CAPITULO IX.

_Viene al Quartel á Visitar á Cortés de parte de Motezuma el

Señor de Tezcuco su sobrino: continuase la marcha, y se hace

alto en Quitlavaca, dentro ya de la lagúna, de México._

De aquellas caserías, donde se alojó el exército de la otra parte de

la montaña, pasó el dia siguiente á un pequeño lugar, jurisdiccion de

Chalco, situado en el camino real á poco mas de dos leguas, donde

acudieron luego el Cacique principal de la misma provincia, y otros de

la comarca. Traían sus presentes con algunos bastimentos; y Cortés los

agasajó con mucha humanidad y con algunas dádivas. Pero se reconoció

luego en su conversacion que se recataban de los Embaxadores

Mexicanos; porque se detenian y embarazaban fuera de tiempo, y daban á

entender lo que callaban en lo mismo que decian. Apartóse con ellos

Hernan Cortés, y á poca diligencia de los intérpretes dieron todo el

veneno del corazon. Quejaronse destempladamente de las crueldades y

tiranías de Motezuma: ponderaron lo intolerable de sus tributos, que

pasaban ya de las haciendas á las personas; pues los hacia trabajar

sin estipendio en sus jardines, y en otras obras de su vanidad.

Decian con lágrimas:

"Que hasta las mugeres se habian hecho contribucion de su

torpeza y la de sus ministros, puesto que las elegian y

desechaban á su antojo, sin que pudiesen defender los brazos de

la madre á la doncella, ni la presencia del marido á la

casada:"

representando uno y otro á Hernan Cortés como á quien lo podia

remediar, y mirándole como á Deidad que baxaba del Cielo con

jurisdiccion sobre los tiranos. El las escuchó compadecido, y procuró

mantenerlos en la esperanza del remedio, dexándose llevar por entónces

del concepto en que le tenian, ó resistiendo á su engaño con alguna

falsedad. No pasaba en estas permisiones de su política los términos

de la modestia; pero tampoco gustaba de obscurecer su fama, donde se

miraba como parte de razon el desvarío de aquella gente.

Volvióse á la marcha el dia siguiente, y se caminaron quatro leguas

por tierra de mejor temple y mayor amenidad, donde se conocia el favor

de la naturaleza en las arboledas, y el beneficio del arte en los

jardines. Hizose alto en Amecameca, donde se alojó el exército: lugar

de mediana poblacion, fundado en una ensenada de la gran lagúna, la

mitad en tierra firme al pie de una montañuela estéril y fragosa.

Concurrieron aquí muchos Mexicanos con sus armas y adornos militares:

y aunque al principio se creyó que los traía la curiosidad, creció

tanto el número, que dieron cuidado; y no faltaron indicios que

persuadiesen al rezelo. Valióse Cortés de algunas exterioridades para

detenerlos y atemorizarlos: hizose ruido con las bocas de fuego:

dispararonse al ayre algunas piezas de artillería: ponderóse, y aun se

provocó la ferocidad de los caballos, cuidando, los intérpretes de dar

significacion al estruendo, y engrandecer el peligro; por cuyo medio

se consiguió el apartarlos del alojamiento ántes que cerrase la noche.

No se verificó que viniesen con ánimo de ofender, ni parece verisímil

que se intentáse nueva traycion, quando estaba Motezuma reducido á

dexarse ver; aunque despues mataron las centinelas algunos Indios

sobre acercarse demasiado con apariencias de reconocer el quartel: y

pudo ser que alguno de los caudillos Mexicanos conduxese aquella gente

con ánimo de asaltar cautelosamente á los Españoles, creyendo no sería

desagradable á su Rey, por considerarle rendido á la paz con

repugnancia de su natural y de su conveniencia; pero esto se quedó en

presuncion, porque á la mañana solo se descubrieron en el camino que

se habia de seguir algunas tropas de gente desarmada, que tomaban

lugar para ver á los extrangeros.

Tratábase ya de poner en marcha el exército, quando llegaron al

quartel quatro Caballeros Mexicanos con aviso de que venía el Príncipe

Cacumatzin, sobrino de Motezuma, y Señor de Tezcuco á visitar á Cortés

de parte de su tio; y tardó poco en llegar. Acompañábanle muchos

nobles con insignias de paz y ricamente adornados. Traíanle sobre sus

hombros otros Indios de su familia en unas andas cubiertas de varias

plumas, cuya diversidad de colores se correspondia con proporcion. Era

mozo de hasta veinte y cinco años, de recomendable presencia: y luego

que se apeó, pasaron delante algunos de sus criados á varrer el suelo

que habia de pisar, y á desviar con grandes ademanes y contenencias la

gente de los lados: ceremonias, que siendo ridículas, daban autoridad.

Salió Cortés á recibirle hasta la puerta de su alojamiento con todo

aquel aparato de que adornaba su persona en semejantes funciones.

Hizole al llegar una cumplida reverencia, y él correspondió tocando la

tierra, y despues los labios con la mano derecha. Tomó su lugar

despejadamente, y habló con sosiego de hombre que sabía estar sin

admiracion á vista de la novedad. La substancia de su razonamiento

fué:

"Dar la bien venida, con palabras puestas en su lugar, á Cortés

y á todos los Cabos de su exército: ponderar la gratitud con

que los esperaba el Gran Motezuma, y quánto deseaba la

correspondencia y amistad de aquel Príncipe del oriente que los

enviaba: cuya grandeza debia reconocer por algunas razones que

entenderian de su boca:"

y por via de discurso propio volvió á dificultar, como los demas

Embaxadores, la entrada de México,

"fingiendo que se padecia esterilidad en todos los pueblos de

su contribucion: y proponiendo, como punto que sentia su Rey,

lo mal asistidos que se hallarian los Españoles donde faltaba

el sustento para los vecinos."

Cortés respondió, sin apartarse del misterio con que iba cebando las

aprehensiones de aquella gente:

"Que su Rey, siendo un Monarca sin igual en otro mundo cercano

al nacimiento del sol, tenia tambien algunas razones de alta

consideracion para ofrecer su amistad á Motezuma, y comunicarle

diferentes noticias que miraban á su persona y esencial

conveniencia: cuya proposicion no desmereceria su gratitud; ni

él podia dexar de admitir con singular estimacion la licencia

que se le concedia para dar su embaxada, sin que le hiciese

algun embarazo la esterilidad que se padecia en aquella Corte:

porque sus Españoles necesitaban de poco alimento para

conservar sus fuerzas, y venian enseñados á padecer y

despreciar las incomodidades y trabajos de que se afligian los

hombres de inferior naturaleza."

No tuvo Cacumatzin que replicar á esta resolucion; ántes recibió con

estimacion y rendimiento algunas joyuelas de vidrio extraordinario que

le dió Cortés: y acompañó el exército hasta Tezcuco, ciudad capital de

su dominio, donde se adelantó con la respuesta de su embaxada.

Era entónces Tezcuco una de las mayores ciudades de aquel imperio:

refieren algunos que sería como dos veces Sevilla; y otros, que podia

competir con la corte de Motezuma en la grandeza, y presumia, no sin

fundamento, de mayor antigüedad. Estaba la frente principal de sus

edificios sobre la orilla de aquel espacioso lago en parage de grande

amenidad, donde tomaba su principio la calzada oriental de México.

Siguióse por ella la marcha sin detencion, porque se llevaba intento

de pasar á Iztacpalapa, tres leguas mas adelante, sitio proporcionado

para entrar en México el dia siguiente á buena hora. Tendria por esta

parte la calzada veinte pies de ancho, y era de piedra y cal, con

algunas labores en la superficie. Habia en la mitad del camino sobre

la misma calzada otro lugar de hasta dos mil casas, que se llamaba

Quitlavaca; y por estar fundado en el agua, le llamaron entónces

Venezuela. Salió el Cacique muy acompañado y lucido al recibimiento de

Cortés, y le pidió que honráse por aquella noche su ciudad, con tanto

afecto y tan repetidas instancias, que fué preciso condescender á sus

ruegos por no desconfiarle. Y no dexó de hallarse alguna conveniencia

en hacer aquella mansion para tomar noticias; porque viendo desde mas

cerca la dificultad, entró Cortés en algun rezelo de que le rompiesen

la calzada, ó levantasen los puentes para embarazar el paso á su

gente.

Registrabase desde allí mucha parte de la lagúna, en cuyo espacio se

descubrian varias poblaciones y calzadas que la interrumpian y la

hermoseaban: torres y capitéles, que, al parecer, nadaban sobre las

aguas: árboles y jardines fuera de su elemento: y una inmensidad de

Indios, que, navegando en sus canoas, procuraban acercarse á ver los

Españoles; siendo mayor la muchedumbre que se dexaba reparar en los

terrados y azoteas mas distantes. Hermosa vista, y maravillosa

novedad, de que se llevaba noticia, y fué mayor en los ojos que en la

imaginacion.

Tuvo el exército bastante comodidad en este alojamiento, y los

paisanos asistieron con agrado y urbanidad al regalo de sus huespedes:

gente de cuya policía se dexaba conocer la vecindad de la Corte.

Manifestó el Cacique, sin poderse contener, poco afecto á Motezuma, y

el mismo deseo que los demas de sacudir el yugo intolerable de aquel

gobierno; porque alentaba los soldados, facilitaba la empresa,

diciendo á los intérpretes, como quien deseaba que lo entendiesen

todos:

"Que la calzada que se habia de seguir hasta México era mas

capaz y de mejor calidad que la pasada, sin que hubiese que

rezelar en ella, ni en las poblaciones de su márgen: que la

ciudad de Iztacpalapa, donde se habia de hacer tránsito, estaba

de paz, y tenia órden para recibir y alojar amigablemente á los

Españoles: que el Señor de esta ciudad era pariente de

Motezuma; pero que ya no habia que temer en los de su faccion,

porque le tenian rendido y sin espíritu los prodigios del

Cielo, las respuestas de sus oráculos, y las hazañas que le

referian de aquel exército; por cuya razon le hallarian deseoso

de la paz, y con el ánimo dispuesto ántes á sufrir que á

provocar."

Decia la verdad este Cacique; pero con alguna mezcla de pasion y de

lisonja: y Hernan Cortés, aunque no dexaba de conocer este defecto en

sus noticias, procuraba divulgarlas y encarecerlas entre sus soldados.

Y no se puede negar que llegaron á buen tiempo, para que no se

desanimáse la gente de ménos obligaciones con aquella variedad de

objetos admirables que se tenian á la vista, de que pudiera colegir la

grandeza de aquella Corte, y el poder formidable de aquel Príncipe;

pero los informes del Cacique, y las ponderaciones que se hacian de su

turbacion y desaliento pudieron tanto en esta concurrencia de

novedades, que alegrándose todos de lo que se habian de asombrar, se

aprovecharon de su admiracion para mejorar las esperanzas de su

fortuna.

Historia de la Conquista de Mexico, Volume 2 (of 3) Poblacion y Progresos de la America Septentrional, Conocida por el Nombre de Nueva España · 第 15 / 46 题