Pues la contraria estrella de mi vida
no hace cosa que no sepa á muerte,
tenga piedad de mi dolor la muerte,
poniendo fin á tan cansada vida,
Tal ha sido el discurso de la vida,
que mil vidas daré por una muerte;
quizás satisfaré con esta muerte
á quien siempre ofendí con esta vida.
Siempre fueron contrarias vida y muerte,
que va la muerte á quien querría la vida,
que está la vida en quien desea la muerte.
Yo que soy enemiga de la vida,
líbrame della, perezosa muerte,
antes que muera á manos de tal vida.
Acabó _Filis_ su cantar, mas no
cessaron sus sospiros, á la cual Clori
piadosamente dixo: Desde ayer te veo
llorosa, Filis, y no te he preguntado la
causa; pero pues Filida te ha procurado
consolar, dime qué nueva passión te
aflige para que yo también lo haga. A
esto respondió FILIS: «No es nuevo tener
yo que llorar, ni dolerte tú de mis
pesares; mas ahora son de manera que los
extraños lo pueden hacer, cuanto más
FILIDA y tú á quien yo tanto amo. El
descuido de Mendino me tiene llena de
sospechas, y nunca el alma me dice cosa
que me engañe». Palabras fueron estas que
hicieron temblar el corazón de alguna que
allí estaba y por muy amada de Mendino
se tenía; turbó el color de su rostro y
atravesó razones que descubrieron más
su sentimiento, lo cual mirando Clori
con gracioso semblante dixo: Todos los
hombres son mudables, y á la verdad menos
nosotras nos dexamos olvidar, pero yo muy
disculpada estoy en haber dexado Castalio
por Cardenio, pues hice la voluntad de
su padre y el mío, y aun mi negocio y el
suyo: pésame que _Mendino_ te dé ocasión
de quexarte aunque ya tú le conoces; bien
sabes á quién amó en el _Henares_, y en
apartándose en lo que se entretuvo, y
que apenas murió Elisa, cuando se ocupó
en otras partes, que antes de llegar á
ti tuvo muchas leguas de mal camino. A
esto dixo Filis: ¡Oh, Clori, qué engaño
tan grande es pensar que tenga Mendino
olvidado su primer amor! Más vivo está
en su alma que nunca estuvo; con esta
carga le tomé, Ninfa; y de otras muertas
y vivas antes de mí, poco me penó, que
es _agua passada_: cosas nuevas son
las que escuecen y lo harán hasta la
muerte. Esso me admira, dixo Clori;
luego cuando trata MENDINO, ¿pasatiempo y
burla es? Tenlo por cierto, dixo la bella
Albanisa; que yo soy bastante testigo
de sus veras y sé que con nadie las
puede tener, porque las consagró á buen
lugar. Su hado lo sea, dixo Pradelia,
que el contento general sería. A esto
Filis quiso responder, mas fué impedida
de Florela, que estaba en guarda de las
redes, y como vido llena la selva de
aves que se venían á recoger del sol,
presurosa le vino á avisar, y ellas sin
detenerse dejaron la plática y la fuente
y siguieron á Florela. Los pastores, que
ni palabra ni afecto habían perdido, cuál
confuso y cuál contento se fueron con el
mismo secreto siguiéndolas por entre las
plantas; hasta que, sin avisarse, toparon
con una de las redes, teñida en verde
perfetíssimo, que de dos altos chopos
hasta la tierra pendía. A un lado estaba
una alta peña cubierta con las copas
de árboles, donde los cuatro pastores
subiéndose sin ser vistos, descubrían la
selva: vieron las hermosas Ninfas, que,
puestas en ala, con largos ramos en las
manos comenzaron á sacudir las plantas,
trayendo cada una las aves hacia sus
redes, que, espantadas del ruido, de
rama en rama venían hasta dar en ellas.
No á cuarto de hora que desta suerte
fatigaron la selva, sus anchas redes
se sembraron de más de cien maneras de
aves, desde el simple ruiseñor hasta la
astuta corneja. Y á este tiempo, passando
Ergasto por la selva, sentado sobre el
asnillo, las Ninfas le llamaron para que
las ayudasse á desprender, las redes:
ésta tomaron los pastores por propicia
ocasión, y decendiendo á las Ninfas,
alegremente fueron dellas recibidos. Allí
vió _Siralvo_ todo su bien; Cardenio todo
su gusto, porque era general con Ninfas
y pastoras; pero _Mendino_, que había
oído hablar tan profundamente de sí, con
más recato gozó de aquella buena suerte;
y todos juntos llegándose á las redes,
baxó SIRALVO las de FILIDA, Cardenio las
de Clori, Mendino las de Albanisa, que
era su deudo y verdadero amigo; Carpino
las de Filis y Ergasto las de Pradelia, y
echándolas sobre el asnillo, á Florela se
le encomendó que las llevasse al monte,
y en tanto que tornaba acordaron de
volverse juntos á la fuente. ¡Oh, amadas
Ninfas; oh, pastores míos! ¿quién podrá
decir lo que allí passastes? ¿Quién viera
á _Siralvo_ ardiendo en su castíssimo
amor, donde jamás sintió brizna de
humano deseo; á Cardenio tan enriquecido
de despojos; á Carpino tan inclinado
á todas, y á _Mendino_ de todas tan
juzgado, que sola Albanisa le defendía?
No se descuidó Cardenio en decir cómo los
tres iban buscando la cueva de Erión,
con intención de habitar en ella, ni las
Ninfas contradijeron su propósito, antes
le aprobaron; y al fin de sus razones
FILIDA pidió á SIRALVO que cantasse, y
él, que quizá lo tenía más gana, sacó la
lira, á cuyo son dixo mirando los ojos de
la hermosa Ninfa: