[1271] En la primera edición se lee _acuerda_, repitiendo el consonante
Mayans enmendó bien _concuerda_.
[1272] Así en la primera edición. En la de Mayans, _hace_.
SÉPTIMA PARTE
DEL PASTOR DE FILIDA
Si en la llaneza y soledad de los campos
se lloran celos y se padece olvido, ¿de
qué más se puede Amor culpar, en la pompa
de las Cortes y en el tráfago de las
ciudades, de la mentira y engaño de un
corazón que, dividido en mil partes, sin
reparar en ninguna, á todas se vende por
entero? ¿Y de la miseria del amador, que
á trueco de no ser olvidado, le es fácil
passar callando por más mal que sospechas
y recelos, donde claro se ve cuánto mayor
sea el dolor del olvido que la passión
celosa? Celosos he visto yo sin miedo
de ser olvidados, y jamás vi olvidado
que no viviesse celoso; ausencia calle
con celos; celo y ausencia con olvido;
que si el ausente carece de su contento,
puédele buscar, y el celoso si le halla,
es en poder ajeno; y el olvidado ausente
está, y con más violencia, y celoso y
con menos reparo; pero todo esto no
puede compararse, Amor, á la injusticia
de un engaño, que mientras uno con
lealtad y fe sirva y ame, sea pagado con
fingida voluntad y agradecida esta paga.
Mas, ¿quién me aparta á tan insufrible
consideración? Vuélvame la verdad de mis
pastores á la agradable ribera, donde
ya que como humanos hagan mudanza, no
como dañados harán engaños. Vimos venir
á _Sasio_ del templo de Diana, tan
contento de la venida de _Silvera_ como
si tuviera muchas y grandes seguridades
de su Amor; mas sucedióle lo que suele
á los confiados, que la pastorcilla
gentil, no estimando en nada haberla él
hospedado en la ribera de _Pisuerga_
y agasajádola con su música y canto
tantas veces, y alabádola en tiernas y
numerosas _rimas_, y menos la afición que
de presente le mostraba, puso los ojos
en el prendado Arsiano; empleo que á la
verdad pudiera tener Sasio por venganza,
si su mucho amor la consintiera, porque
más que nunca Arsiano amaba á la hermosa
Amarantha; y de aquí vino que Sasio y
Arsiano adolecieron á un tiempo, con el
contino cuidado, con el celoso dolor,
con las noches malas y los peores días,
y en muy breves Sasio murió, dexando un
general sentimiento por cuantas aguas
riegan nuestra España, especial en los
pastores y hermosas hijas del sagrado
Tajo; y pienso que las nueve musas y
el mismo Apolo sintieron esta pérdida.
¡Oh, gran padre de la Música, sin duda
callabas cuando te llamó la muerte! Tú,
con tu voz divina, mil veces alegraste
los tristes y aliviaste los dolores
ajenos, digno fué tu acento de resonar
en los cielos y de mover las peñas en
la tierra. ¿Cómo ahora no lo haces en
la que te cubre? Vengan, Sasio, de las
remotas naciones los hombres raros á
llorar tu muerte, y de la propia, llore
Filardo, lloren Arsiano y Matunto, y tu
traslado Belisa, en quien nos queda tu
mayor herencia y nuestro mayor consuelo.
Fué puesto Sasio poco distante de su
cabaña, en un mármol cavado, negro como
el ébano de Oriente, cubierto de otro,
blanco como la nieve de la sierra, y
en muchas plantas que alrededor tenía
se escribieron diversos epitafios en
sus loores; mas entre todos el famoso
_Tirsi_, cuyas _rimas_ tantas veces
Sasio solía cantar, en el tronco de un
olmo, que con sus ramas cubría el ancho
sepulcro, escribió estos versos de su
mano: