PRADELIO

El tiempo que holgares,

Filena, en ver mis ojos de agua llenos,

ó los tuyos alzares

en mi favor serenos,

el ganado y la vida tendré en menos.

Viendo de dónde viene

el bien ó el mal que tu beldad me ha hecho,

obligado me tiene

con un constante pecho

á agradecer el daño y provecho.

Tu alta gentileza,

tu valor, tu saber, amé primero,

subíme á más alteza

de un querer verdadero,

ámote mucho y mucho más te quiero.

El quererte y amarte

proceden de mirarte y conocerte,

cada cual por su parte;

el amarte es por suerte,

pero por albedrío el bien quererte.

Mis llamas, mis prisiones,

son los jardines donde me recreo;

tus gustos, tus razones,

espejo en que me veo,

y en tu contento vive mi deseo.

Á ser sólo dotada,

como otras, de caduca hermosura,

quizá fueras amada

de la misma hechura;

mas tu beldad de todo me asegura.

Ansí ciega y assombra

mi gran amor, que á todos escurece,

y el mundo es una sombra,

y cuanto en él parece

del sol que en mis entrañas resplandece.

Págame en mi moneda

mi amor (si tanto amor puede pagarse),

ó á lo menos no pueda

con pesares aguarse

la fe más pura que podrá hallarse.

No son estos recelos

por no entender mi hado venturoso,

y tampoco son celos

de indicio sospechoso:

sólo mi valor me trae medroso.

Tú, mi dulce señora,

primera causa de mi buena andanza,

por la fe que en mí mora,

si en la tuya hay mudanza,

haz que socorra engaño á mi esperanza.

Entre otras cosas que los hombres tienen

malas, dixo Dinarda, ésta es una: que

desde la hora que comienzan á amar, desde

essa misma comienzan á temer. Yo te

asseguro, dixo Filardo, que si es agravio

temellas, también lo es amallas, porque

verdaderamente _el que no teme no ama_,

que bien lo dice aquel soneto de Siralvo,

¿hasle oido, Silvia? No, Filardo, dixo

la pastora. Pues yo te lo quiero decir,

dixo Filardo. Y yo oirle, dixo Silvia,

que aunque me tienes enojada, no tanto

que no te quiera escuchar. Tú sabes, dixo

Filardo, la obligación que tienes á mi

voluntad, y ahora óyeme el soneto.

Orígenes de la novela, Tomo II · 第 385 / 605 题