No me alegran los placeres
ni me entristece el pesar,
porque se suelen mudar.
Los gustos en su venida
tengo por cosa passada,
porque es siempre su llegada
víspera de su partida,
y en la gloria más cumplida
menos se puede fiar,
_porque se suele mudar_.
Puede el pesar consolarme
cuando viene más terrible,
porque sé que es impossible
no acabarse ó acabarme,
y aunque más piense matarme
no pienso desesperar,
_parque se suele mudar_.
En la perseverancia del tiempo, verdad
cantó Turino, que después que él amaba
á Filis, el tercer planeta cuatro veces
había rodeado el quinto cielo, y en
la mudanza del lugar lo mismo, porque
después, si os acordáis, que estos dos
pastores otra vez cantaron en compañía
de Elisa, Filis y Galafrón, Mendino y
Castalio, á la orilla de un arroyo,
Turino, con despecho y dolor se ausentó
de la ribera: pero viendo que el mal no
cesaba aún y el remedio se hacía más
impossible, volviosse al Tajo y allí
passaba su vida amargamente, siempre en
compañía de Bruno, que aunque eran tan
diversos en aquella opinión, en todas
las demás se conformaban, y por la
mayor parte los hallaban por la soledad
de los campos ó los montes, huyendo
Turino de cansar á Filis y temiendo
Bruno hallar otra que la pareciesse,
pues agora, como la mañana se declaró,
Pradelio, forzado de ir á la fiesta
de Diana, con agradables razones se
despidió destos amigos, y confuso y
lastimoso, considerando el mal que
tenía entre manos, tomó el camino por
una fresca arboleda de pobos y chopos
y otras plantas, donde las mañanas
muchos paxarillos solían, dulcemente
cantando, alegrar á quien passaba; mas
entonces, en señal de descontento, sin
parecer ave que blanca fuesse; las verdes
ramas, que de unos con otros árboles
solían apaciblemente abrazarse, estaban
apartadas y sin hoja, de suerte que el
sol pudiera hallar entrada y con sus
rayos calentar las aguas de un manso
arroyo, que desde el Tajo por entre ellos
corría, todo en señal de la desventura
de Pradelio, el cual, assí caminando,
oyó cantar á la celosa Amarantha, cuya
dulzura enamoraba el cielo y parecía que
con tal deleite se iba clarificando;
mas ella que vió al pastor, vergonzosa
y turbada, dexó colgar al cuello la
zampoña con que á ratos tañía, y assí á
un tiempo cessó su son y su canto; pero
Pradelio, necessitando de entretener su
mal de cualquier suerte, llegándose á
ella, le dixo: Hermosa Amarantha, assí el
cielo te haga tan venturosa como gentil
y discreta, que no cesse tu comenzado
canto; antes tornando á él muestres
tu grande amor y la mudanza de Alfeo,
porque ya todos sabían los casos destos
pastores, y ella, vencida del dolor, sin
guardar la ley de su respeto, como un
pastor aficionado usaba de libertad en
sus querellas, y assí Pradelio se atrevió
á pedirle que cantasse á propósito desta
historia, y ella, que no era menos
cortés que enamorada, sin más ruego
comenzó á tocar su zampoña, tras cuyo son
suavemente dixo assí sus males: