GRISALDO

En el campo nacen flores

y en el alma los amores.

El alma siente el dolor

del zagal enamorado,

y en el alma está el amor

y el alma siente el cuidado;

assí como anda el ganado

en este campo de flores,

siente el alma los amores.

FILONIO.--Calla, Grisaldo, no cantemos:

que á Torcato veo adonde te dixe,

y tendido en aquella verde yerba,

recostado sobre el brazo derecho, la

mano puesta en su mexilla, mostrando

en el semblante la tristeza de que

continuamente anda acompañado, y á lo

que parece hablando está entre sí. Por

ventura antes que nos vea podremos oir

alguna cosa por donde podamos entender la

causa de su mal.

GRISALDO.--Muy bien dices; pues no nos ha

sentido, acerquémonos más, porque mejor

podamos oirle.

TORCATO.--¡Oh, claro sol, que con los

resplandecientes rayos de la imagen

de tu memoria alumbras los ojos de mi

entendimiento, para que en ausencia

te tenga presente, contemplando la

mucha razón que tengo para lo poco que

padezco! ¿Por qué permites eclipsar

con la crueldad de tu olvido la luz

de que mi ánima goza, poniéndola en

medio de la escuridad de las tinieblas

infernales, pues no tengo por menores

ni menos crueles mis penas que las que

en el infierno se padecen? ¡Oh, ánima

de tantos tormentos rodeada! ¿cómo con

ser inmortal los recibes en ti para

que el cuerpo con el fuego en que tú

te abrasas se acabe de convertir en

ceniza? Si el uso de alguna libertad en

ti ha quedado, sea para dexar recebir

tanta parte de tus fatigas al miserable

cuerpo que con ellas pueda acabar la

desventurada vida en que se vee. ¡Oh,

desventurado Torcato, que tú mesmo no

sabes ni entiendes lo que quieres, porque

si con la muerte das fin á los trabajos

corporales no confiesas que quedarán

en tu ánima inmortal perpetuamente! Y

si han de quedar en ella, ¿no es mejor

que viviendo se los ayude á padecer tu

cuerpo en pago de la gloria que con los

favores pasados de tu Belisia le fue

en algún tiempo comunicada? ¡Oh, cruel

Belisia, que ninguna cosa pido, ni

desseo, ni quiero, que no sea desatino,

sino es solamente quererte con aquel

verdadero amor y aficción que tan mal

galardonado me ha sido! Ando huyendo de

la vida por contentarte y pienso que no

te hago servicio con procurar mi muerte,

porque mayor contentamiento recibes con

hacer de mí sacrificio cada día y cada

hora que el que recebirías en verme de

una vez sacrificado del todo, porque no

te quedaría en quién poder executar tu

inhumana crueldad, como agora en el tu

sin ventura Torcato lo haces; bien sé

que ninguna cosa ha de bastar á moverte

tu corazón duro para que él de mí se

compadezca; pero no por esso te dexaré de

manifestar en mis versos parte de lo que

este siervo tuyo, Torcato, en el alma y

en el cuerpo padece. Escuchadme, cruel

Belisia, que aunque de mí estés ausente,

si ante tus ojos me tienes presente, como

yo siempre te tengo, no podrás dexar de

oir mis dolorosas voces, que enderezadas

á ti hendirán con mis sospiros el aire,

para que puedan venir á herir en tus

oídos sordos mis tristes querellas.

FILONIO.--Espantado me tienen las

palabras de Torcato, y no puedo ser

pequeño el mal que tan sin sentir lo

tiene que no nos haya sentido; pero

esperemos á ver si con lo que dixere

podremos entender más particularmente su

dolencia, pues que de lo que ha dicho se

conoce ser los amores de alguna zagala

llamada Belisia.

GRISALDO.--Lo que yo entiendo es que no

he entendido nada, porque van sus razones

tan llenas de philosofías que no dexan

entenderse; no sé yo cómo Torcato las ha

podido aprender andando tras el ganado.

Mas escuchemos, porque habiendo templado

el rabel, comienza á tañer y cantar con

muy dulce armonía.

Orígenes de la novela, Tomo II · 第 592 / 605 题