CARTA DE BELISIA Á TORCATO

«Tus cartas, Torcato, y tus

importunidades me son tan enojosas que

me fuerzan á escrebirte para que de mí

lo entiendas y acabes de conocer mi

voluntad, la cual está tan diferente

de lo que solía, que lo que estonces

me agradaba es la cosa que más agora

aborrezco, y de lo passado estoy tan

arrepentida que no puedo consolarme en

tanto que te viere determinado en tu

porfía sin provecho; si en algún tiempo

me tuviste verdadero amor, el mío no

era fingido, y con él te pagué lo que

merecías, y como las cosas no pueden

permanecer siempre en un ser, antes

se truecan y mudan cada hora, no te

maravillarás con mucha razón de ver que

en mí haya habido esta mudanza, para

lo cual no he tenido otra ocasión sino

parecerme que era cosa que me convenía

para tornar á cobrar el sosiego que por

tu causa he tenido mucho tiempo perdido;

lo que te ruego es que si, como siempre

mostraste, deseas contentarme, que

olvides las cosas passadas, echándolas

fuera de tu memoria como si jamás no

hubieran sido, y si no pudieres hacerlo

será necesario que te hagas fuerza y

que procures de ponerte en aquella

libertad con que yo quedo, y si todavía

te acordares de algunas dellas, podrás

hacer cuenta que pasaron en sueños sin

ser verdaderas, y assí como á cosa de

sueño las olvida, que por lo mucho que

te quise y aun agora te quiero, te doy

el consejo que para mí he tomado, el

cual holgaría que siguieses, pues todo

lo demás será acrecentar en la pena que

publicas, sin aprovecharte más de para

trabajar en vano y darme á mí fatiga para

que con justa razón y causa pueda tenerme

por agraviada, ¡ay! porque esta será la

postrera mía; también estarás cierto de

que no recibiré ninguna tuya, y así te

aviso que no te pongas en desasosegarme

más con ella, pues será perder el tiempo

y el trabajo que en ello se pusiere. Y

fuera desto, yo te deseo el mesmo bien

y alegría que tú me deseas, con el cual

plega á Dios que, habiéndome olvidado,

tan presto te veas cuanto yo verte, sin

ninguna memoria de mí, para mayor bien

mío y tuyo, he deseado».

Las palabras desta carta alteraron tanto

mi juicio, que á muchas veces me hallé

sin él para desesperarme, y deseaba que

la tierra dentro de sí vivo me sumiese

ó que por otro algún acaecimiento ó

desastre se me acabase la vida, y cierto

yo me tornara del todo loco, si la razón

que conmigo peleaba no me venciera; pero

con todo esto no podía acabar de hallarme

en ninguna compañía que pudiese apartarme

de mi pensamiento, el cual jamás en

otra cosa se ocupaba, y andando como

habéis visto por los montes é desiertos

deshabitados y por las montañas más

ásperas, muchas veces era causa de que

mi ganado padeciese, y de lástima dél

me venía adonde mejores pastos hallaba;

y adonde yo más descanso tenía era en

este florido bosque, por causa desta

hermosa fuente, en el cual dando voces

y gemidos, sin ser de ninguno entendido

mi mal, un día tendido en el mesmo lugar

donde estamos, sobre la verde yerba

deste prado, creciendo en mí la pasión

por estar considerando el agravio que el

Amor y la mi Belisia me hacían, dando un

profundo sospiro, que parescía llevar

consigo mis entrañas, comencé á decir

desta manera:

Orígenes de la novela, Tomo II · 第 600 / 605 题