Mientras la lumbre de tus claros ojos
estuvo en el Oriente de mi gloria,
entendimiento, voluntad, memoria
ofrecieron al alma mil despojos.
Mas después que, siguiendo tus antojos,
á gente extraña fue su luz notoria,
es mi rico tesoro pobre escoria,
mis blandos gustos ásperos enojos.
Vuelva ya el rayo á su lugar usado;
pero no vuelva, que una vez partido,
no puede ser que no haya sido ajeno.
Mas ¡ay! sol de mi alma deseado,
vuelve á mis ojos, que una vez venido,
mi turbio día tornarás sereno.
A este _soneto_ hizo Filena tan mal
semblante, que Pradelio se arrepintió
de haber cantado y aun de ser nacido;
pero las Ninfas, que con gran gusto oían
sus contiendas, pidieron que cantassen
las pastoras. Ellas respondieron que
aun faltaban pastores por cantar, y en
haciéndolo ellos, ellas lo harían. Agradó
á Clori la respuesta y tomando á Filena
la lira, la dió á MENDINO, el cual, los
ojos en Filis, dixo, sin más excusa: