PRADELIO

Mientras la lumbre de tus claros ojos

estuvo en el Oriente de mi gloria,

entendimiento, voluntad, memoria

ofrecieron al alma mil despojos.

Mas después que, siguiendo tus antojos,

á gente extraña fue su luz notoria,

es mi rico tesoro pobre escoria,

mis blandos gustos ásperos enojos.

Vuelva ya el rayo á su lugar usado;

pero no vuelva, que una vez partido,

no puede ser que no haya sido ajeno.

Mas ¡ay! sol de mi alma deseado,

vuelve á mis ojos, que una vez venido,

mi turbio día tornarás sereno.

A este _soneto_ hizo Filena tan mal

semblante, que Pradelio se arrepintió

de haber cantado y aun de ser nacido;

pero las Ninfas, que con gran gusto oían

sus contiendas, pidieron que cantassen

las pastoras. Ellas respondieron que

aun faltaban pastores por cantar, y en

haciéndolo ellos, ellas lo harían. Agradó

á Clori la respuesta y tomando á Filena

la lira, la dió á MENDINO, el cual, los

ojos en Filis, dixo, sin más excusa:

Orígenes de la novela, Tomo II · 第 503 / 605 题