CAPITULO XVIII.

_Continua Motezuma sus agasajos y dádivas á los Españoles.

Llegan cartas de la Vera Cruz con noticia de la batalla en que

murió Juan de Escalante; y con este motivo se resuelve la

prision de Motezuma._

Observaban los Españoles todas estas novedades, no sin grande

admiracion, aunque procuraban reprimirla y disimularla, costándoles

cuidado el apartarla del semblante, por mantener la superioridad que

afectaban entre aquellos Indios. Los primeros dias se ocuparon en

varios entrenimientos. Hicieron los Mexicanos vistosa ostentacion de

todas sus habilidades, con deseo de festejar á los forasteros, y no

sin ambicion de parecer diestros en el manejo de sus armas, y ágiles

en los demas exercicios. Motezuma fomentaba los espectáculos y

regocijos, depuesta la magestad contra el estílo de su elevacion.

Llevaba siempre consigo á Cortés, asistido de sus Capitanes: tratábale

con un género de humanidad respectiva, que parecia monstruosa en su

natural, y daba estimacion á los Españoles entre los que le conocian.

Freqüentábanse las visitas, unas veces Cortés en el palacio, y otras

Motezuma en el alojamiento. No acababa de admirar las cosas de España,

considerándola como parte del Cielo; y hacia tan alto concepto de su

Rey, que no pensaba tanto de sus Dioses. Procuraba siempre ganar las

voluntades, repartiendo alhajas y joyas entre los Capitanes y

soldados, no sin discrecion y conocimiento de los sugetos; porque

hacia mayor agasajo á los de mayor suposicion, y sabía proporcionar la

dádiva con la importancia del agradecimiento. Los nobles, á imitacion

de su Príncipe, deseaban obligar á todos con un género de obsequio que

tocaba en obediencia. El pueblo doblaba las rodillas al menor de los

soldados. Gozábase de un sosiego divertido: mucho que ver, y nada que

rezelar. Pero tardó poco en volver á su exercicio el cuidado, porque

llegaron á este tiempo dos soldados Tlascaltécas, que vinieron á la

ciudad por caminos desusados, desmentida su nacion con el trage de los

Mexicanos: y buscando recatadamente á Cortés, le dieron una carta de

la Vera Cruz, que mudó el semblante de las cosas, y obligó á discursos

ménos sosegados.

Juan de Escalante, que, como diximos, quedó con el gobierno de aquella

nueva poblacion, trataba de continuar sus fortificaciones, conservando

los amigos que le dexó Cortés, y duró en esta quietud sin accidente de

cuidado, hasta que recibió noticia de que andaba por aquellos parages

un Capitan general de Motezuma con exército considerable castigando

algunos lugares de su confederacion, porque habian retirado los

tributos con el abrigo de los Españoles. Llamábase Qualpopóca, y

gobernaba la gente de guerra que residia en las fronteras de Zempoala;

y habiendo convocado las milicias de su cargo, hacia grandes

extorsiones y violencias en aquellos pueblos, acompañando el rigor de

los executores con la licencia de los soldados. Gente una y otra de

insaciable codicia, que tratan el robo como negocio del Rey.

Viniéronse á quejar los Totonaques de la serranía, cuyas poblaciones

andaba destruyendo entónces aquel exército. Pidieron á Juan de

Escalante que los amparáse tomando las armas en defensa de sus

aliados: y ofrecieron asistir á la faccion con todo el resto de su

gente. Procuró consolarlos, tomando por suyo el agravio que padecian;

y ántes de llegar á los términos de la fuerza, resolvió enviar sus

mensageros al Capitan general pidiéndole amigablemente:

"Que suspendiese aquellas hostilidades hasta recibir nueva

órden de su Rey, pues no era posible que se la hubiese dado

para semejante novedad, quando habia permitido que pasasen á su

Corte los Embaxadores del Monarca oriental á introducir

pláticas de paz y confederacion entre las dos coronas."

Executaron este mensage dos Zempoales de los mas ladinos que residian

en la Vera Cruz; y la respuesta fué atrevida y descortés:

"Que él sabía entender y executar las órdenes de su Rey: y si

alguno intentáse poner embarazo en el castigo de aquellos

rebeldes, sabria tambien defender en la campaña su resolucion."

No pudo Juan de Escalante disimular su enojo, ni debió negarse á este

desafío, hallándose á la vista de aquellos Indios, interesados en el

suceso de los Totonaques, iguales en el riesgo, y asegurados en la

misma proteccion: y habiéndose informado de que no pasaria de quatro

mil hombres el grueso del enemigo, juntó brevemente un exército de

hasta dos mil Indios, la mayor parte de la serranía, que fugitivos, ó

irritados vinieron á ponerse á su sombra; con los quales bien armados

á su modo, y con quarenta Españoles, dos arcabuces, tres ballestas, y

dos tiros de artillería, que pudo sacar de la plaza, dexándola con

bien moderada guarnicion, caminó la vuelta de aquellas poblaciones que

le llamaban á su defensa. Tuvo Qualpopóca noticia de su marcha, y

salió á recibirle con toda su gente puesta en órden cerca de un lugar

pequeño, que se llamó despues Almería. Dieronse vista los dos

exércitos poco despues de amanecer, y se acometieron ambos con igual

resolucion; pero á breve rato cedieron los Mexicanos, y empezaron á

retirarse puestos en desórden. Sucedió al mismo tiempo que los

Totonaques de nuestra faccion (ó por no ser soldados, ó por la

costumbre que tenian de temer á los Mexicanos) se cayeron de ánimo, y

se fueron quedando atras, hasta que últimamente se pusieron en fuga,

sin que la fuerza ni el exemplo bastase á detenerlos. Raro accidente,

que se debe notar entre las monstruosidades. Iba el enemigo tan

atemorizado, y tan cuidadoso de la propia salud, que no reparó en la

diminucion de nuestra gente, y solo trató de retirarse

desordenadamente á la poblacion vecina: donde se acercó Juan de

Escalante con poco mas que sus quarenta Españoles; y mandando poner

fuego al lugar por diferentes partes, acometió, al mismo tiempo que

tomó cuerpo la llama, con tanta resolucion, que, sin dexarles lugar

para que pudiesen discurrir en su flaqueza, los rompió y desalojó

enteramente, obligándolos á que volviesen las espaldas, y se

derramasen á los bosques. Dixeron despues aquellos Indios haber visto

en el ayre una Señora como la que adoraban los forasteros por madre de

su Dios, que los deslumbraba y entorpecia para que no pudiesen pelear.

No se manifestó á los Españoles este milagro; pero el suceso le hizo

creible: y ya estaban todos enseñados á partir con el Cielo sus

hazañas.

Fué muy señalada esta victoria, pero igualmente costosa: porque Juan

de Escalante quedó herido mortalmente con otros siete soldados, de

los quales se llevaron los Indios á Juan de Arguello, natural de Leon,

hombre muy corpulento y de grandes fuerzas, que cayó peleando

valerosamente á tiempo que no pudo ser socorrido: y los demas murieron

de las heridas en la Vera Cruz dentro de tres dias.

De cuya pérdida con todas sus circunstancias daba cuenta el

Ayuntamiento en aquella carta, para que se nombráse sucesor á Juan de

Escalante, y se tuviese noticia del estado en que se hallaban. Leyóla

Cortés con el desconsuelo que pedia semejante novedad. Comunicó el

caso á sus Capitanes; y sin ponderar entónces sus conseqüencias, ni

manifestarles todo su cuidado, les pidió que discurriesen la materia,

y se la dexasen discurrir, encomendando á Dios la resolucion que se

hubiese de tomar: lo qual encargó muy particularmente al Padre Fray

Bartolomé de Olmedo, y á todos el secreto, porque no corriese la voz

entre los soldados, y en negocio de tanta importancia se diese lugar á

dictámenes vulgares.

Retiróse despues á su aposento, y dexó correr la consideracion por

todos los inconvenientes que podian resultar de aquella desgracia.

Entraba y salia con dudosa eleccion en los caminos que le ofrecia su

discurso: cuya viveza misma le fatigaba, dándole á un tiempo los

remedios y las dificultades. Dicen que se anduvo paseando gran parte

de la noche, y que descubrió entónces una pieza recien tabicada, en

que tenia Motezuma las riquezas de su padre (y aquí las refieren por

menor) y que habiéndolas reconocido, mandó cerrar el tabique, sin

permitir que se tocáse á ellas. No nos detengamos en esta digresion de

su cuidado, que no debió de ser larga, pues hizo lugar á otras

diligencias, para tomar punto fixo en la resolucion que andaba

madurando.

Mandó llamar reservadamente á los Indios mas capaces y confidentes de

su exército; preguntóles:

"Si habian reconocido alguna novedad en los ánimos de los

Mexicanos, y como corria entre aquella gente la estimacion de

los Españoles. Respondieron: que lo comun del pueblo estaba

divertido con sus fiestas, y los veneraba por verlos aplaudidos

de su Rey; pero que los nobles andaban ya pensativos y

misteriosos, que se hablaban en secreto, y se dexaba conocer el

recato en sus corrillos."

Tenian observadas algunas medias palabras de sospechosa

interpretacion: y una de ellas fué: _Que sería fácil romper los

puentes_, con otras de este género, que juntas decian lo bastante para

el rezelo. Dos ó tres de aquellos Indios habian oido decir, que pocos

dias ántes truxeron de presente á Motezuma la cabeza de un Español, y

que la mandó esconder y retirar, despues de haberla mirado con

asombro, por ser muy fiera y desmesurada: señas que convenian con la

de Juan de Arguello; y novedad que puso á Cortés en mayor cuidado,

por el indicio de que hubiese cooperado Motezuma en la faccion de su

General.

Con estas noticias, y lo que llevaba discurrido en ellas, se encerró

al amanecer con sus Capitanes, y con algunos de los soldados

principales que solian concurrir á las juntas por su calidad ó

entendimiento. Propusoles el caso con todas sus circunstancias:

refirió lo que le habian advertido aquella noche los Indios

confidentes: ponderó sin desaliento las contingencias de que se

hallaban amenazados: tocó con espíritu las dificultades que podian

ocurrir: y sin manifestar la inclinacion de su dictámen, calló, para

que hablasen los demas. Hubo diversos pareceres; unos querian que se

pidiese pasaporte á Motezuma, y se acudiese luego al riesgo de la Vera

Cruz: otros dificultaban la retirada, y se inclinaban á salir

ocultamente, sin dexarse olvidadas las riquezas que habian adquirido:

los mas fueron de sentir que convenia perseverar, sin darse por

entendidos del suceso de la Vera Cruz, hasta sacar algunos partidos

para retirarse. Pero Hernan Cortés, recogiendo lo que venia

discurrido, y alabando el zelo con que deseaban todos el acierto,

dixo:

"Que no se conformaba con el medio propuesto de pedir pasaporte

á Motezuma; porque habiéndose abierto el camino con las armas

para entrar en su corte, á pesar de su repugnancia, caerian

mucho del concepto en que los tenia, si llegáse á entender que

necesitaban de su favor para retirarse: que si estaba de mal

ánimo, podria concederles el pasaporte para deshacerlos en la

retirada; y si le negase, quedaban obligados á salir contra su

voluntad, entrando en el peligro, descubierta la flaqueza. Que

le agradaba ménos la resolucion de salir ocultamente, porque

sería ponerse de una vez en términos de fugitivos, y Motezuma

podria con gran facilidad cortarles el paso, adelantando por

sus correos la noticia de su marcha. Que, á su parecer, no era

conveniente por entónces la retirada; porque, de qualquiera

suerte que la intentasen, volverian sin reputacion: y perdiendo

los amigos y confederados que se mantenian con ella, se

hallarian despues sin un palmo de tierra donde poner los pies

con seguridad. Por cuyas consideraciones (dixo) soy de sentir

que se apartan ménos de la razon los que se inclinan á que

perseveremos sin hacer novedad hasta salir con honra, y ver lo

que dan de sí nuestras esperanzas. Ambas resoluciones son

igualmente aventuradas; pero no igualmente pundonorosas: y

sería infelicidad indigna de Españoles morir por eleccion en el

peligro mas desayrado. Yo no pongo duda en que nos debemos

mantener: el modo con que se ha de conseguir es en lo que mas

se detiene mi cuidado. Vienense á los ojos estos principios de

rumor que se han reconocido entre los Mexicanos. El suceso de la

Vera Cruz, executado con las armas de su nacion, pide nuevas

consideraciones al discurso. La cabeza de Arguello, presentada

en lisonja de Motezuma, es indicio de que supo ántes la faccion

de su General: y su mismo silencio nos está diciendo lo que

debemos rezelar de su intencion. Pero á vista de todo me parece

que, para mantenernos en esta ciudad ménos aventurados, es

necesario que pensemos en algun hecho grande, que asombre de

nuevo á sus moradores, resarciendo lo que se hubiere perdido en

su estimacion con estos accidentes. Para cuyo efecto, despues

de haber discurrido en otras hazañas de mas ruido que

substancia, tengo por conveniente que nos apoderemos de

Motezuma, trayéndole preso á nuestro quartel: resolucion que, á

mi entender, los ha de atemorizar y reprimir, dándonos

disposicion para que podamos capitular despues con Rey y

vasallos lo que mas conviniere á nuestro Príncipe y á nuestra

seguridad. El pretexto de la prision, si yo no discurro mal, ha

de ser la muerte de Arguello que ha llegado á su noticia, y el

rompimiento de la paz cometido por su General: de cuyas dos

ofensas debemos darnos por entendidos, y pedir satisfaccion,

porque no conviene suponer una ignorancia de lo que saben

ellos, quando estan creyendo que lo alcanzamos todo; y éste y

los demas engaños de su imaginacion se deben por lo ménos

tolerar como parciales de nuestra osadía. Bien reconozco las

dificultades y contingencias de tan ardua resolucion; pero las

grandes hazañas son hijas de los grandes peligros: y Dios nos

ha de favorecer, que son muchas las maravillas (y pudiera decir

milagros evidentes) con que se ha declarado por nosotros en

esta jornada, para que no miremos ahora como inspiracion suya

nuestra perseverancia. Su causa es la primera razon de nuestros

intentos; y yo no he de creer que nos ha traido en hombros de

su providencia extraordinaria para introducirnos en el empeño,

y dexarnos con nuestra flaqueza en la mayor necesidad."

Dilatóse con tanta energía en esta piadosa consideracion, que comunicó

á los corazones de todos el vigor de su ánimo, y se reduxeron al mismo

dictámen, primero los Capitanes Juan Velazquez de Leon, Diego de

Ordaz, Gonzalo de Sandoval; y despues alabaron todos el discurso de su

Capitan, hallando, al parecer, lo eficaz del remedio en lo heroyco de

la resolucion: con que se disolvió la junta, quedando entónces

determinada la prision de Motezuma, y remitida la disposicion de todo

á la prudencia de Cortés.

Bernal Diaz del Castillo, que no pierde ocasion de introducirse á

inventor de las resoluciones grandes, dice que le aconsejaron esta

prision él y otros soldados algunos dias ántes que llegáse la nueva

de la Vera Cruz: no convienen con él las demas relaciones, ni entónces

habia causa para discurrir con tanto arrojamiento: pudiera detenerse

un poco, y quedára su consejo sin la nota de inverisímil, ó sin la

excepcion de intempestivo.

Historia de la Conquista de Mexico, Volume 2 (of 3) Poblacion y Progresos de la America Septentrional, Conocida por el Nombre de Nueva España · 第 24 / 46 题