Sale la Aurora, de su luz vertiendo
las mismas perlas que el Oriente cría;
vase llenando el cielo de alegría,
vase la tierra de beldad vistiendo.
Las claras fuentes y los ríos corriendo,
las plantas esmaltándose á porfía,
las avecillas saludando el día,
con harmonía la nueva luz hiriendo.
Y esta Aurora gentil, y este adornado
mundo de los tesoros ricos, caros,
que el cielo ofrece, con que al hombre admira,
Es miseria y tristeza, comparado
á la belleza de tus ojos claros,
cuando los alzas á mirar sin ira.
Ya le pareció á Pradelio que perdía
de su punto si á vuelta de aquellos
sentimientos dulces no sonaba el amargo
suyo, y pidiendo á SIRALVO que tocasse la
zampoña, los ojos y el color mudado, la
acompañó diciendo: