SASIO

Esto que traigo en mi pecho

no puede ser sino amor,

pues me siento en su rigor

agraviado y satisfecho;

yo oso en la cobardía

y en el osar me acobardo;

¿qué me guardo,

si la nieve que me enfría

es el fuego en que me ardo?

Guárdome de tal manera

que me guardo del contento,

pues la causa del tormento

fué mi ventura primera.

Ampárome con mi ofensa

porque sé que aunque más pene,

me conviene

no hacer jamás defensa

sino al bien que sin vos viene.

En la empresa comenzada

no puede faltarme gloria,

pues la primera vitoria

de mí la tengo alcanzada;

que aunque la pena contina

mi juicio desconcierte,

es de suerte

que estimo por medicina

lo que me causa la muerte.

En tan rabioso combate

bien se verá á lo que vengo,

pues por vencimiento tengo

ser vencido y sin rescate;

porque, pastora, quedé

en lugar donde bonanza

no se alcanza,

que en los brazos de la fe

se desmaya la esperanza.

El que más se guarda y mira,

más en vano se defiende,

pues vuestra terneza prende

y ejecuta vuesta ira,

y pasa tan adelante,

que entiendo en el daño fiero

de que muero,

que sois hecha de diamante

ó pensáis que sois de acero.

Trayo comigo guardado

licor para mi herida,

un sufrimiento á medida

de vuestro rigor cortado,

que aunque en el alma me daña,

prestando á vuestra aspereza

fortaleza,

crecer puede vuestra saña,

mas no mengnar mi firmeza.

El suave son de la lira, la dulzura de

la voz, la harmonía de los versos fué

tal, que echó el sello á todo lo passado,

y habiendo FILIDA hecho traer de sus

cabañas una curiosa caxa de ébano fino,

allí en presencia de todos la abrió, y

sacando della ricas cucharas de marfil,

cuchillos de Damasco, peines de box y

medallas de limpio cristal, con gran amor

lo repartió de su mano, y los pastores,

con gran alegría recibieron sus dones,

salvo Filardo que no había cosa que le

pudiesse alegrar, y assí él solo triste

y todos los demás contentos, salieron á

la ribera con la hermosa FILIDA, y por la

orilla del cristalino Tajo se anduvieron

recreando. ¡Oh, quién supiera decir lo

que aquellos árboles oyeron! porque

Siralvo y Florela gran rato estuvieron

solos; Finea y Alfelio lo mismo; Pradelio

y Filena, por el consiguiente. Pues Sasio

y Arsiano, Campiano y Mandronio, bien

tuvieron que hacer en consolar á Filardo,

y la sin par FILIDA, como señora de todo,

todo lo miraba y todo lo regía; hasta que

el sol traspuesto forzó á todos á hacer

otro tanto. Á FILIDA acompañaron los dos

maestros del ganado y sus pastoras, Celia

y Florela, y á Filena los demás, porque

assí FILIDA lo ordenó; sólo Filardo,

viendo cuán poco allí granjeaba, por

diferente parte tomó el camino de su

cabaña; y sólo yo, fatigado deste cuento,

un rato determino descansar, y si hay

otro que también lo esté, podrá hacer lo

mismo.

QUINTA PARTE

DEL PASTOR DE FILIDA

No es possible que á todos agrade el

campo, los árboles y las hierbas; mas ya

sabemos que las selvas fueron dignas de

resonar en las orejas de los cónsules:

la diferencia es salir el son de la

zampoña de Titiro ó de la mía; mas esto

tiene su descuento, que de más y menos

se ordena el mundo, tan aína hallaremos

quien oya el tamboril de Baco como la

lira de Apolo. Haré una cosa dificultosa

para mí, pero fácil para todos, que será

passar en silencio lo que nos queda del

florido Abril y del rico y deleitoso

Mayo, donde nuestros pastores entre sus

bienes y sus males con Fortuna y Amor,

perdiendo y ganando, passaron cosas

dignas de más cuenta que la que yo agora

hago. Porque Pradelio y Filena en este

tiempo, entre mucho dulzor, hallaron

mucho acíbar, el pastor celoso y perdido

y la pastora apremiada y confusa. Fanio y

Finea fueron creciendo en las voluntades,

hasta hacerse de dos almas una. Ergasto

y Licio trujeron á Celio, y hallaron

á Silvia enamorada, no se puede decir

de quién, que cuando se sepa, será un

notable hechizo de Amor; y lo que sin

lágrimas no podré contar, aquella sin

par nacida, principio y fin de la humana

hermosura (que por estos nombres bien

puede entenderse el suyo), oprimida de su

bondad natural y del conocimiento de su

valor, dexó los bienes, negó los deudos

y despreció la libertad, consagróse á

la casta Diana y llevóse tras sí á los

montes la riqueza y hermosura de los

campos: pues al cuitado pastor que más

que á sí la amaba, nada nuevo la pudo

llevar; porque el alma dada se la tenía,

pero dexóle en lugar de su dulcíssima

presencia una noche de eterno dolor y

llanto en que ocupado passaba la mezquina

vida. No buscaba los montes, porque no

osaba; no seguía la ribera, porque le

afligía; lo más del tiempo, solo en su

cabaña entre memorias crueles, esperaba

la muerte, y si alguna vez salía, no

por la sombra de los árboles ni por

la frescura de las fuentes, pero por

riscos y collados, donde el sol de Junio

abrasaba la desierta arena, sobre ella

tendido llamaba en vano á la hermosa

FILIDA, y entre estas lamentaciones, un

día, sentado sobre el tronco seco de un

acebo, repentinamente sacó el rabel que

estaba tan olvidado, y los ojos tiernos

y helados, que se pudiera juzgar que no

veía, desta manera acompañó sus lágrimas:

Orígenes de la novela, Tomo II · 第 489 / 605 题