_Dáse noticia de las grandes riquezas de Motezuma, del estílo
con que se administraba la hacienda, y se cuidaba de la
justicia: con otras particularidades del gobierno político y
militar de los Mexicanos._
Era Príncipe tan rico Motezuma, que, no solo podia sustentar los
gastos y delicias de su corte, pero mantenia continuamente dos ó tres
exércitos en campaña para sujetar sus rebeldes, ó cubrir sus
fronteras; y sobraba caudal opulento de que se formaban sus tesoros.
Daban grande utilidad á la corona las minas de oro y plata, las
salinas, y otros derechos de antigua introduccion; pero el mayor
capital de las rentas reales se componia de las contribuciones de los
vasallos, cuya imposicion creció con exôrbitancia en tiempo de
Motezuma. Todos los hombres llanos de aquel vasto y populoso dominio
pagaban de tres uno al Rey de sus labranzas y grangerías: los pobres
conducian sin estipendio los géneros que se remitian á la corte ó
reconocian el vasallage con otro servicio personal.
Andaban por el Reyno diferentes audiencias, que, con el auxîlio de
las justicias ordinarias, iban cobrando y remitiendo los tributos.
Dependian estos ministros del tribunal de hacienda, que residia en la
corte, obligados á dar cuenta por menor de lo que producian sus
distritos; y se castigaban con pena de la vida sus fraudes ó sus
descuidos, de que resultaba mayor violencia en las cobranzas; porque
se miraban como igual delito en el executor la piedad y el latrocinio.
Eran grandes los clamores de los pueblos, y no los ignoraba Motezuma;
pero solia poner entre los primores de su gobierno la opresion de sus
vasallos; diciendo muchas veces que conocia su mala inclinacion, y que
necesitaban de aquella carga para su misma quietud, porque no los
pudiera sujetar si los dexára enriquecer. ¡Grande hombre de buscar
pretextos y colores que hiciesen el oficio de la razon! Los lugares
vecinos á la ciudad daban gente para las obras reales, proveían de
leña el palacio, y pagaban otras pensiones á costa de sus comunidades.
Los nobles contribuian con asistir á las guardias, acudian con sus
vasallos á los exércitos, y hacian contínuos presentes al Rey, que se
recibian como dádivas, sin perder el nombre de obligacion. Habia
diferentes depositarios y tesoreros donde paraban los géneros que
procedian de las contribuciones: y el tribunal de hacienda libraba en
ellos todo lo necesario para el gasto de las casas reales, y
provisiones de la guerra; y cuidaba de que se fuese beneficiando lo
que sobraba, para guardarlo en el tesoro principal, reducido á géneros
durables, y particularmente á piezas de oro, cuyo valor conocian y
estimaban, sin que la copia llegáse á envilecerle; ántes le apetecian
y guardaban los poderosos, ó bien fuese por la nobleza y hermosura del
metal, ó porque nació destinado á la codicia mas que á la necesidad de
los hombres.
Tenian los Mexicanos dispuesto y organizado su gobierno con notable
concierto y armonía. Demas del consejo de hacienda, que corria, como
hemos dicho, con las dependencias del patrimonio real, habia consejo
de justicia, donde venian las apelaciones de los tribunales
inferiores: consejo de guerra, donde se cuidaba de la formacion y
asistencias de los exércitos: y consejo de estado que se hacia las mas
veces en presencia del Rey, donde se trataban los negocios de mayor
peso. Habia tambien jueces del comercio y del abasto, y otro género de
ministros, como Alcaldes de corte que rondaban la ciudad, y perseguian
los delinqüentes. Traían sus varas ellos y sus alguaciles para ser
conocidos por la insignia del oficio, y tenian su tribunal donde se
juntaban á oir las partes, y determinar los pleytos en primera
instancia. Los juicios eran sumarios y verbales: el actor y el reo
comparecian con su razon y sus testigos, y el pleyto se acababa de
una vez, durando poco mas, si era materia de recurso á tribunal
superior. No tenian leyes escritas; pero se gobernaban por el estílo
de sus mayores, supliendo la costumbre por la ley siempre que la
voluntad del Príncipe no alteraba la costumbre. Todos estos consejos
se componian de personas experimentadas en los cargos de la paz y de
la guerra: y el de estado, superior á todos los demas, se formaba de
los Electores del Imperio, á cuya dignidad ascendian los Príncipes
ancianos de la sangre Real: y quando se ofrecia materia de mucha
consideracion, eran llamados al consejo los Reyes de Tezcuco y Tacuba,
principales Electores, á quien tocaba por sucesion esta prerogativa.
Los quatro primeros vivian en palacio, y andaban siempre cerca del
Rey, para darle su parecer en lo que se ofrecia y autorizar con el
pueblo sus resoluciones.
Cuidaban del premio y del castigo con igual atencion. Eran delitos
capitales el homicidio, el hurto, el adulterio, y qualquier leve
desacato contra el Rey ó contra la religion. Las demas culpas se
perdonaban con facilidad, porque la misma religion desarmaba la
justicia permitiendo las iniquidades. Castigábase tambien con pena de
la vida la falta de integridad en los ministros, sin que se diese
culpa venial en los que servian oficio público: y Motezuma puso en
mayor observancia esta costumbre, haciendo exquisitas diligencias
para saber como procedian, hasta exâminar su desinterés con algunos
regalos ofrecidos por mano de sus confidentes; y el que faltaba en
algo á su obligacion, moria por ello irremisiblemente: severidad que
merecia Príncipe ménos bárbaro, y república mejor acostumbrada. Pero
no se puede negar á los Mexicanos que tuvieron algunas virtudes
morales, y particularmente la de procurar que se administráse con
rectitud aquel género de justicia que llegaron á conocer, bastante á
deshacer los agravios, y á mantener la sociedad entre los suyos:
porque no dexaban de conservar entre sus abusos y bestialidades
algunas luces de aquella primitiva equidad que dió á los hombres la
naturaleza, quando faltaban las leyes, porque se ignoraban los
delitos.
Una de las atenciones mas notables de su gobierno era el cuidado con
que se trataba la educacion de los muchachos, y el desvelo con que
iban formando y reconociendo sus inclinaciones. Tenian escuelas
públicas para la enseñanza de la gente popular, y otros colegios ó
seminarios de mayor providencia y aparato donde se criaban los hijos
de los nobles: perseverando en ellos desde la tierna edad, hasta que
salian capaces de hacer su fortuna, ó seguir su inclinacion. Habia
maestros de niñez, adolescencia y juventud, que tenian autoridad y
estimacion de ministros; y no sin fundamento, pues cuidaban de
aquellos rudimentos y exercicios que aprovechaban despues á la
república. Allí los enseñaban á descifrar los caractéres y figuras de
que se componian sus escritos, y los hacian tomar de memoria las
canciones historiales en que se contenian los hechos de sus mayores, y
las alabanzas de sus Dioses. Pasaban despues á otra clase, donde se
aprendia la modestia y la cortesía, y dicen que hasta la compostura en
el andar. Eran de mayor suposicion estos segundos preceptores, porque
tenian á su cargo las costumbres de aquella edad, en que se dexan
corregir los defectos y quebrantar las pasiones.
Despiertos ya, y crecidos en este género de sujecion y enseñanza,
pasaban á la tercera clase, donde se habilitaban en exercicios mas
robustos: probaban las fuerzas en el peso y la lucha, competian unos
con otros en el salto y la carrera, y se enseñaban á manejar las
armas, esgrimir el montante, despedir el dardo, y dar impulso y
certidumbre á la flecha: hacianlos sufrir la hambre y la sed: y tenian
sus ratos de resistir á las inclemencias del tiempo, hasta que volvian
hábiles y endurecidos á la casa de sus padres, para ser aplicados,
segun la noticia que daban los maestros de su inclinacion, al gobierno
político, al exercicio militar, ó al sacerdocio: tres caminos en que
podia elegir la gente noble, poco diferentes en la estimacion, aunque
precedia el de la guerra, por ser mayores sus ascensos.
Habia tambien otros colegios de matronas dedicadas al culto de los
templos, donde se criaban las doncellas de calidad, guardando
clausura, y entregadas á sus maestras desde la niñez hasta que salian
á tomar estado, con aprobacion de sus padres, y licencia del Rey:
diestras ya en aquellas habilidades y labores que daban opinion á las
mugeres.
Los hijos de la gente noble, que, al salir de los seminarios, se
inclinaban á la guerra, pasaban por otro exâmen digno de
consideracion: porque sus padres los enviaban á los exércitos para que
viesen lo que se padecia en la campaña, ó supiesen lo que intentaban
ántes de alistarse por soldados: y solian enviarlos entre los Tamenes
vulgares con su carga de bastimentos al hombro, para que perdiesen la
vanidad y fuesen enseñados al trabajo.
No se admitian á la profesion los que mudaban el semblante al horror
de las batallas, ó no daban alguna experiencia de su valor: de que
resultaba el ser de mucho servicio estos bisoños en el tiempo de su
aprobacion, porque todos procuraban señalarse con algun hecho
particular, arrojándose á los mayores peligros; y conociendo, al
parecer, que, para entrar en el número de los valientes, era
necesario dar algo de temeridad á los principios de la fama.
En nada pusieron tanto su felicidad los Mexicanos como en las cosas de
la guerra: profesion que miraban los Reyes como principal instituto de
su poder, y los súbditos como propia de su nacion. Subian por ella los
plebeyos á nobles, y los nobles á las mayores ocupaciones de la
monarquía: con que se animaban todos á servir, ó por lo ménos
aspiraban á la virtud militar quantos nacian con ambicion, ó tenian
espíritu para salir de su esfera. No habia lugar sin milicia
determinada con preeminencias que diferenciaban al soldado entre los
demas vecinos. Formábanse los exércitos con facilidad: porque los
Príncipes del reyno, y los Caciques de las provincias tenian
obligacion de acudir á la plaza de armas que se les señalaba con el
número de gente que se les repartia: y se pondera entre las grandezas
de aquel imperio, que llegó á tener Motezuma treinta vasallos tan
poderosos, que podia cada uno poner en campaña cien mil hombres
armados. Gobernaban estos la gente de su cargo en la ocasion,
dependientes del Capitan general, á quien obedecian, reconociendo en
él la representacion de su Rey, quando faltaba su persona del
exército, que sucedia pocas veces: porque aquellos Príncipes tenian á
desayre de su autoridad el apartarse de sus armas, hallando alguna
monstruosidad política en aquella disonancia, que hacen fuerzas
propias en ageno brazo.
Su modo de pelear era el mismo que dexamos referido en la batalla de
Tabasco: mejor disciplinados los exércitos, ménos confusa la
obediencia de los soldados, mas nobleza, y mayores esperanzas.
Deshacianse brevemente de las armas arrojadizas para llegar á las
espadas, y muchas veces á los brazos, por ser entre aquella gente
mayor hazaña el cautiverio que la muerte del enemigo, y mas valeroso
el que daba mas prisioneros para los sacrificios. Tenian estimacion y
conveniencia los cargos militares, y Motezuma premiaba con liberalidad
á los que sobresalian en las batallas: tan inclinado á la milicia, y
tan atento á la reputacion de sus armas, que inventó premios
honoríficos para los nobles que servian en la guerra, instituyendo
cierto género de órdenes militares con sus hábitos ó insignias que
daban honra y distincion. Habia unos caballeros que llamaban de las
águilas, otros de los tigres, y otros de los leones, que llevaban
pendiente ó pintada en los mantos la empresa de su religion. Fundó
tambien otra caballería superior, á que solo eran admitidos los
Príncipes ó nobles de alcuña real, y se hizo alistar en ella. Traían
estos atada parte del cabello con una cinta roxa, y entre las plumas,
de que adornaban la cabeza, unas borlas del mismo color, que pendian
sobre las espaldas, mas ó ménos, segun las hazañas del caballero, las
quales se contaban por el número de las borlas, y se aumentaban con
nueva solemnidad como iban creciendo los hechos memorables de la
guerra: con que habia dentro de la misma dignidad algo mas que
merecer.
Debemos alabar en los Mexicanos la generosidad con que anhelaban á
semejantes pundonores; y en Motezuma, el haber inventado en su
república estos premios honoríficos: que, siendo la moneda mas fácil
de batir, tienen el primer lugar en los tesoros del Rey.