Yace á la sombra deste duro canto
el que le enterneciera, si cantara;
dexando al mundo su silencio en llanto,
dexó el velo mortal el Alma cara;
mas no pudieran Muerte y Amor tanto,
si el cielo para sí no le invidiara,
Amor y Muerte dan; recibe el cielo,
el don es, Sasio, y quien le llora el suelo.
Entre las lágrimas justas destos amigos
pastores, nació otra justíssima ambición
y codicia para heredar la lira del
segundo Orfeo: los opositores fueron
Filardo y Matunto, Belisa y Arsiano,
que aunque enfermo y sin gusto, dexó el
lecho y se animó á esta empresa. Pusieron
por jueces al venerable _Sileno_, al
celebrado ARCIOLO, al famoso TIRSI,
que todos tres sabían la dignidad de
los cuatro pretendientes, y aun esto
fué causa de no determinarse, antes
remitieron el juicio y la lira á las
ninfas del río: ellas la tuvieron un
día en su poder y la cubrieron de una
rica funda de oro y seda, hecha por
las hermosas manos de Arethusa; y assí
adornada la enviaron á las deesas de las
selvas, donde estuvieron tres días, entre
olorosas flores y hierbas, y hecho un
carro triunfal, cubierto de hiedra y de
frescas ramas, tirado de los dos blancos
becerros, fué llevada en él á las diosas
de los montes, y allí se consagró á
FILIDA, en cuyo poder, de conformidad de
ninfas y pastores, quedó aquel don caro
del cielo, y con mayor fuerza que antes
mueve á los animales y las gentes por la
grandeza de su poseedora. Pero la lástima
universal de Sasio y el general aplauso
de su muerte, ¿por ventura movieron el
pecho de Silvera? Esso no; que moría por
Arsiano, y mientras un contento huye, mal
puede haber otra cosa que lastime. Juntos
estaban un día gran número de pastores
y pastoras, caído el sol, gozando de la
frescura de un verde pradecillo y del
templado viento que soplaba, donde Alfeo
los ojos en Finea, Andria los suyos en
Alfeo, los de Arsiano en Andria y los
de Silvera en Arsiano, Andria rompió el
silencio y dixo al son de la zampoña de
Silvera: