_Refierense las Nuevas prevenciones que hizo Diego Velazquez
para destruir á Hernan Cortés: el exército y armada que envió
contra él á cargo de Pámphilo de Narbáez: su arribo á las
costas de Nueva España; y su primer intento de reducir á los
Españoles de la Vera Cruz._
Dexamos á Diego Velazquez envuelto en sus desconfianzas, impaciente de
que se hubiesen malogrado los esfuerzos que hizo para detener á Hernan
Cortés, y desacreditando con nombre de traycion la fuga que
ocasionaron sus violencias, para disponer su venganza con título de
remedio. Recibió las cartas del Licenciado Benito Martin su Capellan,
con nombramiento de Adelantado por el Rey no solo de aquella Isla,
sino de las tierras que se descubriesen y conquistasen por su
inteligencia. Dabale noticia de la gratitud, ó fuese agradecimiento
con que le defendia y patrocinaba el Presidente de las Indias Obispo
de Burgos, desfavoreciendo por este respecto á los procuradores de
Cortés; pero al mismo tiempo le avisaba de la benignidad con que los
oyó el Emperador en Tordesillas, del ruido que habian hecho en España
las riquezas que llevaron, y del concepto grande con que se hablaba ya
en aquella conquista, dándola el primero lugar entre las antecedentes.
Entró con el nuevo dictado en mayores pensamientos. Dieronle osadía y
presuncion los favores del Presidente; y como crecen con el poder las
pasiones humanas, ó es propiedad en ellas el mandar mas en los mas
poderosos, miró su ofensa con otro género de irritacion mas empeñada,
ó con otra especie de superioridad, que le desfiguraba la envidia con
el trage de la justificacion. Afligian y precipitaban su paciencia los
aplausos de Cortés; y aunque no le pesaba de ver tan adelantada la
conquista, porque las obligaciones de su sangre dexaban siempre su
lugar al servicio del Rey, no podia sufrir que se lleváse otro las
gracias que, á su parecer, se le debian: tan vanaglorioso en el
aprecio de la parte que tuvo en la primera disposicion de aquella
jornada, que se atribuía, sin otro fundamento, el renombre de
Conquistador: y tan dueño en su estimacion de toda la empresa, que le
parecian suyas hasta las hazañas con que se habia conseguido.
Con estos motivos, y con esta destemplanza de aprehensiones, trató
luego de formar armada y exército con que destruir á Hernan Cortés, y
á quantos le seguian: compró baxeles, alistó soldados, y discurrió
personalmente por toda la Isla, visitando las estancias de los
Españoles, y animándolos á la faccion. Poniales delante la obligacion
que tenian de asistir á su desagravio: partia con ellos
anticipadamente las grandes riquezas de aquella conquista, usurpadas
entónces, así lo decia, por unos rebeldes mal aconsejados, que
salieron de Cuba fugitivos, para no dexar en duda su falta de valor:
con cuyas esperanzas, y algunos socorros, en que gastó mucha parte de
su caudal, juntó en breves dias un exército, que allí se pudo llamar
formidable por el número y calidad de la gente. Constaba de
ochocientos infantes Españoles, ochenta caballos, y diez ó doce piezas
de artillería, con abundante provision de bastimentos, armas y
municion. Nombró por Cabo principal á Pámphilo de Narbáez, natural de
Valladolid, sugeto capaz, y en aquella Isla de la primera estimacion;
aunque amigo de sus opiniones, y de alguna dureza en los dictámenes.
Dióle título de Teniente suyo, nombrándose Gobernador, quando ménos,
de la Nueva España.
Dióle tambien instruccion secreta en que le ordenaba:
"Que procuráse prender á Cortés, y se le remitiese con buena
guardia, para que recibiese de su mano el castigo que merecia:
que hiciese lo mismo con la gente principal que le seguia, si
no se reduxesen á dexar su partido: y que tomáse posesion en su
nombre de todo lo conquistado, adjudicándolo al distrito de su
Adelantamiento:"
sin detenerse mucho á discurrir en los accidentes que se le podian
ofrecer; porque á vista de tan ventajosas fuerzas le parecia fácil de
conseguir quanto le proponia su deseo: y la confianza, vicio familiar
de ingenios apasionados, ó mira desde lejos los peligros, ó no conoce
hasta que padece las dificultades.
Tuvieron aviso de este movimiento y prevenciones los Religiosos de San
Gerónimo, que presidian á la Real Audiencia de Santo Domingo con
suprema jurisdiccion sobre las otras Islas; y previniendo los
inconvenientes que podian resultar de tan ruidosa competencia,
enviaron al Licenciado Lucas Vazquez de Ayllon, juez de la misma Real
Audiencia, para que procuráse poner en razon á Diego Velazquez; y no
bastando los medios suaves, le intimáse las órdenes que llevaba,
mandándole con graves penas que desarmáse la gente, deshiciese la
armada, y no perturbáse, ó pusiese impedimento á la conquista en que
estaba entendiendo Hernan Cortés, so color de pertenecerle, por
qualquiera razon, ó pretexto que fuese: y que, dado que tuviese
alguna querella contra su persona, ó algun derecho sobre la tierra que
andaba pacificando, acudiese á los tribunales del Rey, donde tendria
segura, por los términos regulares, su justicia.
Llegó este Ministro á la Isla de Cuba quando ya estaba prevenida la
armada, que se componia de once navios de alto borde, y siete poco mas
que bergantines, unos y otros de buena calidad: y Diego Velazquez
andaba muy solícito en adelantar la embarcacion de la gente. Procuró
reducirle, sirviéndose amigablemente de quantas razones le ocurrieron
para detenerle y confiarle. Dióle á conocer
"Lo que aventuraba si se pusiese Cortés en resistencia,
interesados ya en defender sus mismas utilidades los soldados
que le seguian: el daño que podria resultar de que viesen
aquellos Indios belicosos, y recien conquistados, una guerra
civil entre los Españoles: que si por esta desunion se perdiese
una conquista, de que ya se hacia tanta estimacion en España,
peligraria su credito en un cargo de mala calidad, sin que le
pudiesen defender los que mas le favorecian. Pusose de parte de
su justicia para persuadirle á que la pidiese donde se miraria
con diferente atencion, si no la desacreditáse con aquella
violencia."
Y últimamente, viéndole incapaz de consejo, porque le parecia
impracticable todo lo que no fuese destruir á Hernan Cortés, pasó á
lo judicial, manifestó las órdenes, y se las hizo notificar por un
escribano que llevaba prevenido, acompañándolas con diferentes
requerimientos y protestas; pero nada bastó á detener su resolucion,
porque sonaba tanto en su concepto el título de Adelantado, que dió
muestras de no reconocer superior en su distrito: y se quedó en su
obstinacion, hecha ya porfía la inobediencia. Disimuló el Oidor
algunos desacatos, sin atreverse á contradecirle derechamente, por no
hacer mayor su precipicio; y viendo que trataba de abreviar la
embarcacion de la gente, fingió deseo de ver aquella tierra tan
encarecida, y se ofreció á seguir el viage con apariencias de
curiosidad: á que salió fácilmente Diego Velazquez, porque llegáse mas
tarde á la Isla de Santo Domingo la noticia de su atrevimiento; y él
consiguió el embarcarse con gusto y estimacion de todos. Resolucion,
que (bien fuese de su dictámen, ó procediese de su instruccion)
pareció bien discurrida, ó conveniente para estorvar el rompimiento de
aquellos Españoles. Persuadióse con bastante probabilidad á que sería
mas fácil de conseguir lejos de Diego Velazquez la obediencia de las
órdenes, ó tendria diferente autoridad su mediacion con Pámphilo de
Narbáez: y aunque fué su asistencia de nuevo inconveniente, como lo
verémos despues, no por eso dexaron de merecer alabanza su zelo y su
discurso: que los sucesos, por el mismo caso que se apartan muchas
veces de los medios proporcionados, no pueden quitar el nombre al
acierto de las resoluciones. Embarcóse tambien Andres de Duero, aquel
Secretario de Velazquez que favoreció tanto á Cortés en los principios
de su fortuna. Dicen unos que se ofreció á esta jornada por desfrutar
sus riquezas, acordando el beneficio; y otros, que fué su intencion
mediar con Narbáez, y embarazar en quanto pudiese la ruina de su
amigo: á cuyo sentir nos aplicarémos ántes que al primero, por no
estar bien con los historiadores que se precian de tener mal
inclinadas las conjeturas.
Hicieronse á la vela, y favoreciéndolos el viento, se hallaron en
breves dias á vista de la tierra que buscaban. Surgió la armada en el
puerto de Ulúa, y Pámphilo de Narbáez echó algunos soldados en tierra
para que tomasen lengua, y reconociesen las poblaciones vecinas.
Hallaron estos á poca diligencia dos ó tres Españoles que andaban
desmandados por aquel parage. Llevaronlos á la presencia de su
Capitan; y ellos, ó temerosos de alguna violencia, ó inclinados á la
novedad, le informaron de todo lo que pasaba en México y en la Vera
Cruz, buscando su lisonja en el descredito de Cortés: sobre cuya
noticia, fué lo primero que resolvió, tratar con Gonzalo de Sandoval
que le rindiese aquella fortaleza de su cargo, manteniéndola por él, ó
la desmanteláse, pasándose á su exército con la gente de la
guarnicion. Encargó esta negociacion á su Clérigo que llevaba consigo,
llamado Juan Ruiz de Guevara, hombre de condicion ménos reprimida que
pedia el sacerdocio. Fueron con él tres soldados que sirviesen de
testigos, y un Escribano Real, por si fuese necesario llegar á
términos de notificacion. Tenia Gonzalo de Sandoval sus centinelas á
trechos que observasen los movimientos de la armada, y se fuesen
avisando unas á otras, por cuyo medio supo que venia mucho ántes que
llegasen; y con certidumbre de que no los seguia mayor número de
gente, mandó abrir las puertas de la villa, y se retiró á esperarlos
en su posada. Llegaron ellos, no sin alguna presuncion de que serian
bien admitidos: y el Clérigo, despues de las primeras urbanidades, y
haber puesto en manos de Sandoval su carta de creencia, le dió noticia
de las fuerzas con que venia Pámphilo de Narbáez á tomar satisfaccion
por Diego Velazquez de la ofensa que le hizo Hernan Cortés en
apartarse de su obediencia, siendo suya enteramente la conquista de
aquella tierra, por haberse intentado de su órden, y á su costa. Hizo
su proposicion como punto sin dificultad en que sobraban los motivos:
y esperó gracias de venirle á buscar con un partido ventajoso, donde
se habian juntado la fuerza y la razon. Respondióle Gonzalo de
Sandoval con alguna destemplanza (mal escondida en el sosiego
exterior):
"Que Pámphilo de Narbáez era su amigo, y tan atento vasallo de
su Rey, que solo desearia lo que fuese mas conveniente á su
servicio: que la ocurrencia de las cosas, y el mismo estado en
que se hallaba la conquista, pedian que se uniesen sus fuerzas
con las de Cortés, y le ayudáse á perficionar lo que tenia tan
adelantado, tratándose primero de la primera obligacion; pues
no se hizo el tribunal de las armas para querellas de
particulares. Pero que dado caso que, anteponiendo el interés,
ó la venganza de su amigo, se arrojáse á intentar alguna
violencia contra Hernan Cortés, tuviese desde luego entendido
que así él, como todos los soldados de aquella plaza querrian
ántes morir á su lado, que concurrir á semejante
desalumbramiento."
Sintió el Clérigo, como golpe improviso, esta repulsa; y mas
acostumbrado á dexarse llevar, que á reprimir su natural, prorumpió en
injurias y amenazas contra Hernan Cortés, llamándole traydor, y
alargándose á decir que lo serian Gonzalo de Sandoval, y quantos le
siguiesen. Procuraron unos y otros moderarle y contenerle, acordándole
su dignidad, para que supiese á lo ménos la razon porque le sufrian;
pero él, levantando la voz, sin mudar el estilo, mandó al Escribano:
"Que hiciese notorias las órdenes que llevaba, para que
supiesen todos que habian de obedecer á Narbáez, pena de la
vida:"
y no pudo lograr esta diligencia, porque la embarazó Gonzalo de
Sandoval diciendo al Escribano, que le haria poner en una horca si se
atreviese á notificarle órdenes que no fuesen del Rey. Crecieron tanto
las voces y los desacatos, que los mandó llevar presos, no sin alguna
impaciencia. Pero considerando poco despues el daño que podrian hacer
si volviesen irritados á la presencia de Narbáez, resolvió enviarlos á
México, para que se aseguráse de ellos Hernan Cortés, ó procuráse
reducirlos: y lo executó sin dilacion, haciendo prevenir Indios de
carga que los llevasen aprisionados sobre sus hombros en aquel género
de andas que les servian de litéras. Fué con ellos por cabo de la
guardia un Español de su confianza que se llamaba Pedro de Solís;
encargóle que no se les hiciese molestia ni mal tratamiento en el
camino: despachó correo, adelantando á Cortés esta noticia: y trató de
prevenir su gente, y convocar los Indios amigos para la defensa de su
plaza, disponiendo quanto le tocaba como advertido y cuidadoso
Capitan.
No se puede negar que obró con algun arrojamiento mas que militar en
la prision de aquel Sacerdote, dando á su irritacion sobrada licencia:
si ya no la resolvió políticamente, considerando que no estaria bien
cerca de Narbáez un hombre de aquella violencia y precipitacion, para
que se consiguiese la paz que tanto convenia. Puedese creer que se
dieron la mano en su resolucion el propio sentimiento, y la
conveniencia principal: y si obró con esta mira, como lo persuade la
misma reportacion con que le habia sufrido y respetado, no se debe
culpar todo el hecho por este ó aquel motivo ménos moderado: que
algunas veces acierta el enojo lo que no acertára la modestia, y sirve
la ira de dar calor á la prudencia.