_Persevera Motezuma en su buen ánimo para con los Españoles de
Cortés, y se tiene por improbable la mudanza que atribuyen
algunos á diligencias de Narbáez. Resuelve Cortés, su jornada,
y la executa, dexando en México parte de su gente._
Asientan algunos de nuestros escritores, que Pámphilo de Narbáez
introduxo pláticas de grande intimidad y confidencia con Motezuma: que
iban y venian correos de México á Zempoala, por cuyo medio le dió á
entender que traia comision de su Rey para castigar los desafueros y
exôrbitancias de Cortés: que no solo él, sino todos los que seguian
sus banderas, andaban foragidos, y fuera de obediencia: y que,
habiendo sabido la opresion en que se hallaba su persona, trataria
luego de marchar con su exército, para dexarle restituido en su
libertad, y en pacífica posesion de sus dominios, con otras imposturas
de semejante malignidad. A cuyas esperanzas, dicen, no solo asintió
Motezuma, pero que llegó á entenderse con él, y le hizo grandes
presentes, recatándose de Cortés, y deseando romper su prision con
ocultas diligencias. No sabemos como pudieron llegar á sus oidos estas
sugestiones; porque Narbáez no tuvo intérpretes con que darse á
entender á los Indios, ni pudo introducir por su medio, con el
lenguage de las señas, tan concertada negociacion. De sus Españoles
solo vinieron á México el Licenciado Guevara con los demas que remitió
Sandoval: y estos no hablaron reservadamente á Motezuma; ni quando se
diera en Cortés semejante descuido, pudieran hacer este razonamiento
sin valerse de Aguilar y Doña Marina: caso incompatible con lo que se
refiere de su fidelidad. Debese creer que los Indios Zempoales
conocieron de los semblantes y señas exteriores la enemistad y
oposicion de aquellos dos exércitos, cuya noticia dieron á Motezuma
sus confidentes ó ministros: porque no es dudable que la tuvo, ántes
que se la participáse Cortés; pero de lo mismo que obró en esta
ocasion, se arguye que tenia el ánimo seguro, y sin alguna
preocupacion de siniestros informes.
No se niega que hizo algunos presentes de consideracion á Narbáez;
pero tampoco se colige de ellos que hubiese correspondencia entre los
dos; porque aquellos Príncipes solian usar este género de agasajo con
los extrangeros que arribaban á sus costas, como se hizo con el
exército de Cortés, á quien pudo encubrir sin artificio esta
demostracion, por ser materia sin novedad, ó por hacer ménos caso de
sus dádivas. Pero es de reparar que hasta en ellas mismas, fuesen
ocultas ó ignoradas, hubo requisitos ó circunstancias casuales que
aprovecharon al credito de Cortés; porque al recibirlas descubrió
Narbáez mas complacencia ó mas aplicacion que fuera conveniente.
Mandabalas guardar con demasiada cuenta y razon, sin dar alguna seña
de su liberalidad á los que mas favorecia: y los soldados (que no
conocen su avaricia quando culpan la de sus Capitanes) empezaron á
desanimarse con este desengaño de sus esperanzas: y poniendo el propio
interés entre las causas de la guerra, ó daban la razon á Cortés, ó se
la quitaban al ménos generoso.
Volvió finalmente de su jornada Fray Bartolomé de Olmedo; y Hernan
Cortés halló en su relacion lo mismo que rezelaba de Narbáez: sintió
el desprecio de sus proposiciones ménos por sí, que por su razon:
conoció en la prision del Oidor quan lejos estaba de atender al
servicio del Rey quien traía tan desenfrenada la osadía: oyó sin
enojo, á lo ménos exterior, las injurias y denuestos con que
maltrataba sus ausencias: y ponderan justamente los autores que,
llegando á su noticia por diversas partes el menosprecio con que
hablaba de su persona, las indecencias de su estilo, y quánto le
repetia el oprobio de traydor, no se le oyó jamas una palabra
descompuesta, ni dexar de llamar á Pámphilo de Narbáez por su nombre.
¡Rara constancia ó predominio sobre sus pasiones! y digno siempre de
envidia un corazon donde caben los agravios sin estorvar el
sufrimiento!
Consolóse mucho con la noticia que le dió Fray Bartolomé de Olmedo de
la buena disposicion que habia reconocido en la gente de Narbáez, por
la mayor parte deseosa de la paz, ó con poco afecto á sus dictámenes;
y no desconfió de hacerle la guerra, ó traerle al ajustamiento que
deseaba con la fuerza ó con la floxedad de sus mismos soldados.
Comunicó uno y otro á sus Capitanes; y considerados los inconvenientes
que por todas partes ocurrian, se tuvo por el menor ó el ménos
aventurado salir á la campaña con el mayor número de gente que fuese
posible: procurar incorporarse con los Indios que se habian prevenido
en Tlascála y Chinantlá; y marchar unidos la vuelta de Zempoala con
presupuesto de hacer alto en algun lugar amigo, para volver á
introducir desde mas cerca las pláticas de la paz: logrando la ventaja
de capitular con las armas en la mano, y la conveniencia de asistir en
parage donde se pudiese recoger la gente de Narbáez que se determináse
á dexar su partido. Publicóse luego entre los soldados esta
resolucion, y se recibió con notable aplauso y alegría. No ignoraban
la desigualdad incomparable del exército contrario; pero estuvieron á
vista del peligro tan lejos del temor, que los de ménos obligaciones
hicieron pretension de salir á la empresa: y fué necesario que
trabajasen el ruego y la autoridad, quando llegó el caso de nombrar á
los que se dexaron en México. Tanto se fiaban los unos en la
prudencia, los otros en el valor, y los mas en la fortuna de su
Capitan: que así llamaban aquella repeticion extraordinaria de sucesos
favorables con que solia conseguir quanto intentaba: propiedad que
puede mucho en el ánimo de los soldados, y pudiera mas, si supieran
retribuir á su Autor estos efectos inopinados, que se llaman
felicidades, porque vienen de causa no entendida.
Pasó luego Hernan Cortés al quarto de Motezuma, prevenido ya de varios
pretextos para darle cuenta de su viage, sin descubrirle su cuidado;
pero él le obligó á tomar nueva senda en su discurso dando principio á
la conversacion. Recibióle diciendo:
"Que habia reparado en que andaba cuidadoso, y sentia que le
hubiese recatado la ocasion, quando por diferentes partes le
avisaban que venia de mal ánimo contra él y contra los suyos
aquel Capitan de su Nacion que residia en Zempoala: y que no
estrañaba tanto que fuesen enemigos por alguna querella
particular, como que, siendo vasallos de un Rey, acaudillasen
dos exércitos de contraria faccion; en los quales era preciso
que por lo ménos el uno anduviese fuera de su obediencia."
Esta noticia no esperada en Motezuma, y esta reconvencion que tenia
fuerza de argumento, pudieran embarazar á Cortés: y no dexaron de
turbarle interiormente; pero con aquella prontitud natural que le
sacaba de semejantes aprietos, le respondió sin detenerse:
"Que los que habian observado la mala voluntad de aquella
gente, y las amenazas imprudentes de su caudillo, le avisaban
la verdad, y él venia con ánimo de comunicarsela, no habiendo
podido cumplir ántes con esta obligacion, porque acababa de
llegar el Padre Fray Bartolomé de Olmedo con el primer aviso de
semejante novedad. Que aquel Capitan de su Nacion, aunque tan
arrojado en las demostraciones de su enojo, no se debia mirar
como inobediente, sino como engañado en el servicio de su Rey:
porque venia despachado con veces de substituto y Lugarteniente
de un Gobernador poco advertido, que por residir en provincia
muy distante, no sabía las últimas resoluciones de la Corte, y
estaba persuadido á que le tocaba por su puesto la funcion de
aquella embaxada. Pero que todo el aparato de tan frívola
pretension se desvaneceria fácilmente sin mas diligencia que
manifestarle sus despachos: en cuya virtud se hallaba con plena
jurisdiccion para que le obedeciesen todos los Capitanes y
soldados que se dexasen ver en aquellas costas; y ántes que
pasáse á mayor empeño su ceguedad, habia resuelto marchar á
Zempoala con parte de su gente para disponer que se volviesen á
embarcar aquellos Españoles, y darles á entender que ya debian
respetar los pueblos del Imperio Mexicano como admitidos á la
proteccion de su Rey. Lo qual executaria luego; siendo el
principal motivo de abreviar su jornada la justa consideracion
de no permitir que se acercasen á su corte, por componerse
aquel exército de gente ménos atenta y ménos corregida que
fuera razon, para fiarse de su vecindad sin riesgo de que
pudiesen ocasionar alguna turbacion entre sus vasallos."
Así procuró interesarle como pudo en su resolucion: y Motezuma, que
sabía ya las vexaciones de que se quejaban los Zempoales, alabó su
atencion, teniendo por conveniente que se procurasen apartar de su
corte aquellos soldados de tan violento proceder; pero le pareció
temeridad que, habiéndose ya declarado por sus enemigos, y hallándose
con fuerzas tan superiores á las suyas, se aventuráse á la
contingencia de que no le atendiesen ó le atropellasen. Ofrecióle
formar exército que le guardáse las espaldas, cuyos cabos irian á su
órden, y la llevarian de obedecerle y respetarle como á su misma
persona: punto que procuró esforzar con diferentes instancias, en que
se dexaba conocer el afecto sin alguna mezcla de afectacion. Pero
Hernan Cortés agradeció la oferta, y se defendió de admitirla; porque,
á la verdad, fiaba poco de los Mexicanos, y no quiso incurrir en el
desacierto de admitir armas auxîliares que le pudiesen dominar: como
quien sabía quánto embaraza en las facciones de la guerra tener á un
tiempo empeñada la frente, y el lado rezeloso.
Suavizados en esta forma los motivos de su viage, dió todo el cuidado
á las demas prevenciones, con ánimo de volver á sus inteligencias
ántes que se moviese Narbáez. Resolvió dexar en México hasta ochenta
Españoles á cargo de Pedro de Alvarado, que pareció á todos mas á
propósito, porque tenia el afecto de Motezuma, y sobre ser Capitan de
valor y entendimiento, le ayudaban mucho la cortesanía y el despejo
natural para no ceder á las dificultades, y pedir al ingenio lo que
faltáse á las fuerzas. Encargóle que procuráse mantener á Motezuma en
aquella especie de libertad que le hacia desconocer su prision:
resistiendo quanto fuese posible que se estrecháse pláticas secretas
con los Mexicanos: dexó á su cargo el tesoro del Rey y de los
particulares; y sobre todo, le advirtió
"quánto importaba conservar aquel pie de su exército en la
corte, y aquel Príncipe á su devocion:"
presupuestos á que debia encaminar sus operaciones con igual
vigilancia, por consistir en ellos la comun seguridad.