siempre á sus antiguas creencias y tradiciones, representarían con
mucha fruición esa farsa que refiere el P. Gage, imaginándose ellos, en
su loca danza, que estaban vengándose de San Pedro ó San Juan, á quien
le cortaban la cabeza; pero después, para no hacerse sospechosos ante
los conquistadores, á quienes tanto temían, iban á confesar sus pecados
hipócritamente arrepentidos de la irreligiosa bulla que acababan de
armar. El curioso baile que queda descrito revela bien el carácter de
la subyugada raza americana.
CAPITULO SEPTIMO
=Estudio histórico-crítico acerca de la civilización y
estado de cultura en que se hallaban los indios de
Centro-América, al ser descubierto el Nuevo
Mundo por Cristóbal Colón=
SUMARIO
Numerosas y grandes ciudades que hallaron los conquistadores
en América.--Ocupaciones á que se entregaban los indios.--Cómo se
encontraba la propiedad rural en los pueblos aborígenes.--Tierras
realengas, comunes y del culto.--El _Calpullec_, que velaba por los
intereses generales.--Los rebaños eran del rey.--En que consistía
el tributo real.--Los indios estaban regidos militarmente.--Debían
dar uno de sus hijos, por cada tres que tuvieran, para sacrificios
ó como esclavos.--Población de Centro-América, antes de la venida
de los españoles.--Opulencia del reino del Quiché.--Peste asoladora
en el año 1520.--La sífilis en América y en Europa.--Industrias
de los indios de Guatemala.--Las joyas, obras de oro y plata,
tisúes finísimos y mosaicos de plumas.--La medicina entre los
indios.--Remedios para curar diversas enfermedades.--Como
curaban la enfermedad venérea.--Aplicación de la carne de
lagartijas.--Memoria del Protomédico de Guatemala Dr. don José
Flores, sobre ese remedio.--Empleo del achiote.--Reducción de
lujaciones.--Sangrías.--Embalsamamiento de cadáveres.--Vestidos
que usaban los indios de Guatemala.--Utensilios y costumbres
domésticas.--Sacrificios y usos bárbaros.--Baile libidinoso
llamado _Oxtún_.--Castigo impuesto á los indios de Alotenango,
por haber pretendido bailarlo.--Los pipiles del Salvador.--Los
chontales de Honduras.--Los talamancas, guaimíes y chorotegas de
Costa-Rica.--Informe del Oidor de la Real Audiencia de Guatemala don
Diego García del Palacio, al rey de España.--Eran independientes
de Moctezuma los reinos del Quiché, Guatemala y Atitlán.--Célebres
ciudades de esos reinos.--Cómo fueron subyugadas por los
españoles.--Violación de la célebre princesa Xuchil.
Después de haber estudiado, con algún detenimiento, en los precedentes
capítulos, el origen, manera de ser, desarrollo intelectual, creencias
religiosas, instituciones políticas, leyes civiles y penales, usos
y costumbres, diversiones, poesía, teatro, música y baile de los
antiguos indios, y en particular de los de Guatemala; es oportuno
exponer cómo se hallaban al tiempo de la conquista del Istmo
Centro-Americano.
Sin el estudio que queda hecho anteriormente, no era posible resumir
la condición social, política y económica de los poderosos reinos
y numerosas tribus que habitaban nuestro suelo, á la sazón que el
desdichado hechicero cakchiquel anunció al orgulloso rey quiché
Vahxaki-Caam que pronto vendrían los hombres blancos, vestidos y
armados de piés á cabeza á convertir los palacios y los templos en
habitaciones de lechuzas y gatos de monte.[89]
[89] Ximénez refiere detalladamente la tradición de esa
profesía de la conquista de América.
Refiere el soldado historiador Bernal Díaz del Castillo[90] que los
conquistadores encontraron en nuestro suelo "numerosísimas y grandes
ciudades, al punto que hablando con don Pedro de Alvarado, decíanle
alegres y satisfechos que no era el caso de echar de menos á México,
con lo que acababan de descubrir."
[90] Folio 164 del borrador original de la historia de Bernal
Díaz del Castillo, que existe en la Municipalidad de esta
capital de Guatemala.
Casi todos los indios eran agricultores, aunque no pocos se dedicaban
al comercio y otros trabajaban muchas minas en varios puntos; pero la
extracción de los metales no tenía por objeto ni la utilidad privada,
ni la utilidad común, sino el lujo de los soberanos y el esplendor del
culto religioso. Los terrenos eran de los reyes, quienes no solo tenían
en su territorio el sumo imperio, sino que, en nombre y por autoridad
de ellos, se señalaba á cada padre de familia una extensión de tierra,
para sus sementeras. También la nobleza tenía sus tierras; la comunidad
de las tribus las suyas, y, por último los templos ó sacerdotes eran
dueños de otras. En la distribución que los régulos y los del _calpul_
hacían á los particulares, tocaba mayor extensión al que tenía más
hijos, y ellos distribuían las semillas y vijilaban los cultivos. Desde
que comenzaba á tener el niño algunas fuerzas, ya no estaba ocioso;
hasta el anciano trabajaba, salvo que se hallase inválido ó enfermo.
La moralizadora ley del trabajo se imponía por la fuerza á los indios
inclinados de suyo á la inacción y á la holganza; pero los pobres no
eran dueños de las tierras, dado que ejerciendo los nobles y régulos un
poder tiránico, disponían como querían de ellas. No eran propiamente
los indios, más que colonos, trabajadores ó siervos de la gleba ó de
sus amos.[91]
[91] Simancas. Zurita. Carbajal, Espinosa.
La propiedad particular del suelo, tan civilizadora, tan estimulante,
tan necesaria para el desarrollo de los pueblos, cuando se ajusta á
las prescripciones económico-políticas en cuanto á su distribución,
no la conocieron los aborígenes, ni en Guatemala, ni en Méjico,
ni el Perú, ni en ninguna parte del Continente. El sistema de la
propiedad territorial de los indios se asemejaba mucho al de los
señores y pecheros de la edad media en Europa[92]. Los feudos, las
cartas pueblas, el derecho de pernada y otros bárbaros que tenían
aquellos magnates de horca y cuchillo, los tuvieron también análogos,
los indios del Anáhuac y del territorio de la América Central. Los
mayores de una tribu formaban el _calpul_, que elegía un principal,
llamado _calpullec_, para que velase por los intereses de la comunidad.
Cada ciudad tenía tierras separadas, en los suburbios para llenar las
necesidades del ejército en tiempo de guerra. Las aguas pertenecían
también al monarca, el cual mandaba amojonar los límites de las tierras
de las comunidades y pueblos por los _güegües_ (ancianos).
[92] Torquemada.--Monarquía Indiana, tomo II, pág. 545.
Los rebaños de ganado lanar, como llamas, alpacas y vicuñas, eran
también del rey, quien hacía distribuir las lanas, sin el menor
desperdicio, ya que sabían cuanto necesitaban cada uno para los
vestidos que no cambiaban ni de color, ni de clase, ni de tela, ni de
forma.
El indio estaba obligado á trabajar una parte del tiempo para el
soberano, dándole una porción de su cosecha, en forma de tributo, una
vez que aquél, como padre de todo el pueblo, tenía trojes con granos
reservados para el pobre, el desvalido, ó el de mala fortuna. Rara
vez, el hambre era una plaga; porque la nación poseía sus depósitos
de comunidad, reservados al tiempo de escasez. El oficio de hilar era
de las mujeres, y el de tejer los lienzos y urdir las mantas, estaba
reservado á los varones. La construcción de las casas, la hechura de
las armas, la pesca, la labranza de la tierra y los demás oficios
fuertes, eran de los hombres, mientras que las mujeres preparaban el
alimento y cuidaban de la prole menuda. La alfarería, la hechura de
los ídolos, el adorno de los palacios, la construcción de acequias
y caminos, el laboreo de metales, estaban á cargo de compañías
más ó menos numerosas de indios de todas las provincias, quienes
se renovaban, según el tiempo que debía durar el trabajo de cada
parcialidad.
Al indio no era dado viajar por su propia voluntad, ni salir fuera del
pueblo, sin permiso del cacique, el cual podía hacerlo que mudase de
domicilio y aún trasladarlo perpetuamente á otra provincia remota.
Fué tan severa é íntima la dependencia en que estaban los descendientes
de Quicab y Tecum, de sus respectivos régulos, que divididos los
indios en porciones de á diez individuos, los mandaba un decurión, y
así sucesivamente tenían jefes de á cincuenta, ciento, mil y diez mil
pobladores. El jefe inferior informaba al superior, hasta llegar á
noticia del cacique ó monarca, la más insignificante circunstancia de
su estado, regido se puede decir militarmente. Entre los indios, el
individuo era inmolado á las exijencias ó necesidades del imperio. El
_salus populi suprema lex esto_, de los romanos, constituía la más
sabia máxima de política de los cakchiqueles, quichés y demás imperios
del suelo americano. Era el principio reconocido en el mundo entero,
antes de la revolución francesa, que rescató la personalidad humana de
la absorción social en que había vivido.
Si se da crédito á Oviedo y Torquemada, debe estimarse el tributo que
pagaban los indios en la tercera parte de sus productos, debiendo
entregar además uno de sus hijos, por cada tres que tuviesen, para
sacrificios ó como esclavos, pena de la vida, para el que no obedeciera
ley tan bárbara como tiránica[93].
[93] Oviedo. Historia General, tomo III, pág. 502. Herrera.
Historia Gen. Déc. III, lib. 3.º cap. X.
Si al régulo ó al monarca veníales en mientes apoderarse de la hija ó
de la mujer de cualquiera de sus súbditos, se las entregaban, para que
satisficiesen sus torpes apetitos.
Acerca del número de pobladores que tendrían los reinos que ocupaban
estas comarcas centro-americanas, no es fácil encontrar un dato
cierto[94]. Sábese, sin embargo, que sólo el del Quiché podía poner
sobre las armas doscientos mil combatientes; de donde puede deducirse
que acaso tendría más de dos millones de hombres, sin contar los
cakchiqueles y tzutojiles, que eran también muy numerosos. Además había
varias tribus y pueblos que aumentarían probablemente aquella cifra
hasta cuatro millones de almas.
[94] Calculan generalmente que antes del descubrimiento de
América, había en ella una población de _cién millones_ de
habitantes indígenas. Hoy en toda la América existen ciento
veitiséis millones, de los cuales ocho, serán aborígenes puros.
Véase "Population of América, before and after its discobery by
Christopher Columbus".
Torquemada afirma que la opulencia de los tultecas en el Quiché,
podía competir con la de los incas del Cuzco y de los Moctezumas en
México. El cronista Fuentes, que pasó en persona por el mismo reino del
Quiché, confirma esas relaciones, que aunque se estimaran algún tanto
hiperbólicas, ofrecerían siempre una base para formarse idea, siquiera
aproximada, de aquella rica y populosa monarquía[95]. No obstante es
preciso apuntar que tan opulentas y pobladas regiones, sufrieron en
el año 1520, una peste asoladora de cólera morbus, acompañado de una
terrible afección á la sangre, al extremo de que en pocas semanas
desapareció buena parte de la población. Atacó más rudamente á los
nobles que eran los que padecían, por lo común, del mal venéreo.
[95] Memorial de Tecpán Altitlán. Isagoge Histórico
Apologético. Edición mandada imprimir por el Gob.º de
Guatemala. Año 1892, pág. 311.
Ximénez asegura "que era una señal de grandeza el sufrir de esa
dolencia, en razón de ser un signo inequívoco de más poder para la
unión sexsual con muchas mujeres, de donde se suele contraer, cosa que
la gente vulgar y ordinaria no podia conseguir, ya por falta de medios,
ya por prohibirlo la legislación de estos países, que sólo permitía
poseer lícitamente á las mujeres que cómodamente se podiera mantener."
Ello sucedió que más de veinte reyezuelos murieron de aquella plaga,
que comenzó primero en Ixinché (hoy Tecpán Guatemala) y después se
propagó por otras partes.
Sabido es que en el siglo XV hizo la sífilis tales estragos en Europa,
que desbastó á Roma y á muchas otras ciudades importantes, creyéndose
después, por unos, que de allá había venido á América, y sosteniendo
otros que de aquí se había llevado al Viejo Mundo. La verdad está hoy
demostrada, en el sentido de que tan fatal azote es común al género
humano, desde tiempos remotísimos[96]. La peste del año 1520 y las
viruelas en 1521, acabaron con una parte de los indios de este suelo
centro-americano, que sufrieron terriblemente en aquella época, cuatro
años antes de la conquista española. Así y todo, estaban tales países
cuando vino á ellos Alvarado, atravesando el Soconusco, muy ricos y
bastante civilizados.
[96] "Ensayo histórico sobre el origen de la enfermedad
venérea," por el Dr. D. Mariano Padilla. Véase también el
Compendio de la Historia de Yucatán, por D. Crescencio
Carrillo, pág. 94.
Es por extremo curioso contemplar el adelanto de los indios en algunos
ramos. Esmaltaban admirablemente los metales y tallaban, con arte sin
igual, las piedras preciosas. Eran magníficas las joyas que Hernán
Cortés llevó de estas regiones á su segunda esposa, consistentes en
esmeraldas, amatistes, carolinas, turquesas y ópalos. No conocían
los aborígenes el hierro, y se servían de utensilios de piedra dura
ó de una mezcla de cobre y estaño, que templaban tan bien, como
hoy se templa el acero. Lucían en los palacios, sacrificatorios y
edificios públicos, el jaspe, el mármol, el pórfido, el alabastro y
la obisidiana. De esta última, hacían espejos pulidos, con marcos de
oro, y fabricaban también cuchillos, semejantes en el filo á una navaja
de barba[97]. Las obras de oro y plata que Carlos V recibió de Cortés
llenaron de admiración á los artístas de España, Francia é Italia,
que las declararon inimitables[98]. Fabricaban los indios quichés y
cakchiqueles unos tisues finísimos. No conocían ni la lana, ni la seda
ordinaria. Tejían con algodón y hacían preciosísimas telas de plumas y
de pelo de liebre ó de conejo. Para los géneros fuertes usaban plantas
textiles diversas[99]. Entre los trabajos en que sobresalían los
indios, no deben olvidarse los mosaicos de plumas bellas y lucientes,
que tanto ruido hicieron entre los monarcas de Europa, que se los
disputaron. Pintaban grotescas figuras, con colores que extraían de
las plantas, árboles, conchas, flores y minerales. Su arquitectura
era sólida, pesada y baja casi siempre, como para contrarrestar los
temblores de tierra.
[97] Betancourt, Teatro Mexicano, t.º I, trat. 11, cap. 4.º
[98] Gómara, Crónica de Nueva España, ap. Barcia cap. 79.
[99] Torquemana, Monarq. Ind. Lib. XIII, cap. 34, et lib. 14,
cap. 14.
Tenían los indios de Guatemala importantes remedios para muchas
enfermedades que conocían y curaban. "El bálsamo (_Myroxilon
Sonnatense_) impropiamente llamado del Perú, que se recoje entre
Acajutla y río Comalapa (costa del Bálsamo) se usaba mucho por los
aborígenes, quienes lo vendían á los españoles al precio de doscientos
cuarenta reales una botija _perulera_." La raíz del _mechoacán_, que
los farmacéuticos denominan con el nombre de _jalapa_, la empleaban
los indios, y hoy se usa generalmente como purgante. El ruibarbo,
específico contra la bilis, se conoció también desde remotos tiempos.
"En 1535 se introdujo en la materia médica europea el uso de la
zarzaparría (_mecacpactli_) de la que dice el inca Garcilaso de la
Vega[100] "no tiene necesidad de que nadie la loe, pues basta para su
loor las azañas que en el mundo viejo y nuevo ha hecho y hace contra
las Bubas y otras graves enfermedades". Lo mismo asegura este autor de
la _coca_, ó cura que empleaban en lociones par las úlceras venéreas.
[100] Comentarios reales, t.º I, pág. 284.
Sahagun nos transmite[101] el modo que los antiguos mejicanos tenían
para curar las _Bubas_, é indica los medios para combatirlas.
Recomienda el uso interno de la yerba llamada por aquellos
_Tletlemoitl_, de la _Tletlequetzal_, y las limaduras de cobre sobre
las úlceras y pústulas venéreas.
[101] Historia Gen. de las cosas de Nueva España, t.º III, pág.
100 § V.--Edición de Bustamante 1830.
En Guatemala usaban también remedios tan sencillos como eficaces para
la curación de las _Bubas_, á las que, como se ha dicho, daban nombres
particulares, según su estado y tamaño.
Desgraciadamente aquí, como en toda la América española,[102] y aún en
Europa, por motivos particulares y altamente interesados, se propagó
por los primitivos conquistadores y sus inmediatos descendientes,
la absurda idea de que los indígenas eran poco más ó menos que unas
bestias. En consecuencia se holló su raza, se despreció y aniquiló
su primitiva civilización..... Se pisotearon, quemaron y echaron al
viento las pabezas de sus secretos preciosos antes de darles una sola
mirada. Los quichés y los cakchiqueles, los inmediatos descendientes
de la ilustre raza tolteca[103] fundadora de la primitiva civilización
mejicana, fueron vistos en Guatemala, en esta parte de la América, con
el mayor desprecio, con la más alta altanería. Hasta estos últimos
tiempos, por una inconsecuencia de que apenas el entendimiento puede
darse razón, la clase que llamamos ilustrada, usa aún con misterio
de aquellos medicamentos _nagualísticos_ de los indios, que á los
principios había desechado, dándoles después un valor supersticioso.
También es cierto que en todo el mundo pasa esto mismo, y el vulgo
siempre gusta de medicinas raras y caprichosas para las enfermedades
que menos conoce, y en ésto está fundado el imperio del charlatanismo.
[102] "Muchas yerbas hay en el Perú, de tanta virtud para las
cosas medicinales, que si las conocieran todas, no hubiera
necesidad de llevarlas de España, ni de otras partes; mas los
médicos españoles se dan tan poco por ellas, que aún de las que
antes conocían los indios, se ha perdido la noticia de la mayor
parte de ellas". Comentarios reales del inca Garcilaso de la
Vega. Tomo I, pág. 284.
[103] Las famosas monarquías de los quichés y cakchiqueles
fueron fundadas por los toltecas. Esta palabra significa
arquitecto, ó bien oficial curioso y primero. A toda obra
curiosa y acabada, se le llamaba obra tolteca. Los toltecas
eran los sabios, los mágicos, los sacerdotes, los astrónomos
(ellos arreglaban el tiempo é hicieron el calendario mejicano),
los generales, los legisladores, los médicos, los botánicos,
(oxomoco cipactonatl), los poetas, los estatuarios, los
pintores, los plateros, lapidarios, tejedores, fabricantes
de tejidos de plumería y algodón, comerciantes agricultores,
etc. Eran, en fin, el nucleo de la civilización primitiva, de
todo lo que en la sociedad civil representa al gobierno, la
inteligencia y las fuerzas morales y materiales de que tiene
necesidad para su sostén y engrandecimiento.--Véase á Fuentes y
Guzmán, M. S. Historia de Guatemala, Tomo II, págs. 222, 225 y
273.--Juarros, Tomo II, cap. I pág. 5.--Sahagún, Tomo III pág.
109.--Fernaux Compans, Voyages, Relations et Mémoires. Tomo
VIII. Apendice, pág. 297, etce.
La América, después de su descubrimiento, suministró á la materia
médica europea medicamentos preciosos, y con especialidad una multitud
de drogas de que tanto necesitaban los conquistadores para la curación
de la _sífilis_; que según se ha visto, era la enfermedad en su época.
Los indios de Méjico y de Guatemala[104] además del guayacán, de la
zarzaparrilla, etc., tenían y aún tienen recursos secretos para la
curación de aquella y otras muchas enfermedades. Es cierto que ellos
son en general los que menos molestan á los médicos españoles por
aquellas razones, y porque son generalmente más sanos, infinitamente
más sufridos, de una sensibilidad más obtusa, de un carácter más
concentrado, de un modo de vivir más simple y natural, y por
consiguiente mucho menos propensos á las enfermedades. Si no se
les hubiese perjudicado por tantos años consecutivos, si no se les
hubiese tratado tan mal como se ha dicho, poseeríamos hoy sus secretos
preciosos, los de su primitiva civilización, casi aniquilada, y las
razas no hubieran menguado, tanto por el mal tratamiento, que es lo
que más desmoraliza, y los vicios á que dá lugar, como por la incuria
gubernativa. La embriaguez en que el despecho los sumergió[105] y
después los vicios, hijos suyos, han puesto esta raza al borde de su
ruina, ruina común para las otras castas europeas, que se lamentan
extemporáneamente de la falta de población, que con nada puede aquí
suplirse, para todas las empresas agrícolas é industriales.
[104] El Padre Sahagún dice: "Que los toltecas tenían mucha
experiencia y conocimiento de las plantas y yerbas, y sabían
perfectamente las que eran útiles ó nocivas, y ellos fueron
los que dejaron señaladas y conocidas las que ahora se usan
para curar, porque también eran médicos. Fueron tan hábiles en
el conocimiento de las plantas, que ellos fueron los primeros
inventores de la medicina y los primeros médicos herbolarios."
Historia de las cosas de Nueva España, Tomo III, pág. 109.
[105] Leyes represivas y muy rigurosas dicen los historiadores
regnícolas que había contra la ebriedad, y en algunas partes
se castigaba hasta con la pena de muerte. Fuentes y Guzmán.
M. S. Tomo II. Ximénez, M. S.--En Zurita se lee: "_Celui qui
s' enivre jusqu' a perdre la raison, ne mérite pas d' avoir
une maison dans une ville et d' étre compté au nombre des
citoyens_."
Tomaban en otro tiempo los indios, según refieren sus antiguas
tradiciones y manuscritos, píldoras hechas con la carne palpitante de
las lagartijas, que ellos llaman Cuetzpalin (Lacerta terrestris), á las
que reputaban como un específico para la curación del cáncer, la lepra
y el mal venéreo,[106] así como en otras épocas lo hacían los europeos
con las víboras, á las que reputaban también como un antivenéreo.[107]
[106] "_Instrucción sobre el remedio de las lagartijas_," por
don Antonio de León y Gama, dedicada al Ayuntamiento de Méjico,
año de 1782. Discurso crítico sobre el uso de las lagartijas,
por don Vicente García de la Vega.
[107] .......D'autres marques au visage et contraint user et
manger toutes les paliatives, demeurant le fond et racines
empoisonnés et infeutes qui est languir et mourir á petit feu
..."--Contes et discours d' Eutrapel.--Estos fueron impresos
por la primera vez en Rennes, Casa de Noel Gilamet, en 1586,
y después en Paris, en 1842; cap. 28, pag. 520. Véase desde
cuando ya se curaba la sífilis en Europa.
El remedio de las lagartijas de los indios de Amatitlán, ensayado y
acogido por el Doctor Flores, tuvo mucho crédito en Guatemala y en
Méjico.[108] En Italia hizo tanto eco, que llegó á llamar la atención
de la Europa[109] á fines del siglo pasado, en términos de consignarse
en obras clásicas.[110]
[108] Memoria del Protomédico de Guatemala. Dr. Dn. José
Flores, sobre el uso de las lagartijas, Méjico, 1782.--En la
obra de Dicterich, "_Nuevo tratado sobre las enfermedades
venéreas_," traducido por el Dr. Palacios y Villalba, pág.
80, se dice: "_Un clérigo español llamado José Flores, cuenta
varias curas hechas en América con lagartos_"--El Dr. Flores no
fué clérigo, ni español europeo, sino americano, tampoco empleó
_lagartos_ (Alligator) sino _lagartijas_ (Lacerta agilis) que
usaban los indios de Amatitlán.
[109] En efecto, se publicaron varios opúsculos y tratados de
los cuales haremos conocer algunos: "Dello specifico delle
lucertolle ó ramarro per la radical cura del cancro, della
lebbra, é lue venerea, por Toscanelli, Turín, 1784.--Meo
Saggio in torno al nuovo specifico delle lucertolle, Palermo,
1784.--Racolta di vari oposculi publicati sin ora in torno al
uso delle lucertolle per la curaggioni de cancri et altri mali.
Nápoles, 1785. Es largo el catálogo de las memorias y otros
escritos que se publicaron sobre el particular.
[110] Dicctionnaire des sciences medicales, en 60
vlo.--Dictionnaire universel de matiére medicale et de
Therapeutique generale, por F. V. Merat, et A. J. Delsus, etc.,
etc.
Con el maíz, cuyos granos son de diferente consistencia, color y
tamaño, preparaban distintas bebidas, y aún el día de hoy, usan
nuestras gentes muchas de ellas y las tienen en gran estima. Tuestan
los granos de maíz colorado, lo pulverizan después, y en seguida le
mezclan agua y azúcar, y forman una bebida agradable á la que llaman
_Chilate_, (_Chilatl_) muy recomendada para la gonorrea. La harina
de maíz negro echada á fermentar en un cocimiento de zarzaparrilla,
guacayán, etc., y después cocido para detener la fermentación, forma
una especie de atole[111] que por ser una mezcla de otras cosas, ha
recibido de los indios el nombre de _Xoco-atulli_.[112]