CAPITULO V.

_Refierense las Nuevas prevenciones que hizo Diego Velazquez

para destruir á Hernan Cortés: el exército y armada que envió

contra él á cargo de Pámphilo de Narbáez: su arribo á las

costas de Nueva España; y su primer intento de reducir á los

Españoles de la Vera Cruz._

Dexamos á Diego Velazquez envuelto en sus desconfianzas, impaciente de

que se hubiesen malogrado los esfuerzos que hizo para detener á Hernan

Cortés, y desacreditando con nombre de traycion la fuga que

ocasionaron sus violencias, para disponer su venganza con título de

remedio. Recibió las cartas del Licenciado Benito Martin su Capellan,

con nombramiento de Adelantado por el Rey no solo de aquella Isla,

sino de las tierras que se descubriesen y conquistasen por su

inteligencia. Dabale noticia de la gratitud, ó fuese agradecimiento

con que le defendia y patrocinaba el Presidente de las Indias Obispo

de Burgos, desfavoreciendo por este respecto á los procuradores de

Cortés; pero al mismo tiempo le avisaba de la benignidad con que los

oyó el Emperador en Tordesillas, del ruido que habian hecho en España

las riquezas que llevaron, y del concepto grande con que se hablaba ya

en aquella conquista, dándola el primero lugar entre las antecedentes.

Entró con el nuevo dictado en mayores pensamientos. Dieronle osadía y

presuncion los favores del Presidente; y como crecen con el poder las

pasiones humanas, ó es propiedad en ellas el mandar mas en los mas

poderosos, miró su ofensa con otro género de irritacion mas empeñada,

ó con otra especie de superioridad, que le desfiguraba la envidia con

el trage de la justificacion. Afligian y precipitaban su paciencia los

aplausos de Cortés; y aunque no le pesaba de ver tan adelantada la

conquista, porque las obligaciones de su sangre dexaban siempre su

lugar al servicio del Rey, no podia sufrir que se lleváse otro las

gracias que, á su parecer, se le debian: tan vanaglorioso en el

aprecio de la parte que tuvo en la primera disposicion de aquella

jornada, que se atribuía, sin otro fundamento, el renombre de

Conquistador: y tan dueño en su estimacion de toda la empresa, que le

parecian suyas hasta las hazañas con que se habia conseguido.

Con estos motivos, y con esta destemplanza de aprehensiones, trató

luego de formar armada y exército con que destruir á Hernan Cortés, y

á quantos le seguian: compró baxeles, alistó soldados, y discurrió

personalmente por toda la Isla, visitando las estancias de los

Españoles, y animándolos á la faccion. Poniales delante la obligacion

que tenian de asistir á su desagravio: partia con ellos

anticipadamente las grandes riquezas de aquella conquista, usurpadas

entónces, así lo decia, por unos rebeldes mal aconsejados, que

salieron de Cuba fugitivos, para no dexar en duda su falta de valor:

con cuyas esperanzas, y algunos socorros, en que gastó mucha parte de

su caudal, juntó en breves dias un exército, que allí se pudo llamar

formidable por el número y calidad de la gente. Constaba de

ochocientos infantes Españoles, ochenta caballos, y diez ó doce piezas

de artillería, con abundante provision de bastimentos, armas y

municion. Nombró por Cabo principal á Pámphilo de Narbáez, natural de

Valladolid, sugeto capaz, y en aquella Isla de la primera estimacion;

aunque amigo de sus opiniones, y de alguna dureza en los dictámenes.

Dióle título de Teniente suyo, nombrándose Gobernador, quando ménos,

de la Nueva España.

Dióle tambien instruccion secreta en que le ordenaba:

"Que procuráse prender á Cortés, y se le remitiese con buena

guardia, para que recibiese de su mano el castigo que merecia:

que hiciese lo mismo con la gente principal que le seguia, si

no se reduxesen á dexar su partido: y que tomáse posesion en su

nombre de todo lo conquistado, adjudicándolo al distrito de su

Adelantamiento:"

sin detenerse mucho á discurrir en los accidentes que se le podian

ofrecer; porque á vista de tan ventajosas fuerzas le parecia fácil de

conseguir quanto le proponia su deseo: y la confianza, vicio familiar

de ingenios apasionados, ó mira desde lejos los peligros, ó no conoce

hasta que padece las dificultades.

Tuvieron aviso de este movimiento y prevenciones los Religiosos de San

Gerónimo, que presidian á la Real Audiencia de Santo Domingo con

suprema jurisdiccion sobre las otras Islas; y previniendo los

inconvenientes que podian resultar de tan ruidosa competencia,

enviaron al Licenciado Lucas Vazquez de Ayllon, juez de la misma Real

Audiencia, para que procuráse poner en razon á Diego Velazquez; y no

bastando los medios suaves, le intimáse las órdenes que llevaba,

mandándole con graves penas que desarmáse la gente, deshiciese la

armada, y no perturbáse, ó pusiese impedimento á la conquista en que

estaba entendiendo Hernan Cortés, so color de pertenecerle, por

qualquiera razon, ó pretexto que fuese: y que, dado que tuviese

alguna querella contra su persona, ó algun derecho sobre la tierra que

andaba pacificando, acudiese á los tribunales del Rey, donde tendria

segura, por los términos regulares, su justicia.

Llegó este Ministro á la Isla de Cuba quando ya estaba prevenida la

armada, que se componia de once navios de alto borde, y siete poco mas

que bergantines, unos y otros de buena calidad: y Diego Velazquez

andaba muy solícito en adelantar la embarcacion de la gente. Procuró

reducirle, sirviéndose amigablemente de quantas razones le ocurrieron

para detenerle y confiarle. Dióle á conocer

"Lo que aventuraba si se pusiese Cortés en resistencia,

interesados ya en defender sus mismas utilidades los soldados

que le seguian: el daño que podria resultar de que viesen

aquellos Indios belicosos, y recien conquistados, una guerra

civil entre los Españoles: que si por esta desunion se perdiese

una conquista, de que ya se hacia tanta estimacion en España,

peligraria su credito en un cargo de mala calidad, sin que le

pudiesen defender los que mas le favorecian. Pusose de parte de

su justicia para persuadirle á que la pidiese donde se miraria

con diferente atencion, si no la desacreditáse con aquella

violencia."

Y últimamente, viéndole incapaz de consejo, porque le parecia

impracticable todo lo que no fuese destruir á Hernan Cortés, pasó á

lo judicial, manifestó las órdenes, y se las hizo notificar por un

escribano que llevaba prevenido, acompañándolas con diferentes

requerimientos y protestas; pero nada bastó á detener su resolucion,

porque sonaba tanto en su concepto el título de Adelantado, que dió

muestras de no reconocer superior en su distrito: y se quedó en su

obstinacion, hecha ya porfía la inobediencia. Disimuló el Oidor

algunos desacatos, sin atreverse á contradecirle derechamente, por no

hacer mayor su precipicio; y viendo que trataba de abreviar la

embarcacion de la gente, fingió deseo de ver aquella tierra tan

encarecida, y se ofreció á seguir el viage con apariencias de

curiosidad: á que salió fácilmente Diego Velazquez, porque llegáse mas

tarde á la Isla de Santo Domingo la noticia de su atrevimiento; y él

consiguió el embarcarse con gusto y estimacion de todos. Resolucion,

que (bien fuese de su dictámen, ó procediese de su instruccion)

pareció bien discurrida, ó conveniente para estorvar el rompimiento de

aquellos Españoles. Persuadióse con bastante probabilidad á que sería

mas fácil de conseguir lejos de Diego Velazquez la obediencia de las

órdenes, ó tendria diferente autoridad su mediacion con Pámphilo de

Narbáez: y aunque fué su asistencia de nuevo inconveniente, como lo

verémos despues, no por eso dexaron de merecer alabanza su zelo y su

discurso: que los sucesos, por el mismo caso que se apartan muchas

veces de los medios proporcionados, no pueden quitar el nombre al

acierto de las resoluciones. Embarcóse tambien Andres de Duero, aquel

Secretario de Velazquez que favoreció tanto á Cortés en los principios

de su fortuna. Dicen unos que se ofreció á esta jornada por desfrutar

sus riquezas, acordando el beneficio; y otros, que fué su intencion

mediar con Narbáez, y embarazar en quanto pudiese la ruina de su

amigo: á cuyo sentir nos aplicarémos ántes que al primero, por no

estar bien con los historiadores que se precian de tener mal

inclinadas las conjeturas.

Hicieronse á la vela, y favoreciéndolos el viento, se hallaron en

breves dias á vista de la tierra que buscaban. Surgió la armada en el

puerto de Ulúa, y Pámphilo de Narbáez echó algunos soldados en tierra

para que tomasen lengua, y reconociesen las poblaciones vecinas.

Hallaron estos á poca diligencia dos ó tres Españoles que andaban

desmandados por aquel parage. Llevaronlos á la presencia de su

Capitan; y ellos, ó temerosos de alguna violencia, ó inclinados á la

novedad, le informaron de todo lo que pasaba en México y en la Vera

Cruz, buscando su lisonja en el descredito de Cortés: sobre cuya

noticia, fué lo primero que resolvió, tratar con Gonzalo de Sandoval

que le rindiese aquella fortaleza de su cargo, manteniéndola por él, ó

la desmanteláse, pasándose á su exército con la gente de la

guarnicion. Encargó esta negociacion á su Clérigo que llevaba consigo,

llamado Juan Ruiz de Guevara, hombre de condicion ménos reprimida que

pedia el sacerdocio. Fueron con él tres soldados que sirviesen de

testigos, y un Escribano Real, por si fuese necesario llegar á

términos de notificacion. Tenia Gonzalo de Sandoval sus centinelas á

trechos que observasen los movimientos de la armada, y se fuesen

avisando unas á otras, por cuyo medio supo que venia mucho ántes que

llegasen; y con certidumbre de que no los seguia mayor número de

gente, mandó abrir las puertas de la villa, y se retiró á esperarlos

en su posada. Llegaron ellos, no sin alguna presuncion de que serian

bien admitidos: y el Clérigo, despues de las primeras urbanidades, y

haber puesto en manos de Sandoval su carta de creencia, le dió noticia

de las fuerzas con que venia Pámphilo de Narbáez á tomar satisfaccion

por Diego Velazquez de la ofensa que le hizo Hernan Cortés en

apartarse de su obediencia, siendo suya enteramente la conquista de

aquella tierra, por haberse intentado de su órden, y á su costa. Hizo

su proposicion como punto sin dificultad en que sobraban los motivos:

y esperó gracias de venirle á buscar con un partido ventajoso, donde

se habian juntado la fuerza y la razon. Respondióle Gonzalo de

Sandoval con alguna destemplanza (mal escondida en el sosiego

exterior):

"Que Pámphilo de Narbáez era su amigo, y tan atento vasallo de

su Rey, que solo desearia lo que fuese mas conveniente á su

servicio: que la ocurrencia de las cosas, y el mismo estado en

que se hallaba la conquista, pedian que se uniesen sus fuerzas

con las de Cortés, y le ayudáse á perficionar lo que tenia tan

adelantado, tratándose primero de la primera obligacion; pues

no se hizo el tribunal de las armas para querellas de

particulares. Pero que dado caso que, anteponiendo el interés,

ó la venganza de su amigo, se arrojáse á intentar alguna

violencia contra Hernan Cortés, tuviese desde luego entendido

que así él, como todos los soldados de aquella plaza querrian

ántes morir á su lado, que concurrir á semejante

desalumbramiento."

Sintió el Clérigo, como golpe improviso, esta repulsa; y mas

acostumbrado á dexarse llevar, que á reprimir su natural, prorumpió en

injurias y amenazas contra Hernan Cortés, llamándole traydor, y

alargándose á decir que lo serian Gonzalo de Sandoval, y quantos le

siguiesen. Procuraron unos y otros moderarle y contenerle, acordándole

su dignidad, para que supiese á lo ménos la razon porque le sufrian;

pero él, levantando la voz, sin mudar el estilo, mandó al Escribano:

"Que hiciese notorias las órdenes que llevaba, para que

supiesen todos que habian de obedecer á Narbáez, pena de la

vida:"

y no pudo lograr esta diligencia, porque la embarazó Gonzalo de

Sandoval diciendo al Escribano, que le haria poner en una horca si se

atreviese á notificarle órdenes que no fuesen del Rey. Crecieron tanto

las voces y los desacatos, que los mandó llevar presos, no sin alguna

impaciencia. Pero considerando poco despues el daño que podrian hacer

si volviesen irritados á la presencia de Narbáez, resolvió enviarlos á

México, para que se aseguráse de ellos Hernan Cortés, ó procuráse

reducirlos: y lo executó sin dilacion, haciendo prevenir Indios de

carga que los llevasen aprisionados sobre sus hombros en aquel género

de andas que les servian de litéras. Fué con ellos por cabo de la

guardia un Español de su confianza que se llamaba Pedro de Solís;

encargóle que no se les hiciese molestia ni mal tratamiento en el

camino: despachó correo, adelantando á Cortés esta noticia: y trató de

prevenir su gente, y convocar los Indios amigos para la defensa de su

plaza, disponiendo quanto le tocaba como advertido y cuidadoso

Capitan.

No se puede negar que obró con algun arrojamiento mas que militar en

la prision de aquel Sacerdote, dando á su irritacion sobrada licencia:

si ya no la resolvió políticamente, considerando que no estaria bien

cerca de Narbáez un hombre de aquella violencia y precipitacion, para

que se consiguiese la paz que tanto convenia. Puedese creer que se

dieron la mano en su resolucion el propio sentimiento, y la

conveniencia principal: y si obró con esta mira, como lo persuade la

misma reportacion con que le habia sufrido y respetado, no se debe

culpar todo el hecho por este ó aquel motivo ménos moderado: que

algunas veces acierta el enojo lo que no acertára la modestia, y sirve

la ira de dar calor á la prudencia.

Historia de la Conquista de Mexico, Volume 2 (of 3) Poblacion y Progresos de la America Septentrional, Conocida por el Nombre de Nueva España · 第 32 / 46 题