Mientras el más ocioso pensamiento
del bravo mozo, con soberbio pecho,
levanta de su honra ó su provecho
hasta las nubes machinas de viento,
Las vitorias allí de ciento en ciento,
la plata, el oro se le viene al lecho,
y alargando la mano á lo que ha hecho,
se ve de rico pobre en un momento.
Dejando yo estas torres de vitoria,
de triunfos, de riquezas, de despojos,
suelo fingir, pastora, por lo menos,
Que me miras de grado con tus ojos,
mas despiértame luego la memoria,
y quedo con los míos de agua llenos.
No dió lugar Silvera á que Filardo
dexasse la zampoña, que al punto que
Arsiano acabó su soneto, vuelta á él,
comenzó desta manera el suyo: