CAPITULO XII.

_Visita Cortés á Motezuma en su palacio, cuya grandeza y

aparato se describe, y se da noticia de lo que pasó en esta

conferencia, y en otras que se tuvieron despues sobre la

Religion._

Pidió Hernan Cortés audiencia el dia siguiente, y la consiguió con

tanta prontitud, que vinieron con la respuesta los mismos que le

habian de acompañar en esta visita: cierto género de ministros que

solian asistir á los Embaxadores, y tenian á su cargo el magisterio de

las ceremonias y estílos de su nacion. Vistióse de gala, sin dexar las

armas (que se habian de introducir á trage militar) y llevó consigo á

los Capitanes Pedro de Alvarado, Gonzalo de Sandoval, Juan Velazquez

de Leon y Diego de Ordaz, con seis ó siete soldados particulares de su

satisfaccion: entre los quales fué Bernal Diaz del Castillo, que ya

trataba de observar para escribir.

Las calles estaban pobladas por todas partes de innumerable concurso,

que trabajaba en su misma muchedumbre para ver á los Españoles sin

embarazarles el paso, entre cuyas reverencias y sumisiones, se oía

muchas veces la palabra _teules_, que en su lengua significa Dioses:

voz que ya se entendia, y que no sonaba mal á los que fundaban parte

de su valor en el respeto ageno.

Dexóse ver á larga distancia el palacio de Motezuma, que manifestaba,

no sin encarecimiento, la magnificencia de aquellos Reyes. Edificio

tan desmesurado, que se mandaba por treinta puertas á diferentes

calles. La fachada principal, que ocupaba toda la frente de una plaza

muy espaciosa, era de varios jaspes negros, roxos y blancos, de no mal

entendida colocacion y pulimento. Sobre la portada se hacian reparar

en un escudo grande las armas de los Motezumas: un grifo medio águila,

y medio leon, en ademan de volar, con un tigre feroz entre las garras.

Algunos quieren que fuese águila, y se ponen de propósito á impugnar

el grifo con la razon de que no los hay en aquella tierra, como si no

se pudiese dudar si los hay en el mundo, segun los autores que los

pusieron entre las aves fabulosas. Diriamos ántes que pudo inventar

acá y allá este género de monstruos el desvarío artificioso, que

llaman licencia los poetas, y valentía los pintores.

Al llegar cerca de la puerta principal se encaminaron hácia el uno de

sus lados los ministros del acompañamiento, y retirándose atras con

pasos de gran misterio, formaron un semicírculo para llegar á la

puerta de dos en dos: ceremonia de su costumbre, porque tenian á falta

de respeto el entrar de tropel en la casa real, y reconocian con este

desvío la dificultad de pisar aquellos umbrales. Pasados tres patios

de la misma fábrica y materia que la fechada, llegaron al quarto donde

residia Motezuma, en cuyos salones era de igual admiracion la grandeza

y el adorno. Los pavimentos con esteras de varias labores: las paredes

con diferentes colgaduras de algodon, pelo de conejo, y en lo mas

interior de pluma: unas y otras hermoseadas con la viveza de los

colores, y con la diferencia de las figuras. Los techos de ciprés,

cedro y otras maderas olorosas, con diversos follages y relieves: en

cuya contextura se reparó que, sin haber hallado el uso de los clavos,

formaban grandes artesones, afirmando el maderamen y las tablas en su

misma trabazon.

Habia en cada una de estas salas numerosas y diferentes gerarquías de

criados, que tenian la entrada segun su calidad y ministerio: y en la

puerta de la antecámara esperaban los próceres y magistrados, que

recibieron á Cortés con grande urbanidad; pero le hicieron esperar

para quitarse las sandalias, y dexar los mantos ricos de que venian

adornados, tomando en su lugar otros de ménos gala. Era entre aquella

gente irreverencia el atreverse á lucir delante del Rey. Todo lo

reparaban los Españoles, todo hacia novedad, y todo infundia respeto:

la grandeza del palacio, las ceremonias, el aparato, y hasta el

silencio de la familia.

Estaba Motezuma en pie con todas sus insignias reales, y dió algunos

pasos para recibir á Cortés, poniéndole al llegar los brazos sobre los

hombros: agasajó despues con el semblante á los Españoles que le

acompañaban; y tomando su asiento, mandó sentar á Cortés y á todos los

demas, sin dexarles accion para que replicasen. La visita fué larga, y

de conversacion familiar: hizo varias preguntas á Cortés sobre lo

natural y político de las regiones orientales, aprobando á tiempo lo

que le parecia bien, y mostrando que sabía discurrir en lo que sabía

dudar. Volvió á referir la dependencia y obligacion que tenian los

Mexicanos al descendiente de su primero Rey; y se congratuló muy

particularmente de que se hubiese cumplido en su tiempo la profecía de

los extrangeros, que tantos siglos ántes habian sido prometidos á sus

mayores. Si fué con afectacion, supo esconder lo que sentia: y siendo

esta una credulidad vana y despreciable por su orígen y

circunstancias, importó mucho en aquella ocasion para que los

Españoles hallasen hecho el camino á su introduccion. Así baxan muchas

veces encadenadas y dependientes de ligeros principios las cosas

mayores. Hernan Cortés le puso con destreza en la plática de la

religion, tocando, entre las demas noticias que le daba de su nacion,

los ritos y costumbres de los Christianos; para que le hiciesen

disonancia los vicios y abominaciones de su idolatría: con cuya

ocasion exclamó contra los sacrificios de sangre humana, y contra el

horror aborrecible á la naturaleza, con que se comian los hombres que

sacrificaban: bestialidad muy introducida en aquella corte, por ser

mayor el número de los sacrificados, y mas culpable por esta razon el

exceso de los banquetes.

No fué del todo inútil esta sesion, porque Motezuma, sintiendo en algo

la fuerza de la razon, desterró de su mesa los platos de carne humana;

pero no se atrevió á prohibir de una vez este manjar á sus vasallos,

ni se dió por vencido en el punto de los sacrificios; ántes decia que

no era crueldad ofrecer á sus Dioses unos prisioneros de guerra que

venian ya condenados á muerte, no hallando razon que le hiciese capaz

de que fuesen proxîmos los enemigos.

Dió pocas esperanzas de reducirse, aunque procuraron varias veces

Hernan Cortés y el Padre Fray Bartolomé de Olmedo traerle al camino de

la verdad. Tenia entendimiento para conocer algunas ventajas en la

religion Católica, y para no desconocer en todo los abusos de la suya;

pero se volvia luego al tema de que sus Dioses eran buenos en aquella

tierra, como el de los Christianos en su distrito; y se hacia fuerza

para no enojarse quando le apretaban los argumentos, padeciendo mucho

consigo en estas conferencias, porque deseaba complacer á los

Españoles con un género de cuidado que parecia sujecion; y por otra

parte le tiraban las afectaciones de religioso, que le adquirieron, y

á su parecer, le mantenian la corona: obligándole á temer con mayor

abatimiento la desestimacion de sus vasallos, si le viesen ménos

atento al culto de sus Dioses. Política miserable, propia del tirano,

dominar con soberbia, y contemplar con servidumbre.

Hacia tanta ostentacion de su resistencia, que, llevando consigo, uno

de aquellos primeros dias, á Hernan Cortés y al Padre Fray Bartolomé

con algunos de los Capitanes y soldados particulares para que viesen á

su lado las grandezas de su corte, deseó, no sin alguna vanidad,

enseñarles el mayor de sus templos. Mandóles que se detuviesen poco

ántes de la entrada, y se adelantó para conferir con los sacerdotes,

si sería lícito que llegáse á la presencia de sus Dioses una gente que

no los adoraba. Resolvióse que podrian entrar, amonestándolos primero

que no se descomidiesen: y salieron dos ó tres de los mas ancianos con

la permision y el requerimiento. Franquearonse luego todas las puertas

de aquel espantoso edificio, y Motezuma tomó á su cargo el explicar

los secretos, oficinas y simulacros del adoratorio, tan reverente y

ceremonioso, que los Españoles no pudieron contenerse de hacer alguna

irrision, de que no se dió por entendido; pero volvió á mirarlos como

quien deseaba reprimirlos. A cuyo tiempo Hernan Cortés, dexándose

llevar del zelo que ardia en su corazon, le dixo:

"Permitidme, Señor, fixar una cruz de Christo delante de esas

imágenes del demonio, y veréis si merecen adoracion ó

menosprecio."

Enfurecieronse los sacerdotes al oir esta proposicion: y Motezuma

quedó confuso y mortificado, faltándole á un tiempo la paciencia para

sufrirlo, y la resolucion para enojarse; pero tomando partido con su

primera turbacion, y procurando que no quedáse mal su hipocresía:

"Pudierais (dixo á los Españoles) conceder á este lugar las

atenciones, por lo ménos, que debeis á mi persona."

Y salió del adoratorio para que le siguiesen; pero se detuvo en el

atrio, y prosiguió diciendo algo mas reportado:

"Bien podeis, amigos, volveros á vuestro alojamiento; que yo me

quedo á pedir perdon á mis Dioses de lo mucho que os he

sufrido."

Notable salida del empeño en que se hallaba, y pocas palabras dignas

de reparo, que dieron á entender su resolucion, y lo que se reprimia

para no destemplarse.

Con esta experiencia, y otras que se hicieron del mismo género,

resolvió Cortés, siguiendo el parecer del Padre Fray Bartolomé de

Olmedo y del Licenciado Juan Diaz, que no se le habláse mas por

entónces en la religion, porque solo servia de irritarle y

endurecerle. Pero al mismo tiempo se consiguió fácilmente su licencia

para que los Christianos diesen culto público á su Dios; y él mismo

envió sus alarífes para que se le fabricáse templo á su costa como le

pidiese Cortés. ¡Tanto deseaba que le dexasen descansar en su error!

Desembarazóse luego uno de los salones principales de aquel palacio

donde habitaban los Españoles: y blanqueándole de nuevo, se levantó el

altar, y en su frontispicio se colocó una imágen de Nuestra Señora

sobre algunas gradas, que se adornaron vistosamente: y fixando una

cruz grande cerca de la puerta, quedó formada una capilla muy decente,

donde se celebraba Misa todos los dias, se rezaba el Rosario, y hacian

otros actos de piedad y devocion, asistiendo algunas veces Motezuma

con los príncipes y ministros que andaban á su lado: entre los quales

se alababa mucho la mansedumbre de aquellos sacrificios, sin conocer

la inhumanidad y malicia de los suyos. Gente ciega y supersticiosa,

que palpaba las tinieblas, y se defendia de la razon con la costumbre.

Pero ántes de referir los sucesos de aquella corte, nos llama su

descripcion, la grandeza de sus edificios, su forma de gobierno y

policia, con otras noticias que son convenientes para la inteligencia

ó concepto de los mismos sucesos. Desvíos de la narracion, necesarios

en la historia, como no sean peregrinos del argumento, y carezcan de

otros lunares que hacen viciosa la digresion.

Historia de la Conquista de Mexico, Volume 2 (of 3) Poblacion y Progresos de la America Septentrional, Conocida por el Nombre de Nueva España · 第 18 / 46 题