancias de los tiempos, implantó un sistema antieconómico y
nocivo en sus colonias.[176]
[176] Seis mil sesenta millones de pesos, poco más ó menos,
fueron á España de las Indias, desde su descubrimiento,
hasta el año 1787, en que escribió don Miguel de Zavala y
Auñon su _Miscelánea Económico Política_, en la cual detalla
minuciosamente la plata y oro que se enviaba de América á la
Metrópoli. Pág. 170.
¿Qué bienes ó qué males trajo el descubrimiento de América á España,
al resto del mundo y á los naturales de este Continente? Cuestión es
esa muy compleja, que sólo por lo que á los indios se refiere puede
tratarse en la presente obra. Ya se ha visto cual fué la suerte que
corrieron mientras duró la dominación española, y puede bien afirmarse
que no siguió siendo menos precaria, atentatoria y esclavizadora con
posterioridad á la independencia. En aquellos vastos dominios que
pertenecieron á Su Majestad, en aquellas 420,000 leguas cuadradas de
superficie, había 14 millones de súbditos, según el censo de principios
del siglo, los cuales mandaban unos nueve millones de pesos como
renta anual á la metrópoli. Serían ocho millones de indígenas los que,
salvados del naufragio de su raza, permanecían abyectos y en la misma
situación en que habían vivido.
La América Central, al través de los siglos, ha venido asumiendo varias
formas de gobierno. Monarquía de reyes indígenas; provincia sometida
al rey de España; república unitaria gobernada por un capitán general,
de acuerdo con una junta consultiva; provincia sujeta al emperador de
Méjico; república central regida por un poder ejecutivo compuesto de
tres individuos; república federal dirigida por un presidente y cinco
jefes de Estado; cinco repúblicas microscópicas, convertidas á las
veces en monarquía vitalicia, en autocracia tiránica ó en burocracia y
personalismo. Y los indios de la América Central, han sufrido con esos
vaivenes y altibajos constitucionales, siendo siempre instrumentos de
la ambición ó de la tiranía.
Proclamada independiente Guatemala de España, la República declaró
iguales á todos los que hubieran nacido en nuestro suelo, y los indios
fueron así elevados á ciudadanos, con voto activo y pasivo en las
elecciones populares; pero, como era natural, dada su ignorancia y
abyección, ni los indios comprendían sus derechos políticos, ni les
importaba gozar de ellos; y por esto es que más bien han sido un
elemento de perturbación en los países hispano-americanos, pues á las
veces, y en nombre suyo, se han cometido ultrajes contra la sociedad.
Allá cuando Guatemala era uno de los Estados de la Federación, el
sabio don José C. del Valle escribió una noticia geográfica muy
interesante acerca de este país, y calculó que era la población de
unos _seiscientos mil individuos_, en una área de siete mil leguas
cuadradas. "Se considera, dice, que los dos tercios de la población del
Estado son indígenas; y las lenguas que hablan se llaman cakchiquel,
mejicana, nahuate, pocomán, aguilac, populuca, subtujil, proconchí,
man, quiché, sinca y caichí. Cada una de ellas es un obstáculo opuesto
á la civilización de los indios.[177]
[177] Descripción geográfica del Estado de Guatemala, por don
José C. del Valle. Hoy, según el último censo, hay 467,475
ladinos y 1.042,851 indios. Total de habitantes, 1.510,326.
En las "Observaciones rústicas, sobre Economía Política," publicadas
en Guatemala el año 1823, por F. G. P., se dice: "La población indiana
ha rebajado notablemente del tiempo colonial á esta parte. Pinula
no es lo que era, cuando fué un señorío independiente, lo mismo que
Petapa, los cuales en unión de los Jalpataguas resistieron á Alvarado
en su regreso de Honduras. Guazacapan, Taxisco, Escuintla, tampoco
son ahora lo que fueron en esta sublevación en que pusieron en tanto
aprieto al ejército pacificador. Quezaltenango fué una población de
trescientos mil habitantes, y hoy no excede de quince mil, entre ellos
cinco mil naturales. La población de Totonicapán, que opuso á los
españoles noventa mil guerreros, no tiene hoy nueve mil naturales.
Tampoco parecen lo que fueron Tecpán Guatemala y Mixco, sacados de su
antiguo territorio. Iquibalam, rey del Quiché, anteriormente había
salido con doscientos mil combatientes contra Rumal Ahus, rey Zutujil,
que le opuso setenta mil; y en el día ambos reinos apenas componen los
corregimientos de Sololá y Totonicapán."[178]
[178] Observaciones rústicas sobre Economía Política, por el
ciudadano F. G. P., Guatemala.--Imp. de Beteta. Año 1823.
Para formarse una idea exacta de cómo se hallaba Guatemala, cuando era
Estado de la Federación, conviene advertir que estaba dividido en siete
departamentos, á saber: Guatemala, Chiquimula, Verapaz, Quezaltenango,
Totonicapán, Sacatepéquez y Sololá.
EL DE GUATEMALA COMPRENDÍA:
Habitantes
la ciudad del mismo nombre, que tenía 30,775
el pueblo de Jocotenango 1,316
la villa de Guadalupe 288
el pueblo de Ciudad Vieja 328
el de San Pedro 210
el de Mixco 4,820
el de Chinautla 2,791
el de Palencia 2,243
------
42,951
EL DE AMATITLÁN COMPRENDÍA:
el pueblo de San Juan Amatitlán 2,864
el de San Cristóbal Amatitlán 3,000
la villa de San Miguel Petapa 1,895
la de la Concepción ó Villa Nueva 1,705
el pueblo de Santa Inés Petapa 113
el de Santa Catarina Pinula 5,500
------
15,087
EL DE ESCUINTLA COMPRENDÍA:
la villa de la Concepción Escuintla 2,660
el pueblo de San Pedro Mártir 382
el de Chagüite 112
el de Masagua 189
el de Guanagazapa 550
el de San Juan Mixtán 175
-----
4,068
EL DE MIXTÁN COMPRENDÍA:
el pueblo de Don García 1,219
el de Tescuaco 118
la villa de la Gomera 252
el pueblo de Chipilapa 136
el de Siquinalá 42
el de Santa Ana Mixtán 120
el de Cotzumalguapa 600
-----
2,487
EL DE GUAZACAPÁN COMPRENDÍA:
el pueblo del mismo nombre 2,562
el de Tepeaco 63
el de Tacuilula 99
el de Taxisco 1,446
la villa de Chiquimulilla 3,284
-----
7,454
EL DE JALPATAGUA COMPRENDÍA:
el pueblo del mismo nombre 1,234
el de Sinacantán 228
el de Ixguatán 318
el de Nancinta 101
el de Ninistepeque 88
el de Pasaco 226
el de Tecuaco 419
-----
2,614
EL DE CUAJINIQUILAPA COMPRENDÍA:
el pueblo del mismo nombre 2,041
el de Santa Rosa 1,720
el de las Casillas 600
el de Mataquescuintla 554
el de Jumaitepeque 1,448
el de Los Esclavos 483
el de Azacualpa 1,394
el de Conguaco 2,382
el de Comapa 519
el de Moyuta 1,001
el de Asulco 326
------
12,468
Después que Guatemala se declaró república independiente, rota la
federación de Centro-América, merced á la tranquilidad que prevaleció
y á la acción benéfica del tiempo, aumentó la población hasta alcanzar
un millón de habitantes; y calculándose siempre que las dos terceras
partes eran de indios, como puede verse en la Geografía de don
Francisco Gavarrete, que se publicó en el año 1868.
En posteriores tiempos, se impulsó la vitalidad del país, y fué
aumentando el número de sus habitantes, hasta alcanzar hoy la cifra
de un millón y quinientos diez mil trescientos veinte y seis. Nótase,
pues, que de la fecha de la independencia para acá, casi se ha
triplicado la población de Guatemala; pero no por eso se ha mejorado
la situación de los indios, ni éstos producen todo lo que debieran
producir.
Respecto de brazos para la agricultura, se presenta en Guatemala un
fenómeno que ya lo hizo notar mi maestro el sabio economista Dr.
don Mariano Ospina, en un interesante informe. Siendo muy limitada,
decía, la producción industrial comparada con el número de habitantes,
la oferta de brazos debía exceder á la demanda, y sin embargo no es
así. Aunque la población del país es casi toda agrícola y pobre, los
empresarios de agricultura se ven con frecuencia embarazados por
falta de jornaleros. Procede esto principalmente de lo muy limitado
de las necesidades de la masa de la población y de la facilidad de
procurarse los medios de satisfacerlas, teniendo á discreción tierras
fértiles, que con un débil trabajo les da lo necesario para vivir en
su parsimonia habitual. De esto ha resultado que no habiendo adquirido
la población todavía hábitos serios de trabajo vigoroso y sostenido,
es casi improductiva, vegeta en la pobreza y repugna el trabajo.
Esa repugnancia induce á los jornaleros á eludir los contratos de
trabajo que celebran. Urgidos por alguna necesidad, ó estimulados
por el deseo de las bebidas embriagantes, reciben anticipaciones de
dinero por cuenta de trabajo, las disipan luego; y siéndoles cosa
dura trabajar, prefieren con frecuencia recibir nuevas anticipaciones
de otros empresarios, poniéndose en la imposibilidad de cumplir sus
compromisos. Los inconvenientes que de esto resultan á la agricultura
son generalmente sentidos en toda la República, pero más especialmente
en los territorios en que nuevas empresas agrícolas han aumentado la
demanda de brazos.
Si hubiera una buena legislación agrícola, que sobre la base de la
libertad de las industrias y del trabajo, facilitara á los indios el
conseguirlo, y á los patrones el no verse burlados por los que tienen
_anticipos_, se podrían evitar, en mucha parte, los males que resultan
del modo vicioso y primitivo, en que se halla tan importante ramo entre
nosotros. Pero ya hablaré en el capítulo siguiente de las ventajas de
un _Código Rural_, en Guatemala.
Entretanto, es oportuno apuntar aquí que el término medio anual de
aumento de población en Guatemala es de 7,304 ladinos, y 16,506 indios,
conforme al último censo de 1892; de modo que, más del doble del
crecimiento de los habitantes de la república es de esa raza que urge
se proteja y civilice. Es necesario que las leyes agrícolas, á la par
que fomenten el desarrollo de la agricultura, tiendan á atraer á los
aborígenes al camino de la civilización.
CAPITULO SEGUNDO
=Los mandamientos, ó sea la esclavitud de los indios.
El trabajo libre. Los principios económicos.
Un Código Rural=
SUMARIO
La situación económica de un país ha de juzgarse por el mayor
bienestar y cultura de las clases trabajadoras.--Los pueblos que
tuvieron esclavos, sufrieron al fin grandes convulsiones.--En
Guatemala se abolió la esclavitud desde el año 1824; pero hasta
el día son peores que siervos los infelices indios, que forman
las dos terceras partes de la población de la república.--Los
mandamientos.--Abusos que se cometen.--Imposibilidad de
remediarlos.--El mal está en la institución, que ataca la libertad
individual y la libertad del trabajo.--Los mandamientos se prestan
á preferencias odiosas.--Encarecen las subsistencias.--Sólo en maíz
producen los indios más de ocho millones de pesos anualmente.--Es
vergonzoso que de California envíen á Guatemala maíz, patatas,
cebollas, frijoles y otros artículos que aquí se producen
fácilmente.--Los males que sufre el país son efecto de _los
monopolios y los mandamientos_.--Error de suponer que pierde la
agricultura si se suprimen los mandamientos.--En ninguna parte del
mundo subsiste esa odiosa esclavitud.--La distribución económica
de la riqueza es un factor del progreso.--Teoría del economista
Droz.--Necesidad é importancia de decretar un buen _Código Rural_,
como el que existe en la república Argentina.
La situación económica de un país, ha dicho Mr. John Mill,[179] ha de
juzgarse por el mayor bienestar y cultura de las clases trabajadoras;
de tal suerte, que las naciones servidas por esclavos, llevan en su
seno el germen de su propia destrucción, por más que en el exterior
se ostente á las veces lozanía y vida: podrido el corazón, muerta la
savia, viene al fin á corromperse todo el cuerpo social, hasta que,
arrancado el cancro, renace vigorosa la fuerza de expansión en la
colectividad.
[179] Principles of Political Economy--London, 1866.
Esta verdad se ha confirmado en la historia de los pueblos. Roma, con
sus siervos; la Europa feudal, con sus vasallos; la moderna Federación
Americana, con sus esclavos; el Brasil, con los suyos; y todos los
pueblos que tuvieron semejante institución, han sufrido al fin grandes
convulsiones y trastornos.
En Guatemala fué en donde primero se abolió la esclavitud, desde el
año 1824,[180] y por ello nos gloriamos y justamente nos envanecemos;
pero á la verdad, la esclavitud que se abolió fué la de unos cuantos
negros africanos, que no sufrían malos tratamientos de sus amos. La
servidumbre de los indios, que forman las dos terceras partes de
nuestra población, existe hasta el día, y acaso con circunstancias más
perjudiciales que la de los mismos esclavos; porque éstos, á guisa de
cosas, siempre los cuida y trata de conservar el patrón, dado que,
como los semovientes, tienen valor en el comercio, y constituyen una
riqueza permanente; mientras que el indio, de finca en finca, de
diversos dueños, va en trabajo nómade agotando su existencia: tiene
amos sucesivos y ninguno de ellos se preocupa por su vida, ni por su
conservación.
[180] _Constitución Federal, de 22 de Noviembre de 1824, art.
13, y Decreto de la Asamblea Nacional constituyente de 24 de
Abril de 1824._
Cualquiera que haya visto cómo, á media noche, ó á otra hora del día,
de orden de la autoridad, se arranca á los indios de sus pobres chozas,
sin curarse de si tienen enferma á la mujer ó á los hijos; si la
_milpa_, (maizal) que con gran sacrificio han formado, necesita de su
trabajo; si van á recorrer larguísimas distancias para ir á trabajar
contra su voluntad; en una palabra, cualquiera que, de cerca vea los
gravísimos abusos que se cometen para dar lleno á los _mandamientos_,
se conduele y se lamenta de la triste suerte de tan desgraciada raza.
En ciertas heredades de poderosos mandatarios, en vez de pagarles
jornal sólo se les daba de comer á los indígenas, que por turno iban
á trabajarlas. Esto era peor que los repartimientos que hacían los
conquistadores. En todas las fincas hoy no se les da de comer á los
indios, que van en virtud de mandamiento, sino que ellos deben llevar
sus bastimentos.
Y no se diga que á los jefes políticos se recomienda que no vejen
á los indios, y que los repartan con criterio y atiendan las
órdenes de mandamientos procurando que no sufran los trabajadores;
porque esto era lo mismo que los reyes españoles hicieron en vano
durante tres centurias. El mal está en el principio; y es bárbaro y
anticonstitucional ese procedimiento de trabajos forzados, en un país
en que se blasona de _libertades individuales para todos los que lo
pueblan_.
Sobre ser inmorales y contrarios á la Constitución los mandamientos, se
prestan á otro linaje de abusos, puesto que los jefes políticos y los
alcaldes proporcionan gente para sus trabajos á aquellos que son los
predilectos; á aquellos que destruyen, mediante adulación y bajezas--si
no por concusiones vergonzosas--la igualdad ante la ley.
Con ese trabajo forzado, no produce la agricultura todo cuanto debiera
producir, y se encarecen las subsistencias y escasean los granos y
demás artículos indispensables para la vida; porque los indios son
quienes siembran y cultivan y cosechan el maíz, el frijol, las patatas,
las arbejas, el arroz, las legumbres y todo lo que abastece los
mercados.
Mucho se habla siempre de las grandes plantaciones de café, de ese
artículo de exportación, que enriquece á una exigua minoría de
agricultores; pero se ve con desdén y hasta inconscientemente se ataca
á la gran colectividad productora de la república que, con sólo maíz,
crea una riqueza anual de más de _ocho millones de pesos_!
¡Vergüenza da que, desde California, nos manden ese grano los
_yankees_; junto con patatas, cebollas y otras muchas cosas que aquí
produce admirablemente nuestro suelo!
Esa carestía enorme de lo más preciso para la vida, hace al pueblo
infeliz y menestroso. El hambre es la causa de muchos males sociales.
El pueblo no siempre razona; pero siente, y á veces se impacienta y
busca cómo mejorar su condición.
Dos son las calamidades mayores que económicamente canceran al país.
Los _monopolios_ y los _mandamientos_. Los mandamientos son monopolios
de trabajadores forzados, en pro de unos y en perjuicio de la
generalidad.
No hay quien no reconozca la injusticia de los mandamientos y lo
perjudiciales que son para los indios; pero muchas personas, sin dejar
de lamentarlos, arguyen que la supresión de ellos sería un mal para
la agricultura, fuente de riqueza pública. Los que así piensan están
en un error. La agricultura ganaría sin duda, si los mandamientos se
suprimieran; porque el trabajo libre es más productivo y da mejores
frutos. Esos mismos indios que hoy trabajan forzados, trabajarían
libre y espontáneamente, obligando la autoridad á los vagos á que se
emplearan en algo útil. Lo único que resultaría, es que las fincas
de ciertas personas privilegiadas, que monopolizan á los peones,
trayéndolos de lugares lejanos y sin pagarles el salario justo, ya no
tendrían ese _monopolio_ que perjudica á los demás agricultores. Lo que
se extirparía sería el _abuso_; porque claro está que, al abolirse los
mandamientos, se dictarían disposiciones enérgicas para no permitir
la ociosidad, y reprimir la vagancia, procurando por otro lado crear
necesidades á los indios.
Yo no sé que en ninguna parte del mundo subsistan los _mandamientos_,
que la añeja legislación española toleró, por no ponerse en pugna con
los que de la Península venían á explotar estos países. Los cabildos
elevaban al rey exposiciones diciéndole que sin los _mandamientos_
era mejor abandonar las Indias. Hoy algunos agricultores, de esos que
convierten en granos de oro el sudor de los forzados indios, gritan
que, sin los _mandamientos_, perece la agricultura. Siempre el egoísmo
pretextando el bien general, para cohonestar la servidumbre.
El hecho es que, mientras unos cuantos privilegiados ganan anualmente
miles de pesos con sus cosechas de café, el pueblo se lamenta de la
carestía del maíz, del pan y de la carne....
La distribución de la riqueza es uno de los factores del progreso.
Cuando ésta se estanca en pocas manos, sufre la colectividad. "La dicha
del Estado, dice el economista Droz, depende menos de la cantidad
de riquezas que posee, que de su oportuno repartimiento. Supongamos
dos naciones igualmente pobladas, de las cuales la una tiene dobles
riquezas que la otra: como estén mal distribuidas en la primera y bien
en la segunda, ésta alcanzará mayor grado de felicidad. Ningún país es
tan notable como la Inglaterra bajo el aspecto de la producción: en
Francia la distribución es más ventajosa, y concluyo de aquí que hay
mayor masa de felicidad en Francia que en Inglaterra.
Para que la distribución sea copiosa, es de apetecer que la producción
sea considerable. Mas acaece con frecuencia que una idea extraña
sorprende nuestro espíritu y se ingiere, sin notarlo, en nuestras
reflexiones en lugar de otra: así, ciegos ante la prosperidad pública,
no pensamos más que en ella, y á fin de acrecentarla, nos ocupamos
en examinar cómo pueden multiplicarse las riquezas: bien pronto lo
olvidamos todo, menos las riquezas: el medio se convierte en fin,
y la felicidad es desatendida. La facilidad con la cual se operan
estos cambios de ideas es una sentina de errores. Un distinguido
escritor de economía política, Ricardo, toma la pluma para ser útil
á sus semejantes; pero arrastrado por sus cálculos, con frecuencia
parece olvidar á los hombres, y no tomar en cuenta más que los
productos. Asienta, v. gr., que en un país ocupado por diez millones
de habitantes, bastando el trabajo de cinco millones de entre ellos
para alimentarlos y vestirlos á todos, nada ganaría con aumentar su
población hasta doce millones, siendo necesario siete de éstos para
obtener iguales resultados.[181] Muéstrase, pues, indiferente á que
existan dos millones de hombres ó no existan, si el producto fuere
el mismo. Al leer las obras de ciertos economistas, no parece que
las riquezas sean hechas para los hombres, sino los hombres para las
riquezas.
[181] Des principes de l' Economie politique, tomo II, p. 224,
de la traducción francesa.