¡Oh, triste vida de tristezas llena,
vida sin esperanza de alegría,
vida que no tienes hora buena,
vida que morirás con tu porfía,
vida que no eres vida, sino pena,
tal pena que sin ella moriría
quien sin penar algún tiempo se viese,
si el bien que está en la pena conociese!
Más aceda que el acebo al gusto triste,
más amarga que el acíbar desdeñosa,
ningún sabor jamás dulce me diste
que no tornase en vida trabajosa;
aquel bien que en un tiempo me quesiste
se ha convertido en pena tan rabiosa,
que de mí mismo huyo y de mí he miedo
y de mí ando huyendo, aunque no puedo.
Sabrosa la memoria que en ausencia
te pone ante mis ojos tan presente,
que cuando en mí conozco tu presencia,
mi alma está en la gloria estando ausente,
mas luego mis sentidos dan sentencia
contra mi dulce agonía, que consiente
tenerte puesta en mi entendimiento
con gloria, pues tu gloria es dar tormento.
¡Oh, quién no fuese el que es, porque no siendo
no sentiría lo que el alma siente!;
mi ánima está triste, y padeciendo;
mi voluntad, ques tuya, lo consiente;
si alguna vez de mí me estoy doliendo
con gran dolor, es tal que se arrepiente;
porque el dolor que causa tu memoria
no se dexa sentir con tanta gloria.
Mis voces lleva el viento, y mis gemidos
rompen con mis clamores l'aire tierno,
y en el alto cielo son más presto oídos,
también en lo profundo del infierno;
que tú quieres que se abran tus oídos
á oir mi doloroso mal y eterno;
si llamo no respondes, y si callo
ningún remedio á mis fatigas hallo.
También llamo la muerte y no responde,
que sorda está á mi llanto doloroso;
si la quiero buscar, yo no sé á dónde,
y ansí tengo el vivir siempre forzoso;
si llamo á la alegría, se me asconde;
respóndeme el trabajo sin reposo,
y en todo cuanto busco algún contento,
dolor, tristeza y llanto es lo que siento.