CAPITULO XI.

_Viene Motezuma el mismo dia por la tarde á visitar á Cortés en

su alojamiento. Refierese la oracion que hizo ántes de oir la

embaxada: y la respuesta de Cortés._

Era poco mas de medio dia quando entraron los Españoles en su

alojamiento; hallaron prevenido un banquete regalado y espléndido para

Cortés y los Cabos de su exército, con grande abundancia de

bastimentos ménos delicados para el resto de la gente, y muchos Indios

de servicio que ministraban los manjares y las bebidas con igual

silencio y puntualidad. Por la tarde vino Motezuma con la misma pompa

y acompañamiento á visitar á Cortés, que, avisado poco ántes, salió á

recibirle hasta el patio principal con todo el obsequio debido á

semejante favor. Acompañóle hasta la puerta de su quarto, donde le

hizo una profunda reverencia; y él pasó á tomar su asiento con despejo

y gravedad. Mandó luego que acercasen otro á Cortés: hizo seña para

que se apartasen á la pared los Caballeros que andaban cerca de su

persona; y Cortés advirtió lo mismo á los Capitanes que le asistian.

Llegaron los intérpretes: y quando se prevenia Hernan Cortés para dar

principio á su oracion, le detuvo Motezuma, dando á entender que tenia

que hablar ántes de oir: y se refiere que discurrió en esta

substancia:

"Antes que me deis la embaxada, ilustre Capitan y valerosos

extrangeros, del Príncipe grande que os envia, debeis vosotros,

y debo yo desestimar y poner en olvido lo que ha divulgado la

fama de nuestras personas y costumbres, introduciendo en

nuestros oídos aquellos vanos rumores que van delante de la

verdad, y suelen obscurecerla, declinando en lisonja ó

vituperio. En algunas partes os habrán dicho de mí que soy uno

de los Dioses inmortales, levantando hasta los Cielos mi poder

y mi naturaleza: en otras, que se desvela en mis opulencias la

fortuna: que son de oro las paredes y los ladrillos de mis

palacios, y que no cabe la tierra mis tesoros; y en otras, que

soy tirano, cruel y soberbio, que aborrezco la justicia, y que

no conozco la piedad. Pero los unos y los otros os han engañado

con igual encarecimiento: y para que no imagineis que soy

alguno de los Dioses, ó conozcais el desvarío de los que así me

imaginan, esta porcion de mi cuerpo (y desnudó parte del brazo)

desengañará vuestros ojos de que hablais con un hombre mortal

de la misma especie; pero mas noble, y mas poderoso que los

otros hombres. Mis riquezas no niego que son grandes; pero las

hace mayores la exâgeracion de mis vasallos. Esta casa que

habitais es uno de mis palacios. Mirad esas paredes hechas de

piedra y cal, materia vil que debe al arte su estimacion; y

colegid de uno y otro el mismo engaño y el mismo encarecimiento

en lo que os hubieren dicho de mis tiranías, suspendiendo el

juicio hasta que os entereis de mi razon, y despreciando ese

lenguage de mis rebeldes, hasta que veais si es castigo lo que

llaman infelicidad, y si pueden acusarle sin dexar de

merecerle. No de otra suerte han llegado á nuestros oídos

varios informes de vuestra naturaleza y operaciones. Algunos

han dicho que sois Deidades, que os obedecen las fieras, que

manejais los rayos, y que mandais en los elementos; y otros,

que os dexais dominar de los vicios, y que venis con una sed

insaciable del oro que produce nuestra tierra. Pero yo veo que

sois hombres de la misma composicion y masa que los demas;

aunque os diferencian de nosotros algunos accidentes de los que

suele influir el temperamento de la tierra en los mortales.

Esos brutos que os obedecen, ya conozco que son unos venados

grandes, que traeis domesticados y embebidos en aquella

doctrina imperfecta que puede comprehender el instinto de los

animales. Esas armas que se asemejan á los rayos, tambien

alcanzo que son unos cañones de metal no conocido, cuyo efecto

es como el de nuestras cerbatanas, ayre oprimido que busca

salida, y arroja el impedimento. Ese fuego que despiden con

mayor estruendo, será quando mucho algun secreto mas que

natural de la misma ciencia que alcanzan nuestros magos. Y en

lo demas que han dicho de vuestro proceder, hallo tambien,

segun la observacion que han hecho de vuestras costumbres mis

Embaxadores y confidentes, que sois benignos y religiosos, que

os enojais con razon, que sufris con alegría los trabajos, y

que no falta entre vuestras virtudes la liberalidad, que se

acompaña pocas veces con la codicia. De suerte que unos y otros

debemos olvidar las noticias pasadas y agradecer á nuestros

ojos el desengaño de nuestra imaginacion: con cuyo presupuesto

quiero que sepais ántes de hablarme, que no se ignora entre

nosotros, ni necesitamos de vuestra persuasion para creer que

el Príncipe grande, á quien obedeceis, es descendiente de

nuestro antiguo Quezalcoál, señor de las siete cuevas de los

Nautlácas, y Rey legítimo de aquellas siete naciones que dieron

principio al Imperio Mexicano. Por una profecía suya, que

veneramos como verdad infalible, y por la tradicion de los

siglos que se conserva en nuestros anales, sabemos que salió de

estas regiones á conquistar nuevas tierras hácia la parte del

oriente, y dexó prometido que, andando el tiempo, vendrian sus

descendientes á moderar nuestras leyes, ó poner en razon

nuestro gobierno. Y porque las señas que traeis conforman con

este vaticinio, y el Príncipe del oriente que os envia

manifiesta en vuestras mismas hazañas la grandeza de tan

ilustre progenitor, tenemos ya determinado que se haga en

obsequio suyo todo lo que alcanzaren nuestras fuerzas. De que

me ha parecido advertiros, para que hableis sin embarazo en sus

proposiciones, y atribuyais á tan alto principio estos excesos

de mi humanidad."

Acabó Motezuma su oracion, previniendo el oído con entereza y

magestad: cuya substancia dió bastante disposicion á Cortés para que,

sin apartarse del engaño que hallaba introducido en el concepto de

aquellos hombres, pudiese responderle, segun lo que hallamos escrito,

éstas ó semejantes razones:

"Despues, Señor, de rendiros las gracias por la suma benignidad

con que permitis vuestros oídos á nuestra embaxada, y por el

superior conocimiento con que nos habeis favorecido,

menospreciando en nuestro abono los siniestros informes de la

opinion, debo deciros, que tambien acerca de nosotros se ha

tratado la vuestra con aquel respeto y veneracion que

corresponde á vuestra grandeza. Mucho nos han dicho de vos en

esas tierras de vuestro dominio, unos afeando vuestras obras, y

otros poniendo entre sus Dioses vuestra persona; pero los

encarecimientos crecen ordinariamente con injuria de la verdad:

que, como es la voz de los hombres el instrumento de la fama,

suele participar de sus pasiones; y estas ó no entienden las

cosas como son, ó no las dicen como las entienden. Los

Españoles, Señor, tenemos otra vista con que pasamos á

discernir el color de las palabras, y por ellas el semblante

del corazon. Ni hemos creido á vuestros rebeldes, ni á vuestros

lisonjeros: con certidumbre de que sois Príncipe grande, y

amigo de la razon, venimos á vuestra presencia, sin necesitar

de los sentidos para conocer que sois Príncipe mortal. Mortales

somos tambien los Españoles, aunque mas valerosos, y de mayor

entendimiento que vuestros vasallos, por haber nacido en otro

clima de mas robustas influencias. Los animales que nos

obedecen no son como vuestros venados, porque tienen mayor

nobleza y ferocidad: brutos inclinados á la guerra, que saben

aspirar con alguna especie de ambicion á la gloria de su dueño.

El fuego de nuestras armas es obra natural de la industria

humana, sin que tenga parte alguna en su produccion esa

facultad que profesan vuestros magos, ciencia entre nosotros

abominable, y digna de mayor desprecio que la misma

ignorancia: con cuya suposicion, que me ha parecido necesaria

para satisfacer á vuestras advertencias, os hago saber con todo

el acatamiento debido á vuestra Magestad, que vengo á visitaros

como Embaxador del mas poderoso Monarca que registra el sol

desde su nacimiento: en cuyo nombre os propongo, que desea ser

vuestro amigo y confederado sin acordarse de los derechos

antiguos que habeis referido para otro fin que abrir el

comercio entre ambas Monarquías, y conseguir por este medio

vuestra comunicacion y vuestro desengaño. Y aunque pudiera,

segun la tradicion de vuestras mismas historias, aspirar á

mayor reconocimiento en estos dominios, solo quiere usar de su

autoridad para que le creais en lo mismo que os conviene, y

daros á entender que vos, Señor, y vosotros Mexicanos que me

oís (volviendo el rostro á los circunstantes) vivis engañados

en la religion que profesais, adorando unos leños insensibles,

obra de vuestras manos y de vuestra fantasía: porque solo hay

un Dios verdadero, Principio eterno, sin principio ni fin, de

todas las cosas, cuya omnipotencia infinita crió de nada esa

fábrica maravillosa de los cielos, el sol que nos alumbra, la

tierra que nos sustenta, y el primer hombre, de quien

procedemos todos con igual obligacion de reconocer y adorar á

nuestra Primera Causa. Esta Misma obligacion teneis vosotros

impresa en el alma; y conociendo su inmortalidad, la

desestimais y destruis, dando adoracion á los demonios, que son

unos espíritus inmundos, criaturas del mismo Dios, que por su

ingratitud y rebeldía fueron lanzados en ese fuego subterráno,

de que teneis alguna imperfecta noticia en el horror de

vuestros volcanes. Estos, que por su envidia y malignidad son

enemigos mortales del género humano, solicitan vuestra

perdicion, haciéndose adorar en esos ídolos abominables: suya

es la voz que alguna vez escuchais en las respuestas de

vuestros oráculos, y suyas las ilusiones con que suele

introducir, en vuestro entendimiento los errores de la

imaginacion. Ya conozco, Señor, que no son de este lugar los

misterios de tan alta enseñanza; pero solamente os amonesta ese

mismo Rey, á quien reconoceis tan antigua superioridad, que nos

oygais en este punto con ánimo indiferente, para que veais como

descansa vuestro espíritu en la verdad que os anunciamos, y

quantas veces habeis resistido á la razon natural, que os daba

luz suficiente para conocer vuestra ceguedad. Esto es lo

primero que desea de vuestra Magestad el Rey mi Señor, y esto

lo principal que os propone, como el medio mas eficaz para que

pueda estrecharse con durable amistad la confederacion de

ambas coronas, y no falten á su firmeza los fundamentos de la

Religion, que, sin dexar alguna discordia en los dictámenes,

introduzcan en el ánimo los vínculos de la voluntad."

Así procuró Hernan Cortés mantener entre aquella gente la estimacion

de sus fuerzas, sin apartarse de la verdad, y servirse del orígen que

buscaban á su Rey, ó no contradecir lo que tenian aprehendido, para

dar mayor autoridad á su embaxada. Pero Motezuma oyó con señas de poca

docilidad el punto de la Religion, obstinado con hipocresía en los

errores de su gentilidad; y levantándose de la silla:

"Yo acepto (dixo) con toda gratitud la confederacion y amistad

que me proponeis del gran descendiente de Quezalcoál; pero

todos los Dioses son buenos, y el vuestro puede ser todo lo que

decis sin ofensa de los mios. Descansad ahora, que en vuestra

casa estais, donde seréis asistido con todo el cuidado que se

debe á vuestro valor, y al Príncipe que os envia."

Mandó luego que entrasen algunos Indios de carga que traia prevenidos,

y ántes de partir presentó á Hernan Cortés diferentes piezas de oro,

cantidad de ropas de algodon, y varias curiosidades de pluma, dádiva

considerable por el valor y por el modo; y repartió algunas joyas y

preseas del mismo género entre los Españoles que estaban presentes,

dando uno y otro con alegre generosidad, sin hacer mucho caso del

beneficio; pero mirando á Cortés y á los suyos con un género de

satisfaccion, en que se conocia el cuidado antecedente, como los que

manifiestan su temor en lo mismo que se complacen de haberle perdido.

Historia de la Conquista de Mexico, Volume 2 (of 3) Poblacion y Progresos de la America Septentrional, Conocida por el Nombre de Nueva España · 第 17 / 46 题