_Visita Cortés á Motezuma en su palacio, cuya grandeza y
aparato se describe, y se da noticia de lo que pasó en esta
conferencia, y en otras que se tuvieron despues sobre la
Religion._
Pidió Hernan Cortés audiencia el dia siguiente, y la consiguió con
tanta prontitud, que vinieron con la respuesta los mismos que le
habian de acompañar en esta visita: cierto género de ministros que
solian asistir á los Embaxadores, y tenian á su cargo el magisterio de
las ceremonias y estílos de su nacion. Vistióse de gala, sin dexar las
armas (que se habian de introducir á trage militar) y llevó consigo á
los Capitanes Pedro de Alvarado, Gonzalo de Sandoval, Juan Velazquez
de Leon y Diego de Ordaz, con seis ó siete soldados particulares de su
satisfaccion: entre los quales fué Bernal Diaz del Castillo, que ya
trataba de observar para escribir.
Las calles estaban pobladas por todas partes de innumerable concurso,
que trabajaba en su misma muchedumbre para ver á los Españoles sin
embarazarles el paso, entre cuyas reverencias y sumisiones, se oía
muchas veces la palabra _teules_, que en su lengua significa Dioses:
voz que ya se entendia, y que no sonaba mal á los que fundaban parte
de su valor en el respeto ageno.
Dexóse ver á larga distancia el palacio de Motezuma, que manifestaba,
no sin encarecimiento, la magnificencia de aquellos Reyes. Edificio
tan desmesurado, que se mandaba por treinta puertas á diferentes
calles. La fachada principal, que ocupaba toda la frente de una plaza
muy espaciosa, era de varios jaspes negros, roxos y blancos, de no mal
entendida colocacion y pulimento. Sobre la portada se hacian reparar
en un escudo grande las armas de los Motezumas: un grifo medio águila,
y medio leon, en ademan de volar, con un tigre feroz entre las garras.
Algunos quieren que fuese águila, y se ponen de propósito á impugnar
el grifo con la razon de que no los hay en aquella tierra, como si no
se pudiese dudar si los hay en el mundo, segun los autores que los
pusieron entre las aves fabulosas. Diriamos ántes que pudo inventar
acá y allá este género de monstruos el desvarío artificioso, que
llaman licencia los poetas, y valentía los pintores.
Al llegar cerca de la puerta principal se encaminaron hácia el uno de
sus lados los ministros del acompañamiento, y retirándose atras con
pasos de gran misterio, formaron un semicírculo para llegar á la
puerta de dos en dos: ceremonia de su costumbre, porque tenian á falta
de respeto el entrar de tropel en la casa real, y reconocian con este
desvío la dificultad de pisar aquellos umbrales. Pasados tres patios
de la misma fábrica y materia que la fechada, llegaron al quarto donde
residia Motezuma, en cuyos salones era de igual admiracion la grandeza
y el adorno. Los pavimentos con esteras de varias labores: las paredes
con diferentes colgaduras de algodon, pelo de conejo, y en lo mas
interior de pluma: unas y otras hermoseadas con la viveza de los
colores, y con la diferencia de las figuras. Los techos de ciprés,
cedro y otras maderas olorosas, con diversos follages y relieves: en
cuya contextura se reparó que, sin haber hallado el uso de los clavos,
formaban grandes artesones, afirmando el maderamen y las tablas en su
misma trabazon.
Habia en cada una de estas salas numerosas y diferentes gerarquías de
criados, que tenian la entrada segun su calidad y ministerio: y en la
puerta de la antecámara esperaban los próceres y magistrados, que
recibieron á Cortés con grande urbanidad; pero le hicieron esperar
para quitarse las sandalias, y dexar los mantos ricos de que venian
adornados, tomando en su lugar otros de ménos gala. Era entre aquella
gente irreverencia el atreverse á lucir delante del Rey. Todo lo
reparaban los Españoles, todo hacia novedad, y todo infundia respeto:
la grandeza del palacio, las ceremonias, el aparato, y hasta el
silencio de la familia.
Estaba Motezuma en pie con todas sus insignias reales, y dió algunos
pasos para recibir á Cortés, poniéndole al llegar los brazos sobre los
hombros: agasajó despues con el semblante á los Españoles que le
acompañaban; y tomando su asiento, mandó sentar á Cortés y á todos los
demas, sin dexarles accion para que replicasen. La visita fué larga, y
de conversacion familiar: hizo varias preguntas á Cortés sobre lo
natural y político de las regiones orientales, aprobando á tiempo lo
que le parecia bien, y mostrando que sabía discurrir en lo que sabía
dudar. Volvió á referir la dependencia y obligacion que tenian los
Mexicanos al descendiente de su primero Rey; y se congratuló muy
particularmente de que se hubiese cumplido en su tiempo la profecía de
los extrangeros, que tantos siglos ántes habian sido prometidos á sus
mayores. Si fué con afectacion, supo esconder lo que sentia: y siendo
esta una credulidad vana y despreciable por su orígen y
circunstancias, importó mucho en aquella ocasion para que los
Españoles hallasen hecho el camino á su introduccion. Así baxan muchas
veces encadenadas y dependientes de ligeros principios las cosas
mayores. Hernan Cortés le puso con destreza en la plática de la
religion, tocando, entre las demas noticias que le daba de su nacion,
los ritos y costumbres de los Christianos; para que le hiciesen
disonancia los vicios y abominaciones de su idolatría: con cuya
ocasion exclamó contra los sacrificios de sangre humana, y contra el
horror aborrecible á la naturaleza, con que se comian los hombres que
sacrificaban: bestialidad muy introducida en aquella corte, por ser
mayor el número de los sacrificados, y mas culpable por esta razon el
exceso de los banquetes.
No fué del todo inútil esta sesion, porque Motezuma, sintiendo en algo
la fuerza de la razon, desterró de su mesa los platos de carne humana;
pero no se atrevió á prohibir de una vez este manjar á sus vasallos,
ni se dió por vencido en el punto de los sacrificios; ántes decia que
no era crueldad ofrecer á sus Dioses unos prisioneros de guerra que
venian ya condenados á muerte, no hallando razon que le hiciese capaz
de que fuesen proxîmos los enemigos.
Dió pocas esperanzas de reducirse, aunque procuraron varias veces
Hernan Cortés y el Padre Fray Bartolomé de Olmedo traerle al camino de
la verdad. Tenia entendimiento para conocer algunas ventajas en la
religion Católica, y para no desconocer en todo los abusos de la suya;
pero se volvia luego al tema de que sus Dioses eran buenos en aquella
tierra, como el de los Christianos en su distrito; y se hacia fuerza
para no enojarse quando le apretaban los argumentos, padeciendo mucho
consigo en estas conferencias, porque deseaba complacer á los
Españoles con un género de cuidado que parecia sujecion; y por otra
parte le tiraban las afectaciones de religioso, que le adquirieron, y
á su parecer, le mantenian la corona: obligándole á temer con mayor
abatimiento la desestimacion de sus vasallos, si le viesen ménos
atento al culto de sus Dioses. Política miserable, propia del tirano,
dominar con soberbia, y contemplar con servidumbre.
Hacia tanta ostentacion de su resistencia, que, llevando consigo, uno
de aquellos primeros dias, á Hernan Cortés y al Padre Fray Bartolomé
con algunos de los Capitanes y soldados particulares para que viesen á
su lado las grandezas de su corte, deseó, no sin alguna vanidad,
enseñarles el mayor de sus templos. Mandóles que se detuviesen poco
ántes de la entrada, y se adelantó para conferir con los sacerdotes,
si sería lícito que llegáse á la presencia de sus Dioses una gente que
no los adoraba. Resolvióse que podrian entrar, amonestándolos primero
que no se descomidiesen: y salieron dos ó tres de los mas ancianos con
la permision y el requerimiento. Franquearonse luego todas las puertas
de aquel espantoso edificio, y Motezuma tomó á su cargo el explicar
los secretos, oficinas y simulacros del adoratorio, tan reverente y
ceremonioso, que los Españoles no pudieron contenerse de hacer alguna
irrision, de que no se dió por entendido; pero volvió á mirarlos como
quien deseaba reprimirlos. A cuyo tiempo Hernan Cortés, dexándose
llevar del zelo que ardia en su corazon, le dixo:
"Permitidme, Señor, fixar una cruz de Christo delante de esas
imágenes del demonio, y veréis si merecen adoracion ó
menosprecio."
Enfurecieronse los sacerdotes al oir esta proposicion: y Motezuma
quedó confuso y mortificado, faltándole á un tiempo la paciencia para
sufrirlo, y la resolucion para enojarse; pero tomando partido con su
primera turbacion, y procurando que no quedáse mal su hipocresía:
"Pudierais (dixo á los Españoles) conceder á este lugar las
atenciones, por lo ménos, que debeis á mi persona."
Y salió del adoratorio para que le siguiesen; pero se detuvo en el
atrio, y prosiguió diciendo algo mas reportado:
"Bien podeis, amigos, volveros á vuestro alojamiento; que yo me
quedo á pedir perdon á mis Dioses de lo mucho que os he
sufrido."
Notable salida del empeño en que se hallaba, y pocas palabras dignas
de reparo, que dieron á entender su resolucion, y lo que se reprimia
para no destemplarse.
Con esta experiencia, y otras que se hicieron del mismo género,
resolvió Cortés, siguiendo el parecer del Padre Fray Bartolomé de
Olmedo y del Licenciado Juan Diaz, que no se le habláse mas por
entónces en la religion, porque solo servia de irritarle y
endurecerle. Pero al mismo tiempo se consiguió fácilmente su licencia
para que los Christianos diesen culto público á su Dios; y él mismo
envió sus alarífes para que se le fabricáse templo á su costa como le
pidiese Cortés. ¡Tanto deseaba que le dexasen descansar en su error!
Desembarazóse luego uno de los salones principales de aquel palacio
donde habitaban los Españoles: y blanqueándole de nuevo, se levantó el
altar, y en su frontispicio se colocó una imágen de Nuestra Señora
sobre algunas gradas, que se adornaron vistosamente: y fixando una
cruz grande cerca de la puerta, quedó formada una capilla muy decente,
donde se celebraba Misa todos los dias, se rezaba el Rosario, y hacian
otros actos de piedad y devocion, asistiendo algunas veces Motezuma
con los príncipes y ministros que andaban á su lado: entre los quales
se alababa mucho la mansedumbre de aquellos sacrificios, sin conocer
la inhumanidad y malicia de los suyos. Gente ciega y supersticiosa,
que palpaba las tinieblas, y se defendia de la razon con la costumbre.
Pero ántes de referir los sucesos de aquella corte, nos llama su
descripcion, la grandeza de sus edificios, su forma de gobierno y
policia, con otras noticias que son convenientes para la inteligencia
ó concepto de los mismos sucesos. Desvíos de la narracion, necesarios
en la historia, como no sean peregrinos del argumento, y carezcan de
otros lunares que hacen viciosa la digresion.