SIRALVO

Ojos llenos de consuelo,

si vuestra luz me faltasse,

fálteme él, si no esquivasse

los míos de la del cielo;

quien de vuestro mírar tierno

gozó la gloria algún día,

fuera della, ¿qué vería

que no le fuesse un infierno?

Van el daño y el provecho

tan juntos en esta historia,

que vuestra sola memoria

fabrica un cielo en mi pecho;

pero si el helado miedo

de perderos llega allí,

¿quién dará señas de mí?

Hable Amor, que yo no puedo.

No será poca osadía

tenerla Amor en hablar,

que yo le he visto temblar

á vuestra luz más de un día;

él me ofende y yo le ofendo

si nuestras causas callamos,

ojos, hablemos entramos,

él temblando y yo muriendo.

Vos sabéis que no hay quien huya

de essos rayos vencedores,

y él sabe que sois señores

de mi alma y de la suya;

yo sé que si me dexáis

llevará Muerte la palma,

pues tanto tengo en el alma,

ojos, cuando me miráis.

Cuando miráis producís

mayos de contentamiento,

y á cualquier apartamiento

inviernos los convertís,

y en la sequedad mayor,

como tornéis á mirar,

el más marchito lugar

vuelve de vuestro color.

Teniendo tales maestros,

tal espíritu quisiera,

que quien mis loores oyera

conociera que eran vuestros;

mas si en la intención se gana,

en el efecto se yerra:

mal podrá pincel de tierra

sacar labor soberana.

A la gloria de miraros

sólo iguala el bien de veros,

y á la pena de perderos

el dolor de no hallaros;

el punto que os puedo ver

es el que tiene el deseo,

y si no os veo, no veo;

ved si hay más que encarecer.

Aunque mi alma sustenta

vuestra luz en mis enojos,

la sed de veros, mis ojos,

con miraros se acrecienta;

y ¿qué señal más segura,

qué razón más conocida

de estar sin alma y sin vida,

que haber en veros hartura?

Sois grandezas peregrinas,

sois milagros inmortales,

sois tesoros celestiales,

sois invenciones divinas,

sois señales de bonanza,

sois muertes de los enojos,

sois ídolos de mis ojos,

sois ojos de mi esperanza.

Por más agradable tuviéramos á Florela,

á ser esta vez menos diligente, porque

no hizo más de llegar al monte y en

lugar señalado dejar en guarda la caza

y volverse con el asnillo de Ergasto

á llamar á las ninfas que la fuessen

á repartir. Llegó cuando _Siralvo_

acababa su _canción_, y acabóseles á

todos el contento, porque á la hora,

dejando sentimiento en el lugar cuanto

más en los corazones, que más que á sí

las amaban, las ninfas se despidieron;

también el galán Carpino se fué por su

parte, Ergasto por la suya; Cardenio,

Mendino y Siralvo atravessaron por sendas

y veredas al valle de los Fresnos, y á

la misma hora de medio día bajaron los

riscos y passaron á la morada de Erión,

donde le hallaron curando con hierbas

á un miserable pastor que, siguiendo á

una ninfa á quien amaba y se huía, con

rabia y dolor se había despeñado, y sus

amigos lleváronle al mago sin sentido.

Luego conocieron los pastores que era

el mismo que ellos venían siguiendo, y

después de saludar á Erión y ser dél

alegremente recebidos, ayudaron allí

en lo que pudieron, hasta que Livio,

que si os acordáis assí le llamó la

ninfa, volvió en sí, y haciéndole beber

de un precioso licor, quedó totalmente

reparado y arrepentido, que tal fuerza

puso Díos en el saber humano. Con esto

Mendino apartó al mago y le dixo cómo los

tres venían por algunos días á habitar

su morada, de que Erión recibió mucho

contento, y despidiendo á Livio y á sus

compañeros, entró con los tres por los

secretos de su cueva, que, para no la

agraviar, era de realíssima fábrica,

pero toda debajo de tierra, con anchas

lumbres que en vivas peñas se abrían á

una parte del risco, donde jamás humano

pie llegaba. No sé yo si esto fuesse por

fuerza de encantamiento ó verdadero

edificio, pero sé que su riqueza era

sin par. Primero entraron á una ancha y

larga sala de blanco estuco, donde, en

concavidades embebidas, estaban de mármol

los romanos Césares, unos con bastones y

otros con espadas en sus manos, y en los

pedestales abreviados versos griegos y

latinos, que ni negaban á Julio César sus

vitorias ni callaban á Heliogábalo sus

vicios. El techo desta sala era todo de

unos pendientes racimos de oro y plata,

que por sí pudieran clarificar el alto

aposento, en medio del cual estaba una

mesa redonda de precioso cedro sobre tres

pies de brasil, diestramente estriados, y

alrededor los assientos eran de olorosa

sabina. Aquí pienso que el mago adivinó

la necessidad, porque los hizo sentar y

sacó fresquíssima manteca y pan, que en

blancura le excedía, sin faltar precioso

vino, que con el agua saltaba de los

curiosos vasos, y habiendo satisfecho

á esta necessidad, entraron á otros

aposentos (aunque no tan grandes), de

mucha más riqueza. Admirados quedaron los

pastores de que en las entrañas de los

riscos pudiesse haber tan maravillosa

labor, pero á poco rato perdieron la

admiración desto, y la hallaron mayor

en un fresco jardín que sólo el cielo y

ellos le veían, donde la abundancia de

fuentes, árboles y hierbas, la harmonía

de las diversas aves y la fragancia de

las flores, representaban un paraíso

celestial; á la una parte del cual estaba

una lonja larga de cien passos y ancha de

veinte, cubierta de la misma labor de la

primera sala. Era el suelo de ladrillo

esmaltado, que por ninguna parte se

le veía juntura; á una mano era pared

cerrada y á otra abierta, sobre colunas

de un hermoso jaspe natural; por todas

partes se veía llena de varias figuras

que, de divino pincel, con la naturaleza

competían, y en la cabecera se levantaba,

sobre diez grados de pórfido, un suntuoso

altar, cubierto de ricos doseles de oro

y plata, y en él la imagen de la ligera

Fama, cubierta de abiertos ojos y bocas,

lenguas y plumas, con la sonora trompa

en sus labios; tenía á sus lados muchos

retratos de damas de tan excesiva gracia

y hermosura, que todo lo demás juzgaron

por poco y de poca estima. Aquí Erión los

hizo sentar en ricas sillas de marfil,

y él con ellos, al son de una suave

baldosa, assí les dixo, puestos los ojos

en la inmensa beldad de las figuras:

Orígenes de la novela, Tomo II · 第 552 / 605 题