_Entra en poder de Hernan Cortés el oro y joyas que se juntaron
de aquellos presentes. Dicele Motezuma con resolucion que trate
de su jornada: y él procura dilatarla sin replicarle, al mismo
tiempo que se tiene aviso de que han llegado navios Españoles á
la costa._
No se descuidó Motezuma en acercarse como pudo al fin que deseaba,
resuelto á ganar las horas en el despacho de los Españoles, y ya
violento en aquel género de sujecion que se habia obligado á
conservar, porque no dexáse de parecer voluntaria. Entregó con este
cuidado á Cortés el presente que tenia prevenido, y se componia de
varias curiosidades de oro con alguna pedrería, unas de las que usaba
en el adorno de su persona, y otras de las que se guardaban por
grandeza, y servian á la ostentacion: diferentes piezas del mismo
género y metal en figura de animales, aves y pescados, en que se
miraba como segunda riqueza el artificio: cantidad de aquellas piedras
que llamaban chalcuítes, parecidas en el color á las esmeraldas, y en
la vana estimacion á nuestros diamantes: y algunas pinturas de pluma,
cuyos colores naturales ó imitaban mejor, ó tenian ménos que fingir
en la imitacion de la naturaleza; dádiva de ánimo real que se hallaba
oprimido, y trataba de poner en precio su libertad.
Siguieronse á esta demostracion los presentes de los nobles, que
venian con título de contribucion y se reduxeron á piezas de oro, y
otras preseas de la misma calidad, en que se compitieron unos á otros
con deseo, al parecer, de sobresalir en la obediencia de su Rey, y
mezclando esta subordinacion con algo de propia vanidad. Todo venia
dirigido á Motezuma, y pasaba con recado suyo al quarto de Cortés.
Nombraronse contador y tesorero, para que se lleváse la razon de lo
que se iba recibiendo: y se juntó en breves dias tanta cantidad de
oro, que, reservando las joyas, y piezas de primor, y habiéndose
fundido lo demas se hallaron seiscientos mil pesos reducidos á barras
de buena ley: de cuya suma se apartó el quinto para el Rey; y del
residuo, segundo quinto para Hernan Cortés, con beneplácito de su
gente, y cargo de acudir á las necesidades públicas del exército.
Separó tambien la cantidad en que estaba empeñado para satisfacer la
deuda de Diego Velazquez, y lo que le prestaron sus amigos en la Isla
de Cuba; y lo demas se repartió entre los Capitanes y soldados,
comprehendiendo á los que se hallaban en la Vera Cruz.
Dieronse iguales porciones á los que tenian ocupacion; pero entre los
de plaza sencilla hubo alguna diferencia, porque fueron mejor
remunerados los de mayores servicios, ó ménos inquietos en los rumores
antecedentes: peligrosa equidad, en que hace agraviados el premio, y
quejosos la comparacion. Hubo murmuraciones y palabras atrevidas
contra Hernan Cortés, y contra los Capitanes; porque al ver tanta
riqueza junta, querian igual recompensa los que merecian ménos; y no
era posible llenar su codicia, ni conviniera fundar en razon la
desigualdad.
Bernal Diaz del Castillo discurre con indecencia en este punto, y
gasta demasiado papel en ponderar y encarecer lo que padecieron los
pobres soldados en este repartimiento; hasta referir como donayre ó
discrecion lo que dixo este ó aquel en los corrillos.
Habla mas como pobre soldado, que como historiador: y Antonio de
Herrera le sigue con descuidada seguridad; siendo en la Historia igual
prevaricacion decir de paso lo que se debe ponderar, y detenerse mucho
en lo que pudiera omitir. Pero uno y otro asientan que se quietó este
desabrimiento de los soldados, repartiendo Cortés, del oro que le
habia tocado, todo lo que fué necesario para satisfacer á los
quejosos: y alaban despues su liberalidad y desinteres, deshaciendo,
en vez de borrar, lo que sobra en su narracion.
Motezuma, luego que por su parte y la de sus nobles se dió
cumplimiento al servicio que se ofreció en la junta, hizo llamar á
Cortés, y con alguna severidad, fuera de su costumbre, le dixo:
"Que ya era razon que tratáse de su jornada, pues se hallaba
enteramente despachado: y que habiendo cesado todos los motivos
ó pretextos de su detencion, y conseguido en obsequio de su Rey
tan favorable respuesta de su embaxada, ni sus vasallos
dexarian de presumir intentos mayores, si le viesen perseverar
en su corte voluntariamente, ni él podria estar de su parte
quando no estaba de su parte la razon."
Esta breve insinuacion de su ánimo, dicha en términos de amenaza, y
con señas de resolucion premeditada, hizo tanta novedad á Cortés, que
tardó en socorrerse de su discrecion para la respuesta: y conociendo
entónces el artificio de aquellas liberalidades y favores de la junta
pasada, tuvo primeros movimientos de replicarle con alguna entereza,
valiéndose del genio superior con que le dominaba: y fuese con este
fin, ó porque llegó á rezelar, viéndole tan sobre sí, que traeria
guardadas las espaldas, ordenó recatadamente á uno de su Capitanes que
hiciese tomar las armas á los soldados, y los tuviese prontos para lo
que se ofreciese. Pero entrando en mejor consejo, se determinó á
condescender por entónces con su voluntad: y para dar motivo á la
detencion de la respuesta, disculpó cortesanamente lo que se habia
embarazado, viéndole ménos agradable, quando era tan puesto en razon
lo que ordenaba. Dixole:
"Que trataria luego de abreviar su viage: que ya traia entre
las manos las prevenciones de que necesitaba: y que deseando
executarle sin dilacion, habia discurrido en pedirle licencia
para que se fabricasen algunos baxeles capaces de tan larga
navegacion, por haberse perdido, como sabía, los que le
conduxeron á sus costas."
Con que dexó introducida y pendiente su obediencia, satisfaciendo al
empeño en que se hallaba, y dando tiempo á la resolucion.
Dicen que tuvo Motezuma prevenidos cincuenta mil hombres para este
lance, y que vino con determinacion de hacerse obedecer, valiéndose de
la fuerza si fuese necesario: y es cierto que temió la réplica de
Cortés, y que deseaba excusar el rompimiento; porque le abrazó con
particular afecto, estimando su respuesta como quien no la esperaba.
Obligóse de que le quitáse la ocasion de irritarse contra él. Amable
con un género de voluntad que tenia parte de inclinacion, y parte de
respeto: y bien hallado con su mismo desenojo, le dixo:
"Que no era su intento apresurar su jornada, sin darle medios
para que la executáse: que se dispondria luego la fábrica de
los baxeles; y entretanto no tenia que hacer novedad, ni
apartarse de su lado: pues bastaria para la satisfaccion de sus
Dioses, y quietud de sus vasallos aquella prontitud con que se
trataba de obedecer á los unos, y complacer á los otros."
Fatigabale aquellos dias el demonio con horribles amenazas, dando voz,
ó semejanza de voz á los ídolos para irritarle contra los Españoles.
Congojabanle tambien los nuevos rumores que se iban encendiendo entre
los suyos, por haberse recibido mal que se hiciese tributario de otro
Príncipe, mirando aquella desautoridad suya como nuevo gravamen, que
baxaria con el tiempo á los hombros de sus vasallos. De suerte que se
hallaba combatido por una parte de la política, y por otra de la
religion: y fué mucho que se determináse á dar esta permision á
Cortés, por ser observantísimo con sus Dioses, y no ménos
supersticioso con el ídolo de su conservacion.
Dieronse luego las órdenes para la fábrica de los baxéles. Publicóse
la jornada, y Motezuma hizo pregonar que acudiesen á la costa de Ulúa
todos los carpinteros del contorno, señalando los parages donde se
podria cortar la madera, y los lugares que habian de contribuir con
Indios de carga para que la conduxesen al astillero. Hernan Cortés por
su parte afectó las exterioridades de obediente. Despachó luego á los
maestros y oficiales que fabricaron los bergantines, conocidos ya
entre los Mexicanos. Discurrió públicamente con ellos del porte y
calidad de los baxeles, ordenándoles que se aprovechasen del hierro,
xarcias y velamen de los que le barrenaron: y todo era tratar del
viage, como si le tuviera resuelto; con que adormeció las inquietudes
que se iban forjando, y se aseguró en la confianza de Motezuma.
Pero al tiempo de partir esta gente á la Vera Cruz, habló
reservadamente á Martin Lopez, Vizcaíno de nacion, que iba por cabo
principal: y siendo maestro consumado en este género de fábricas,
sabía cumplir mejor con la profesion de soldado.
"Encargóle que se fuese poco á poco en la formacion de los
baxeles, y procuráse alargar la obra quanto pudiese, con tal
artificio, que se consiguiese la tardanza sin que pareciese
dilacion."
Era su fin conservarse con este color en aquella corte, y hacer lugar
para que pudiesen volver de España sus comisarios Alonzo Hernandez
Portocarrero, y Francisco de Montejo, con esperanza de que le truxesen
algun socorro de gente, ó por lo ménos el despacho y órdenes de que
necesitaba para la direccion de su empresa: porque siempre tuvo firme
resolucion de proseguirla. Y caso que le arrojáse de México la última
necesidad, pensaba esperarlos en la Vera Cruz, y matenerse al abrigo
de aquella fortificacion, valiéndose de las naciones amigas para
resistir á los Mexicanos. Admirable constancia, que no solo duraba
entre las dificultades presentes, pero se prevenia para no descaecer
en las contingencias.
Sobrevino dentro de pocos dias otro accidente que descompuso estas
disposiciones, llamando la prudencia y el valor á nuevo cuidado. Tuvo
noticia Motezuma de que andaban en la costa de Ulúa diez y ocho navios
extrangeros: y los ministros de aquel parage se los enviaron pintados
en aquellos lienzos, que hacian el oficio de las cartas, con las señas
de la gente que se habia dexado ver en ellos, y algunos caracteres, en
que venia significado lo que se podia rezelar de sus intentos siendo
Españoles al parecer, y llegando en ocasion que se trataba de aviar á
los que residian en su corte. Diesele ó no cuidado esta representacion
de sus Gobernadores, lo que resultó de ella fué llamar luego á Cortés,
ponerle delante la pintura, y decirle:
"Que ya no sería necesaria la prevencion que se hacia para su
jornada, pues habian llegado á la costa baxeles de su Nacion en
que podria executarla."
Miró Cortés la pintura con mas atencion que sobresalto; y aunque no
entendió los caracteres que la especificaban, conoció en el trage de
la gente, porte y hechura de los navios lo bastante para no dudar que
fuesen Españoles. Su primer movimiento fué alegrarse, teniendo por
cierto que habrian llegado sus procuradores, y fingiéndose grandes
socorros en tanto número de baxeles. Vase con facilidad la
imaginacion á lo que se desea, y no se persuadió entónces á que
pudiese venir contra él armada tan poderosa: porque discurria
noblemente, segun la llaneza de su proceder: y las sinrazones ocurren
tarde á los bien intencionados. Su respuesta fué:
"Que se partiria luego, si aquellos navios estuviesen de vuelta
para los dominios de su Rey."
Y no estrañando que hubiese llegado primero á su noticia esta novedad,
porque sabía la incesable diligencia de sus correos, añadió:
"Que no podia tardar el aviso de los Españoles que asistian en
Zempoala, por cuyo medio se sabrian con fundamento la derrota y
designios de aquella gente, y se veria si era necesario
proseguir en la fábrica de los baxeles, ó posible adelantar sin
ellos su viage."
Aprobó Motezuma este reparo, agradeciendo la prontitud, y conociendo
la razon. Pero tardaron poco en llegar las cartas de la Vera Cruz, en
que avisaba Gonzalo de Sandoval:
"Que aquellos baxeles eran de Diego Velazquez, y venian en
ellos ochocientos Españoles contra Hernan Cortés y su
conquista:"
cuyo golpe no esperado recibió en presencia de Motezuma, y necesitó de
todo su aliento para encubrir su turbacion. Hallóse con el peligro
donde aguardaba el socorro. La ocasion era terrible: angustias por
todas partes: desconfianzas en México, y enemigos en la costa. Pero
haciendo lo que pudo para componer el semblante con la respiracion,
negó su cuidado á Motezuma: endulzó la noticia entre los suyos; y se
retiró despues á desapasionar el discurso, para que se diese con
libertad á las diligencias del remedio.