_Discursos y prevenciones de Hernan Cortés en órden á excusar
el rompimiento: introduce tratados de paz, no los admite
Narbáez; ántes publica la guerra, y prende al Licenciado Lucas
Vazquez de Ayllon._
De todas estas particularidades iba teniendo Hernan Cortés freqüentes
avisos, que hicieron evidencia su rezelo: y poco despues supo que
habia tomado tierra Pámphilo de Narbáez, y marchaba con su exército en
órden la vuelta de Zempoala. Padeció mucho aquellos dias con su mismo
discurso vario, en los medios, y perspicaz en los inconvenientes. No
hallaba partido en que no quedáse mal satisfecho su cuidado. Buscar á
Narbáez en la campaña con fuerzas tan desiguales era temeridad,
particularmente quando se hallaba obligado á dexar en México parte de
su gente, para cubrir el quartel, defender el tesoro adquirido, y
conservar aquel género de guardia en que se dexaba estar Motezuma.
Esperar á su enemigo en la ciudad era revolver los humores sediciosos,
de que adolecian ya los Mexicanos, darles ocasion para que se armasen
con pretexto de la propia defensa y tener otro peligro á las espaldas.
Introducir pláticas de paz con Narbáez, y solicitar la union de
aquellas fuerzas, siendo lo mas conveniente, le pareció lo mas
dificultoso, por conocer la dureza de su condicion, y no hallar camino
de reducirle, aunque se rindiese á rogarle con su amistad; á que no se
determinaba, por ser el ruego poco feliz con los porfiados, y en
proposiciones de paz desayrado medianero. Poniasele delante la
perdicion total de su conquista, el malogro de aquellos grandes
principios, la causa de la Religion desatendida el servicio del Rey
atropellado; y era su mayor congoja el hallarse obligado á fingir
seguridad y desahogo, trayendo en el rostro la quietud, y dexando en
el pecho la tempestad.
A Motezuma decia que aquellos Españoles eran vasallos de su Rey, que
traerian segunda embaxada, en prosecucion de la primera: que venian
con exército por costumbre de su Nacion: que procuraria disponer que
se volviesen, y volveria con ellos, pues se hallaba ya despachado, sin
que hubiese dexado su grandeza que desear á los que venian de nuevo
con la misma proposicion. A sus soldados animaba con varios
presupuestos, cuya falencia conocia. Deciales que Narbáez era su
amigo, y hombre de tantas obligaciones, y de tan buena capacidad, que
no dexaria de inclinarse á la razon, anteponiendo el servicio de Dios
y del Rey á los intereses de un particular: que Diego Velazquez habia
despoblado la Isla de Cuba, para disponer su venganza, y á su parecer,
les enviaba un socorro de gente con que proseguir su conquista; porque
no desconfiaba de que se hiciesen compañeros los que venian como
enemigos. Con sus Capitanes andaba ménos recatado: comunicabales parte
de sus rezelos: discurria como de prevencion en los accidentes que se
podian ofrecer: ponderaba la poca milicia de Narbáez, la mala calidad
de su gente, la injusticia de su causa y otros motivos de consuelo, en
que trabajaba tambien su disimulacion, dándoles en la verdad mas
esperanzas que tenia.
Pidióles finalmente su parecer, como lo acostumbraba en casos de
semejante conseqüencia, y disponiendo que le aconsejasen lo que tenia
por mejor, resolvió tentar primero el camino de la paz, y hacer tales
partidos á Narbáez, que no se pudiese negar á ellos, sin cargar sobre
sí los inconvenientes del rompimiento. Pero al mismo tiempo hizo
algunas prevenciones para cumplir con su actividad. Avisó á sus amigos
los de Tlascála que le tuviesen prontos hasta seis mil hombres de
guerra para una faccion en que sería posible haberlos menester. Ordenó
al cabo de tres ó quatro soldados Españoles, que andaban en la
provincia de Chinantlá descubriendo las minas de aquel parage, que
procuráse disponer con los Caciques una leva de otros dos mil hombres,
y que los tuviese prevenidos para marchar con ellos al primer aviso.
Eran los Chinantécas enemigos de los Mexicanos, y se habian declarado
con grande afecto por los Españoles, y enviado secretamente á dar la
obediencia: gente valerosa y guerrera, que le pareció tambien á
propósito para reforzar su exército: y acordándose de haber oido
alabar las picas, ó lanzas de que usaban en sus guerras, por ser de
vara consistente, y de mayor alcance que las nuestras, dispuso que le
traxesen luego trescientas para repartirlas entre sus soldados, y las
hizo armar con puntas de cobre templado, que suplia bastantemente la
falta del hierro; prevencion que adelantó á las demas, porque le daba
cuidado la cabellería de Narbáez, y porque hubiese tiempo de imponer
en el manejo de ellas á los Españoles.
Llegó entretanto Pedro de Solís con los presos que remitia Gonzalo de
Sandoval: avisó á Cortés, y esperó su órden ántes de entrar en la
laguna. Pero él, que ya los aguardaba por la noticia que vino delante,
salió á recibirlos con mas que ordinario acompañamiento. Mandó que les
quitasen las prisiones. Abrazólos con grande humanidad, y al
Licenciado Guevara primera y segunda vez con mayor agasajo. Dixole:
"Que castigaria á Gonzalo de Sandoval la desatencion de no
respetar como debia su persona y dignidad."
Llevóle á su quarto, dióle su mesa, y le significó algunas veces con
bien adornada exterioridad
"Quánto celebraba la dicha de tener á Pámphilo de Narbáez en
aquella tierra, por lo que se prometia de su amistad, y
antiguas obligaciones."
Cuidó de que anduviesen delante de él alegres y animosos los
Españoles. Pusole donde viese los favores que le hacia Motezuma, y la
veneracion con que le trataban los Príncipes Mexicanos. Dióle algunas
joyas de valor, con que iba quebrantando los ímpetus de su natural.
Hizo lo mismo con sus compañeros; y sin darles á entender que
necesitaba de sus oficios para suavizar á Narbáez, los despachó dentro
de quatro dias, inclinados á su razon, y cautivos de su liberalidad.
Hecha esta primorosa diligencia, y dexando al tiempo lo que podria
fructificar, resolvió enviar persona de satisfaccion que propusiese á
Narbáez los medios que parecian practicables, y eran convenientes.
Eligió para esta negociacion al Padre Fray Bartolomé de Olmedo, en
quien concurrian con ventajas conocidas la eloqüencia y la autoridad.
Abrevió quanto fué posible su despacho, y le dió cartas para Narbáez,
para el Licenciado Lucas Vazquez de Ayllon, y para el Secretario
Andres de Duero, con diferentes joyas que repartiese conforme al
dictámen de su prudencia. Era la importancia de la paz el argumento de
las cartas, y en la de Narbáez
"Le daba la bien venida con palabras de toda estimacion: y
despues de acordarle su amistad y confianza, le informaba el
estado en que tenia su conquista, descubriéndole por mayor las
provincias que habia sujetado la sagacidad y valentía de sus
naturales, el poder y grandezas de Motezuma;"
no tanto para encarecer su hazaña, como para traerle al conocimiento
de lo que importaba que se uniesen ambos exércitos á perficionar la
empresa. Dabale á entender
"Quánto se debia rezelar que los Mexicanos, gente advertida y
belicosa, llegasen á conocer discordia entre los Españoles,
porque sabrian aprovecharse de la ocasion, y destruir ambos
partidos para sacudir el yugo forastero. Y últimamente le
decia: que para excusar lances y disputas, convendria que sin
mas dilacion le hiciese notorias las órdenes que llevaba:
porque si eran del Rey, estaba pronto á obedecerlas, dexando en
sus manos el baston y el exército de su cargo; pero si eran de
Diego Velazquez, debian ambos considerar con igual atencion lo
que aventuraban: porque á vista de una dependencia en que se
interponia la causa del Rey, hacian poco vulto las pretensiones
de un vasallo, que se podrian ajustar á ménos costa: siendo su
ánimo satisfacerle todo el gasto de su primer avío, y partir
con él, no solamente las riquezas, sino la misma gloria de la
conquista."
En este sentir concluyó su carta: y pareciéndole que se habia detenido
mucho en el deseo de la paz, añadió en el fin algunas claúsulas
briosas, dándole á entender
"Que no se valia de la razon porque le faltasen las manos; y
que de la misma suerte que sabía ponderarla, sabria
defenderla."
Tenia Pámphilo de Narbáez asentado su quartel, y alojado su exército
en Zempoala: y el Cacique gordo anduvo muy solícito en el agasajo de
aquellos Españoles, creyendo que venian de socorro á su amigo Hernan
Cortés; pero tardó poco en desengañarse, porque no hallaba en ellos el
estilo á que le tenian enseñado los primeros: y aunque no traian
lengua para darse á entender, hablaban las demostraciones, y los
diferenciaba el proceder. Recononció en Narbáez un género de imperiosa
desazon que le puso en cuidado: y no le quedó que dudar, quando vió
que le quitaba contra su voluntad todas las alhajas y joyas que habia
dexado en su casa Hernan Cortés. Los soldados, á quien servia de
licencia el exemplo de su Capitan, trataban á sus huespedes como
enemigos, y executaba la extorsion lo que mandaba la codicia.
Llegó el Licenciado Guevara, y refirió los sucesos de su jornada, las
grandezas de México, quan bien recibido estaba Hernan Cortés en
aquella corte: lo que le amaba Motezuma, y respetaban sus vasallos:
encareció la humanidad y cortesía con que le habia recibido y
hospedado: empezó á discurrir en lo que deseaba que no se llegáse á
conocer discordia entre los Españoles, inclinándose al ajustamiento; y
no pudo proseguir, porque le atajó Narbáez, diciéndole que se volviese
á México, si le hacian tanta fuerza los artificios de Cortés, y le
arrojó de su presencia con desabrimiento. Pero el Clérigo y sus
compañeros buscaron nuevo auditorio, pasando con aquellas dádivas á
los corrillos de soldados, y se logró, en lo que mas importaba, la
diligencia de Cortés: porque algunos se inclinaron á su razon; otros á
la paz, y llegando los mas á tener por sospechosa la dureza de
Narbáez.
Poco despues vino el Padre Fray Bartolomé de Olmedo, y halló en
Pámphilo de Narbáez mas entereza que agasajo. Puso en sus manos la
carta: leyóla por cumplimiento; y con señas de hombre que se reprimia,
se dispuso á escucharle, dando á entender que sufria la embaxada por
el Embaxador. Fué la oracion del Religioso eloqüente y substancial:
"Acordó en el exôrdio las obligaciones de su profesion, para
introducirse á medianero desinteresado en aquellas diferencias:
procuró sincerar el ánimo de Cortés, como testigo de vista
obligado á la verdad. Asentó que por su parte sería fácil de
conseguir quanto se le propusiese razonable y conveniente:
ponderó lo que se aventuraba en la desunion de los Españoles:
quánto adelantaria Diego Velazquez su derecho, si cooperáse con
aquellas armas á la perfeccion de la conquista; y añadió: que
teniéndolas él á su disposicion, debia medir el uso de ellas
con el estado presente de las cosas: punto que vendria
presupuesto en su instruccion, pues se dexaba siempre á la
prudencia de los Capitanes el arbitrio de los medios con que se
habia de asegurar el fin pretendido: y ellos estaban obligados
á obrar segun el tiempo y sus accidentes, para no destruir con
la execucion el intento de las órdenes."
La respuesta de Narbáez fué precipitada y descompuesta:
"Que no era decente á Diego Velazquez el pactar con un súbdito
rebelde, cuyo castigo era el primer negocio de aquel exército:
que mandaria luego declarar por traydores á quantos le
siguiesen: y que traía bastantes fuerzas para quitarle de las
manos la conquista, sin necesitar de advertencias presumidas,
ó consejos de culpados, que se valian para persuadirle de la
razon con que se hallaban para temerle."
Replicóle Fray Bartolomé sin dexar su moderacion:
"Que miráse bien lo que determinaba, porque, ántes de llegar á
México, habia provincias enteras de Indios guerreros, amigos de
Cortés que tomarian las armas en su defensa: y que no era tan
fácil, como pensaba, el atropellarle, porque sus Españoles
estaban arrestados á perderse con él, y tenia de su parte á
Motezuma, Príncipe de tantas fuerzas, que podria juntar un
exército para cada uno de sus soldados: y últimamente, que una
materia de aquella calidad, no era para resuelta de la primera
vez: que la discurriese con segunda reflexîon, y el volviera
por la respuesta."
Con lo qual se despidió, dexando en sus oidos este género de
animosidad, que le pareció necesaria para mitigar aquella confianza de
sus fuerzas, en que consistia la mayor vehemencia de su obstinacion.
Pasó luego á executar las otras diligencias de su instruccion. Visitó
al Licenciado Lucas Vazquez de Ayllon, y al Secretario Andres de
Duero, que alabaron su zelo, aprobando lo que propuso á Narbáez, y
ofreciendo asistir á su despacho con todos los medios posibles para
que se consiguiese la paz que tanto convenia. Dexóse ver de los
Capitanes y soldados que conocia: publicó su comision: procuró
acreditar la intencion de Cortés: hizo desear el ajustamiento:
repartió con buena eleccion sus joyas y sus ofertas: y pudo esperar
que se formáse partido á favor de Cortés, ó por lo ménos á favor de la
paz, si Pámphilo de Narbáez, que tuvo noticia de estas pláticas, no le
hubiera estrechado á que no las prosiguiese. Mandóle venir á su
presencia, y á grandes voces le atropelló con injurias y amenazas.
Llamóle amotinador y sedicioso: calificó por especie de traycion el
andar sembrando entre su gente las alabanzas de Cortés; y estuvo
resuelto á prenderle, como se hubiera executado, sino se interpusiera
el Secretario Andres de Duero, cuya instancia corrigió su dictámen,
ordenando que saliese luego de Zempoala.
Pero el Licenciado Lucas Vazquez de Ayllon, que llegó advertidamente á
la sazon, fué de sentir que se debia convocar ántes una junta en que
se hallasen todos los Cabos del exército, para que se discurriese con
mayor acuerdo la respuesta que se habia de dar á Hernan Cortés, puesto
que se mostraba inclinado á la paz, y no parecia dificultoso que se
llegáse á poner en términos proporcionados y decentes: á cuya
proposicion se inclinaban algunos de los Capitanes que se hallaron
presentes; pero Narbáez la oyó con un género de impaciencia, que
tocaba en desprecio: y para responder de una vez al Oidor y al
Religioso, mandó publicar á sus oidos con voz de pregonero la guerra
contra Hernan Cortés á sangre y fuego, declarándole por traydor al
Rey, señalando talla para quien le prendiese ó matáse, y dando las
órdenes para que se previniese la marcha del exército.
No pudo, ni debió aquel Ministro sufrir, ó tolerar semejante desacato,
ni dexar de ocurrir al remedio con su autoridad. Mandó que cesasen los
pregones: hizole notificar
"Que no se moviese de Zempoala, pena de la vida, ni usáse de
aquellas armas sin acuerdo y parecer de todo el exército."
Ordenó á los Capitanes y soldados que no le obedeciesen, y duró en sus
protestas y requerimientos con tanta resolucion, que Narbáez, ciego ya
de cólera, y perdido el respeto á su persona y representacion, le hizo
prender ignominiosamente, y dispuso que le llevasen luego á la Isla de
Cuba en uno de sus baxeles: de cuya execucion volvió escandalizado el
Padre Fray Bartolomé de Olmedo sin otra respuesta: y lo quedaron tanto
sus mismos Capitanes y soldados, que los de mayor discurso, viendo
prender á un Ministro de aquella suposicion, se hallaron obligados á
mirar con alguna cautela por el servicio del Rey; y los de ménos
punto, con bastante materia para la murmuracion, y el desafecto á su
Capitan: mejorándose con este atrevimiento de Narbáez la causa de
Cortés en la inclinacion de los soldados, y sirviéndole como
diligencias suyas los mismos desaciertos de su enemigo.