CARTA DE TORCATO Á BELISIA

«No quiero negar, Belisia mía, que no es

mayor la merced y favor que de ti recibo

que las mis rabiosas cuitas y crueles

tormentos merecer agora ni en ningún

tiempo te pueden; no porque de tu parte

ni de la mía haya habido falta ninguna,

sino porque no pueden igualar, por

mayores y más crecidos que sean, al mucho

merecimiento tuyo; y todo esto no basta

para que en lugar de menguarse no crezcan

más cada hora, porque conociendo, por la

gloria que con tu consuelo he recibido,

la diferencia que hay de la que me has

dado á la que darme podrías si como á

siervo tuvo me fuese permitido que del

todo gozarla pudiese, no siento el gusto

de la una contemplando en la otra, con

que tan bienaventurado y dichoso sobre

todo los del mundo me harías. Conozco ser

el más bien afortunado pastor que entre

los pastores ha nacido, por tener señales

tan manifiestas de estar mi verdadero

amor y deseo admitidos en tu gracia;

pero también quiero que conozcas que

soy el más penado y afligido que entre

todos ellos podría hallarse, hasta que

gozarla pueda con aquella libertad que

desea esta ánima mía, más tuya que mía. Y

en tanto que la compasión y lástima que

de mí muestras en las palabras no me la

certificaras con las obras, en lugar de

disminuir mi mal, lo acrecentaras cada

hora, porque los consuelos fingidos al

corazón afligido son causa de doblar el

sentimiento de su pena; créeme, dulce

ánima mía, que es tan hondo el piélago

de persecuciones en que mi cuidado me

trae navegando, que si tú no me socorres

con darme la mano de tus verdaderos

favores, yo corro peligro de quedar

anegado para siempre, porque ya voy

perdiendo las fuerzas, y el esfuerzo me

falta, el aliento se me acaba, y estoy

puesto en el último extremo de la vida,

la cual no me pesa que se acabe, sino

por no poderte servir con ella, teniendo

muchas vidas, para que cada día pudieses

hacer sacrificio de una dellas, hasta

acabarlas, en pago de la importunidad

que con manifestarte mis rabiosas ansias

y fatigas tantas veces de mí recibes. Y

porque agora no la recibas mayor con oir

mis lástimas, acabo con suplicarte que

de mí quieras dolerte, poniéndome con tu

favor en la mayor gloria que entre todas

las del mundo darse puede».

Después de inviada esta carta, Belisia

por señas me dió á entender haberla

recibido. De que no poco contento

estuve algunos días, pareciéndome que

siempre se ofrecían cosas que me ponían

mayor esperanza, y así con ella andaba

entreteniendo y disimulando el dolor que

continuamente mi ánimo atormentaba, y no

pasó mucho tiempo que Belisia no me envió

una breve respuesta de la que le había

escrito, que es ésta que aquí trayo y

dice desta manera:

Orígenes de la novela, Tomo II · 第 596 / 605 题