_Permitese á Motezuma que se dexe ver en público, saliendo á
sus templos y recreaciones. Trata Cortés de algunas
prevenciones que tuvo por necesarias; y se duda que intentasen
los Españoles en esta sazon derribar los ídolos de México._
Quedó Motezuma desde aquel dia prisionero voluntario de los Españoles:
hizose amable á todos con su agrado y liberalidad. Sus mismos criados
desconocian su mansedumbre y moderacion, como virtudes adquiridas en
el trato de los extrangeros, ó extrangeras de su natural. Acreditó
diversas veces con palabras y acciones la sinceridad de su ánimo: y
quando le pareció que tenian segura y merecida la confianza de
Cortés, se resolvió á experimentarla, pidiéndole licencia para salir
alguna vez á sus templos. Dióle palabra de que se volveria
puntualmente á la prision, que así la solia llamar, quando no estaba
presente alguno de los suyos. Dixole:
"Que ya deseaba, por su conveniencia y la de los mismos
Españoles, dexarse ver de su pueblo, porque se iba creyendo que
le tenian oprimido, como habia cesado la causa de su detencion
con el castigo de Qualpopóca; y se podria temer alguna
turbacion mas que popular, si no se ocurria brevemente al
remedio con aquella demostracion de su libertad."
Hernan Cortés, conociendo su razon, y deseando tambien complacer á los
Mexicanos, le respondió liberal y cortesanamente:
"Que podria salir quando gustáse: atribuyendo á exceso de su
benignidad el pedir semejante permision, quando él y todos los
suyos estaban á su obediencia."
Pero aceptó la palabra que le daba de no hacer novedad en su
habitacion, como quien deseaba no perder la honra que recibia.
Hizole alguna interior disonancia el motivo de acudir á sus templos; y
para cumplir consigo en la forma que podia, capituló con él que habian
de cesar desde aquel dia los sacrificios de sangre humana:
contentándose con esta parte de remedio, porque no era tiempo de
aspirar á la enmienda total de los demas errores; y siempre que no se
puede lo mejor, es prudencia dividir la dificultad, para vencer uno á
uno los inconvenientes. Ofreciólo así Motezuma, prohibiendo con efecto
en todos sus adoratorios este género de sacrificios: y aunque se duda
si lo cumplió, es cierto que cesó la publicidad, y que, si los
hicieron alguna vez, fué á puerta cerrada, y tratándolos como delito.
Su primera salida fué al templo mayor de la ciudad, con la misma
grandeza y acompañamiento que acostumbraba: llevó consigo algunos
Españoles; y se previno, llamándolos él mismo, ántes que se los
pusiesen al lado como guardas ó testigos. Celebró con grandes
regocijos el pueblo esta primera vista de su Rey: procuraron todos
manifestar su alegría con aquellas demostraciones de que se componian
sus aplausos; no porque le amasen, ó tuviesen olvidada la opresion en
que vivian, sino porque hacia la natural obligacion el oficio de la
voluntad: y tiene sus influencias, hasta en la frente del tirano, la
corona. El iba recibiendo las aclamaciones con gratitud magestuosa: y
anduvo aquel dia muy liberal, porque hizo diferentes mercedes á sus
nobles, y repartió algunas dádivas entre la gente popular. Subió
despues al templo, descansando sobre los brazos de los sacerdotes: y
en cumpliendo con los ritos ménos escandalosos de su adoracion, se
volvió al quartel, donde se congratuló nuevamente con los Españoles,
dando á entender que le traían con igual fuerza el desempeño de su
palabra, y el gusto de vivir entre sus amigos.
Continuaronse despues sus salidas sin hacer novedad, unas veces al
palacio donde tenia sus mugeres, y otras á sus adoratorios ó casas de
recreacion: usando siempre con Hernan Cortés la ceremonia de tomar su
licencia, ó llevándole consigo, quando era decente la funcion; pero
nunca hizo noche fuera del alojamiento, ni discurrió en mudar
habitacion: ántes se llegó á mirar entre los Mexicanos aquella
perseverancia suya como favor de los Españoles, tanto que ya visitaban
á Cortés los ministros y los nobles de la ciudad, valiéndose de su
intercesion para encaminar sus pretensiones: y todos los Españoles que
tenian algun lugar en su gracia, se hallaron asistidos y
contemporizados: achaque ordinario de las cortes, adorar á los
favorecidos, fabricando con el ruego estos ídolos humanos.
Entretanto que duraba este género de tranquilidad, no se descuidaba
Hernan Cortés en las prevenciones que podrian conducir á su seguridad,
y adelantar los altos designios que perseveraban en su corazon, sin
objeto determinado, ni saber hasta entónces hacia donde le llamaba la
obscuridad lisonjera de sus esperanzas. Luego que vacó el gobierno de
la Vera Cruz por muerte de Juan de Escalante, y se aseguraron los
caminos con el castigo de los culpados, nombró en aquella ocupacion
al Capitan Gonzalo de Sandoval: y porque no faltáse de su lado en esta
ocurrencia un Cabo de tanta satisfaccion, envió con título de Teniente
suyo á un soldado particular que llamaban Alonso de Grado, sugeto de
habilidad y talento, pero de ánimo inquieto, y uno de los que se
hicieron conocer en las turbaciones pasadas. Creyóse que le ocupaba
por satisfacerle y desviarle; pero no fué buena política poner hombre
poco seguro en una plaza que se mantenia para la retirada, y contra
las avenidas que se podian temer de la Isla de Cuba. Pudiera ser de
grave inconveniente su asistencia en aquel puerto, si llegáran poco
ántes los baxeles que fletó Diego Velazquez en prosecucion de su
antigua demanda; pero el mismo Alonso de Grado emendó con su proceder
el yerro de su eleccion; porque vinieron dentro de pocos dias tantas
quejas de los vecinos y lugares del contorno, que fué necesario
traerle preso, y enviar al propietario.
Con la ocasion de estos viages dispuso Hernan Cortés que se conduxesen
de la Vera Cruz algunas xarcias, velas, clavazon, y otros despojos de
los navios que se barrenaron, con ánimo de fabricar dos bergantines,
para tener á su disposicion el paso de la laguna: porque no podia
echar de sí las medias palabras que oyeron los Tlascaltécas sobre
cortar los puentes, ó romper las calzadas. Introduxo primero esta
novedad, haciéndosela desear á Motezuma, con pretexto de que viese las
grandes embarcaciones que se usaban en España, y la facilidad con que
se movian, haciendo trabajar al viento en alivio de los remos: primor
de que no se hacia capaz sin la demostracion; porque ignoraban los
Mexicanos el uso de las velas, y ya miraba como punto de conveniencia
suya que aprendiesen aquel arte de navegar sus marineros. Llegaron
brevemente de la Vera Cruz los géneros que se habian pedido, y se dió
principio á la fábrica por mano de algunos maestros de esta profesion,
que vinieron en el exército con plaza de soldados, asistiendo á cortar
y conducir la madera, de órden de Motezuma, los carpinteros de la
ciudad: con que se acabaron los dos bergantines dentro de breves dias,
y él mismo determinó estrenarlos, embarcándose con los Españoles, para
reconocer desde mas cerca las maestrías de aquella navegacion.
Previno para este fin una de sus monterías mas solemnes en parage de
larga travesía, porque no faltáse tiempo á su observacion: y el dia
señalado amanecieron sobre la laguna todas las canoas del séquito real
con su familia y cazadores, reforzada en ellas la boga, no sin
presuncion de acreditar su ligereza, con descredito de las
embarcaciones extrangeras, que á su parecer, eran pesadas, y serian
dificultosas de manejar; pero tardaron poco en desengañarse, porque
los bergantines partieron á vela y remo, favorecidos oportunamente del
viento, y se dexaron atras las canoas con largo espacio, y no menor
admiracion de los Indios. Fué dia muy festivo, y de gran divertimiento
para los Españoles, tanto por la novedad y circunstancias de la
montería, como por la opulencia del banquete: y Motezuma estuvo muy
entretenido con sus marineros, burlándose de lo que forcejaban en el
alcance de los bergantines, y celebrando como suya la victoria de los
Españoles.
Concurrió despues toda la ciudad á ver aquellas, que en su lengua
llamaban casas portátiles: hizo sus ordinarios efectos la novedad, y
sobre todo admiraron el manejo del timon, y el oficio de las velas,
que, á su entender, mandaban al agua y al viento: invencion que
celebraron los mas avisados como industria del arte superior á su
ingenio, y el vulgo como sutileza mas que natural, ó predominio sobre
los elementos. Consiguióse finalmente que fuesen bien recibidos
aquellos bergantines, que se fabricaron á mayor intento; y tuvo su
parte de felicidad esta providencia de Cortés, pues se hizo lo que
convenia, y se ganó reputacion.
Al mismo tiempo iba caminando en otras diligencias que le dictaban su
vigilancia y actividad. Introducia con Motezuma y con los nobles, que
le visitaban, la estimacion de su Rey: ponderaba su clemencia, y
engrandecia su poder, trayendo á su dictámen los ánimos con tanta
suavidad y destreza, que llegó á desearse generalmente la
confederacion que proponia, y el comercio de los Españoles, como
interés de aquella Monarquía. Tomaba tambien algunas noticias
importantes por via de conversacion y sencilla curiosidad. Informóse
muy particularmente de la magnitud y límites del Imperio Mexicano, de
sus provincias y confines, de los montes, rios y minas principales, de
las distancias de ambos mares, su calidad y surgideros: tan lejos de
mostrar cuidado en sus observaciones, que Motezuma, para informarle
mejor y complacerle, hizo que sus pintores delineasen, con asistencia
de hombres noticiosos, un lienzo semejante á nuestros mapas, en que se
contenia la demarcacion de sus dominios: á cuya vista le hizo capaz de
todas las particularidades que merecian reflexîon; y permitió despues
que fuesen algunos Españoles á reconocer las minas de mayor nombre, y
los puertos ó ensenadas que parecian capaces de baxeles. Propusolo
Hernan Cortés con pretexto de llevar á su Príncipe distinta relacion
de lo mas notable; y él concedió no solamente su beneplácito, pero
señaló gente militar que los acompañáse, y despachó sus órdenes para
que les franqueasen el paso y las noticias: bastante seña de que vivia
sin rezelo, y andaban conformes su intencion y sus palabras.
Pero en esta sazon, y quando mas se debian temer las novedades, como
peligro de la quietud y de la confianza, refieren nuestros
historiadores una resolucion de los Españoles tan desproporcionada y
fuera de tiempo, que nos inclinamos á dudarla, ya que no hallamos
razon para omitirla. Dice Bernal Diaz del Castillo, ó lo escribió
primero Francisco Lopez de Gómara (concordando alguna vez en lo ménos
tolerable) que se determinaron á derribar los ídolos de México, y
convertir en Iglesia el adoratorio principal: que salieron á
executarlo, por mas que lo resistió, y procuró embarazar Motezuma: que
se armaron los sacerdotes, y estuvo conmovida toda la ciudad en
defensa de sus Dioses, durando la porfía sin llegar á rompimiento,
hasta que por bien de paz se quedaron los ídolos en su lugar, y se
limpió una capilla, y levantó un altar dentro del mismo adoratorio,
donde se colocó la Cruz de Christo, y la imágen de su Madre santísima,
se celebró Misa cantada, y perseveró muchos dias el altar, cuidando de
su limpieza y adorno los mismos sacerdotes de los ídolos. Así lo
refiere tambien Antonio de Herrera, y se aparta de los dos, añadiendo
algunas circunstancias que pasan los límites de la exornacion, si esta
puede caber en la retórica del historiador: porque describe una
procesion devota y armada que se ordenó para conducir las santas
Imágenes al adoratorio: pone á la letra, ó supone la oracion recta
que hizo Cortés delante de un Crucifixo: y pondera un casi milagro de
su devocion, animándose á decir, no sabemos de que orígen, que se
inquietaron poco despues los Mexicanos, porque faltó el agua del cielo
para el beneficio de sus campos: que acudieron al mismo Cortés, con
principios de sedicion, clamando sobre que no llovian sus Dioses,
porque se habian introducido en su templo Deidades forasteras: que,
para conseguir que se quietasen, les ofreció de parte de su Dios
copiosa lluvia dentro de breves horas; y que respondió el Cielo
puntualmente á su promesa con grande admiracion de Motezuma y de toda
la ciudad.
No discurrimos del empeño en que se puso, prometiendo milagros delante
de unos infieles, en prueba de su Religion: que pudo ser ímpetu de su
piedad; ni estrañamos la maravilla del suceso: que tambien pudo tener
entónces aquel átomo de fé viva, con que se merecen y consiguen los
milagros. Pero el mismo hecho disuena tanto á la razon, que parece
dificultoso de creer en las advertencias de Cortés, y en el genio y
letras de Fray Bartolomé de Olmedo. Pero caso que sucediese así el
hecho de arruinar los ídolos de México en la forma y en el tiempo que
viene supuesto (siendo lícito al historiador el hacer juicio alguna
vez de las acciones que refiere) hallamos en esta diferentes reparos,
que nos obligan por lo ménos á dudar el acierto de semejante
determinacion en una ciudad tan populosa, donde se pudo tener por
imposible lo que fué dificultoso en Cozumel. Corriase bien con
Motezuma: consistia en su benevolencia toda la seguridad que se
gozaba: no habia dado esperanzas de admitir el Evangelio, ántes duraba
inexôrable y obstinado en su idolatría. Los Mexicanos, sobre la dureza
con que adoraban y defendian sus errores, andaban fáciles de inquietar
contra los Españoles. ¿Pues, que prudencia pudo aconsejar que se
intentáse contra la voluntad de Motezuma semejante contratiempo? Si
miramos al fin que se pretendia, le hallarémos inútil y fuera de toda
razon. Empezar por los ídolos el desengaño de los Idólatras: tratar
una exterioridad infructuoso como triunfo de la Religion: colocar las
santas Imágenes en un lugar inmundo y detestable: dexarlas al arbitrio
de los sacerdotes gentiles, aventuradas á la irreverencia y al
sacrilegio: celebrar entre los simulacros del demonio el inefable
sacrificio de la Misa. Y Antonio de Herrera califica estos atentados
con título de faccion memorable. Júzguelo quien lo leyere, que
nosotros no hallamos razon de congruencia política ó christiana para
que se perdonasen tantos inconvenientes; y dexando en duda el acierto,
querriamos ántes que no hubiera sucedido esta irregularidad como la
refieren, ó que no tuvieran lugar en la Historia las verdades
increibles.