CAPITULO III.

_Resuelve Motezuma despachar á Cortés respondiendo á su

embaxada: junta sus nobles, y dispone que sea reconocido el Rey

de España por sucesor de aquel Imperio: determinando que se le

dé la obediencia, y pague tributo como á descendiente de su

Conquistador._

Sosegados aquellos rumores, que llegaron á ocupar todo el cuidado,

sintió Motezuma el ruido que dexa en la imaginacion la memoria del

peligro. Empezó á discurrir para consigo el estado en que se hallaba:

parecióle que ya se detenian mucho los Españoles, y que habiéndose

mirado como falta de libertad en él la benevolencia con que los

trataba, debia familiarizarse ménos y dar otro color á las

exterioridades. Avergonzabase del pretexto que tomó Cacumatzín para su

conjuracion, atribuyendo á falta de espíritu su benignidad; y alguna

vez se acusaba de haber ocasionado aquella murmuracion: sentia la

flaqueza de su autoridad, cuyos zelos andan siempre cerca de la

corona, y ocupan el primer lugar entre las pasiones que mandan á los

Reyes. Temia que se volviesen á inquietar sus vasallos, y que saltasen

nuevas centellas de aquel incendio recien apagado. Quisiera decir á

Cortés que tratáse de abreviar su jornada, y no hallaba camino decente

de proponerselo: ni los rezelos, por ser especie de miedo, se

confiesan con facilidad. Duró algunos dias en esta irresolucion: y

últimamente determinó que le convenia en todo caso despachar luego á

los Españoles, y quitar aquel tropiezo á la fidelidad de sus vasallos.

Dispuso la materia con notable sagacidad: porque ántes de comunicar su

intento á Cortés, llevó prevenida sus réplicas, saliendo á todos los

motivos en que pudiera fundar su detencion. Aguardó que le viniese á

visitar como solia: recibióle sin hacer novedad en el agrado, ni en el

cumplimiento: introduxo la plática de su Rey al modo que otras veces:

ponderó quanto le veneraba: y dexando traer su propuesta de la misma

conversacion, le dixo:

"Que habia discurrido en reconocerle de su propia voluntad el

vasallage que se le debia como á sucesor de Quezalcoál, y dueño

propietario de aquel Imperio."

Así lo entendia, y en esto solo habló con afectacion; no se trataba

entónces de restituirle sus dominios, sino de apartar á Cortés, y

facilitar su despacho: á cuyo fin añadió:

"Que pensaba convocar la nobleza de sus reynos, y hacer en su

presencia este razonamiento, para que todos, á su imitacion, le

diesen la obediencia, y estableciesen el vasallage con alguna

contribucion: en que pensaba tambien darles exemplo; pues tenia

ya prevenidas diferentes joyas y preseas de mucho valor, para

cumplir por su parte con esta obligacion; y no dudaba que sus

nobles acudirian á ella con lo mejor de sus riquezas, ni

desconfiaba de que se juntaria cantidad tan considerable, que

pudiese llegar sin desayre á la presencia de aquel Príncipe,

como primera demostracion del Imperio Mexicano."

Esta fué su proposicion, y en ella concedia de una vez todo lo que, á

su parecer, podian atreverse á desear los Españoles, satisfaciendo á

su ambicion y á su codicia, para quitarles enteramente la razon de

perseverar en su corte, ántes de ordenarles que se retirasen. Y

encubrió con tanta destreza el fin á que caminaba, que no le conoció

entónces Hernan Cortés; ántes le rindió las gracias de aquella

liberalidad, sin estrañarla ni encarecerla, como quien aceptaba de

parte de su Rey lo que se le debia; y quedó sumamente gustoso de haber

conseguido mas de lo que parecia practicable, segun el estado presente

de las cosas. Celebró despues con sus Capitanes y soldados el servicio

que harian al Rey Don Carlos, si conseguian que se declaráse por

súbdito y tributario suyo un Monarca tan poderoso: discurrió en las

grandes riquezas con que podrian acompañar esta noticia, para que no

llegáse desnuda la relacion, y peligrase de increible. Y, á la

verdad, no pensaba entónces apartarse de su empresa, ni le parecia

dificultoso el mantenerse, hasta que, sabiendo en España el estado en

que la tenia, se le ordenáse lo que debia executar: seguridad á que le

pudo inducir lo que le favorecia Motezuma, los amigos que iba ganando,

la facilidad con que se le venian á las manos los sucesos, ó alguna

causa de orígen superior que le dilataba el ánimo, para que, á vista

de quanto pudiera desear, no se acabáse de componer con sus

esperanzas.

Pero Motezuma, que tiraba sus líneas á otro centro, y sabía resolver

de espacio, y executar sin dilacion, despachó luego sus convocatorias

á los Caciques de su reyno, como se acostumbraba quando se ofrecia

negocio público en que hubiese de intervenir la nobleza, sin alargarse

á los mas distantes, por abreviar el intento principal de aquella

diligencia. Vinieron todos á México dentro de pocos dias con el

séquito que solian asistir en la corte, y tan numeroso, que hiciera

ruido en el cuidado, si se ignorára la ocasion y la costumbre.

Juntólos Motezuma en el quarto de su habitacion, y en presencia de

Cortés (que fué llamado á esta conferencia, y concurrió en ella con

sus intérpretes y algunos de sus Capitanes) les hizo un razonamiento,

en que dió los motivos, y facilitó la dureza de aquella notable

resolucion. Bernal Diaz del Castillo dice que hubo dos juntas, y que

no asistió Cortés en la primera: pudo ser alguna de sus

equivocaciones, porque no lo callaria el mismo Hernan Cortés en la

segunda relacion de su jornada; y quando se trataba de satisfacerle y

confiarle, no era tiempo de juntas reservadas.

Fué de grande aparato y autoridad esta funcion, porque asistieron

tambien á ella los nobles y ministros que residian en la corte: y

Motezuma, despues de haberlos mirado una y dos veces con agradable

magestad, empezó su oracion, haciéndolos benévolos y atentos con

ponerles delante

"Quánto los amaba, y quánto le debian: acordóles que tenian de

su mano todas las riquezas y dignidades que poseían: y sacó por

ilacion de este principio la obligacion en que se hallaban de

creer que no les propondria materia que no fuese de su mayor

conveniencia, despues de haberla premeditado con madura

deliberacion, consultado, á sus Dioses el acierto, y tenido

señales evidentes de que hacia su voluntad."

Afectaba muchas veces estas vislumbres de inspiracion, para dar algo

de divinidad á sus resoluciones: y entónces le creyeron, porque no era

novedad que le favoreciese con sus respuestas el demonio. Asentada

esta reconvencion y este misterio, refirió con brevedad

"El orígen del Imperio Mexicano, la expedicion de los

Nabatlácas, las hazañas prodigiosas de Quezalcoál, su primer

Emperador, y lo que dexó profetizado quando se apartó á las

conquistas del oriente, previniendo, con impulso del Cielo, que

habian de volver á reynar en aquella tierra sus descendientes.

Tocó despues como punto indubitable: Que el Rey de los

Españoles, que dominaba en aquellas regiones orientales, era

legítimo sucesor del mismo Quezalcoál. Y añadió: Que siendo él

Monarca de quien habia de proceder aquel Príncipe tan deseado

entre los Mexicanos, y tan prometido en los oráculos y

profecías que veneraba su nacion, debian todos reconocer en su

persona este derecho hereditario, dando á su sangre lo que, á

falta de ella, se introduxo en eleccion: que si hubiera venido

entónces personalmente, como envió sus Embaxadores, era tan

amigo de la razon, y amaba tanto á sus vasallos, que por su

mayor felicidad sería el primero en desnudarse de la dignidad

que poseía, rindiendo á sus piés la corona, fuese para dexarla

en sus sienes, ó para recibirla de su mano. Pero que debiendo á

los Dioses la buena fortuna de que hubiese llegado en su tiempo

noticia tan deseada, queria ser el primero en manifestar la

prontitud de su ánimo, y habia discurrido en ofrecerle desde

luego su obediencia, y hacerle algun servicio considerable. A

cuyo fin tenia destinadas las joyas mas preciosas de su tesoro,

y queria que sus nobles le imitasen, no solo en hacer el mismo

reconocimiento, sino en acompañarle con alguna contribucion de

sus riquezas, para que siendo mayor el servicio, llegáse mas

decoroso á los ojos de aquel Príncipe."

En esta substancia concluyó Motezuma su razonamiento, aunque no de una

vez: porque á despecho de lo que se procuró esforzar en este acto,

quando llegó á pronunciarse vasallo de otro Rey, le hizo tal

disonancia esta proposicion, que se detuvo un rato, sin hallar las

palabras con que habia de formar la razon; y al acabarla se enterneció

tan declaradamente, que se vieron algunas lágrimas discurrir por su

rostro, como lloradas contra la voluntad de los ojos. Y los Mexicanos,

conociendo su turbacion, y la causa de que procedia, empezaron tambien

á enternecerse, prorumpiendo en sollozos ménos recatados, y deseando,

al parecer, con algo de lisonja, que hiciese ruido su fidelidad. Fué

necesario que Cortés pidiese licencia de hablar, y alentase á

Motezuma, diciendo:

"Que no era el ánimo de su Rey desposeerle de su dignidad, ni

trataba de que se hiciese novedad en sus dominios: porque solo

querria que se aclaráse por entónces su derecho á favor de sus

descendientes, respecto de hallarse tan distante de aquellas

regiones, y tan ocupado en otras conquistas, que no podria

llegar en muchos años el caso en que hablaban sus tradiciones y

profecías."

Con cuyo desahogo cobró el aliento, volvió á serenar el semblante, y

acabó su oracion como se ha referido.

Quedaron los Mexicanos atónitos, ó confusos de oir semejante

resolucion, estrañándola como desproporcionada, ó ménos decente á la

magestad de un Príncipe tan grande, y tan zeloso de su dominacion.

Miráronse unos á otros sin atreverse á replicar, ni á conceder,

dudando en qué se ajustarian mas á su intencion; y duró este silencio

reverente hasta que tomó la mano el primero de sus magistrados, y con

mejor conocimiento de su dictámen respondió por los demas:

"Que todos los nobles que concurrian en aquella junta le

respetaban como á su Rey y Señor natural, y estarian prontos á

obedecer lo que proponia por su benignidad, y mandaba con su

exemplo: porque no dudaban que lo tendria bien discurrido y

consultado con el Cielo, ni tenian instrumento mas sagrado que

el de su voz para entender la voluntad de los Dioses."

Concurrieron todos en el mismo sentir: y Hernan Cortés, quando llegó

el caso de significar su agradecimiento, fué dictando á sus

intérpretes otra oracion no ménos artificiosa, en que dió las gracias

á Motezuma, y á todos los circunstantes, de aquella demostracion,

aceptando en nombre de su Rey el servicio, y midiendo sus

ponderaciones con la máxima de no estrañar mucho que asistiesen á su

obligacion, al modo que se recibe la deuda, y se agradece la

puntualidad en el deudor.

Pero no bastaron aquellas lágrimas de Motezuma para que se rezeláse

Cortés entónces de su liberalidad, ni conociese que se trataba de su

despacho final; en que se dexó llevar del primer sonido con alguna

disculpa: porque donde halló introducida como verdad infalible aquella

notable aprehension de los descendientes de Quezalcoál, y tenian á su

Rey indubitable por uno de ellos, no le pareceria tan irregular esta

demostracion, que se debiese mirar como afectada ó sospechosa. Sobre

cuyo presupuesto pudo tambien atribuir el llanto de Motezuma, y

aquella congoja con que llegó á pronunciar las cláusulas del

vasallage, á la misma violencia con que se desprende la corona, y se

mide la suma distancia que hay entre la soberanía y la sujecion: caso

verdaderamente de aquellos en que puede faltar el ánimo con algo de

magnanimidad. Pero se debe creer que Motezuma, por mas que miráse al

Rey de España como legítimo sucesor de aquel Imperio, no tuvo intento

de cumplir lo que ofrecia. Su mira fué deshacerse de los Españoles, y

tomar tiempo para entenderse despues con su ambicion, sin hacer mucho

caso de su palabra: y no estaria fuera de su centro entre aquellos

Reyes bárbaros la simulacion, cuya indignidad, bastante á manchar el

pundonor de un hombre particular, pusieron otros bárbaros estadistas

entre las artes necesarias del reynar.

Desde aquel dia, como quiera que fuese, quedó reconocido el Emperador

Carlos Quinto por Señor del Imperio Mexicano, legítimo y hereditario

en el sentir de aquella gente, y en la verdad destinado por el Cielo á

mejor posesion de aquella corona; sobre cuya resolucion se formó

público instrumento con todas las solemnidades que parecieron

necesarias, segun el estilo de los homenages que solian prestar á sus

Reyes: dando este allanamiento de Príncipe y vasallos poco mas que el

nombre de Rey al Emperador; y siendo una como insinuacion misteriosa

del título que se debió despues al derecho de las armas, sobre justa

provocacion, como lo verémos en su lugar: circunstancia particular,

que concurrió en la conquista de México para mayor justificacion de

aquel dominio, sobre las demas consideraciones generales, que no solo

hicieron lícita la guerra en otras partes, sino legítima y razonable

siempre que se puso en términos de medio necesario para la

introduccion del Evangelio.

Historia de la Conquista de Mexico, Volume 2 (of 3) Poblacion y Progresos de la America Septentrional, Conocida por el Nombre de Nueva España · 第 30 / 46 题