Tus ojos, tus cabellos, tu belleza,
soles son, lazos de oro, gloria mía,
que ofuscan, atan, visten de alegría,
el alma, el cuello, la mayor tristeza.
Fuego, no siente el alma tu aspereza;
yugo, no teme el cuello tu porfía;
que bastante reparo y osadía
concede Amor en tanta gentileza.
Rabia, que por mis venas te derramas;
oro, que á servidumbre me condenas;
beldad, por quien la vida se assegura,
Pues soy un nuevo Fénix en las llamas,
y hallo libertad en las cadenas,
amo y bendigo tanta hermosura.
En extremo contentó á todos el soneto
de Filardo, pero más á Silvia y menos á
Mireno, que invidioso de verla tan loada,
sin que nadie le rogasse, sacó el rabel
y vuelto á Filena, presumió de igualarla
deste modo: