_Entran los Españoles en Cholúla, donde procuran engañarlos con
hacerles en lo exterior buena acogida: descubrese la traycion
que tenian prevenida, y se dispone su castigo._
La entrada que los Españoles hicieron en Cholúla fué semejante á la de
Tlascála: innumerable concurso de gente, que se dexaba romper con
dificultad: aclamaciones de bullicio: mugeres que arrojaban y
repartian ramilletes de flores: Caciques y sacerdotes que freqüentaban
reverencias y perfumes: variedad de instrumentos, que hacian mas
estruendo que música, repartidos por las calles: y tan bien imitado en
todos el regocijo, que llegaron á tenerle por verdadero los mismos que
venian rezelosos. Era la ciudad de tan hermosa vista, que la
comparaban á nuestra Valladolid, situada en un llano desahogado por
todas partes del horizonte, y de grande amenidad: dicen que tendria
veinte mil vecinos dentro de sus muros, y que pasaria de este número
la poblacion de sus arrabales. Freqüentabanla ordinariamente muchos
forasteros, parte como santuario de sus Dioses, y parte como emporio
de su mercancía. Las calles eran anchas y bien distribuidas: los
edificios mayores y de mejor arquitectura que los de Tlascála, cuya
opulencia se hacia mas suntuosa con las torres, que daban á conocer la
multitud de sus templos. La gente ménos belicosa que sagaz: hombres de
trato, y oficiales: poca distincion, y mucho pueblo.
El alojamiento que tenian prevenido se componia de dos ó tres casas
grandes y contiguas, donde cupieron Españoles y Zempoales, y pudieron
fortificarse unos y otros, como lo aconsejaba la ocasion, y no lo
estrañaba la costumbre. Los Tlascaltécas eligieron sitio para su
quartel poco distante de la poblacion; y cerrándole con algunos
reparos, hacian sus guardias, y ponian sus centinelas, mejorada ya su
milicia con la imitacion de sus amigos. Los primeros tres ó quatro
dias fué todo quietud y buen pasage.
Los Caciques acudian con puntualidad al obsequio de Cortés, y
procuraban familiarizarse con sus Capitanes. La provision de las
vituallas corria con abundancia y liberalidad, y todas las
demostraciones eran favorables, y convidaban á la seguridad; tanto,
que se llegaron á tener por falsos y ligeramente creidos los rumores
antecedentes: fácil á todas horas en fabricar ó fingir sus alivios el
cuidado. Pero no tardó mucho en manifestarse la verdad; ni aquella
gente acertó á durar en su artificio hasta lograr sus intentos:
astuta por naturaleza y profesion; pero no tan despierta y avisada,
que se supiesen entender su habilidad y su malicia.
Fueron poco á poco retirando los víveres: cesó de una vez el agasajo y
asistencia de los Caciques: los Embaxadores de Motezuma tenian sus
conferencias recatadas con los sacerdotes; conociase algun género de
irrision y falsedad en los semblantes; y todas las señales inducian
novedad, y despertaban el rezelo mal adormecido. Trató Cortés de
aplicar algunos medios para inquirir y averiguar el ánimo de aquella
gente; y al mismo tiempo se descubrió de sí misma la verdad,
adelantándose á las diligencias humanas la providencia del Cielo
tantas veces experimentada en esta conquista.
Estrechó amistad con Doña Marina una India anciana, muger principal, y
emparentada en Cholúla. Visitabala muchas veces con familiaridad, y
ella no se lo desmerecia con el atractivo natural de su agrado y
discrecion. Vino aquel dia mas temprano, y al parecer, asustada ó
cuidadosa: retiróla misteriosamente de los Españoles, y encargando el
secreto con lo mismo que recataba la voz, empezó á condolerse de su
esclavitud, y á persuadirla:
"Que se apartáse de aquellos extrangeros aborrecibles, y se
fuese á su casa, cuyo alvergue la ofrecia como refugio de su
libertad."
Doña Marina, que tenia bastante sagacidad, confirió esta prevencion
con los demas indicios: y fingiendo que venía oprimida, y contra su
voluntad entre aquella gente, facilitó la fuga, y aceptó el hospedage
con tantas ponderaciones de su agradecimiento, que la India se dió por
segura, y descubrió todo el corazon. Dixola:
"Que convenia en todo caso que se fuese luego, porque se
acercaba el plazo señalado entre los suyos para destruir á los
Españoles; y no era razon que una muger de sus prendas
pereciese con ellos: que Motezuma tenia prevenidos á poca
distancia veinte mil hombres de guerra para dar calor á la
faccion: que de este grueso habian entrado ya en la ciudad á la
deshilada seis mil soldados escogidos: que se habia repartido
cantidad de armas entre los paisanos: que tenian de repuesto
muchas piedras sobre los terrados, y abiertas en las calles
profundas zanjas, en cuyo fondo habian fixado estacas
puntiagudas, fingiendo el plano con una cubierta de la misma
tierra, fundada sobre apoyos frágiles, para que cayesen y se
mancasen los caballos: que Motezuma trataba de acabar con todos
los Españoles; pero encargaba que le llevasen algunos vivos
para satisfacer á su curiosidad y al obsequio de sus Dioses; y
que habia presentado á la ciudad una caxa de guerra, hecha de
oro cóncavo, primorosamente vaciado, para excitar los ánimos
con este favor militar."
Y últimamente Doña Marina, dando á entender que se alegraba de lo
bien que tenian dispuesta su empresa, y dexando caer algunas
preguntas, como quien celebraba lo que inquiria, se halló con noticia
cabal de toda la conjuracion. Fingió que se queria ir luego en su
compañía, y con pretexto de recoger sus joyas, y algunas preseas de su
peculio, hizo lugar para desviarse de ella sin desconfiarla. Dió
cuenta de todo á Cortés; y él mandó prender á la India, que, á pocas
amenazas, confesó la verdad entre turbada y convencida.
Poco despues vinieron unos soldados Tlascaltécas recatados en trage de
paisanos, y dixeron á Cortés de parte de sus Cabos:
"Que no se descuidáse, porque habian visto desde su quartel que
los de Cholúla retiraban á los lugares del contorno su ropa y
sus mugeres;"
señal evidente de que maquinaban alguna traycion. Súpose tambien que
aquella mañana se habia celebrado en el templo mayor de la ciudad un
sacrificio de diez niños de ambos sexôs: ceremonia de que usaban
quando querian emprender algun hecho militar; y al mismo tiempo
llegaron dos ó tres Zempoales, que saliendo casualmente á la ciudad,
habian descubierto el engaño de las zanjas, y visto en las calles de
los lados algunos reparos y estacadas que tenian hechos para guiar los
caballos al precipicio.
No se necesitaba de mayor comprobacion para verificar el intento de
aquella gente; pero Hernan Cortés quiso apurar mas la noticia, y poner
su razon en estado que no se la pudiesen negar, teniendo algunos
testigos principales de la misma nacion que hubiesen confesado el
delito: para cuyo efecto mandó llamar al primer sacerdote, de cuya
obediencia pendian los demas, y que le truxesen otros dos ó tres de la
misma profesion: gente que tenia grande autoridad con los Caciques, y
mayor con el pueblo. Fuélos exâminando separadamente, no como quien
dudaba su intencion, sino como quien se lamentaba de su alevosía; y
dándoles todas las señas de lo que sabía, callaba el modo, para cebar
su admiracion con el misterio, y dexarlos desvariar en el concepto de
su ciencia. Ellos se persuadieron á que hablaban con alguna Deidad que
penetraba lo mas oculto de los corazones, y no se atrevieron á
proseguir su engaño; ántes confesaron luego la traycion con todas sus
circunstancias, culpando á Motezuma, de cuya órden estaba dispuesta y
prevenida. Mandólos aprisionar secretamente, porque no moviesen algun
ruido en la ciudad. Dispuso tambien que se tuviese cuidado con los
Embaxadores de Motezuma, sin dexarlos salir, ni comunicar con los de
la tierra: y convocando á sus Capitanes, les refirió todo el caso, y
les dió á entender quánto convenia no dexar sin castigo todo aquel
atentado: facilitando la faccion, y ponderando sus conseqüencias con
tanta energía y resolucion, que todos se reduxeron á obedecerle,
dexando á su prudencia la direccion y el acierto.
Hecha esta diligencia, llamó á los Caciques Gobernadores de la ciudad,
y publicó su jornada para otro dia; no porque la tuviese dispuesta, ni
fuese posible, sino por estrechar el término á sus prevenciones.
Pidióles bastimentos para la marcha, Indios de carga para el bagage, y
hasta dos mil hombres de guerra que le acompañasen, como lo habian
hecho los Tlascaltécas y Zempoales. Ellos ofrecieron con alguna
tibieza y falsedad los bastimentos y Tamenes, y con mayor prontitud la
gente armada que se les pedia, en que andaban encontrados los
designios: pediala Cortés para desunir sus fuerzas, y tener en su
poder parte de los traydores que habia de castigar; y los Caciques la
ofrecian para introducir en el exército contrario aquellos enemigos
encubiertos, y servirse de ellos, quando llegáse la ocasion. Ardides
ambos que tenian su razon militar; si pueden llamarse razon este
género de engaños que hizo lícitos la guerra, y nobles el exemplo.
Dióse noticia de todo á los Tlascaltécas, y órden para que estuviesen
alerta, y al rayar el dia se fuesen acercando á la poblacion, como que
se movian para seguir la marcha: y en oyendo el primer golpe de los
arcabuces entrasen á viva fuerza en la ciudad, y viniesen á
incorporarse con el exército, llevándose tras sí toda la gente que
hallasen armada. Cuidóse tambien de que los Españoles y Zempoales
tuviesen prevenidas sus armas, y entendida la faccion en que las
habian de emplear. Y luego que llegó la noche, cerrado ya el quartel
con las guardias y centinelas á que obligaba la ocurrencia presente,
llamó Cortés á los Embaxadores de Motezuma, y con señas de intimidad,
como quien les fiaba lo que no sabian, les dixo:
"Que habia descubierto y averiguado una gran conjuracion que le
tenian armada los Caciques y ciudadanos de Cholúla: dióles
señas de todo lo que ordenaban y disponian contra su persona y
exército: ponderó quanto faltaban á las leyes de la
hospitalidad, al establecimiento de la paz, y al seguro de su
Príncipe. Y añadió: que no solamente lo sabía por su propia
especulacion y vigilancia; pero se lo habian confesado ya los
principales conjurados, disculpándose del trato doble con otra
mayor culpa: pues se atrevian á decir que tenian órden y
asistencias de Motezuma para deshacer alevosamente su exército:
lo qual ni era verisímil, ni se podia creer semejante
indignidad de un Príncipe tan grande. Por cuya causa estaba
resuelto á tomar satisfaccion de su ofensa con todo él rigor de
sus armas: y se lo comunicaba para que tuviesen comprehendida
su razon, y entendido que no le irritaba tanto el delito
principal, como la circunstancia de querer aquellos sediciosos
autorizar su traycion con el nombre de su Rey."
Los Embaxadores procuraron fingir, como pudieron, que no sabian la
conjuracion, y trataron de salvar el credito de su Príncipe, siguiendo
el camino en que los puso Cortés con baxar el punto de su queja. No
convenia entónces desconfiar á Motezuma, ni hacer de un poderoso
resuelto á disimular, un enemigo poderoso y descubierto: por cuya
consideracion se determinó á desbaratar sus designios, sin darle á
entender que los conocia, tratando solamente de castigar la obra en
sus instrumentos, y contentándose con reparar el golpe sin atender al
brazo. Miraba como empresa de poca dificultad el deshacer aquel trozo
de gente armada que tenia prevenida para socorrer la sedicion, hecho á
mayores hazañas con menores fuerzas; y estaba tan lejos de poner duda
en el suceso, que tuvo á felicidad (ó por lo ménos así lo ponderaba
entre los suyos) que se le ofreciese aquella ocasion de adelantar con
los Mexicanos la reputacion de sus armas. Y á la verdad, no le pesó de
ver tan embarazado en los ardides el ánimo de Motezuma, pareciéndole
que no discurriria en mayores intentos quien la buscaba por las
espaldas, y descubria entre sus mismos engaños la flaqueza de su
resolucion.