"Sin embargo, esta muerte lenta de toda una raza de hombres

En esta edición se han mantenido las convenciones ortográficas del

original, incluyendo las variadas normas de acentuación presentes en el

texto. (la lista de errores corregidos sigue el texto.)

En el original, la numeración de las páginas es: 1-5, I-XII, 1-216.

Se han subtituído las 'n' por 'u' y viceversa cuando quedaba claro en

el contexto.

En el original, los carácteres ", ¿? y ¡! no siempre están emparejados

correctamente. Se ha dejado como el original.

En el original, el apóstrofe suele ir seguido de un espacio. Se ha

dejado como el original.

En la página 216 se hace referencia al año 801. Aunque parece

incorrecto, se ha dejado la referencia.

En la página 28 se hace referencia a la Nota 37 que no se encuentra. Se

ha dejado indicado como [Nota 37].

En el Indice, la Introducción está referenciada como la página 6,

cuando, según la numeración, es la página I.

Las letras itálicas se muestran entre _subrayados_. Las letras en

negrita se muestran entre =signos igual=. Las versalitas (letras

mayúsculas de tamaño igual a las minúsculas) han sido sustituidas por

letras mayúsculas de tamaño normal.

(nota del transcriptor)

LOS

INDIOS

SU HISTORIA

Y SU

CIVILIZACION

POR

=Antonio Batres Jáuregui=

Individuo de la Facultad de Derecho de Guatemala, de la Real

Academia Española, de la Matritense de Jurisprudencia y

Legislación, de la Sociedad de Historia Diplomática de París, de

la Sociedad de Legislación comparada de Francia, de la Sociedad

Literaria Hispanoamericana de Nueva York, del Instituto Smithoniano

de los Estados Unidos de América, de las Academias de Ciencias de

Guatemala y El Salvador

1893

GUATEMALA

Establecimiento Tipográfico LA UNIÓN, Octava Calle Poniente, No. 6.

1894

Esta obra, presentada al Ministerio de Instrucción Pública en

SEPTIEMBRE DE 1893,

es propiedad del autor

ADVERTENCIA

El carácter severo de la historia me ha obligado, al escribir este

libro, á procurar que las noticias que contiene, vayan apoyadas por

la autoridad de escritores notables, que he leído con detenimiento,

y que cito á cada paso, no por hacer alarde vano de erudición, sino

para justificar las aseveraciones que modestamente presento al

público, aunque con la plena confianza de haber tenido á la vista, al

formularlas, una gran parte de las obras que arrojan luz sobre los

tiempos pasados de la raza indígena de América.

Sin dar suelta á los arranques de la imaginación, y rechazando los

matices de la fantasía, que no cuadran en una obra del linaje de la

presente, no he desdeñado revestir de vivo color algunos pasajes,

que resaltan asi del fondo de la arqueología del Nuevo Mundo; ni he

dejado de quilatar la verdad en el crisol de la crítica, y de respetar

los fueros de la moral histórica, que requiere la más inflexible

imparcialidad, al propio tiempo que exige que no se oculten las fuentes

de donde se toman las enseñanzas que se presentan, al través del propio

criterio. He ahí porqué muchas veces he preferido, en el curso de mi

labor, transcribir de todo en todo lo que algunos maestros enseñan

en cada materia, para depurar, con sus propias palabras, lo que la

austeridad histórica demanda.

Lejos de mi ánimo ha estado el constituirme en iracundo censor de

España, llamando á juicio, ante los tiempos modernos y al través del

actual progreso, á los hechos que pasaron hace siglos, como si no fuera

preciso tener en cuenta las ideas y las preocupaciones de las diversas

edades, á fin de que prevalezca en todo caso el criterio sereno y la

razón desapasionada; pero tampoco soy vocero de la época colonial, ni

de aquellos que pretenden exhibirla inmaculada y pura. Fué necesaria

evolución, para que un mundo entero entrase en comunidad de miras

é intereses con el resto del planeta. Cúpole á la nación ibera el

glorioso destino de hacer renacer á la vida de la civilización este

hemisferio. Es ley de la naturaleza que, así como el hombre viene al

mundo entre lágrimas y dolores, no pasen los pueblos de una á otra

edad, sino entre ayes de amargura y torrentes de sangre.

Ni se extrañe que á las veces no limite mis estudios solamente á

los aborígenes de Guatemala, ya que, aunque á ellos les consagro

la mayor parte de mis lucubraciones--como que el primordial objeto

es historiarlos é inquirir el modo de acrecentar su civilización

y desarrollo--no he querido dejar por eso de decir algo, siquiera

ligeramente, de lo que concierne á los célebres imperios de Atahualpa

y Guautimoc; porque de otro modo no es dable que, del obscuro fondo

del pasado, se destaque bien el panorama de las naciones civilizadas y

tribus salvajes de la América Central, en los tiempos precolombinos.

Por lo demás, ya que en esta última mitad del presente siglo ha

despertado en Europa el espíritu de inquirir, con interés y hasta con

entusiasmo, cuanto se relaciona con la historia de las primitivas

razas del Nuevo Mundo, natural parece que se diera alguna extensión á

la presente obra, puesto que el istmo de Centro-América fué emporio

de soberbias ciudades y núcleo de poderosos imperios, antes de la

conquista española. Al propio tiempo, pues, que he hecho un estudio

detenido del origen, lenguas, costumbres, gobiernos, religión, ciencias

y demás fases de la cultura indiana, he procurado diseñar especialmente

la manera como han venido pasando, al través de los tiempos, los

aborígenes pobladores de Guatemala: los procedimientos que, durante

el gobierno colonial, se emplearon para con ellos, y los esfuerzos

que se han hecho para mejorar su estado; concluyendo por apuntar los

escollos con que tropieza el avance de su civilización, é indicando los

medios que más pronta y eficazmente pueden contribuir á darle vigor y

desarrollo.[1]

[1] Tales son los puntos que abraza el Decreto Gubernativo

del 11 de Octubre de 1892, que convocó un concurso para

premiar las obras que, _después de contener la historia de los

aborígenes y los procedimientos llevados á cabo para mejorar su

condición_, expusiesen los medios más adecuados y económicos

para civilizarlos.

INTRODUCCION

"Si mi pluma tuviese dón de lágrimas yo

escribiría un libro titulado =El Indio=,

y haría llorar al mundo.

JUAN MONTALVO.

La arqueología prehistórica exhibe como continente muy viejo al que hoy

llaman todos Nuevo Mundo, y que apenas hace cuatrocientos años volvió á

estar en comunicación con el resto del planeta. Animales antidiluvianos

han desaparecido para siempre de la tierra, y diez selvas sucesivas se

han visto sobrepuestas unas á otras en terrenos de este suelo, llamado

poéticamente _virgen_; mientras que el hombre americano, cuyos huesos

han permanecido por miles de años junto con los restos de géneros de

mamíferos tiempo ha extinguidos, vive y se multiplica, como es ley de

la naturaleza. En 1844 se encontraron en el Brasil esqueletos humanos,

confundidos con los del _mastodonte_ y el _megalonix_; en un corte del

Mississipí, entre fragmentos de árboles de terrenos cuya formación

tiene más de mil siglos, según Dowel y Lyell, se vieron huesos de

hombres, y había un cráneo cubierto por las raíces de añoso ciprés, que

habría vivido mucho más, para sucumbir al fin. En Boston se muestra al

viajero, en el Museo de Historia Natural, una calavera encontrada en

California, á setenta varas de profundidad, en unión de muchos fósiles

de animales gigantescos; cerca de Buenos Aires se han recogido,

revueltos con piedras talladas groseramente, algunos fragmentos de

esqueletos de aquellos antiquísimos pobladores de la argentina pampa,

que se guarecían bajo las conchas enormes de colosales tortugas,

á guisa de rústicas viviendas (glyptodon elegans). Los estudios

geológicos recientes han hecho penetrar la investigación á remotísimas

fechas, evocando perdidos recuerdos y añadiendo, según las expresiones

de Mr. de Quatrefages, gran número de siglos á la historia.[2]

[2] Rapport sur les progrés de l'antropologie, pág.

76.--Nardaillac, "Les premiers hommes."--T. II, pág. 13.

En efecto, el rey de la creación, representante, al decir de Egard

Quinet, de la luz del mundo en su medio día, apareció cuando pudo

ese ser privilegiado, alzándose recto sobre sus piés, avanzar sin

esfuerzo, sin encorvarse, ni arrodillarse, ni rastrear, donde el

espacio se desarrollaba delante de él, y le convidaba á tomar posesión

del horizonte; donde toda la tierra le decía, como dijo Cristo al

paralítico de la Piscina _¡Levántate y anda!_[3] El hombre es el único

de los animales que anda en el tiempo; es decir, que progresa en la

historia, que sale del estado primitivo, salvaje, al estado semiculto

y al civilizado. El tiempo, ese eterno generador y destructor á la

vez, ha venido atestiguando en la tierra, la marcha de la humanidad

hacia adelante, dejando las generaciones que mueren, el legado de sus

adelantos á las generaciones que nacen.

[3] "La Creación," T. I, pág. 303.--Madrid, 1871.

Cuando las velas desplegadas de tres pequeños barcos españoles traían

á la América el espíritu europeo, que alboreaba en renacimiento

histórico, al expirar el siglo XV, la transición iba á ser brusca y

súbita; la temperatura moral, el medio ambiente social, el torrente de

las ideas, el huracán de las creencias, el estallido de las pasiones,

la dinamita del interés, inflamada por el celo religioso, que, á usanza

musulmana se imponía entonces á sangre y fuego; todo hubo de poner en

choque la civilización latina con la indígena civilización de América.

¿Podrían los pobladores de aquende el océano, salvar de una vez el

tiempo que separa la edad de piedra de la edad de plata?........ El

exterminio, por la conquista, al filo de la espada, fué la suerte

de casi todos los innumerables pueblos que por tantos siglos habían

venido creciendo y desarrollándose en este continente. En la parte

que los ingleses ocuparon desaparecieron los indios, que apenas se

dejan ver hoy en una que otra tribu, que errante vaga, lejos del

bullicio de las villas y ciudades.[4] En donde los españoles clavaron

el estandarte de los reyes católicos, no se destruyó por completo la

raza aborigen; pero en cambio, la fuerza del vencedor la subyugó de

tal manera, la explotó de tal modo, que apagó en ella la vida moral,

las expansiones del espíritu. Sin que sea mi ánimo culpar á la heroica

España de los efectos y consecuencias que debía producir la conquista

en el siglo XVI, ya que ni lógica, ni históricamente podía esperarse

otra cosa diversa, es lo cierto que á los férreos soldados iberos

tocóles producir ese choque ciclópeo de una civilización avanzada con

otra civilización remota; y que en la lucha social, había de acontecer

lo que sucede diariamente en la renovación de los elementos de la

naturaleza. Las mismas manos que pusieron al emperador de Méjico en una

parrilla, á una Anacaona en la horca, á un nobilísimo inca en afrentoso

suplicio y á un Caupolicán en la punta de una lanza, esparcieron la

semilla del progreso europeo, de la civilización del viejo continente,

en las tierras que anegaban de sangre y fertilizaban con lágrimas. Así

como el descubrimiento de América estaba preparado por los designios de

la Providencia, la conquista del Nuevo Mundo se hallaba históricamente

preparada también, á causa de los sucesos varios que en luchas

sangrientas dividían á los pobladores de estas comarcas americanas,

cuya civilización harto había decaído.

[4] RAMONA, novela americana, por Helen Hunt Jackson, traducida

del inglés por José Martí.--Nueva York.--1888.

Los imperios más ricos y populosos que existían aquí, al tiempo de

la conquista, que eran el de los aztecas, el de los incas y el de

los quichés, se hallaban menos civilizados que los antiguos indios,

que levantaron monumentos grandiosos en Mitla, Copán, Palenque, el

Cuzco, Titicaca, Huanuco y Tiahuanaco. La escritura fonética de los

mayas era más perfecta que la de pinturas y nudos usados por los

demás pueblos. Hubo en América, á no dudarlo, invasiones de tribus

salvajes del continente mismo, que destruyeron mucho de la cultura

de los antiquísimos imperios, más viejos acaso que los de Siria y

Babilonia. La civilización de Méjico, Centro América y el Perú,

creen algunos que se elaboró en el suelo americano, sin tomar nada

á los chinos, á los japoneses, á los israelitas, á los fenicios, á

los celtas, á los germanos, ni á los escandinavos.[5] Dicen que era

una civilización original y mucho más adelantada, en época remota

á la venida de los españoles, bien que es preciso confesar que, no

obstante los prodigiosos adelantos que los geólogos y cosmógonos han

alcanzado en los últimos tiempos, aún permanecen esos puntos en tela

de juicio. Lo que sí está demostrado, en la antigua historia de los

naturales del Nuevo Mundo, es que se verificaron invasiones de tribus

bárbaras; de tal suerte que la tragedia que en el viejo continente

tuvo por desenlace la caída del imperio romano, se repitió en América;

y los hunos, alanos, vándalos y godos de aquende el mar, consiguieron

destruir una civilización que podía relativamente competir con las de

Roma, Nínive, Egipto y la India.[6] Lo mismo que en el antiguo mundo,

nótase en América que, en ciertas épocas dadas, la civilización,

semejante al sol, sigue su curso de Oriente á Occidente, y las

invasiones bárbaras llegan á los imperios cuando ha sonado la hora

precisa de su caída. Se las ve siempre salir del Norte, para arrojarse

sobre las regiones del Mediodía, y siguiendo una marcha análoga á la de

la civilización, que desciende del nordeste al sudoeste.[7]

[5] J. D. VALDWIN. ANCIENT AMERICA, chap. V, p. 184. Esa teoría

de la originalidad de la civilización de América data de pocos

años á esta parte.

[6] MR. FRANCIS A. ALLEN. "La trés ancienne Amérique."

[7] BRASSEUR DE BOURBOURG, p. 178. T. II.--Histoire des nations

civilisées du Mexique et de l'Amérique Centrale.

Divididas unas tribus de las otras, ni siquiera se entendían, ya que

siendo América el hemisferio menos poblado, era el que contaba con

mayor número de idiomas.[8] Lejos de haber espíritu continental entre

los indios, había odios profundos y tendencias á la destrucción y

al exterminio. Poco antes de llegar los conquistadores españoles,

sacrificaron los mexicanos, á sus dioses, después de una guerra,

setenta y cinco mil prisioneros[9]; de tal suerte que el elemento

europeo, en escaso número, sólo fué un medio de que usó la Providencia

para efectuar, valiéndose de los mismos indios, la conquista sucesiva

de la tierra americana.

[8] MULLER.--Allgemeine ethnographie (Viena, 1873), p. 550.

[9] El señor Zumárraga, primer obispo de México, dice que sólo

en la capital se sacrificaban anualmente veinte mil víctimas

humanas. _Clavígero._

Sin pretender, pues, ni remotamente vituperar á aquellos héroes, que

como Pizarro y Cortés, sojuzgaron los vastos reinos de estas comarcas

del Nuevo Mundo, no puede revocarse á duda que la raza vencida, que

se hallaba en un atraso relativo de miles de años, respecto á la

vencedora, debía quedar después de la hecatombe de sus progenitores,

abatida, triste, casi muerta. Mientras que los reyes de España dictaban

leyes protectoras de los aborígenes, los conquistadores hallaban medio

de burlarlas, y explotar más y más á los miserables indios: fenómeno

natural, si se considera que los monarcas los contaban en el número

de sus súbditos, y los encomenderos y los alcaldes y los corregidores

y los capitanes generales y los virreyes, consideráronlos como sus

siervos. Venían con una espada y una pobre capa los atrevidos soldados,

no á ejercer la caridad, ni á predicar la filantropía, sino á buscar

oro, y á saciar aquel espíritu de altivo imperio y de aventuras

audaces, que se revelaba en crueldades sin cuento y hazañas heroicas.

Cuando la imaginación contempla, antes del siglo XVI, á los pobladores

de este suelo tan rico, como variado, vagando por los bosques, á las

orillas de esos ríos, que semejan mares, en los valles amenos y en las

florestas umbrosas, véseles como soberanos de todo cuanto su mirada

abarca y su planta huella. Son señores de la naturaleza que conocen;

la intrincada selva es suya; el ave que atraviesa por los aires puede

caer al golpe de su flecha; el cuadrúpedo que vive en el monte, está

al alcance de sus armas ó de su astucia. Escúchanse los acordes de sus

_areitos_, al són de las agrestes músicas; divísase en las márgenes

del fresco lago, la turba gárrula de las hijas de Kicab y de Tecum

que, cual alegres y pintadas guacamayas, dejan sus tibios nidos para

ir á refrescarse á las tranquilas ondas; contémplase al rey, en andas

de oro, vestido de plumas de quetzal, y cargado por nobles servidores,

que se dirige al pajizo palacio, tapizado de orquídeas, de palmeras

y enredaderas; desprécianse el oro, el ópalo y las esmeraldas, que

se hallan en los lechos de garzas y caimanes; las hojas del nopal

se cubren de vívida grana, que bulle entre las silvestres tunas;

osténtanse llanuras cubiertas de _milpas_, que movidas por el viento,

semejan escuadrones de penachos rubios y verdes alfanjes. Innumerables

años han venido corriendo desde que, en edad ignota, en esta tierra

nació, aquí se multiplicó y aquí creció, esa raza cobriza, que es la

raza americana. Si tuvo dolores, ha tenido goces; si la peste y la

guerra han diezmado sus ciudades, vive siempre, como vive la humanidad,

como vive la naturaleza toda, por medio de la renovación. Había

espíritu indómito y pujante en Arauco, vigor y riqueza en los hijos

de Manco-Cápac, cultura en los quichés, orgullo en los cackchiqueles

y tradiciones gloriosas en los aztecas. Si la civilización de sus

progenitores perdió mucho de su brillo, quedaban los gérmenes en campo

fecundo y exuberante: quedaban la vida, la fe y la esperanza. Pero

hubo de sonar en la historia, la hora nefasta de la desolación y de la

ruina, como suena en el corazón del moribundo el postrer estertor de

la existencia. La raza indígena sucumbió al rudo empuje de otra raza

venida de allende el mar. Apareció el hombre _pálido_ en el grandioso

templo de Tohil, y cual sacrificador de todo un continente, extinguió

con su aliento de muerte las sagradas luminarias, é hizo callar las

férvidas oraciones; los ídolos cayeron de sus altares, y para siempre

huyó el sumo sacerdote, revestido de amarillo luto, llevándose la

biblia de sus tradiciones, el _pópol-vuh_ de sus recuerdos.

Brillan las lanzas, chocan las rodelas y después de la algarada del

combate, cuando pasa la nube de humo de los arcabuces, viene el sol

indiferente á alumbrar el cadáver galvanizado de una raza entera; óyese

el chasquido del látigo del encomendero; la enseñanza del fraile, que

el indizuelo reverencia sin entender; los votos del criollo contra

el peninsular; las querellas de ambas Potestades; los alzamientos de

chapetones de barcada; las ruidosas discordias de la Real Audiencia con

el Presidente y el Obispo; la fausta nueva de que en Valladolid nació

un príncipe ibero, ó la noticia dolorosa de que en el Escorial hay un

regio difunto más; arman escándalo las guedejas de los eclesiásticos;

se promulgan bandos á són de tambor y con bélico aparato sobre asuntos

baladís[10]; se produce un conflicto, porque va sin golilla un Capitán

General á la catedral metropolitana; los concejales riñen con los

canónigos, porque no tuvieron almohadas para hincar las rodillas en

la festividad del Corpus; y se arman competencias entre seglares y

eclesiásticos, sobre asuntos de _mixto foro_; y pelea San Francisco

con Santo Domingo, y se presta atención á menudencias y á nimiedades.

Empero, no es esto sólo; las poblaciones coloniales estaban inmóviles,

rígidas, inertes. Las sabias leyes que en pro de los vencidos, de los

miserables indios, se daban en España, no se cumplían á derechas en

estas regiones. Fué una lucha secular entre los reyes, que expedían

cédula tras cédula, favoreciendo á los aborígenes, y los encomenderos

que siempre hallaban como eludir aquellas órdenes; entre los reyes,

que enviaban visitadores, y éstos que cometían los mismos abusos que

declaraban punibles en los residenciados. Los españoles americanos

no podían avenirse con los peninsulares; y era la América durante

la dominación de la metrópoli, al decir de un escritor moderno, una

soberbia cuna de imperio, en la cual dormía, no un niño que anunciara

la virilidad de Hércules, sino un aborto deforme y raquítico que

inspiraba lástima. El siglo brillante de León X fué señalado en el

Nuevo Mundo por actos de crueldad, que más parecen pertenecer á los

tiempos de mayor barbarie.[11]

[10] Real orden expedida en San Lorenzo, á 20 de Nov. de 1786,

promulgando una receta para curar las niguas.

[11] Humboldt.--Viaje á las regiones equinocciales del Nuevo

Continente. T. II. p. 3. El mismo obispo Zumárraga, llamado el

Omar de Occidente, enrostró á Carlos V las terribles crueldades

de que los indios eran víctimas. Documentos inéditos de Indias.

t.º XIII, página 172.

La raza indígena, entretanto, no sólo se minoraba por modo desolador,

sino que abatida, languidecía sin dar el más leve testimonio de

virilidad. Después que el Romano Pontífice decidió que los indios

eran hombres, todavía se les trataba como á bestias de carga, y no

quedó comarca, ni choza en donde no hubiera espanto y dolor. No era

dable que los europeos, superiores en civilización, considerasen, en

aquellos tiempos, humanamente á los vencidos. Ni hay porque pedir á

los conquistadores españoles lo que ningún conquistador ha hecho en

la historia; ni era hacedero por extremo alguno, que se amalgamase

un estado social con otro diverso, ni que los intereses encontrados

dejasen de estar en lucha. No pudiendo los aborígenes vengarse de los

españoles, hasta se complacían en unírseles después de la conquista,

para oprimir y vejar á los de su misma raza americana. Forzados á una

obediencia ciega, deseaban á su vez tiranizar á otros: la opresión

produce siempre el defecto de corromper la moral.

Creían los dominadores que era bastante hacer catequizar á los indios,

como si fuera dable que una raza con sus creencias, tradiciones

y costumbres, pudiese pasar repentinamente á la cultura que las

máximas cristianas presuponen; y como si no fuese imposible arrancar

por modo súbito, del corazón de un pueblo, su orgullo nacional, su

aliento patriótico, su arrogancia de colectividad[12]. La agonía

moral, la muerte del espíritu de una raza, la sofocación, por falta de

ambiente, es lo que sigue á una conquista. Eran los indios reyes de la

inmensidad, y se les convirtió en acémilas ó en parásitos del hombre

blanco; eran, como el corcel de la llanura, dueños de todo lo que su

vista abarcaba, y vino un día en que sus plegarias fueron reputadas

crímenes, sus dioses motivos de expiación, sus recuerdos terribles

pesadillas, sus tradiciones vergüenzas, y sus hijos esclavos. Bajo el

régimen colonial, los caribes desaparecieron casi de las Antillas.

En las márgenes del Amazonas destruyéronse cerca de mil pueblos. Los

muiscas, que formaban poderosísima nación, se redujeron á tribu.

Cincuenta años después de la conquista del imperio de los incas,

habían perecido más de dos millones de indios, según el canon de 1580,

levantado por orden de Felipe II. Cuando el Perú se hizo independiente,

dice un historiador fidedigno, que había perdido las nueve décimas

partes de sus habitantes. El imperio de los incas tenía seis millones,

al llegar los españoles, y por el censo de 1795, quedaban seiscientos

mil indígenas. El valle Santa, al sur de Trujillo, que hoy tiene mil

almas, contaba á la venida de los conquistadores, setecientas mil. En

el floreciente reino Quiché, en el populoso cackchiquel y en el rico

tzutojil se diezmaron las grandes ciudades, mientras que en México era

asombrosa la destrucción de los aborígenes, como se verá en el curso de

la presente obra.[13]

[12] El célebre Motolinia, ó sea el P. Toribio de Benavente,

pretendía que el bien que se hiciese á los indios se redujera

á bautizarlos y confesarlos. "Riva Palacio-México al traves de

los siglos, Tomo II. p. 80.

[13] El Perú tenía como seis millones de indios, al tiempo de

la conquista, y por el censo de 1796, hecho por orden de del

Virrey Gil y Lemos, quedaban 608.899.

"Sin embargo, esta muerte lenta de toda una raza de hombres se

ejecutaba en silencio, y las tribus se extinguían unas tras otras,

sin turbar el orden general. Los sacerdotes mantenían la paz en la

inmensa turba de esclavos incesantemente, diezmados, y echaban algunas

gotas de agua bendita sobre estas poblaciones, que apenas muertas,

eran enterradas en el olvido. Cada pueblo lo gobernaba un cura. Toda

desobediencia era castigada con una doble pena civil y religiosa, todo

rebelde era un hereje, á quien á la vez se penaba con la muerte y la

excomunión." La época más triste para una raza, no es aquella, exclama

un sabio francés; en que el hombre ha vivido en la mayor miseria, sino

más bien los tiempos en que los pueblos han pasado bruscamente de una

edad á otra: aun cuando hayan sobrevivido á esas épocas de crecimiento,

han hecho oír lamentos singulares, siempre que han pasado por modo

repentino, de una temperatura civil á otra. Hoy nos cuesta trabajo

explicarnos tales acentos de dolor, porque ya no sabemos reconocer

en ellos la desaparición de un mundo. Desde este punto de vista, el

tremendo grito de Job, que ha atravesado los siglos, responde á un mal

de ese género, y este sería sin la menor duda, el mejor de los indicios

para marcar la época á que pertenece. Cada uno de los profetas hebreos

corresponde á uno de esos violentos cambios de estado.

¿De dónde proviene la serenidad de los griegos? De que se quedaron

siempre niños; de que sufrieron menos que otro pueblo alguno las crisis

de la transición de una temperatura, de una edad del mundo á otra edad.

¿No sentís, por el contrario, en la melancolía de Virgilio el lamento

de una especie que se extingue? Todo el antiguo mundo itálico, latino,

sabino, se ve perecer y gime en el alma del poeta; abismo escondido

debajo de la púrpura.

Nosotros también hemos visto á la edad moderna acabar de extinguirse,

y nuestros oídos están todavía llenos de las lamentaciones que aquel

naufragio inspiró á los poetas, á principios de este siglo. Algo se

muere, parecían decir todos ellos, y el lamento crece y redobla de

Chateaubriand á Byron, hasta que se endurecen los corazones y se

forja un mundo nuevo. Entonces deja de comprenderse ya esa poesía de

desolación y llanto.

Edad de piedra, edad de bronce, de hierro ó de plata; la transición de

una á otra no puede efectuarse sin dolor. Hay para cada pueblo, como en

la vida de cada hombre, una crisis, una mudanza en el tránsito de la

infancia á la adolescencia, á la juventud, á la edad madura."[14]

[14] La Creación, por Edgar Quinet. T. I. p. 390. Madrid.--1871

Las tribus indias de América, aún están hoy, como estaban antes de la

conquista, mejor dicho, han retrogradado y han perdido el espíritu de

ir adelante. Contemplan por doquiera enemigos ó dominadores, y luchan

por conservar sus costumbres, porque saben, por experiencia triste, que

cada vez que ha sobrevenido para ellos un cambio, ha sido para caer en

un abismo más profundo y doloroso. Siguiendo la ley de la naturaleza,

que por doquiera pugna por la vida, la raza indígena se apega á sus

hábitos, como la crisálida al capullo que la sepulta; podrá el gusano

llegar á ser mariposa de colores, pero la transformación siempre

se teme y se rechaza, aunque se espere un cielo tras la puerta del

sepulcro.

Esos pobres parias, que pasan su vida miserablemente, ignorando

lo que fueron ayer y sin preocuparse de lo que serán mañana, sólo

pueden encontrar en la embriaguez lenitivo á lo monótono y cansado

de su existencia. "Sienten una necesidad suprema: la de llorar sus

desventuras. Y, ¡cosa rara! en esos cantos y lamentos, no suenan para

nada los nombres de los antiguos soberanos, de los antiguos héroes,

como en la poesía popular de las razas oprimidas, que tienen anales

heroicos y que se acuerdan de ellos.

Este olvido es tanto más incomprensible, cuanto más abundantes y

grandiosos son los restos del pasado de América. Las ciudades conservan

aún en pié los palacios de los antiguos señores: los caminos que cruzan

el interior han sido delineados y abiertos por los principales dueños

del territorio; las aguas corren todavía por los cauces que ellos

les designaron, y en muchos parajes las colinas y los cerros forman

inmensas escaleras á las cuales cubría de vegetación la industria de

los adoradores del Sol.

Pues bien, si os fuera dado interpretar los tristes sonidos que el

indio arranca á su querida QUENA al pié de las colosales murallas,

antes cubiertas de oro; si, al caer el sol y á la media luz de esa hora

"del silencio y del pesar profundo," siguiéseis de cerca las huellas de

sus toscas sandalias, á lo largo de esos caminos abiertos en la roca

por sus antepasados; si, entrada ya la noche, os acercáseis hasta el

solitario sitio en que el infeliz viajero, rodeado de sus hijuelos,

distrae la fatiga y los pesares tocando su instrumento favorito,

podríais sorprender ayes dolorosos salidos del fondo del alma,

lánguidos suspiros de amor, tiernas quejas y orientales manifestaciones

de una alma enamorada. Pero en medio de esas quejas contra el rigor de

la mujer querida, ni una sola contra el rigor de los dominadores; en

medio de esas endechas fúnebres, ni un solo canto varonil y enérgico en

honor de la grandeza pasada, ni en prueba de que tienen conciencia de

la abyección presente.

Aquello es un pueblo huérfano, que ha perdido hasta el recuerdo de sus

glorias.

Una raza sin alientos, porque ha perdido hasta la esperanza, hasta los

deseos de la libertad.

El llama, que hace marchas inmensas, sin comer ni beber, suele en

ocasiones sublevarse contra su fatal sino y echarse al suelo, decidido

á morir en el sitio, antes que dar un solo paso más. El indio, perdida

la esperanza ó la paciencia, ha tomado una resolución idéntica. Se ha

dicho como el sectario de Mahoma ¡Más vale estar tendido que de pié, y

muerto que vivo! Ha llamado en su socorro al genio del suicidio, y el

infeliz no puede morir, y lleva ya tres siglos de agonía.

Cuando el viajero árabe nota que llega la última hora para el camello

que cruza el desierto, echa pié á tierra, y sacando del cinto el enorme

puñal, se lo clava en el corazón, en premio de sus leales y preciosos

servicios. En América hay otra costumbre. Cuando un caballo fatigado no

puede dar un paso más, por las pampas de arena de la costa, se le deja

atrás, abandonado en medio de la horrible soledad, para que muera de

hambre y de sed, viendo á los buitres revolotear sobre su cabeza.

Con la raza indígena se ha hecho una cosa parecida. "No se la ha

muerto, dándole una puñalada en el corazón; se la ha abandonado, para

que perezca de hambre y sed, para que los buitres la devoren."[15]

[15] ZOROBABEL RODRIGUEZ.--Miscelánea, t.º I.º pag. 54.

Por eso es que todo corazón levantado, ha de acoger con entusiasmo,

la idea de amparar, de ayudar, y si posible fuere, de civilizar

á los indios, que todavía se ven en tribus aisladas del resto de

nuestras poblaciones, y que conservan aún los idiomas primitivos y

las costumbres, y hasta los vicios de sus antepasados. Más de las dos

terceras partes de la población de Guatemala está formada por los

aborígenes, estancados muchos de ellos en sus colectividades, y sin

tener ni patria, ni aspiraciones, ni superiores anhelos, ni tendencias

á mezclarse con la parte culta del pueblo. Si en vez de haberse perdido

á las veces las fuerzas vitales y creadoras del país en fratricidas

luchas, odios de bandería que no tienen razón de ser, escepticismos

que desalientan, y negaciones que arguyen ignorancia, se hubiera

trabajado filantrópicamente, con asiduidad, por la civilización de

los indios, algo se hubiera obtenido y mucho se habría hecho, ya que

no sólo por espíritu de justicia y alardes de caridad, sino hasta

por interés patriótico, debemos empeñarnos en no tener, á fines del

siglo XIX, esas tribus estacionadas, que son rémora para el desarrollo

material, intelectual y político de la nación. La historia nos

demuestra que es harto peligroso dejar á los indios formar un _status

in statu_, perpetuando su separación, la rusticidad de las costumbres,

su miseria y todos los motivos de odio contra las otras castas.[16]

Sobre todo, ¿cómo ha de progresar un país cuanto debiera, si la mayoría

se compone de hombres que se hallan hoy en más atraso que el que

tuvieron en los primeros siglos, que se visten y se mantienen como lo

hacían allá en la época de Quicab ó de Balam Acam?

[16] Ensayo sobre Nueva España. Humboldt, p. 214 t.º I.

PRIMERA PARTE

=Tiempos precolombinos, ó los indios antes del

descubrimiento de América=

CAPITULO PRIMERO

=Origen del hombre americano. Sus razas é idiomas=

SUMARIO

Diversas opiniones acerca del origen de los

indios.--Inmigraciones.--Manera como han podido verificarse.--Teoría

del abate Brasseur de Bourbourg.--Remotísima antigüedad del hombre

americano.--Razas indígenas diversas.--Existen algunas tribus

blancas.--Opinión de Mr. Bennet Dowler acerca del tiempo que lleva el

Nuevo Mundo de estar habitado por hombres.--Lenguas que encontraron

los españoles al llegar á América.--No hay analogía entre los

idiomas de éste y del Antiguo Continente.--Caracteres de las lenguas

americanas.--Opinión de Bancroft sobre dichas lenguas.--Grupos de

civilización que fija el Dr. Berendt en Centro-América con relación

á las lenguas.--Idiomas que se hablaban en Méjico al tiempo de

la conquista.--El quichua y el aimará en la América del Sur.--Se

rebate la opinión del abate Brasseur de Bourbourg de que el maya

viene del latín.--Gramáticas de las lenguas de los indios de

Centro-América.--Doctrina cristiana, en cakchiquel, por el primer

obispo de Guatemala señor Marroquín.

En los tiempos modernos se ha puesto empeño en profundizar, al través

de los siglos, la historia americana, rastreando hasta los orígenes de

las primeras tribus que habitaron esta parte del mundo. Háse creído,

por algunos, que la dirección de los vientos y la de las corrientes

marinas, pudieron traer pobladores involuntarios del Asia á la América

meridional, por el Pacífico, y del Africa á las costas del Brasil, por

el Atlántico. Si alguna vez se heló el estrecho de Bering ó si era

antes un istmo, no sería fácil probarlo[17]; pero los grupos de islas

entre el Asia y la América del Norte, pudieron, en todo caso, servir de

escala para transmigraciones de un continente al otro; así como las que

se hallan en el Atlántico y en el Pacífico facilitarían la comunicación

entre la América Meridional, la Oceanía y el Africa.

[17] La anchura del estrecho es tan pequeña, que hoy

la atraviesan los tehuktchies y esquimales en pequeñas

embarcaciones. Las costas de los dos continentes se divisan

la una desde la otra. Bien pudo, pues, poblarse uno de

ellos, pasando del otro sus habitantes, sin necesidad

del descubrimiento de América, ó de estar unidos los dos

hemisferios.

"Las inmigraciones, dice el erudito autor de la historia

ecuatoriana[18], pudieron ser voluntarias, poniéndose algunas tribus en

camino, y haciéndose á la vela en busca de tierras donde establecerse,

pues las prolongadas sequías, el hambre, la guerra, la exuberancia

de población, obliga con frecuencia aún á los pueblos agricultores á

abandonar sus hogares y á emprender largas y penosas marchas; pero más

á menudo, las inmigraciones serían involuntarias y forzadas, viéndose

arrastrados los viajeros á puntos que ni siquiera habían imaginado. El

río negro (Kouro Siwo), de los Japoneses y la corriente marítima de

Tessán han arrojado más de una vez, en los tiempos históricos, juncos

chinos de casi trescientas toneladas á las costas de California; y así

mismo embarcaciones americanas han ido á dar en las Canarias, ó desde

esas islas han venido á las costas de Venezuela, traídas por la gran

corriente del Atlántico, que corre de un hemisferio á otro, rodeado por

el golfo de Méjico.[19]

[18] Federico González Suárez; t.º I. pag. 289.

[19] HUMBOLDT.--Historia de la Geografía del Nuevo

Continente.--(Sección 1.ª) En francés.

GAFFAREL.--Estudio sobre las relaciones de la América y del

Antiguo Continente, antes de Cristóbal Colón. Primera y segunda

parte.--En francés.

CASTAING.--De los orígenes americanos. (Actas de la Sociedad

Etnográfica americana y oriental. Tomo 4.º, 1864). En francés.

No es muy improbable que los chinos hayan conocido la existencia de

América, pues el país de Fou-Sang, de que se habla en alguna de sus

tradiciones, parece que no puede ser otro sino la costa occidental de

Méjico en la América del Norte.[20]

[20] PARAVEY.--La America, bajo el nombre de país de Toug-Sang,

ha sido conocida en Asia, desde el siglo quinto de nuestra era.

(Publicación hecha en los Anales de filosofia cristiana. Año de

1884.)

LUCIANO ADAM.--El país de Toug-Sang (Congreso de los

americanistas. Acta de la primera sesión celebrada en Nancy.)

Año de 1875.

SCHERER.--Investigaciones históricas y geográficas sobre el

Nuevo Mundo. (Capítulo cuarto). En francés.

CARREY.--El Perú. Cuadro descriptivo, histórico y analítico

de los seres y de las cosas de ese país (capítulo octavo). En

francés.

Cuanto más se estudia el Oriente, cuanto mejor se conoce la

China, su historia y su literatura, tanto más se confirma el

hecho de las comunicaciones del Asia, con el Nuevo Continente.

Carrey cita, en una nota de su capítulo octavo, documentos

recientemente descubiertos en China: por los cuales constan el

viaje de sacerdotes budistas á la América, mil años antes de

que ésta fuera descubierta por Colón, y otras inmigraciones,

de las cuales se encuentran no sólo recuerdos sino hasta

itinerarios.

Algunas creencias religiosas; varias prácticas del culto, tanto en

Méjico como en el Perú, y sobre todo, ciertas estatuas y bajos relieves

de las célebres ruinas de Palenque en la América Central, parecen

rastros ó indicios seguros de la predicación del Budismo en estas

regiones; la cual manifiesta que, en tiempos muy remotos, el antiguo

continente, estaba en comunicación con el nuevo.[21]

[21] CHARNAY.--Las ciudades antiguas del Nuevo Mundo. (Capítulo

catorce. Palenque y sus templos.) Edición de 1885.

D'EICHTHAL.--Memoria sobre el caracter asiático búdico de

algunos bajo-relieves de Palenque. (Academia de Inscripciones y

Bellas Letras. Año de 1864.)

Si se observa con cuidado la fauna del extremo setentrional de la

América y también la flora, se encontrará que una gran parte del

continente antiguo tiene, bajo ese respecto, no sólo semejanza sino

hasta casi identidad con las regiones americanas próximas, y esta

identidad es mayor en la fauna y en la flora paleontológicas. De donde,

acaso podría deducirse que en épocas geológicas anteriores á la actual,

la América estuvo unida por el Norte al Asia y á la Europa, formando un

solo continente.[22]

[22] RECLUS.--La tierra ó descripción de los fenómenos de

la vida en el Globo. (Primera parte, capítulo 2.º. Capítulo

primero de la segunda.)

SCHIMPER.--Paleontología vegetal ó la Flora del mundo

primitivo en sus relaciones con las formaciones geológicas.

Principalmente los capítulos sexto y séptimo; pero es de

advertir que este naturalista sigue la teoría darwiniana en

punto á la producción ó generación de las especies.

SNIDER.--La creación y sus misterios descubiertos. No es

posible aceptar sin reserva las teorías de este escritor, el

cual dice que los paredones del Azuay y el Inga-Pireca de Cáñar

no son monumentos de los Incas, sino obra de otras gentes

en muchos siglos anteriores á los Incas. Sobre tan débiles

cimientos funda su teoría de que la América estuvo ya poblada

antes del Diluvio de Noé: según ésto ¿el Inga Pireca de Cañar

será edificio antidiluviano? (Día sexto ó sexta época. Reinado

del hombre. Números XXVII-XXX.) En francés.

La posibilidad de inmigraciones del continente antiguo al continente

americano, ya no puede ser puesta en duda. Las tradiciones de los

pueblos americanos conservan además el recuerdo de inmigraciones

antiquísimas, à las que estaba unido el origen de ellos, y su

establecimiento en los países en que los encontraron los conquistadores

europeos. Y ¡cosa notable! todas esas tradiciones hacen venir del

Norte las tribus á que se refieren: el Norte ha sido, pues, en la

historia de América, como en la de Europa, el punto de partida de las

grandes inmigraciones. La Historia antigua del Ecuador ha conservado

vivo el recuerdo de la famosa inmigración de los Caras á las costas de

Esmeraldas sobre el Pacífico: los Caras llegaron navegando en grandes

balsas y, á lo que parece, venían de algún punto situado al Noreste.

Pero esta inmigración podemos decir que es muy moderna; y, como todas

las demás inmigraciones de que se conserva memoria en America, los

recién llegados encontraron ya pobladas las regiones, adonde aportaron.

¿Se podrá fijar una época en que haya principiado á ser poblada la

América?

Los constructores de los grandes atrincheramientos, los que levantaban

altozanos y túmulos, los edificadores de habitaciones fortificadas en

las rocas, ¿llegarían también á la América meridional?[23]

[23] _Los Mound Builders_ son los más antiguos habitantes de la

América del Norte en los valles del Mississipí, del Ohio y del

Missourí.

NADAILLAC.= La América prehistórica. (Capítulo 1.º, 2.º, 3.º,

4.º y 5.º) En francés.

BALDUIN.--La América antigua; Secciones 1.ª, 2.ª y 3.ª. En

inglés.

El continente americano, acaso, no ha tenido en todos tiempos la

misma extensión ni la misma configuración física que tiene ahora. El

período glacial debió haber producido hondas modificaciones en la

corteza terrestre, y, hasta ahora, no conocemos bien ni su duración ni

las causas que lo produjeron. No obstante, la existencia de enormes

mamíferos, cuyos huesos fósiles se encuentran en abundancia, hace

presumir que nuestro continente, en las épocas terciaria y cuaternaria,

ha sufrido modificaciones trascendentales en su superficie. Cuando

esos gigantescos paquidermos, cuando esos colosales desdentados y

prosbocídeos vagaban por nuestro suelo, acaso la gran cordillera de los

Andes todavía no se había elevado. Las condiciones que para la vida

animal se encontraban entonces en América, debieron ser muy diversas

de las que ofrece actualmente: aquellos colosos del reino animal

necesitaban en verdad un clima, una temperatura y unos alimentos que no

hallarían ahora, si vivieran en los mismos lugares donde han existido

antes, como lo manifiesta la abundancia de sus restos fósiles. Durante

la época glacial, la dirección de los vientos, la abundancia de las

lluvias y los demás fenómenos meteorológicos debieron ser muy variados.

Las aguas del mar no se aumentan, pero la corteza sólida de la tierra

se levanta ó se deprime gradualmente, por causas que todavía nos son

desconocidas: observamos el fenómeno, apreciamos los hundimientos y los

levantamientos del terreno, en puntos determinados de mayor ó menor

extensión, pero la ciencia no puede darnos todavía de estos hechos una

explicación satisfactoria. ¿Cuál sería el aspecto de la América antes

de la formación de la cordillera de los Andes? ¿Qué ríos la regaban

entonces? ¿Cuál era el clima que reinaba en ella?

Lo ordinario es que las transformaciones que se observan en el globo

terrestre se produzcan lenta y paulatinamente: un fenómeno tan

trascendental como el levantamiento de la cordillera de los Andes,

debió ocasionar cambios y mudanzas muy grandes en toda la superficie de

nuestro planeta. Acaso lo que era tierra continental pasó á ser fondo

de los mares en algunas partes, y se rompió el antiguo equilibrio entre

los océanos, produciendo variaciones asombrosas en la distribución

primitiva de las aguas y de los continentes en todo el globo terrestre.

Acaso, también, entonces fué cuando desapareció aquel gran continente,

denominado la Atlántida, en las tradiciones egipcias y helénicas no

destituidas de todo fundamento.[24].--"

[24] BURMEISTER.--Historia de la Creación, (capítulo décimo

quinto. Edad de los levantamientos de las montañas). En francés.

BURMEISTER.--Fauna argentina. (Anales del Museo de Buenos

Aires. Año de 1867.) Contiene un estudio muy notable sobre los

fósiles de la región oriental de la América Meridional, en la

República Argentina.

STOPPANI.--Curso de Geología. (Volumen segundo. Geología

estratigráfica. Capítulo trigésimo.) Este sabio geólogo

italiano opina que los levantamientos del suelo en la América

Meridional se verificaron después del periodo glacial.

El abate Brasseur de Bourbourg ha supuesto que el continente americano

ocupaba, en un principio, el golfo de México y el mar Caribe, y se

extendía en forma de península al través del Atlántico, de tal suerte

que las islas Canarias pudieron haber formado parte de él. Toda esta

porción extendida del continente fué, hace muchas edades, sumergida por

una tremenda convulsión de la naturaleza, acerca de la cual han quedado

tradiciones y documentos escritos en varios pueblos americanos[25].

Yucatán, Honduras y Guatemala también fueron sumergidas; pero el

continente después se elevó lo bastante para rescatarlos del océano.

Muchos hombres de ciencia opinan que hubo en un tiempo vasta extensión

de tierra firme entre Europa y América. Con todo, esa teoría del

erudito anticuario francés ha sido combatida por historiadores

eminentes como Bancroft, quien encuentra más aceptable el admitir que

la raza americana es autóctona, confesando en todo caso, que hasta hoy

no está resuelta esa cuestión de orígenes.

[25] En el codex chimalpopoca se encuentra: "que á consecuencia

de la erupción de volcanes, abiertos en toda la extensión del

continente americano, doble entonces de lo que es hoy, la

erupción repentina de un inmenso foco submarino, hizo temblar

el mundo y sepultó, en el espacio de tiempo que tarda en

dejarse ver la estrella de la mañana, las regiones más ricas

del globo." "Quatre lettres."

La verdad es que todos los escritores están de acuerdo en atribuir

remotísima antigüedad al hombre americano, bien que algunos, como se

acaba de decir, no convienen en la unidad de la especie humana, ni

siquiera en que sea una la raza indígena de América.[26] Alcides de

Orbigny, en su obra clásica sobre las razas indígenas de la América

Meridional, señala tres grandes grupos y hasta siete variedades. La

brasilio-guaraní, la pampeana y la ando-peruana, que son realmente

diversas. La maya-quiché, la cakchiquel y la atami son distintas.[27]

Los dorasques, guaimíes, talamancas, cuchiras, güetares y chorotegas,

que se encuentran por Costa Rica, difieren en mucho de los zendales,

zotziles y zoques, que se hallaban al otro extremo del istmo de

Centro-América. El abate Brasseur de Bourbourg, acepta el sistema

mosaico, de la unidad de las razas; pero conviene en que, aun entre los

indios de esta parte del mundo, hay gran variedad de tipos. Existen,

dice, tribus blancas, que en lo limpio del color sobrepasan á la mayor

parte de las naciones asiáticas. En Michoacán, en algunas porciones del

Quiché y de Yucatán, parecen descendientes de Palestina ó de Egipto.

Allí se encuentra el perfil judío, árabe ó algeriano, muy semejante á

los tipos que se ven grabados en los monumentos de Nínive ó de Tebas.

[26] Sabido es que acerca del origen del hombre hay tres

teorías. 1.ª La de los monogenistas, que dicen que el género

humano viene de un solo tronco, Adán y Eva; hipótesis que

cuenta en su apoyo la Biblia y muy respetables opiniones de

etnólos como Latham y Prichard. 2.ª La de los poligenistas,

que sostienen haber habido varias creaciones de hombres, según

las respectivas razas. Morton, Agassiz, Gliddon y otros muchos

defienden dicha tesis. 3.ª La de Lamarck, Darwin y Huxley se

funda en el principio de la evolución. Todas las especies

actuales son desenvolvimiento de otra forma preexistente de

inferior condición. Es lo cierto que la esencia y origen de

las cosas es impenetrable para la inteligencia humana. "NADA

SABEMOS" _decía Mr. De Quatrefages_. "_La especie humana_"

_Libro II. Capítulo XI_.

Los Indios, su Historia y su Civilización · 第 1 / 23 段