_Parten los Españoles de Cholúla: ofreceseles nueva dificultad
en la montaña de Chalco; y Motezuma procura detenerlos por
medio de sus nigrománticos._
Ibase acercando el plazo de la jornada, y algunos Zempoales de los que
militaban en el exército (temiesen el empeño de pasar á la corte de
Motezuma, ó pudiese mas que su reputacion el amor de la patria)
pidieron licencia para retirarse á sus casas. Concediósela Cortés sin
dificultad, agradeciéndoles mucho lo bien que le habian asistido; y
con esta ocasion envió algunas alhajas de presente al Cacique de
Zempoala, encargándole de nuevo los Españoles que dexó en su distrito
sobre la fé de su amistad y confederacion.
Escribió tambien á Juan de Escalante, ordenándole con particular
instancia, que procuráse remitirle alguna cantidad de harina para las
hostias, y vino para las Misas, cuya provision se iba estrechando, y
cuya falta sería de gran desconsuelo suyo y de toda su gente. Dióle
noticia por menor de los progresos de su jornada, para que estuviese
de buen ánimo, y asistiese con mayor cuidado á la fortaleza de la
Vera Cruz, tratando de ponerla en defensa, no ménos por su propia
seguridad, que por lo que se debia rezelar de Diego Velazquez: cuya
natural inquietud y desconfianza no dexaba de hacer algun ruido entre
los demas cuidados.
Llegaron á esta sazon nuevos Embaxadores de Motezuma, que, con noticia
ya de todo el suceso de Cholúla, trató de sincerarse con los
Españoles, dando las gracias á Cortés de que hubiese castigado aquella
sedicion. Ponderaron frivolamente la indignacion y el sentimiento de
su Rey, cuyo artificio se reduxo á infamar con el nombre de traydores
á los mismos que le habian obedecido en la traycion. Vino dorada esta
noticia con otro presente de igual riqueza y ostentacion; y segun lo
que sucedió despues, no dexó de tener mayor designio la embaxada:
porque miró tambien al intento de poner en nueva seguridad á Cortés,
para que marcháse ménos rezeloso, y se dexáse llevar á otra zelada que
le tenian prevenida en el camino.
Executóse finalmente la marcha despues de catorce dias que ocuparon
los accidentes referidos: y la primera noche se aquarteló el exército
en un village de la jurisdiccion de Guajozingo, donde acudieron luego
los principales de aquel gobierno, y de otras poblaciones vecinas con
bastante provision de bastimentos, y algunos presentes de poco valor,
bastantes para conocer el afecto con que aguardaban á los Españoles.
Halló Cortés entre aquella gente las mismas quejas de Motezuma que se
oyeron en las provincias mas distantes; y no le pesó de que durasen
aquellos humores tan cerca del corazon, pareciéndole que no podia ser
muy poderoso un Príncipe con tantas señas de tirano, á quien faltaba
en el amor de sus vasallos el mayor presidio de los Reyes.
El dia siguiente se prosiguió la marcha por una sierra muy aspera, que
se comunicaba, mas ó ménos eminente, con la montaña del volcan. Iba
cuidadoso Cortés; porque uno de los Caciques de Guajozingo le dixo, al
partir, que no se fiáse de los Mexicanos, porque tenian emboscada
mucha gente de la otra parte de la cumbre, y habian cegado con grandes
piedras y árboles cortados el camino real que baxa desde lo alto á la
provincia de Chalco, abriendo el paso, y facilitando el principio de
la cuesta por el parage ménos penetrable, donde habian aumentado los
precipicios naturales con algunas cortaduras hechas á la mano, para
dexar que se fuese poco á poco empeñando su exército en la dificultad,
y cargarle de improviso quando no se pudiesen revolver los caballos,
ni afirmar el pie los soldados. Fuése venciendo la cumbre, no sin
alguna fatiga de la gente, porque nevaba con viento destemplado; y en
lo mas alto se hallaron poco distantes los dos caminos con las mismas
señas que se traían, el uno encubierto y embarazado, y el otro fácil
á la vista, y recien aderezado. Reconociólos Hernan Cortés; y aunque
se irritó de hallar verificada la noticia de aquella traycion, estuvo
tan en sí, que, sin hacer ruido, ni mostrar sentimiento, preguntó á
los Embaxadores de Motezuma que marchaban cerca de su persona:
"Por qué razon estaban así aquellos dos caminos."
Respondieron:
"que habian hecho allanar el mejor para que pasáse su exército,
cegando el otro, por ser el mas aspero y dificultoso;"
y él, con la misma igualdad en la voz y el semblante:
"Mal conoceis (dixo) á los de mi Nacion. Ese camino que habeis
embarazado se ha de seguir, sin otra razon que su misma
dificultad: porque los Españoles, siempre que tenemos eleccion,
nos inclinamos á lo mas dificultoso."
Y sin detenerse mandó á los Indios amigos que pasasen á desembarazar
el camino, desviando á un lado y otro aquellos estorvos mal
disimulados que procuraban esconderle. Lo qual se executó prontamente
con grande asombro de los Embaxadores, que, sin discurrir en que se
habia descubierto el ardid de su Príncipe, tuvieron á especie de
adivinacion aquel acierto casual, hallando que admirar y que temer en
la misma bizarría de la resolucion. Sirvióse Cortés primorosamente de
la noticia que llevaba; y consiguió el apartarse del peligro sin
perder reputacion: cuidando tambien de no desconfiar á Motezuma,
diestro ya en el arte de quebrantar insidias, con no quererlas
entender.
Los Indios emboscados, luego que reconocieron desde sus puestos que
los Españoles se apartaban de la zelada, y seguian el camino real, se
dieron por descubiertos, y trataron de retirarse, tan amedrentados y
en tanto desórden como si volvieran vencidos: con que pudo baxar el
exército á lo llano sin oposicion, y aquella noche se alojó en unas
caserías de bastante capacidad, que se hallaron en la misma falda de
la sierra, fundadas allí para hospedage de los mercaderes Mexicanos
que freqüentaban las ferias de Cholúla, donde se dispuso el quartel
con todos los resguardos y prevenciones que aconsejaba la poca
seguridad con que se iba pisando aquella tierra.
Motezuma entretanto duraba en su irresolucion, desanimado con el
malogro de sus ardides, y sin aliento para usar de sus fuerzas. Hizose
devocion esta falta de espíritu: estrechóse con sus Dioses:
freqüentaba los templos y los sacrificios: manchó de sangre humana
todos sus altares: mas cruel quando mas afligido; y siempre crecia su
confusion, y se hallaba en mayor desconsuelo: porque andaban
encontradas las respuestas de sus ídolos, y discordes en el dictámen
los espíritus inmundos que le hablaban en ellos. Unos le decian que
franqueáse las puertas de la ciudad á los Españoles, y así
conseguiria el sacrificarlos, sin que se pudiesen escapar ni defender:
otros, que los apartáse de sí, y tratáse de acabar con ellos sin
dexarse ver: y él se inclinaba mas á esta opinion, haciéndole
disonancia el atrevimiento de querer entrar en su Corte contra su
voluntad, y teniendo á desayre de su poder aquella porfía contra sus
órdenes, ó sirviéndose de la autoridad para mejorar el nombre á la
soberbia. Pero quando supo que se hallaban ya en la provincia de
Chalco, frustrado el último estratagema de la montaña, fué mayor su
inquietud y su impaciencia: andaba como fuera de sí, no sabía que
partido tomar: sus consejeros le dexaban en la misma incertidumbre que
sus oráculos. Convocó finalmente una junta de sus magos y agoreros:
profesion muy estimada en aquella tierra, donde habia muchos que se
entendian con el demonio, y la falta de las ciencias daba opinion de
sabios á los mas engañados. Propusoles que necesitaba de su habilidad
para detener aquellos extrangeros, de cuyos designios estaba rezeloso.
Mandóles que saliesen al camino y los ahuyentasen ó entorpeciesen con
sus encantos, á la manera que solian obrar otros efectos
extraordinarios en ocasiones de menor importancia. Ofrecióles grandes
premios si lo consiguiesen, y los amenazó con pena de la vida si
volviesen á su presencia sin haberlo conseguido.
Esta órden se puso en execucion, y con tantas veras, que se juntaron
brevemente numerosas quadrillas de nigrománticos, y salieron contra
los Españoles, fiados en la eficacia de sus conjuros, y en el imperio
que, á su parecer, tenian sobre la naturaleza. Refieren el Padre Josef
de Acosta, y otros autores fidedignos, que, quando llegaron al camino
de Chalco, por donde venía marchando el exército, y al empezar sus
invocaciones y sus círculos, se les apareció el demonio en figura de
uno de sus ídolos, á quien llamaba Tezcatlepuca, Dios infausto y
formidable, por cuya mano pasaban, á su entender, las pestes, las
esterilidades y otros castigos del Cielo. Venia como despechado y
enfurecido, afeando con el ceño de la ira la misma fiereza del ídolo
inclemente: y traía sobre sus adornos ceñida una soga de esparto, que
le apretaba con diferentes vueltas el pecho, para mayor significacion
de su congoja, ó para dar á entender que le arrastraba mano invisible.
Postraronse todos para darle adoracion: y él, sin dexarse obligar de
su rendimiento, y fingiendo la voz con la misma ilusion que imitó la
figura, les habló en esta substancia:
"Ya, Mexicanos infelíces, perdieron la fuerza vuestros
conjuros, ya se desató enteramente la trabazon de nuestros
pactos. Decid á Motezuma, que por sus crueldades y tiranías
tiene decretada el Cielo su ruina: y para que le representeis
mas vivamente la desolacion de su imperio, volved á mirar esa
ciudad miserable desamparada ya de vuestros Dioses."
Dicho esto, desapareció; y ellos vieron arder la ciudad en horribles
llamas, que desvanecieron poco á poco, desocupando el ayre, y dexando
sin alguna lesion los edificios. Volvieron á Motezuma con esta
noticia, temerosos de su rigor, librando en ella su disculpa; pero le
hicieron tanto asombro las amenazas de aquel Dios infortunado y
calamitoso, que se detuvo un rato sin responder, como quien recogia
las fuerzas interiores, ó se acordaba de sí para no descaecer; y
depuesta desde aquel instante su natural ferocidad, dixo, volviendo á
mirar á los magos y á los demas que le asistian:
"¿Qué podemos hacer si nos desamparan nuestros Dioses? Vengan
los extrangeros, y cayga sobre nosotros el cielo; que no nos
hemos de esconder, ni es razon que nos halle fugitivos la
calamidad. Y prosiguió poco despues: Solo me lastiman los
viejos, niños y mugeres, á quien faltan las manos para cuidar
de su defensa."
En cuya consideracion se hizo alguna fuerza para detener las lágrimas.
No se puede negar que tuvo algo de Príncipe la primera proposicion:
pues ofreció el pecho descubierto á la calamidad que tenia por
inevitable; y no desdixo de la magestad la ternura con que llegó á
considerar la opresion de sus vasallos. Afectos ambos de ánimo real,
entre cuyas virtudes ó propiedades no es ménos heróica la piedad, que
la constancia.
Empezóse luego á tratar del hospedage que se habia de hacer á los
Españoles, de la solemnidad y aparatos del recibimiento: y con esta
ocasion se volvió á discurrir en sus hazañas, en los prodigios con que
habia prevenido el Cielo su venida, en las señas que traían de
aquellos hombres orientales prometidos á sus mayores, y en la
turbacion y desaliento de sus Dioses, que, á su parecer, se daban por
vencidos, y cedian el dominio de aquella tierra, como Deidades de
inferior gerarquía: y todo fué menester para que se llegáse á poner en
términos posibles aquella gran dificultad de penetrar, sobre tan
porfiada resistencia, y con tan poca gente, hasta la misma corte de un
Príncipe tan poderoso, absoluto en sus determinaciones, obedecido con
adoracion, y enseñado al temor de sus vasallos.