_Pasa el exército á iztacpalapa, donde se dispone la entrada de
México. Refierese la grandeza con que salió Motezuma á recibir
á los Españoles._
La mañana siguiente, poco despues de amanecer, se puso en órden la
gente sobre la misma calzada, segun su capacidad, bastante por aquella
parte, para que pudiesen ir ocho caballos en hilera. Constaba entónces
el exército de quatrocientos y cincuenta Españoles no cabales, y hasta
seis mil Indios Tlascaltécas y Zempoales, y de otras naciones amigas.
Siguióse la marcha, sin nuevo accidente que diese cuidado, hasta la
misma ciudad de Iztacpalapa donde se habia de hacer alto: lugar que
sobresalia entre los demas por la grandeza de sus torres, y por el
vulto de sus edificios: sería de hasta diez mil casas de segundo y
tercer alto, que ocupaban mucha parte de la lagúna, y se dilataban
algo mas sobre la ribera en sitio delicioso y abundante. El Señor de
esta ciudad salió muy autorizado á recibir el exército: y le
asistieron para esta funcion los Príncipes de Magicalzingo y Cuyoacán,
dominios de la misma lagúna. Traían todos tres su presente separado
de varias frutas, cazas y otros bastimentos, con algunas piezas de
oro, que valdrian hasta dos mil pesos. Llegaron juntos, y se dieron á
conocer, diciendo cada uno su nombre y dignidad, y remitiendo á la
discrecion de la ofrenda todo lo que faltaba en el razonamiento.
Hizose la entrada en esta ciudad con aquel aplauso que consistia en el
bullicio y gritería de la gente, cuya inquietud alegre daba seguridad
á los mas rezelosos. Estaba prevenido el alojamiento en el mismo
palacio del Cacique, donde cupieron todos los Españoles debaxo de
cubierto, quedando los demas en los patios y zaguanes con bastante
comodidad para una noche que se habia de pasar sin descuido. Era el
palacio grande y bien fabricado, con separacion de quartos alto y
baxo, muchas salas con techumbre de cedro, y no sin adorno; porque
algunas de ellas tenian sus colgaduras de algodon, texido á colores
con dibuxo y proporcion. Habia en Iztacpalapa diversas fuentes de agua
dulce y saludable, traída por diferentes conductos de las sierras
vecinas, y muchos jardines cultivados con prolixidad: entre los quales
se hacia reparar una huerta de admirable grandeza y hermosura que
tenia el Cacique para su recreacion, donde llevó aquella tarde á
Cortés con algunos de sus Capitanes y soldados, como quien deseaba
cumplir á un tiempo con el agasajo de los huespedes, y con su propia
jactancia y vanidad. Habia en ella diversos géneros de árboles
fructíferos, que formaban calles muy dilatadas, dexando su lugar á las
plantas menores, y un espacioso jardin, que tenia sus divisiones, y
paredes hechas de cañas entretexidas, y cubiertas de yerbas olorosas,
con diferentes quadros de agricultura cuidadosa, donde hacian labor
las flores con ordenada variedad. Estaba en medio un estanque de agua
dulce, de forma quadrangular: fábrica de piedra y argamasa, con gradas
por todas partes hasta el fondo, tan grande, que tenia cada uno de sus
lados quatrocientos pasos, donde se alimentaba la pesca de mayor
regalo, y acudian varias especies de aves palustres, algunas conocidas
en Europa, y otras de figura exquisita, y pluma extraordinaria: obra
digna de Príncipe, y que hallada en un súbdito de Motezuma, se miraba
como argumento de mayores opulencias.
Pasóse bien la noche, y la gente acudió con agrado y sencillez al
agasajo de los Españoles: solo se reparó en que hablaban ya en este
lugar con otro estílo de las cosas de Motezuma, porque alababan todos
su gobierno, y encarecian su grandeza; ó tuviese los de aquella
opinion el parentesco del Cacique, ó ménos atrevidos la cercanía del
tirano. Habia dos leguas de calzada que pasar hasta México, y se tomó
la mañana, porque deseaba Cortés hacer su entrada, y cumplir con la
primera funcion de visitar á Motezuma, quedando con alguna parte del
dia para reconocer y fortificar su quartel. Siguióse la marcha con la
misma órden: y dexando á los lados la ciudad de Magicalzingo en el
agua, y la de Cuyoacán en la ribera, sin otras grandes poblaciones que
se descubrian en la misma lagúna, se dió vista desde mas cerca, y no
sin admiracion, á la gran ciudad de México, que se levantaba con
exceso entre las demas, y, al parecer, se le conocia el predominio
hasta en la soberbia de sus edificios. Salieron á poco ménos que la
mitad del camino mas de quatro mil nobles y ministros de la ciudad á
recibir el exército, cuyos cumplimientos detuvieron largo rato la
marcha, aunque solo hacian reverencia, y pasaban delante para volver
acompañando. Estaba poco ántes de la ciudad un baluarte de piedra con
dos castillejos á los lados, que ocupaba todo el plano de la calzada:
cuyas puertas desembocaban sobre otro pedazo de calzada, y esta
terminaba en una puente levadiza, que defendia la entrada con segunda
fortificacion. Luego que pasaron de la otra parte los magnátes del
acompañamiento, se fueron desviando á los lados para franquear el paso
al exército, y se descubrió una calle muy larga y espaciosa, de
grandes casas edificadas con igualdad y correspondencia, cubiertos de
gente los miradores y terrados; pero la calle totalmente desocupada: y
dixeron á Cortés que se habia despejado cuidadosamente, porque
Motezuma estaba en ánimo de salir á recibirle para mayor demostracion
de su benevolencia.
Poco despues se fué dexando ver la primera comitiva real, que serian
hasta doscientos nobles de su familia, vestidos de librea con grandes
penachos conformes en la hechura y el color. Venian en dos hileras con
notable silencio y compostura, descalzos todos, y sin levantar los
ojos de la tierra: acompañamiento con apariencias de procesion. Luego
que llegaron cerca del exército, se fueron arrimando á las paredes en
la misma órden; y se vió á lo lejos una gran tropa de gente mejor
adornada y de mayor dignidad, en cuyo medio venía Motezuma sobre los
hombros de sus favorecidos en unas andas de oro bruñido, que brillaba
con proporcion entre diferentes labores de pluma sobrepuesta, cuya
primorosa distribucion procuraba obscurecer la riqueza con el
artificio. Seguian el paso de las andas quatro personages de gran
suposicion, que le llevaban debaxo de un palio hecho de plumas verdes
entretexidas y dispuestas de manera que formaban tela, con algunos
adornos de argentería: y poco delante iban tres Magistrados con unas
varas de oro en las manos que levantaban en alto sucesivamente, como
avisando que se acercaba el Rey, para que se humillasen todos, y no se
atreviesen á mirarle: desacato que se castigaba como sacrilegio.
Cortés se arrojó del caballo poco ántes que llegáse, y al mismo
tiempo se apeó Motezuma de sus andas, y se adelantaron algunos Indios
que alfombraron el camino para que no pusiese los pies sobre la
tierra, que, á su parecer, era indigna de sus huellas.
Previnose á la funcion con espacio y gravedad; puestas las dos manos
sobre los brazos del Señor de Iztacpalapa, y el de Tezcuco sus
sobrinos, dió algunos pasos para recibir á Cortés. Era de buena
presencia: su edad hasta quarenta años, de mediana estatura, mas
delgado que robusto: el rostro aguileño, de color ménos obscuro que el
natural de aquellos Indios: el cabello largo hasta el extremo de la
oreja, los ojos vivos, y el semblante magestuoso, con algo de
intencion: su trage un manto de sutilísimo algodon, anudado sin
desayre sobre los hombros, de manera que cubria la mayor parte del
cuerpo, dexando arrastrar la falda. Traía, sobre sí diferentes joyas
de oro, perlas y piedras preciosas en tanto número, que servían mas al
peso que al adorno. La corona una mitra de oro ligero, que por delante
remataba en punta, y la mitad posterior algo mas obtusa se inclinaba
sobre la cerviz: y el calzado unas suelas de oro macizo, cuyas correas
tachonadas de lo mismo ceñian el pie, y abrazaban parte de la pierna,
semejante á las caligas militares de los Romanos.
Llegó Cortés apresurando el paso sin desautorizarse, y le hizo una
profunda sumision; á que respondió poniendo la mano cerca de la
tierra, y llevándola despues á los labios: cortesía de inaudita
novedad en aquellos Príncipes, y mas desproporcionada en Motezuma, que
apénas doblaba la cerviz á sus Dioses, y afectaba la soberbia, ó no la
sabía distinguir de la magestad: cuya demostracion, y la de salir
personalmente al recibimiento, se reparó mucho entre los Indios, y
cedió en mayor estimacion de los Españoles: porque no se persuadian á
que fuese inadvertencia de su Rey, cuyas determinaciones veneraban
sujetando el entendimiento. Habiase puesto Cortés sobre las armas una
banda ó cadena de vidrio, compuesta vistosamente de várias piedras que
imitaban los diamantes y las esmeraldas, reservada para el presente de
la primera audiencia; y hallándose cerca en estos cumplimientos, se la
echó sobre los hombros á Motezuma. Detuvieronle, no sin alguna
destemplanza, los dos brazeros, dándole á entender que no era lícito
el acercarse tanto á la persona del Rey; pero él los reprehendió,
quedando tan gustoso del presente, que le miraba y celebraba entre los
suyos como presea de inestimable valor: y para desempeñar su
agradecimiento con alguna liberalidad, hizo traer, entretanto que
llegaban á darse á conocer los demas Capitanes, un collar, que tenia
la primera estimacion entre sus joyas. Era de unas conchas carmesíes
de gran precio en aquella tierra, dispuestas y engazadas con tal arte,
que de cada una de ellas pendian quatro gámbaros ó cangrejos de oro,
imitados prolixamente del natural. Y él mismo con sus manos se le puso
en el cuello á Cortés: humanidad y agasajo, que hizo segundo ruido
entre los Mexicanos. El razonamiento de Cortés fué breve y rendido,
como lo pedia la ocasion, y su respuesta de pocas palabras, que
cumplieron con la discrecion, sin faltar á la decencia. Mandó luego al
uno de aquellos dos Príncipes sus colaterales que se quedáse para
conducir y acompañar á Hernan Cortés hasta su alojamiento, y arrimado
al otro volvió á tomar sus andas, y se retiró á su palacio con la
misma pompa y gravedad.
Fué la entrada en esta ciudad á ocho de Noviembre del mismo año de mil
y quinientos y diez y nueve, dia de los Santos quatro coronados
Mártires: y el alojamiento que tenian prevenido, una de las casas
reales que fabricó Axayáca, padre de Motezuma. Competia en la grandeza
con el palacio principal de los Reyes, y tenia sus presunciones de
fortaleza: paredes gruesas de piedra, con algunos torreones que
servian de traveses, y daban facilidad á la defensa. Cupo en ella todo
el exército: y la primera diligencia de Cortés fué reconocerla por
todas partes, para distribuir sus guardias, alojar su artillería, y
cerrar su quartel. Algunas salas, que tenian destinadas para la gente
de mas cuenta, estaban adornadas con sus tapicerías de varios colores,
hechas de aquel algodon á que se reducian todas sus telas, mas ó ménos
delicadas: las sillas de madera labradas de una pieza: las camas
entoldadas con sus colgaduras en forma de pabellones; pero el lecho se
componia de aquellas sus esteras de palma, donde servia de cabecera
una de las mismas esteras arrollada. No alcanzaban allí mejor cama los
Príncipes mas regalados, ni cuidaba mucho aquella gente de su
comodidad, porque vivian á la naturaleza, contentándose con los
remedios de la necesidad: y no sabemos si se debe llamar felicidad en
aquellos bárbaros esta ignorancia de las superfluidades.