[27] En cuanto á las raza humanas, se tomó por base la

coloración de la piel; pero hoy se reconoce lo defectuoso de

la antigua clasificación, y la etnología de nuestros días se

fija en las dimensiones y figura del cráneo, de la pélvis, de

los miembros y las proporciones entre sus diferentes partes,

el peso y volumen del cerebro, la forma del cabello y los

diferentes idiomas.

Aunque no es dable fijar los millares de años que lleva de estar

poblado nuestro continente, puede decirse que por fragmentos de

alfarería, adornos y utensilios hallados en Méjico, en Centro América y

el Perú, por las diversas razas que existen en todo este hemisferio;

por los muchos y variados idiomas que se conocen; y por la flora y

fauna extinguidas, se comprueba haber existido el hombre americano

desde tan remota fecha, que se pierde en la noche de los tiempos.[28]

Mr. Bennet Dowler calcula el crecimiento y duración de las diversas

capas de selvas americanas, habitadas por hombres, en cincuenta y siete

mil años.

[28] M. N. Joly. L'homme avant les metaux. (París 1879) parte

primera, cap. 7.º

Más de cuatrocientas lenguas creyeron contar los españoles cuando

llegaron á este continente, y tantos dialectos que era difícil

enumerarlos. En un principio, pensaron que la filología comparada

podía demostrar el origen asiático de los indios; pero la lingüística

moderna, que no se fija en arbitrarias etimologías, sino en la

gramática ó esencia de los idiomas, ha llegado á poner fuera de duda

que ni eran tantas las lenguas madres americanas, como se pensara

entonces, ni hay nada que denote analogía entre las de éste y el

otro continente[29], bien es verdad que si algo arguye gran cultura

antigua entre los aborígenes, es ese número siempre crecido de

idiomas y dialectos, tan apropiados para significar no sólo los seres

materiales, sino los afectos del ánimo y las aspiraciones filosóficas

y espiritualistas de creaciones religiosas ó fantásticas[30]. Hasta

palabras onomatopéyicas, sonoras y poéticas tienen esos idiomas, que

hoy se estudian con interés en Europa. Es frecuente encontrar en ellos

palabras muy largas y compuestas, que significan toda una sentencia, v.

g.: "AMATLACUILOLITQUITCA-TLAXTLAHUILLI" que quiere decir literalmente

"el pago recibido por llevar un papel, en el cual se escribió alguna

cosa," (estampilla de correo).

[29] The litterature of american aboriginal languages, by

Hermann E. Ludewig. London 1858.

[30] Dr. Berendt. Discurso sobre la antigua civilización de

Centro-América. New York. 1876.

En la obra monumental del historiador norteamericano Mr. Hubert Howe

Bancroft, sobre las razas originarias de América, se hace un estudio

profundo y filosófico de la lingüística de esta parte del globo, y

se clasifican los idiomas y dialectos de los primeros pobladores de

las costas del Pacífico.[31] "Las lenguas de las naciones civilizadas

de Centro-América, dice aquel autor, siendo todas más ó menos

análogas, pueden muy bien clasificarse entre la familia Maya-Quiché,

constituyendo el maya la lengua madre. Comenzando por las comarcas

cercanas al río Goazacoalco, después pasando por Tabasco, Chiapas,

Yucatán, Guatemala y parte del Salvador, Honduras y Nicaragua, ocupa

el maya la misma importante posición, de un modo relativo, en el Sur,

que el azteca hacia el Norte. Además, esparcidas sobre esta inmensa

área, hay dos ramas, todavía más hacia el Norte, aisladas de la lengua

madre, el huasteca y el totonaca de Tamaulipas y Veracruz. Sin incluir

el último referido, probablemente la más completa enumeración de todas

esas lenguas la dió el Licenciado Diego García del Palacio, en una

carta dirigida al rey de España, en el año 1576. Omitiendo el azteca,

que él incluye en su catálogo, el sumario que hace es sustancialmente

como sigue: en Chiapas, el chapaneco, tloque, zotzil y zeldal-quelén;

en Soconusco, un idioma que él designa como la lengua madre, y otro

llamado vebetlateca; en Suchitepéquez y Guatemala, el mame, achí,

guatemalteco, chinanteco, hutateco y chirichota; en la Verapaz, el

pokonchi y el caschi-colchi; en los valles de Acacebastla y Chiquimula,

el tlacacebasta y el apay; y en la comarca de San Miguel, el potón,

taulepa y ulúa. Otros autores mencionan en Guatemala, el quiché,

el cackchiquel, el zutujil, el chorte, el alaguilac, el caichi, el

ixil, el zoque, el coxoh, el chañabal, el chol, el uzpanteca, el

aguacateca y el quecchi; y en Yucatán, la lengua originaria, el maya.

Entre estos idiomas, así enumerados por diferentes autores, no es del

todo inverosímil que algunos hayan sido mencionados dos veces, bajo

diferentes nombres[32]. La mayor parte, si no todos ellos, se refieren

al maya, cuyo mejor dialecto llamado tzendal, se dice que es la lengua

más antigua que se habló en estos países. En suma, aparecen ser

variaciones de algunas pocas lenguas, de remota antigüedad, que á su

vez brotaron del maya, que es la más antigua. Esta última, debo decir

que forma el centro lingüístico, del cual irradian todas las otras,

disminuyendo en consanguinidad, según la distancia de dicho centro,

perdiendo, por intercalación y adopción de palabras extranjeras, sus

formas aborígenes, hasta que, al tocar la parte más lejana del círculo,

se hace difícil reconocer la conexión con la fuente de donde emanan.[33]

[31] Pág. 551, t.º III. The native races of the Pacific States.

Véase también la interesante obra "Estudios sobre la Historia

de América, por M. Larrainzar. México, imprenta de Villanueva.

1875. Tomo II. pág. 466.

[32] Palacio. Carta. p. 20; Juárros. Historia de Guatemala p.

198. Registro Yucateco, t.º I. p. 166; Galindo, _en London

Geog. Soc. Jour. Vol. III. p._ 95.; Gallatín, in Amer. Ethno.

Soc. vol. I. p. 4-7. Herrera, Historia General. Lib. X. cap.

II. Laet, Novus Orvis. p. 277-325. Humboldt, Essai Pol. tom.

I. p. 267; Heller, Reisen, p. 380; Galindo in Ant. Mex. p.

67: Normans Rambles p. 238; Haefkens, Cent. Amer. p. 412;

Prichard's Nat. Hist. Man, vol. II p. 513; Berent's Report,

in smithsonian Rept., 1867 p. 425; Squier's Monograph, p. IX;

Villagutierre, Hist. Conq. Itza, p. 84: Wappaus, Geog. u. Stat.

p. 425.

[33] Las lenguas de la familia Maya se hablan en las antiguas

provincias de Soconusco, Chiapas, Suchitepéquez, Verapaz,

Honduras, Izalcos, Salvador, San Miguel, Nicaragua, Choluteca,

Tegucigalpa y Costa-Rica, dice el Abate Brasseur de Bourbourg,

_M. S. Troano_, t.º II. p. VI.

La mayor parte de las lenguas de esas comarcas, tan múltiples,

á primera vista, se reducen en realidad á un pequeño número.

Son dialectos que no difieren más que por la mezcla de unas

cuantas palabras extranjeras, cierta variedad en las finales ó

en la pronunciación" Brasseur de Bourbourg, en los _Novelles

Annales des Voy._ 1855, tom. CXLVII p. 155. "Me parece

indudable que la lengua universal de los reinos guatemaltecos,

antes de la invasión de las tribus que los españoles

encontraron en posesión de esos paises, el Maya de Yucatán,

ó el tzendal que tanto se le parece." "_Ib Lacandones......

los mames, pocomames_, que todavía hablan una lengua en casi

todo parecida á la de los yucatecos. _Id p._ 156. "La lengua

primitiva forma el centro; mientras más se extiende hacia la

circunferencia, pierde más la tangente de su originalidad,

es decir, que el punto en donde encuentra otro idioma, es

el lugar en que se altera, para formar una lengua mixta."

_Waldek_, _Voy. Pitt._ p. p. 24-42. Los taizaes, los cethathes,

los campins, los chinamitas, los locenas, los itzaes, y los

lacandones. Todos estos pueblos hablan la lengua maya, excepto

los locenas que hablan la lengua chol." _Ternaux-Compans_, _in

Nouvelles Annales des Voy._ 1843 tom. XCVII. _p._ 50. La de

Yucatán y Tabasco, que es toda una." _Bernal Díaz._, _Historia

de la Conquista_, _fol. 25_; _Solís_, _Historia de México_, t.º

_I._ _p._ 89. _Remesal_, _Historia de Chiapa_, _p. p._ 264-299.

_Squier_, _in Nouvelles Annales des Voy._ 1885 _Tom. CXLVIII_,

_p._ 275; _Landa_, _Relación_, _p._ 12--_Orozco y Berra_,

_Geografía_, _páginas_ 18, 25, 55-56.

El Maya, con sus múltiples dependencias, puede bien compararse,

en su construcción y capacidad, al azteca. A este respecto, se le

ha alabado mucho por filólogos y anticuarios. Aunque monosilábico

en muchas palabras, no tiene, como acontece con las lenguas de ese

género, gran cantidad de sonidos duros y guturales, sino que, por el

contrario, es suave y sonoro. Los dialectos que se hablan en Yucatán y

cerca de Belice, son los más puros y elegantes de la familia maya, y

mientras más lejana es la distancia de esa región, más grandes son las

variaciones de la lengua madre[34]."

[34] Bancroft's works. Native races. Vol. III, pages 759, 760,

761. Myths and Languages.

El doctor D. C. Herman Berendt, (con quien, el que escribe las

presentes líneas tuvo la honra de cultivar relaciones personales, era

un sapientísimo americanista) y en el magnífico discurso que, sobre

la antigua civilización de Centro América pronunció ante la Sociedad

Geográfica Americana de los Estados Unidos, el 10 de julio de 1876,

después de una introducción, en la cual manifiesta cuán difícil es

penetrar en la antigua historia y civilización de los indios de la

América Central, estudia los idiomas primitivos, para concluir fijando

tres grupos, bien demarcados, de antigua civilización. El primero es el

de los mayas, compuesto de diezisiete tribus; el idioma original ofrece

el primer lugar, por su perfección y pureza. Los más aproximados á él

son el chontal en Tabasco, que no debe confundirse con el popoluca de

Honduras, enteramente distinto; el tzendal y el zotzil de Chiapas.

Hablando de los chontales, el doctor refiere el descubrimiento,

en 1869, de las ruinas de Ceutla, aquella importante ciudad cuyos

habitantes fueron bautizados por Cortés, y cuyas antigüedades son de

mucho mérito científico.

Parecido, pero más estimado que los últimos, es el chol ó echolchi,

lengua de los sembradores de maíz, actualmente hablado en Tenozique,

Santo Domingo, cerca de Palenque, y por una parte de los indios

lacandones; el chorti, del vecindario de Copán, es según Jiménez y

Brasseur, idéntico con el chol y el kekchi de la Alta Verapaz y con su

subdialecto cakchi; el pocomchi, también de la Verapaz, y el pocomán

del Sur de Guatemala, se parecen mucho.

El quiché de Verapaz, el cakchiquel de Guatemala y el tzutuhil de las

orillas de la laguna de Atitlán, forman, con el taxil, otra división

del grupo maya.

Los que más varían del original constituyen una división entre los

tzendales y quichés, geográficamente hablando, y son los idiomas

chancabal en Comitán, man en Soconusco y pocomán. Hay otros pocomanes,

llamados chujes en Chiapas.

El segundo grupo está en el otro extremo de Centro América, y abraza

tribus cuya civilización estaba ya declinando cuando llegaron los

españoles á posesionarse de Castilla del Oro. De los Coíbas ó Cuevas,

todavía han quedado, en las antigüedades, muestras de una civilización

bastante avanzada. Sus trabajos en piedra son notables, y en la

elaboración del oro habían adquirido una perfección que asombra á

los más hábiles plateros del día. Muy conocidos son los idolitos de

oro que, en otro tiempo, vinieron en bastante número de Chiriquí, y

algunos otros lugares. Los coibas hablaban, aunque muy divididos, un

solo idioma; y la comparación de los que hoy usan las numerosas tribus

residentes en las costas y en las orillas de los ríos del Istmo, con

los fragmentos del original, conservados por los primeros exploradores

de aquel país, comprueba satisfactoriamente la descendencia de los

actuales semisalvajes de aquellos indios tan civilizados. Quedan sin

aclararse las relaciones entre los coibas y sus vecinos; al Norte los

indios de Nicaragua, al Sur los chibchas.

Entre los dos grupos ya mencionados, se halla el tercero, el de los

chorotegas, que al tiempo de la conquista ocupaban tres secciones en

las orillas del Pacífico. Aquí el doctor Berendt tuvo que luchar con

los mayores obstáculos, para obtener el material necesario; porque ya

los últimos descendientes de esa nación, que ocupan las márgenes de las

lagunas de Masaya, no hablan más que el español. Afortunadamente pudo

encontrar unos viejos que recordaban palabras y frases aprendidas en su

juventud, y éstas bastaron para convencerlo de que el idioma mangue ó

chorotega, es igual al chapaneco. Según Oviedo, Torquemada y Herrera,

los chorotegas habitaron primero la ciudad de Cholula, en Anahuac, en

Méjico, y de allí tomaron el nombre de cholutecas, que se corrompió

en chorotegas. Después emigraron á los desiertos entre Tehuantepec

y Soconusco, y en seguida, se dividieron en las tres secciones

mencionadas, que existían en tiempo de la conquista. El doctor espera

que con el idioma de Chiapas y los fragmentos obtenidos en Nicaragua,

se podrá trazar su historia, sobre todo, porque para ésto ayudan las

importantes colecciones de antigüedades formadas por él mismo, y por

otros, que hoy existen en los museos de Washington, París y Berlín,

y las que se ven todavía en el departamento de Escuintla, que tanto

llamaron la atención del profesor Bastian.

Es curioso observar que el idioma quiché, procedente del maya, que era

el que se hablaba por los indios más civilizados de Yucatán, centro

de donde acaso irradió la cultura de los pueblos posteriores, se fué

extendiendo poco á poco hasta llegar á remotas comarcas. En la lengua

materna de los cañaris del Ecuador, no hay palabra alguna que no pueda

interpretarse por medio del idioma quiché[35], lo cual demuestra que

las emigraciones de las razas que poblaron las Antillas, Méjico y

Centro América atravesaron el istmo de Panamá, y el primer punto en

donde deben de haberse establecido fué el que ocupan las hospitalarias

costas ecuatorianas de occidente.

[35] Autoridades relativas á la lengua de los quichés, pág. 34,

Atlas arqueológico Ecuatoriano de González Suárez.

De la lengua quiché hace entusiastas elogios la magnífica obra de Pi y

Margall, sobre la América precolombina, hasta el punto de juzgar que

esa lengua indígena ofrece más riqueza de expresión y más energía de

conceptos que el idioma castellano. Sea de ello lo que fuere, creo yo

que sí puede establecerse que, de las lenguas mayas, es la que merece

más el estudio de los filólogos.

Según Humboldt, pasaban de veinte las principales lenguas que en

Méjico se hablaban á la llegada de los españoles, y se habían escrito

gramáticas de catorce de ellas. Sus nombres son: azteca ó mejicano,

otomita, tarasca, zapoteca, misteca, maya ó yucateca, totonaca,

popoluca, matlazinga, huasteca, mija, caquiquella, taranmara, tepehuana

y cora. Esta lengua azteca ó mejicana es menos sonora que la de

los incas, de la cual hablaré luego, pero no por eso es menos rica

y abundosa que ella, al decir de filólogos que las han estudiado.

Es aglutinante por todo extremo, como puede verse por la palabra

_Notlazomahuizteopixcatatzin_, que los indios dirigían á los curas, y

significa: "Sacerdote venerable á quien amo como á mi padre."[36]

[36] Pág. 163, tomo I. Ensayo Político sobre Nueva España. Es

importantísima la obra de don Francisco Pimentel, intitulada

"Cuadro de las lenguas mexicanas." Véase el "Arte en Sengoa

Mixteca," por Fr. Antonio de los Reyes. México, 1583.

El quichua y el aimará dominaron en una vasta región de la América

del Sur, y aún se distinguen por su armonía imitativa, y por la

riqueza de conceptos que en largas frases pueden contener tan sonoros

idiomas. La lengua chilena era pobre y distinta de la peruana, aunque

pertenecía, como todas las americanas, á la familia de las aglutinantes

ó polisintéticas, que por una simple agregación, al principio,

medio ó fin de la palabra, modifican su valor gramatical, sentido ó

significado[37].

[37] Arte de la lengua de Chile, por el jesuita Andrés Febres.

Lima 1765. Arte y vocabulario de la lengua chiquita, por Adam

y Henry. Esta lengua la hablaban los indios que habitaban la

parte S. E. de Bolivia.

Enbalde el abate Brasseur de Bourbourg, que tan valiosos documentos

extrajo de nuestras bibliotecas y archivos, ha querido probar, en

varias páginas de sus obras[38], (que revelan mucho de imaginación)

que las lenguas mayas se derivan del latín, griego, inglés, alemán,

escandinavo etc. Hoy es teoría admitida la de que no tienen ninguna

relación, por más que casualmente haya una que otra palabra análoga

en las lenguas del antiguo y en las del nuevo continente. La torre de

Babel es un mito; los idiomas no tienen un origen único. Müller, Renán,

Toly, Schleicher y otros sabios lingüistas, demuestran ampliamente que

de numerosos centros de lenguaje, han brotado los idiomas y dialectos

que actualmente se conocen[39].

[38] Los europeos estiman hoy en mucho los idiomas de los

indios. El abate Brasseur escribió en francés un vocabulario y

una gramática quiché. Mr. W. M. Gabb leyó un estudio ante la

_American Philosophical_ Society de Filadelfia, sobre tribus y

lenguas indigenas de Costa Rica. Castillo y Orozco escribió el

Vocabulario Paez Castellano, relativo á los indios _paeces_ de

Nueva Granada.

[39] Nuevas lecciones sobre la ciencia del lenguaje. 1864. Max

Müller.

Por lo demás, tuvieron los religiosos españoles empeño en escribir

gramáticas en las lenguas indígenas; pero vaciándolas en los moldes

latinos, á usanza de Lebrija, como si los idiomas todos tuvieran la

misma estructura, y pudieran acomodarse á sintaxis, conjugaciones,

declinaciones y accidentes propios del modo de expresarse de los

hijos del Lacio. Tengo, por ejemplo, á la vista la del Padre Fr.

Ildefonso Flores, y sé que el domínico Marcos Martínez escribió la

gramática quiché, el mercedario Gastelú la de los lacandones, el

franciscano Rodríguez un "Arte y vocabulario cackchiquel," Francisco

Parra el diccionario quiché, cackchiquel y zutujil, el P. Cadenas

los vocabularios cackchiquel, quiché y poconchí. También daban á luz

frecuentemente doctrinas y confesionarios en esas lenguas, como el

libro preciosísimo y raro, del cual conservo un ejemplar impreso,

intitulado: "Christianoil tzilz pa cakchiquel, qhabal, releçan ahan

Obispo Don Francisco Marroquín: nabei Obispo cakchiquel, ru proponel

Emperador. Qui hunam vach cralz cakchiquel chí Santo Domingo, San

Francisco: Padre Fray Juan de Torres, Fray Pedro de Betanços."

"Doctrina cristiana, en lengua guatemalteca: ordenada por el

Reverendísimo Señor Don Francisco Marroquín, primer Obispo de

Guatemala, y del Consejo de Su Majestad etc. Con parecer de las

Religiones del Señor Santo Domingo y San Francisco: Fr. Juan de Torres

y Fr. Pedro de Betanços. Impreso en Guatemala, con la licencia de los

superiores, por el Br. Antonio Velasco. 1724."

CAPITULO SEGUNDO

=Tribus bárbaras y naciones civilizadas del Nuevo

Mundo, particularmente las del istmo

Centro Americano.=

SUMARIO

Tribus que poblaban las orillas del Mississipi.--Diferencias

que las distinguían de las otras de la América del Norte.--Lo

que dice de ellas Mr. Tocqueville.--Indios del Norte de Nueva

España.--Descripción que de ellos hace el Barón de Humboldt.--Tribus

bárbaras de Méjico.--Aborígenes semisalvajes de Centro

América.--Naciones civilizadas del Nuevo Mundo.--Estado de progreso

de los aztecas.--Diferente cultura de las naciones de Centro América,

el Perú y Méjico.--Primitivos pobladores de Guatemala.--Balán

Votán.--Los nahuas ó nahoas.--Origen de los quichés, cackchiqueles,

zutujiles y mames.--Fastos de la monarquía quiché.--El Memorial de

Tecpán Atitlán.--Diversos pueblos que existían en Guatemala.--La

opulenta Utatlán, corte de los reyes quichés.--Su palacio, fortaleza,

colegios, suntuosidad y explendor.--El reino cackchiquel.--Cómo

estaban esos reinos cuando vinieron á conquistarlos los

españoles.--Sus ruinas demuestran la civilización que tuvieron en

tiempos antiguos.--Los incas, su cultura y desarrollo.

En la exuberante tierra regada por el _Padre de las Aguas_, ó sea

el Mississipí, como se llamaba, desde la época de los indios, ese

gigantesco río, se hallan tan fértiles valles y tan risueñas llanuras,

que era imposible que el hombre, siempre amante de la bella naturaleza,

no hubiera buscado su morada en aquellas espléndidas comarcas. Entre

el nogal y el álamo, en los ribazos agrestes y en las verdes praderas,

vagaban, desde tiempo inmemorial, tribus aborígenes. Asomando por

la desembocadura del río San Lorenzo hasta el delta del Mississipí,

desde el Atlántico hasta el Pacífico, esos salvajes tenían caracteres

de semejanza que atestiguaban su origen. En lo demás, dice Mr. de

Tocqueville[40], se diferenciaban de todas las castas conocidas: ni

eran blancos como los europeos, ni amarillos como la mayor parte de

los asiáticos, ni negros como los negros. Su piel era rojiza, sus

cabellos largos y relucientes, sus labios delgados, y los juanetes de

sus mejillas muy sobresalidos. Las lenguas que hablaban los pueblos

salvajes de América se diferenciaban por los nombres; mas todas ellas

estaban sujetas á las mismas reglas gramaticales, las cuales se

apartaban en muchos puntos de las que hasta entonces habían regido al

parecer la formación del lenguaje entre los hombres. El idioma de los

americanos parecía efecto de nuevas combinaciones, y anunciaba por

parte de sus inventores, un arranque de inteligencia de que son poco

capaces los indios de hoy día[41].

[40] De la Democracia en la América del Norte, pág. 43, tomo I.

[41] En el territorio de los E. U. las lenguas más conocidas

eran la hurona y algonquina.

El estado social de estos pueblos se diferenciaba también, bajo de

varios aspectos, de lo que se veía en el antiguo mundo, cual si se

hubieran multiplicado libremente en el seno de sus desiertos, sin

contacto con estirpes más civilizadas que la suya; y así, no se

encontraban entre ellos esas nociones dudosas é incoherentes del bien

y del mal, esa corrupción profunda que de ordinario se mezcla con la

ignorancia y la rusticidad de costumbres, en las naciones cultas que

han vuelto á ser bárbaras. El indio todo se lo debía á si mismo: sus

virtudes, sus vicios y sus preocupaciones eran su propia obra; y había

crecido en la independencia bozal de la naturaleza.

La tosquedad del populacho en los países cultos, no consiste solamente

en que son ignorantes y pobres, sino en que siendo tales, se rozan

diariamente con hombres ilustrados y ricos. La vista de su infortunio

y debilidad, que cada día forma contraste con la fortuna y poderío

de algunos de sus semejantes, produce al mismo tiempo en su corazón

rencor y temor, y la idea que tienen de su inferioridad y dependencia,

los irrita y humilla, y ese estado interior del alma se reproduce

así en sus costumbres como en su lenguaje, siendo insolentes al par

que bajos. La verdad de este aserto se prueba fácilmente, por medio

de la observación: la gente del pueblo es más tosca en los países

aristocráticos que en otra cualquiera parte; en las ciudades opulentas

más que en los campos. En esos lugares en que se encuentran sujetos tan

poderosos y ricos, los débiles y pobres se miran como agobiados con su

inferioridad, y no descubriendo ningún punto por donde puedan llegar á

la igualdad, desconfían enteramente de ellos mismos y se dejan caer en

un grado ínfimo á la dignidad humana.

Los Indios, su Historia y su Civilización · 第 2 / 23 段