_Descúbrese una conjuracion que se iba disponiendo contra los
Españoles, ordenada por el Rey de Tezcúco: y Motezuma, parte
con su industria, y parte por las advertencias de Cortés, la
sosiega castigando al que la fomentaba._
Tuvo desde sus principios esta empresa de los Españoles notable
desigualdad de accidentes: alternábanse continuamente la quietud y los
cuidados: unos dias reynaba sobre las dificultades la esperanza, y
otros renacian los peligros de la misma seguridad. Propia condicion de
los sucesos humanos, encadenarse, y sucederse con breve intermision
los bienes y los males. Y debemos creer que fué conveniente su
instabilidad para corregir la destemplanza de nuestras pasiones.
La ciega gentilidad ponia esta serie de los acaecimientos en una rueda
imaginaria, que se formaba en la trabazon de lo próspero y adverso, á
cuyo movimiento daban cierta inteligencia sin eleccion, que llamaron
fortuna: con que dexaban al acaso todo lo que deseaban ó temian,
siendo en la verdad alta disposicion de la divina Providencia que
duren poco en un estado las felicidades y los infortunios de la
tierra, para que se posean ó toleren con moderacion, y suba el
entendimiento á buscar la realidad de las cosas en la religion de las
almas.
Hallábanse ya los Españoles bastantemente asegurados en la voluntad de
Motezuma, y en la estimacion de los Mexicanos; pero al mismo tiempo
que se gozaba de aquel sosiego favorable, se levantó nueva tempestad,
que puso en contingencia todas las prevenciones de Cortés. Movióla
Cacumatzín, sobrino de Motezuma, Rey de Tezcúco, y primer Elector del
Imperio. Era mozo inconsiderado y bullicioso; y dexándose aconsejar de
su ambicion, determinó hacerse memorable á su nacion, sacando la cara
contra los Españoles con pretexto de poner en libertad á su Rey.
Favorecianle su dignidad y su sangre para esperar en la primera
eleccion el Imperio; y le pareció, que una vez desnuda la espada,
podria llegar el caso de acercarse á la corona. Su primera diligencia
fué desacreditar á Motezuma, murmurando entre los suyos de la
indignidad y falta de espíritu con que se dexaba estar en aquella
violenta sujecion. Acusó despues á los Españoles, culpando como
principio de tiranía la opresion en que le tenian, y la mano que se
iban tomando en el gobierno; sin perdonar medio alguno de hacerlos
odiosos y despreciables. Sembró despues la misma cizaña entre los
demas Reyezuelos de la laguna: y hallando bastante disposicion en los
ánimos, se resolvió á poner en execucion sus intentos: á cuyo fin
convocó una junta de todos sus amigos y parientes, que se hizo de
secreto en su palacio, concurriendo en ella los Reyes de Cuyoacán,
Iztacpalápa, Tacúba y Matalcingo, y otros Señores ó Caciques del
contorno: personas de séquito y suposicion, que mandaban gente de
guerra, y se preciaban de soldados.
Hizoles un razonamiento de grande aparato; y dando colores de zelo á
sus ocultos designios, ponderó el estado en que se hallaba su Rey,
olvidado, al parecer, de su misma libertad, y la obligacion que tenian
de concurrir todos como buenos vasallos á sacarle de aquella
servidumbre. Sinceróse con la proxîmidad de la sangre, que le
interesaba en los aciertos de su tio: y volviendo la mira contra los
Españoles:
"¿A qué aguardamos, amigos y parientes (dixo) que no abrimos
los ojos al oprobrio de nuestra nacion, y á la vileza de
nuestro sufrimiento? ¿Nosotros, que nacimos á las armas, y
ponemos nuestra mayor felicidad en el terror de nuestros
enemigos, concedemos la cerviz al yugo afrentoso de una gente
advenediza? ¿Qué son sus atrevimientos sino acusaciones de
nuestra floxedad, y desprecios de nuestra paciencia?
Consideremos lo que han conseguido en breves dias, y
conocerémos primero nuestro desayre, y despues nuestra
obligacion. Arrojáronse á la corte de México, insolentes de
quatro victorias en que los hizo valientes la falta de
resistencia. Entraron en ella triunfantes á despecho de nuestro
Rey, y contra la voluntad de la nobleza y gobierno.
Introduxeron consigo á nuestros enemigos ó rebeldes, y los
mantienen armados á nuestros ojos, dando vanidad á los
Tlascaltécas, y pisando el pundonor de los Mexicanos. Quitaron
la vida con público y escandaloso castigo á un General del
Imperio, tomando en ageno dominio jurisdiccion de magistrados,
ó autoridad de legisladores. Y últimamente prendieron al Gran
Motezuma en su alojamiento, sacándole violentamente de su
palacio; y no contentos con ponerle guardas á nuestra vista,
pasaron á ultrajar su persona y dignidad con las prisiones de
sus delinqüentes. Así pasó: todos lo sabemos; ¿pero quién habrá
que lo crea sin desmentir á sus ojos? ¡O verdad ignominiosa,
digna del silencio, y mejor para el olvido! ¿Pues en qué os
deteneis, ilustres Mexicanos? ¿Preso vuestro Rey, y vosotros
desarmados? Esa libertad aparente de que le veis gozar estos
dias no es libertad, sino un tránsito engañoso, por el qual ha
pasado insensiblemente á otro cautiverio de mayor indecencia:
pues le han tiranizado el corazon, y se han hecho dueños de su
voluntad, que es la prision mas indigna de los Reyes. Ellos nos
gobiernan y nos mandan, pues el que nos habia de mandar les
obedece. Ya le veis descuidado en la conservacion de sus
dominios, desatento á la defensa de sus leyes, y convertido el
ánimo real en espíritu servil. Nosotros, que suponemos tanto en
el Imperio Mexicano, debemos impedir con todo el hombro su
ruina. Lo que nos toca es juntar nuestras fuerzas, acabar con
estos advenedizos, y poner en libertad á nuestro Rey. Si le
desagradáremos, dexándole de obedecer en lo que le conviene,
conocerá el remedio quando convalezca de la enfermedad: y si no
le conociere, hombres tiene México que sabrán llenar con sus
sienes la corona; y no será el primero de nuestros Reyes, que,
por no saber reynar, ó reynar descuidadamente, se dexó caer el
cetro de las manos."
En esta substancia oró Cacumatzín, y con tanto fervor, que le
siguieron todos, prorumpiendo en grandes amenazas contra los
Españoles, y ofreciendo servir en la faccion personalmente. Solo el
Señor de Matalcingo, que se hallaba en el mismo grado pariente de
Motezuma, y tenia sus pensamientos de reynar, conoció lo interior de
la propuesta, y tiró á desvanecer los designios de su competidor,
añadiendo:
"Que tenia por necesario, y por mas conveniente á la
obligacion de todos, que se previniese á Motezuma de lo que
intentaban, y se tomáse primero su licencia; pues no era razon
que se arrojasen armados á la casa donde residia, sin poner en
salvo su persona, tanto por el peligro de su vida como por la
disonancia de que pereciesen aquellos hombres debaxo de las
alas de su Rey."
Barajaron los demas esta proposicion como impracticable, diciéndole
Cacumatzín algunos pesares, que sufrió por no descomponer sus
esperanzas; y se acabó la junta, quedando señalado el dia, discurrido
el modo, y encargado el secreto.
Supieron casi á un mismo tiempo Motezuma y Cortés esta conjuracion:
Motezuma por un aviso reservado que se atribuyó al Señor de
Matalcingo: y Cortés por la inteligencia de sus espías y confidentes.
Buscáronse luego los dos, para comunicarse la noticia de semejante
novedad; y tuvo Motezuma la dicha de hablar primero, con que dexó
saneada su intencion. Dióle cuenta de lo que pasaba: mostró grande
irritacion contra su sobrino el de Tezcúco, y contra los demas
conjurados: y propuso castigarlos con el rigor que merecian. Pero
Hernan Cortés (dándole á entender que sabía todo el caso con algunas
circunstancias, que no dexasen en duda su comprehension) le respondió:
"Que sentia mucho haber ocasionado aquella inquietud en sus
vasallos: y que, por la misma razon, se hallaba obligado á
tomar por su cuenta el remedio, y venia con ánimo de pedirle
licencia para marchar luego con sus Españoles á Tezcúco, y
atajar en su orígen el daño, trayéndole preso á Cacumatzín
ántes que se uniese con los demas coligados, y fuese necesario
pasar á mayores remedios."
No admitió Motezuma esta proposicion, ántes procuró desviarla con
total repugnancia, conociendo lo que perderia su autoridad y su poder
si se valiese de armas forasteras para castigar atrevimientos de esta
calidad en hombres de aquella suposicion. Pidióle que disimuláse por
él su desabrimiento; y le dixo por última resolucion:
"Que no queria, ni era conveniente que se moviesen los
Españoles, porque no se hiciese obstinacion el odio con que
procuraban apartarlos de su lado; sino que le ayudasen á
sujetar aquellos rebeldes, asistiéndole con el consejo, y
haciendo, si fuese menester, el oficio de medianeros."
Parecióle despues, que sería bien intentar primero los medios suaves,
y que su sobrino, como persona mas dependiente de su respeto, sería
fácil de reducir á la quietud, acordándole su obligacion, y haciéndole
amigo de los Españoles. Para cuyo efecto le envió llamar con uno de
sus criados principales: el qual le intimó la órden que llevaba de su
Rey, y le dixo de parte de Cortés:
"Que deseaba su amistad y tenerle mas cerca para que la
experimentáse."
Pero él, que se hallaba ya lejos de la obediencia, ó tenia mas cerca
su ambicion, respondió á Motezuma con desacato de hombre precipitado,
y á Cortés con tanta desestimacion y arrojamiento, que le obligó á
pedir con nueva instancia la empresa de sujetarle, cuya propuesta
reprimió segunda vez Motezuma, diciéndole:
"Que aquel era de los casos en que se debia usar primero del
entendimiento que de las manos: y que le dexáse obrar segun la
experiencia y conocimiento que tenia de aquellos humores y de
sus causas."
Portóse despues con gran reserva entre sus ministros, despreciando el
delito para descuidar al delinqüente; á cuyo fin les decia:
"Que aquel atrevimiento de su sobrino se debia tomar como ardor
juvenil, ó primer movimiento de hombre sin capacidad."
Y al mismo tiempo formó una conjuracion secreta contra el mismo
conjurado, valiéndose de algunos criados suyos, que atendieron á su
primera obligacion, ó la conocieron á vista de las dádivas y las
promesas. Por cuyo medio consiguió que le asaltasen una noche dentro
de su casa, y embarcándose con él en una canoa que tenian prevenida,
le truxesen preso á México sin que pudiese resistirlo. Descubrió
entónces Motezuma todo el enojo que disimulaba: y sin permitir que le
viese, ni dar lugar á sus disculpas, le mandó poner, con acuerdo y
parecer de Cortés, en la carcel mas estrecha de sus nobles, tratándole
como á reo de culpa irremisible, y de pena capital.
Hallábase á esta sazon en México un hermano de Cacumatzín, que pocos
dias ántes escapó dichosamente de sus manos, porque intentó quitarle
insidiosamente la vida sobre algunas desconfianzas domésticas de poco
fundamento. Amparóle Motezuma en su palacio, y le hizo alistar en su
familia para darle mayor seguridad. Era mozo de valor, y grandes
habilidades, bien recibido en la corte y entre los vasallos de su
hermano: haciéndole con unos y otros mas recomendable la circunstancia
de perseguido. Puso Cortés los ojos en él: y deseando ganarle por
amigo, y traerle á su partido, propuso á Motezuma que le diese la
investidura y Señorío de Tezcuco, pues ya no era capaz su hermano de
volver á reynar, habiendo conspirado contra su Príncipe. Dixole:
"Que no era seguro castigar por entónces con pena de la vida á
un delinqüente de tanto séquito, quando estaban conmovidos los
ánimos de los nobles: que, privándole del reyno, le daba otro
género de muerte ménos ruidosa, y de bastante severidad para el
terror de sus parciales: que aquel mozo tenia mejor natural, y
debiéndole ya la vida, le debria tambien la corona, y quedaria
mas obligado á su obediencia por la oposicion de su hermano: y
últimamente, que con esta demostracion daba el reyno á quien
debia suceder en él, y dexaba en su sangre la dignidad de
primer Elector, que tanto suponia en el Imperio."
Agradó tanto á Motezuma este pensamiento de Cortés, que le comunicó
luego á su consejo, donde se alabó como benigna y justificada la
resolucion: y autorizando los ministros el decreto real, fué
desposeido Cacumatzín, segun la costumbre de aquella tierra, de todos
sus honores, como rebelde á su Príncipe, y nombrado su hermano por
sucesor del reyno y voz electoral. Llamóle despues Motezuma, y en el
acto de la investidura, que tenia sus ceremonias y solemnidades, le
hizo una oracion magestuosa, en que reduxo á pocas palabras todos los
motivos que podian acrecentar el empeño de su fidelidad: y le dixo
públicamente:
"Que habia tomado aquella determinacion por consejo de Hernan
Cortés:"
dándole á conocer que le debia la corona. Puedese creer que ya lo
sabria el interesado, porque no era tiempo de obscurecer los
beneficios; pero es de reparar lo que cuidaba Motezuma de hacerle bien
quisto, y de ganar los ánimos de los suyos á favor de los Españoles.
Partió luego el nuevo Rey á su corte, y fué recibido y coronado en
ella con grandes aclamaciones y regocijos, celebrando todos su
exâltacion con diferentes motivos: unos, porque le amaban, y sentian
su persecucion: otros, por la mala voluntad que tenian á Cacumatzín; y
los mas, por dar á entender que aborrecian su delito. Tuvo notable
aplauso en todo el Imperio este género de castigo sin sangre, que se
atribuyó al superior juicio de los Españoles, porque no esperaban de
Motezuma semejante moderacion: y fué de tanta conseqüencia la misma
novedad para el escarmiento, que los demas conjurados derramaron luego
sus tropas, y trataron de recurrir desarmados á la clemencia de su
Rey. Valiéronse de Cortés, y últimamente consiguieron por su medio el
perdon: con que se deshizo aquella tempestad; y habiéndose levantado
contra él, salió del peligro mejorado, parte por su industria, y parte
porque le favorecieron los mismos accidentes: pues Motezuma le
agradeció la quietud de su reyno: se declaró por su hechura el mayor
Príncipe del Imperio: y favoreciendo á los demas que intentaban
destruirle, se halló con nuevo caudal de amigos y obligados.