ANDRIA

Suele en el bosque espesso el animoso

mozo gallardo, que con el agudo

venablo fuerte ha penetrado el crudo

pecho del tigre, del león ó el osso,

Mirarle en tierra muerto, sanguinoso,

y recrearse viendo lo que pudo;

y á las veces, dexándole desnudo,

la piel á cuestas irse victorioso.

¿No he sido digna yo de tanta cuenta

como las fieras, que la muerte suya

baña de invidia mis cansados ojos;

Pues tienes el matarme por afrenta,

y estimas en tan poco mis despojos,

que te ofende mi alma porque es tuya?

Acostumbrado estaba Alfeo á oir estas

mancillas y Arsiano á sentirlas por los

dos, pero no por esso menguaba punto de

su Amor, y como ahora vido que, callando

Silvera, Filardo tañía, dixo assí,

puestos los ojos en la fingida Amarantha:

Orígenes de la novela, Tomo II · 第 556 / 605 题